Caminando por París con Caol

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16/04/2017

Los exiliados

Los azares de los sitios de segunda mano provocan a veces unos encuentros improbables. Ese día estaba buscando una alfombra para que mis pobres gatitas puedan tumbarse sobre algo más confortable que un sencillo parqué y tras escudriñar varias páginas de ofertas de todas clases, encontré algo presentable y compatible con mi presupuesto. El anuncio procedía del distrito en donde vivo, así que mandé un mail con la idea de fijar una cita para ver el objeto.

Después de varias horas, me llegó una respuesta con un número de móvil y llamé enseguida. El objeto se hallaba en el otro extremo de mi distrito pero podía viajar en autobus y llegar en menos de media hora. Así que quedamos en la avenida de Saint-Ouen.

Esta avenida corre desde la avenida de Clichy rumbo a la puerta de Saint-Ouen y coincide con el límite entre los distritos 17 y 18. Es una vía de mucho tráfico automóvil pero también comunica callecitas con mucho encanto y todavía tengo muchos lugares por explorar. Pero ese día, no tenía tiempo para eso y fui directamente a la dirección de la vendedora, un edificio de los años 1970-80. Tras superar la prueba de los tres códigos seguidos (calle, escalera y ascensor), llegué a la segunda planta, en donde me esperaban la vendedora y su compañero.

El señor me preguntó si sabía algo de la marca de la alfombra y sentí que estaba listo para explicarme toda la historia de la fábrica. Pero se cortó cuando le contesté que ya tenía otra alfombra de este editor. El objeto era conforme con la descripción y propuse un trato: pagar el precio en efectivo a cambio de ayuda para transportarlo hasta mi casa. ¡Trato hecho!

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El señor se llevó la alfombra rumbo a su aparcamiento, la puso en su coche requete nuevo y entablamos el viaje rumbo a mi casa.

Mientras manejaba, dijo que le asombraba la cantidad de vagabundos viviendo en la calle. Le pregunté si llevaba tiempo en este barrio y me confesó que se habían mudados desde unos pocos meses. Me contó que vivían cerca de la muy selecta puerta de Auteuil pero que por los precios de los alquileres ya no podían vivir allí. Y así fue como, buscando el mejor compromiso entre superficie y presupuesto, habían llegado al distrito 18.
Como comentaba que debía de ser un gran cambio, me dejó percibir una parte de su nostalgía de exiliado. Dijo que no le molestaba el alboroto de su nuevo barrio pero que no conseguía acostumbrarse a la suciedad. Y es cierto que las calles del distrito XVI son globalemente mucho más limpias.

Cuando llegamos delante de mi edificio, mi chófer buscó una solución para aparcarse pero le sugerí que hiciera como los demás, parándose en medio de la calle. Le di el efectivo y como lo dejaba en evidencia, al lado del palo de velocidad, le indiqué que era una muy mala idea. Guardó el dinero, me ayudó a sacar la alfombra del maletero y así se acabó nuestro intercambio.

Pocas veces hablé con gente que se sentía tan exiliada en mi distrito tan internacional.

12/02/2017

Un momento con un audiopata

Entre los habitantes de mi residencia, contamos con un tomador de sonido que trabaja en la radio nacional gala y tiene el departamento justo debajo del mío. El hombre tiene humor y aprovechamos una mañana soleada para compartir un café en una terraza que se halla cerca del mercado de l'Olive.

Tras unos minutos, constaté que mi compañero se ponía nervioso y cuando le pregunté qué le pasaba me invitó a pasear por el universo sonoro del momento. Yo me acostumbré al rumor de la ciudad así que no me molestan los ruidos comunes. Pero me divertió la idea y empecé a escuchar.

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Lo primero que noté fue el ruido de unos tacones en los adoquines.
Poco después una maleta de ruedas, algunos patinetes y varios carros de compras completaron el sonido de la calle.
Desde el otro lado, la puerta automática del mercado añadió un chirrido regular.

Tendría que mencionar también los ruidos de la terraza: móviles que proporcionan coartadas para soliloquios de todas clases, niños que gritan, perros que ladran...

Pero poco después, empecé a percibir los ruidos del local: el rumor de las charlas y, marcando el ritmo de este espacio sonoro, la impresionante cafetera:

  • toc, toc : vaciar el mango
  • chic, chic: llenarlo de nuevo
  • clic: poner en marcha
  • piuuu: colocar un platillo
  • cling: añadir la cucharra
  • Momo: gritar para avisar al camarero


Mi compañero empezaba a sufrir así que abandonamos este sitio de los mil sonidos para caminar por calles de mucho tráfico automóvil.

Cuando llegamos a la residencia, mi vecino me invitó a fijarme en la propagación de los sonidos en nuestra escalera de servicio y la verdad es que es una buena caja de resonancia.
Prometí que seguiría sin tacones y usando auriculares :-)