Caminando por París con Caol

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21/03/2010

los esloganes de la temporada

"Fauchées mais fashion" (peladas pero de moda). Eso es el último eslogan que notó mi mirada vagabunda.
Si unos meses atrás algunas publicidades celebraban a los rácanos e invitaban a buscar sistemáticamente la oferta más barata, ahora los publicistas han entendido que la gente tiene cada día menos dinero disponible y proponen soluciones para seguir consumiendo a pesar de todo.
Prefiero no comentar lo que este cartel presenta como "fashion" pero su mandato implícito me parece por lo menos raro, como si el hecho de seguir la moda borrara todos los demás problemas.
Personalmente, cuando me cuesta llegar a final de mes, evito metódicamente todos los puntos de tentación, empezando por los comercios de ropa...

Las demás publicidades de la temporada también tienen su punto.
Cuando unas semanas atrás se trataba de cambiar nuestra manera de vivir para salvar el planeta, hoy toca reservar el viaje de las vacaciones, rumbo a cualquier destino mientras queda barato de precio, y sobre todo sin evaluar el coste ecológico de estos desplazamientos.

Para los que todavía tienen una conciencia, no faltan los dos temas de la semana. Por un lado estos animales maltratados o abandonados en la calle y por otro el tema de la igualdad salarial entre hombres y mujeres. Cada uno queda libre de apoyar a la especie que quiera...

Y mientras tanto, la cifra del paro en Francia sigue creciendo y según lo que escuché el otro día, llegaría a un 25% entre los jóvenes, diplomados incluidos...

Y mientras tanto, Francia vota para elegir a los consejales regionales y sigue asombrada al constatar que predomina la abstención cuando nadie entiende para que sirven estos consejales...

Lo mejor de estos últimos días es que ya tenemos esta temperatura que permite disfrutar de las terrazas parisinas sin acabar congelados. Si no pude escaparme, por lo menos pude aprovechar el sábado para pasear un rato, saborear el rayo de sol y constatar que la zona del ayuntamiento estaba repleta de gente.

Dentro de poco podremos meternos de nuevo en estos largos recorridos que tanto apreciamos. Sólo falta que compremos el siguiente topoguía...

24/01/2010

Burbujas acústicas

Empezamos la semana celebrando el cumple de los capricornios, representados por dos de los cuatro comensales. Si pasamos una buena noche, la libra encargada de encontrar el sitio para cenar no acertó y el restaurante que visitamos no se quedará en las memorias.
Sospecho que lo hizo a propósito, para que siga con propuestas estrafalarias :-)

Al día siguiente, tuve la oportunidad de pasear al anochecer por la deshumanizada zona de la Défense. No forma parte de mis destinos preferidos pero los azares del deporte me llevan por allí una vez al año y cuando toca, siempre me impresiona la cantidad de cambios. Descubro carreteras nuevas o constato que el solar que recordaba ya se transformó en edificios habitados. Pero de momento, nunca encontré alguna novedad con encanto. Lo bueno cuando vuelves de expediciones de este tipo es que aprecias mucho más tu entorno cotidiano.

Luego tuve que renunciar a mi autobus preferido para desplazarme en metro y asi fue como surgió el descubrimiento de la semana.
En el autobus, basta con sentarte al lado de la ventana para pasarlo bien contemplando el espectáculo de la calle. Pero en el metro parisino, principalmente subterráneo, no tienes este recurso y entonces contemplas... a los demás viajeros.

Lo que más me llamó la atención fue la cantidad de personas llevando auriculares y la evolución de los modelos utilizados. Si unos años atrás todos usaban los discretos auriculares de oído, esta semana noté una proporción asombrosa de personas llevando auriculares supraaurales o circumaurales.
Yo también hice la experiencia de usar el walkman en el metro pero pronto constaté que ni el ruido de fondo ni el contexto permiten apreciar realmente alguna música. Además te impide captar un montón de cosas y al final llega a ser casi una desventaja.
Sé que hubo campañas para preservar la audición y que mejoraron bastante los auriculares e imagino que estos nuevos modelos resultan menos dañosos. Pero esta materialización de las burbujas acústicas provoca mi perplejidad y más aún cuando procede de personas de cuarenta o más.
¿Será que no son capaces de inventarse una intimidad en medio de la muchedumbre? ¿Será que perdieron la capacidad de interesarse a los demás?

Yo seguiré en mi burbuja de sueños, que no me impide pillar estos momentos divertidos que no tienen desperdicio.

29/11/2009

Nada mejor que una estancia en el hospital para recuperar la chispa militante...

El pasado viernes pasé un largo momento en la casa de una de mis cómplices viandantes, recien operada de la pierna y de vuelta a casa tras cuatro días en el hospital.

Me contó todos los detalles de su estancia en el universo de los médicos, reseñando todos las disfunciones constatadas.
Como le preguntaba si notaba una evolución desde su estancia precedente en 2006, contestó sin siquiera pensarselo que le parecía peor. Y como no forma parte de estas personas que pintan el pasado de rosa y cultivan la nostalgia de tiempos mejores, entablamos un largo debate para identificar las causas de estos cambios.

Lo cierto es que el hospital no consiguió adaptarse a las 35 horas. Si el personal hizo horas extras al principio, eso se acabó cuando constató que no había presupuesto para remunerarlas.

Menos personal disponible pero más personas que atender...

Muchos médicos generales sólo consultan bajo cita previa y cuando es preciso esperar una semana para tener hora, son muchos los que van directamente al hospital.

Como si fuera poco, cerraron muchos dispensarios de barrios que atendían a la parte más desfavorecida de la población. Ahora estos desdichados se benefician de la CMU (cobertura medical universal) que teoricamente da acceso al médico, incluso sin dinero. Pero queda claro que entre las citas, forman parte de los que menos prioridad tienen y esta clientela aumenta las filas en el hospital.

Entre las demás disfunciones, mi amiga también mencionó el caso de estas personas que quedan albergadas en el hospital porque no existen soluciones adecuadas para atenderlas. Los normas elevadas de los establecimientos para largas estancias no permiten desarollar las capacidades necesarias y la solución cuesta más caro todavía.

Paso a paso llegamos a contemplar el famoso eslogan "trabajar más para ganar más" y el estupendo incentivo que consiste en quitar las cotizaciones sociales de las horas extras. Este fantástico sistema permite hacer con nueve personas lo que hacías con diez, y además ahorras las cotizaciones. El problema es que el décimo acaba en el paro y falta la cotización para ayudarle...

Y prefiero no hablar del gran préstamo... cuyo objetivo queda bastante confuso.

Supongo que el caos económico y social viene a ser lo mismo en muchos paises pero si sigue así, tendré que reactivar la chispa militante.

1/11/2009

¡Esperando la gripe!

Desde París, el tema de la gripe se vuelve cada día más ridículo.

Ya al final de la primavera, los medios de comunicación comentaban que esta enfermedad detectada en México representaba un tremendo peligro y se trataba de prepararse a enfrentar la gripa mexicana.

Con el verano, la comunicación se hizo más politicamente correcta: la gripe dejó de ser mexicana para transformarse en gripe H1N1 y entre los polîticos el tema de la pandemia gripal demostró el gran nivel de responsabilidad de los gobernantes.

Al estar en la oficina en este momento, me tocó preparar un plan de funcionamiento mínimo para el departamento de compras... Por cierto intenté explicar que si todos se enfermaban, pocas compras tendríamos que hacer. Pero no hubo manera. Total rellené el formulario del momento y lista.

Pero la histeria colectiva no acabó con este papelito. Fue preciso preparar medidas sanitarias y a mi departamento le tocó organizar la compra de 1800 cajas de 20 máscaras de quirófano y de no recuerdo cuantas máscaras de tipo FFP2, por cierto muy sexy.
Cuando me fui de vacaciones teníamos el tema resuelto.

Desde mi refugio entre los montes, constaté que la histeria seguía en los medios de comunicación y cada día se trataba de contar las clases cerradas por causa de contaminación gripal. Pero cuando volví a la capital, constaté que esta tremenda enfermedad todavía no asomaba.

Entre mis colegas, sólo sé de uno cuyo hijo padeció algo parecido a la gripe de moda pero tras una semana, ya había recuperado.

Y lo mejor de todo es que mi proveedor de máscaras, tras entregarme una pequeñísima parte de mi pedido, me acaba de avisar que los fabricantes no dan abasto y que no encuentra solución.

Y yo digo que es una bendición porque así nos libramos de una compra que se parece más que todo a un despilfarro imbécil.

Ayer pasé por la farmacia de mi barrio y charlé un rato con la dependiente. Ella tampoco tenía máscaras pero proponía este gel hidroalcoholico de manos, supuestamente eficaz.
Como empedernida víctima de la moda, me compré un frasco pero si se acerca la pandemía, creo que pasearé con mi regla de modista, estupendo objeto de madera que mide un metro, y lo usaré para que la gente guarde sus distancias.

¡A ver si lanzo una nueva moda!

6/09/2009

París desde los montes

Ya llevo una semana en esta tranquila aldea de monte que tanto me gusta y este cambio de ritmo viene de maravilla para hacer el balance de la vida parisina.

Si admito sin problema que el tema del alojamiento puede convertirse en una auténtica pesadilla y si reconozco que la vida parisina resulta más fácil con algo de dinero que como millarista, tengo la sensación que lo que más les hace falta a los parisinos es el capital cultural mínimo para disfrutar de su ciudad.

La última vez que llevé a alguien de paseo, en varias ocasiones esta persona se asombró al verme sacar una foto e intentó adivinar lo que me interesaba. Al final del paseo me gustó su conclusión muy graciosa:

"Para apreciar París, es preciso mirar hacia arriba"

Cuando veo a todos estos parisinos ensimismados, caminando con la mirada hacia el suelo, considero que no saben lo que se pierden.

Otra sensación tengo con las pandillas de jóvenes que hacen tiempo en los alrededores inmediatos de las estaciones de la Red Exprés Regional.
Con estos, intuyo que el tema del capital cultural es un auténtico problema y a veces tengo ganas de convertirme en educador callejero para proponerles algunos recorridos y ayudarles a apropiarse la ciudad.

De momento seguiré cargando las pilas para poder enfrentar serenamente el otoño parisino.

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