Caminando por París con Caol

Ir al contenido | Ir al menú | Ir a Buscar

13/09/2009

¿Velib o no?

Dentro de una semana volveré a la ciudad de las luces y toca tomar unas decisiones más o menos importantes.
Entre éstas surge la pregunta de contratar o no un abono de velib.

Cuando empezó la instalación de estas bicis en libertad, a los tres meses contraté un abono de un año. Costaba una treintena de euros y te dejaba usar estas bicis tantas veces como querías siempre que las sesiones de uso no superaran 30 minutos. Al final de este año, constaté que los había usado tres días, esencialmente porque había huelga de los transportes. Y al final no seguí con el abono.

Hoy la oferta de velib mejoró muchísimo. Primero porque instalaron más estaciones dentro de París, pero también porque extendieron el territorio de la oferta a los municipios de rodean la capital. Total tengo dos estaciones al lado de mi oficina y otra al lado de mi club de deporte.

Si vacilo tanto es que el velib me plantea dos problemas.

El primero es que yo suelo pasear mirando por todas partes menos por donde piso y eso no es adecuado para desplazarse en bici por la jungla parisina.

El segundo es que no me gusta hacer bici cuando no llevo pantalón y zapatillas. Total por vestirme de modelito o lucir algunos tacones improbables, en varias ocasiones renuncié a usar el velib.

Por cierto, puedo rehacer mi vestuario y conservar exclusivamente lo que cuadra con la vida de ciclista urbano de azar. Pero como viandante empedernida no sé si soy capaz de centrarme en el manejo de esta maquinita.

¿Y vosotros, que decís?

2/08/2009

El autobus número 60 y la Calle des Rosiers

Esta semana no daba para mucha fantasía: mucho trabajo, poca gente, todo fue activar el modo supervivencia y esperar días más tranquilos. Pero nada más salir de la oficina el viernes por la tarde, recuperé la chispa viandante.

Ese día tuve ganas de descubrir el recorrido del autobus número 60 que camina entre la plaza Gambetta y la puerta Montmartre y pasa muy cerca de mi casa.
Caminé tranquilamente rumbo a la calle Gambetta, inventariando todos los sitios que tengo que explorar más metodicamente y cuando llegué a la plaza, me metí en el autobus justo cuando estaba saliendo.
Su recorrido pasa por la parte alta del distrito XIX y me dio la oportunidad de contemplar otra vez este edificio que tanto me gusta. Luego pasamos al lado del Parque de las Buttes Chaumont y del muy coqueto ayuntamiento del distrito XIX.
Pero el panorama cambia al llegar a la avenida Jean Jaures y a esta zona cuya rehabilitación queda inacabada: edificios semi caídos, otros con ventanas tapadas... y artistas callejeros que iluminan las paredes.
Luego pasamos por la zona de empresas Cap18 antes de llegar al mercado de l'olive, en obras, y cuyos comerciantes acampan en una pequeña plaza.
Luego pude contemplar las nuevas pinturas de la calle ordener antes de llegar a casa.

Ayer el paseo fue de otro tipo. Quise escudriñar la calle des rosiers y sus comercios. Lo bueno es que lo hice con una vieja amiga judía que, delante de cada tienda, me contaba como era años atrás.
Si no formo parte de los que quieren transformar París en museo, contemplo algunas evoluciones con perplejidad.
¿Cuando las tiendas de moda ocupen los sitios de todos los antiguos comercios judíos, que será de los olores de falafel tan especiales de esta calle?
Por suerte todavía quedan varios sitios en donde probar especialidades sefarditas y asquenazíes y una libreria exhibiendo la Torah para dummies...
A ver si algún alcalde inteligente interviene para encauzar la inexorable evolución.

26/07/2009

Experiencias veraniegas...

Mientras Paris Playa acogía a sus primeros visitantes, cité a mis amigos en el distrito XIX para probar un restaurante que varias personas comentaban muy positivamente.

Llegar allí fue toda una expedición ya que este sitio es relativamente mal comunicado. Pero aproveché el camino para contemplar el caos que provocan las obras de extensión del tranvía. Y luego exploré otro sitio que me deja muy perpleja.

Cuando por fín encontré el restaurante del día, constaté que llegaba temprano y me instalé en una zona que se parece a un pequeño salón bastante acogedor. Mis amigos llegaron poco después y pudimos pedir el aperitivo.

Ya empiezan a conocerme y ya saben que lo mio es experimentar. Pero creo que también aprecian las ideas improbables que suelto al azar. No se formalizan si no es un acierto y consideran que la fantasía de extraviarse compensa de sobra las pequeñas decepciones.

Eso nos pasó ese día. El sitio tenía buena pinta, buen ambiente, una cocina correcta y un precio razonable pero para nada merecía los comentarios elogiosos que había leido. Como siempre al juntarnos, pasamos un buen rato pero seguro que la próxima vez escogemos un sitio más céntrico.

El sábado tocaba seguir un itinerario para contemplar varias obras efímeras de los artistas callejeras Nemo, Mosko y Mesnager. No sé si fue pura vaguería o si las cuestas del distrito 20 nos rompieron las piernas pero ni siquiera llegamos a la mitad.

Por la noche, las arenas de Montmartre acogían el quinteto de Glenn Ferris para un concierto de jazz y de eso no me perdí ni un minuto. Escuchar este tipo de música en un lugar tan excepcional forma parte de las experiencias más agradables del verano.

29/03/2009

La cena del equipo

La calle de Bagnolet forma parte de estos lugares que ya recorrí alguna vez pero que tengo que explorar más detenidamente.
Volví a pasar por allí el otro día porque la cena celebrando el fín de la temporada deportiva con las chicas del equipo tenía lugar en un restaurante de esta calle y como llegué temprano, me instalé en una terraza de café para hacer tiempo.

El espectáculo de la calle siempre te dice mucho sobre un barrio y desde mi punto de observación pude constatar que esta zona sigue bastante popular con cierta mezcla de poblaciones y una colección de personajes que encantaría a un fotógrafo.
Pero también noté varios detalles anunciando el inexorable aburguesamiento.
El bar de la esquina ya tiene esta decoración calculada de los sitios de moda y varios locales siguen el mismo camino. En cuanto al restaurante en donde cenamos, no tiene nada de un sitio de barrio.

Se llama le pourquoi pas y lo lleva una pareja muy simpática. La decoración bastante sencilla cuenta varios detalles con chispa y dos meses redondas de seis personas invitan a venir con amigos.
La cocina, relativamente clásica, me pareció muy rica y la selección de whiskies y de vinos resultó más que correcta. Pero el precio ronda los 35€ por persona y si no me parece exagerado, tampoco es un sitio barato.
Supongo que ya habrá encontrado su clientela...

Al salir del restaurante, caminando rumbo al metro, pensé que lo único que salva esta zona de la especulación inmobiliaria es la escasez de sus conexiones de transportes.
¡A ver cuanto tiempo sigue así!

Y para los curiosos aquí dejo la dirección: Le Pourquoi Pas, 17 rue de Bagnolet , 75020 Paris, Metro Alexandre Dumas.

21/12/2008

Sábado en el museo

Es el último fín de semana antes de la celebración de Navidad. Imaginamos la frenesí de las últimas compras en los almacenes y decidimos dedicar la tarde a una actividad a destiempo: visitar un museo.

La verdad es que ya llevo unas semanas destacando algunos carteles publicitarios en el metro y en la calle y resulta que cuando los miré más detenidamente, constaté que todos se referían a una exposición en el Museo Maillol. Así que allí fuimos.

Este museo se halla en la muy selecta calle de Grenelle y cuando llegamos no había mucha gente. En la planta baja una primera sala alberga varias estatuas y da acceso a la gran sala de las exposiciones temporales.
Aquí estaban casi todas las obras de la vanguardia rusa que quería ver.
Luego, tras esta primera exploración, seguimos la visita en la primera planta.
Y ya que estábamos allí, subimos hacia la segunda planta en donde presentaban otra exposición temporal dedicada a Seraphine.

Entre todas las obras expuestas y si aparto la exposición rusa, pocas son las que realmente me gustaron. Pero aún así me impresionó la calidad de las iluminaciones.
Todas las obras se beneficiaban de esta cuidadosa instalación pero algunos cadros ganaban una vida asombrosa.

Acabé esta visita con una impresión curiosa. Comparado con otros sitios, el museo Maillol no es muy grande y el precio de la entrada me pareció relativamente caro. Pero la manera de presentar las obras lo compensa de sobra.
Ahora sólo falta estudiar el programa de las exposiciones y escoger la próxima visita.

- página 2 de 4 -