Caminando por París con Caol

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22/04/2018

Explorando...

Aproveché unos atardeceres soleados para seguir explorando el distrito XIX a partir de la Puerta des Lilas.

Con gusto entré en el pasaje de Montenegro, tranquila callecita con poco tráfico automóvil. A mano derecha, una construcción moderna me llamó inmediatamente la atención por el bloque de hormigón envolviendo un espacio interior y su ventanal. Intuí que era el invento de algún arquitecto para crear privacidad en una pequeña parcela y, al buscar en la red, descubrí que se llama Frank Salama y que este proyecto fue presentado a un concurso de arquitectura.
En frente de esta casa, un patio arbolado reúne dos edificios. A continuación, las demás construcciones no dejan ver sus encantos y los edificios del final del pasaje me parecieron muy feo.

Luego entré en las calles Emile Desvaux y Paul de Kock, en donde encontré una serie de construcciones muy parecidas a las que se ven en la Butte Bergeyre.

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Aquí convive gente desconfiada protegida por sus rejas y gente más despreocupada (sin rejas). Con gusto me apuntaría en este último grupo. Desgraciadamente, el precio de las viviendas de esta zona no entra en mi presupuesto (más de 10000€/m2)

Al salir de este rinconcito, pasé por la calle del Docteur Potain, en donde se ven varios edificios de viviendas sociales construidos en los años 1930s y que necesitarían una rehabilitación.
En la otra acera, un antiguo liceo técnico alberga un colectivo de artistas, pero cuando pasé no tenía mucha vida. Así que tendré que volver por allí.
Luego seguí por la plaza y la calle de las fiestas, rumbo a la calle de Belleville y a la estación de metro Jourdain.

Siempre me asombra esta zona de París porque tiene muchas tiendas de todas clases y todo pasa como si fuera un pequeño pueblo. Resistí a las tentaciones y seguí rumbo a la calle de la Villette. Pero ya cerraron las callecitas que aparecen en el mapa y no pude explorar la “Cité Florentine” o la “villa des Buttes-Chaumont”. Total, pasé por el parque en donde pude escuchar una gran variedad de cantos de pájaros.

El jueves, cerca de la puerta de Vincennes, vi que el pequeño autobús llamado “Traverse de Charonne” llegaba a su parada y quise descubrir esta línea cuyo objetivo es proporcionar un transporte de proximidad a la población del distrito XX. Y la verdad es que, a lo largo de sus recodos, visita una gran parte del distrito y proporciona movilidad para muchos ancianos. Como no tenía tiempo para dar la vuelta completa, abandoné el autobús en la plaza Gambetta, pero al día siguiente pude acabar el recorrido con el primer autobús del día. Me encantó la convivencia que percibí en el pequeño vehículo y así como todos los intercambios entre el chofer y sus pasajeros.
Tendré que probar las demás líneas de “traverse” de París.

18/02/2018

Probando...

Ya se acabó el episodio de nieve y podemos de nuevo caminar por las aceras sin resbalar.
Aproveché esta mejora meteorológica para visitar en medio día una librería que se halla en la calle de Bagnolet y cuyo nombre, “Le Merle moqueur” (el mirlo burlón), evoca una canción asociada a la Comuna de París.
Instalada en un antiguo taller, la tienda cuenta con varios espacios. Nada más entrar uno descubre la parte dedicada a la literatura. A continuación, la nave y su techo de vidrio albergan alcobas temáticas. El lugar es muy agradable y uno puede pasar horas escudriñando los mostradores.
Yo buscaba una obra de Svetlana Alexievich así que me mandaron a la alcoba dedicada a la historia y a las estanterías del siglo XX. Pero poco después, el librero vino a verme y me explicó que cuando la señora consiguió el premio Nobel de literatura, habían cambiado sus libros de sitio. Me pareció gracioso pero las obras de esta señora, entre sociología, historia y literatura, son difíciles de clasificar y por eso me gustan. Cambié de zona, pero desgraciadamente no tenían la obra que buscaba. Sin embargo, vi muchas cosas muy interesantes y me costó mucho limitar las compras a un solo libro.

Ayer aproveché un sol primaveral para hacer un gran recorrido que me llevó a la calle de Bretagne y al mercado de los niños rojos. No sé si fue por las ansias de sol o por los últimos días de rebaja, pero había gente por todas partes y no pude disfrutar el té de menta de siempre. Yo visité algunas tiendas sin convicción y resistí una vez más a todas las tentaciones.

Hoy desperté con la idea de encontrar batería para mi reloj-podómetro. Visité el supermercado de siempre, un estanco y la tienda de enfrente pero no encontré lo que buscaba. Así que miré en internet y constaté que tenían cincuenta baterías en una tienda de bricolaje cerca de Beaubourg. Fui allí caminando, pero cuando llegué a la zona de las baterías, no veía el producto y e vendedor dominguero tampoco sabía donde encontrar el producto que me interesaba. Finalmente, otro dependiente me regaló la solución y pude seguir paseando.

Pasé al lado de la Canopée y vi que todas las tiendas estaban abiertas. Al pie de Saint Eustache, constaté que las obras de acondicionamiento del nuevo jardín progresaron y que los parisinos ya se apropiaron estos espacios.

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Luego seguí caminando rumbo al Louvre para descubrir lo que los servicios de correos llaman RPU (agente postal urbano), y encontré este servicio en la caja de un supermercado.
En cuanto al magnífico edificio que albergaba la antigua oficina de correos de la calle du Louvre, permanece cerrado por obras y tendremos que esperar el fin del año 2019 para saber si supieron conservar el alma de este espacio.

4/02/2018

El caos de las bicis

Llevo varias semanas descubriendo bicis casi abandonadas en algunos puntos improbables de mi recorrido matutino.
Encontré la primera bici más de un mes atrás. Este objeto verde llevaba la etiqueta Gobee.bike y pronto entendí que se trataba de una bicicleta de alquiler, geolocalizada, sin aparcamiento fijo. Al llegar a casa busqué informaciones y noté que para usar estos aparatos era preciso instalar una aplicación móvil y darle el número de tu tarjeta de crédito. Por este último detalle, decidí que no probaría este nuevo servicio. Y el examen de los precios (50 céntimos por media hora) reforzó esta decisión.

Luego vi que algunos niños de mi barrio estaban usando unas de estas bicicletas, pero pronto me pareció que las estaban destrozando. Y al día siguiente vi efectivamente varias bicicletas inutilizables y abandonadas en las aceras.

Descubrí otra marca de bicicletas de alquiler justo al lado del parque des Buttes-Chaumont. Estos objetos amarillos pertenecerían a una empresa china que se llama Ofo. Y para acabar me paré a mirar las bicis de Mobike cuyas ruedas tienen un diseño relativamente original.

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Todas estas ofertas sin aparcamiento fijo cultivan la idea de libertad de movimientos, pero si las usas regularmente resultan mucho más caras que el modesto abono de Velib. Además, son bicis que no tienen velocidades como si París no tuviera varias colinas...

De momento, estas nuevas empresas tienen que enfrentar varios problemas. El primero es un alto nivel de vandalismo que desanima a los equipos. Además, las bicis no tienen la calidad de los Velib y se quiebran fácilmente (uno de mis amigos me dijo que no aguantan un peso superior a 85 kilos). También dicen que algunos usuarios se apoderaron de sus bicis, aparcándolas en casa o en la oficina para no tener que buscar otra.

Y como si fuera poco el ayuntamiento contempla la posibilidad de pedir una tasa a estas compañías por su ocupación del espacio público :-)

Yo seguiré caminando y esperando que la sociedad que ganó la licitación de los Velib acabe la transformación de las estaciones y ponga las nuevas bicis, incluyendo los modelos con asistencia eléctrica.

28/01/2018

Vuelta al trinquete

No pude resistir a las ganas de probar la cocina vasca que proponen en el trinquete de París. Así que llamé a uno de mis amigos caminantes para compartir la experiencia.
Habíamos quedado en la estación de tranvía “Pont de Garigliano” pero nos encontramos por casualidad en la estación “Porte d’Orléans” e hicimos el viaje en tranvía juntos.

Al pasar el puente de Garigliano constaté que la crecida del Sena ya llegaba al nivel de la salida del parque André Citroën. Así que no se podía repetir el paseo de la pasada semana. En la orilla derecha, el rio había invadido el paseo inferior pero no llegaba hacia la calle.
Pronto llegamos al trinquete y después de enseñar las instalaciones a mi amigo, entramos en el restaurante.
Me dejé tentar por un axoa de ternera con un vaso de vino de Irulegui y mi amigo me imitó. Luego pedimos el inevitable pastel vasco con un café. El sitio no es barato, pero nos deleitamos y la nostalgia tiene su precio.

Luego seguimos por la senda 2024 rumbo a la puerta de Auteuil.
Al lado del Parque de los príncipes me impresionó la cantidad de policías y de vigilantes movilizados para el partido del PSG contra el equipo de Montpellier, pero no nos detuvimos.

A partir de la puerta de Auteuil, la senda 2024 atraviesa el hipódromo de Longchamp. Nada más entrar es preciso pasar por un túnel antes de seguir un camino serpenteando rumbo al extremo norte de las instalaciones. De paso uno puede admirar las tribunas y constatar que están en obras. También se ven varios espacios acondicionados para que la gente pueda disfrutar de la parte central. En el extremo norte, no se veían muchas personas en la piscina. Pasamos por otro túnel y llegamos a la muy burguesa puerta de Passy en donde uno de los concejales comunistas impuso la creación de un centro de acogida de los sin domicilio. :-)

Luego la senda nos llevó rumbo al bosque de Boulogne. En este punto las informaciones de la libreta son algo imprecisas y las marcas difíciles de encontrar. Así que decidimos seguir por la orilla este del lago inferior.
Volvimos a encontrar las marcas cuando llegamos al extremo norte del lago inferior, pero pronto desaparecieron y tuvimos que improvisar otra vez.

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Finalmente encontramos otras marcas cerca de pabellón de Armenonville, pero como no coincidían con las indicaciones de la libreta, dejamos de buscar la senda 2024 para seguir rumbo a la puerta Maillot.

Lo bueno es que pasear por el bosque de Boulogne resultó muy agradable y tengo ganas de explorar esta zona más detenidamente. Lo malo es que, con una señalización y una libreta tan imprecisas, seguir la senda se transforma pronto en una pesadilla a no ser que seas un experto en cartografía.
A ver si el tramo siguiente resulta más fácil.

24/09/2017

Caos cotidiano

Me gustan las caminatas de la madrugada y lo que te cuentan de la ciudad.
A las seis y media, ya se ven coches y furgonetas que aprovechan las horas de circulación fluida, pero no son muchos los peatones. En los supermercados, algunos empleados controlan los mostradores mientras otros reciben las mercancías. Los náufragos de la noche abandonan los rincones en donde se refugiaron para dormir un rato y se forman colas delante de laboratorios de análisis clínicos. Los bares empiezan a abrir y los primeros clientes aparecen para tomar el primer café del día.
El canal San Martin sigue durmiendo...

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Al salir del trabajo pasé por la calle del Docteur Arnold Netter y vi un pequeño recinto al pie de un árbol en donde un hombre estaba cuidando sus plantas. Tras mirar un rato, le felicité por su instalación y empezamos a charlar. Me contó que había pedido en el ayuntamiento el permiso para cuidar este micro recinto del espacio público y estaba muy feliz por los intercambios que tenía con los vecinos desde esta parcelita. Algunos le regalaron plantas, otros vinieron para ayudarle y lo más notable es que nadie estropea sus plantaciones.
Intentaron algo parecido en mi barrio pero no llegaron a un resultado tan logrado. :-(

El mismo día descubrí dos callejones improbables muy cerca de la plaza de la Nación. No sé cómo consiguieron que estas vías sean cerradas al tráfico automóvil, pero eso fue la primera buena sorpresa. La segunda fue constatar que, en esta zona de altos edificios, la calle estaba bordeada de casas pequeñas, muy bien cuidadas. Y para acabar, en el cruce de los callejones, también encontré un café restaurante muy acogedor.
En este sitio, por la noche, el dueño reservado y majo, atiende a una clientela que viene a tomar un chato con los vecinos al salir del trabajo. Al principio me sorprendió la proporción de mujeres, pero tras pasar un momento en la sala me pareció muy normal: nadie molesta y pueden quedar entre chicas.
Yo vine a cenar con un amigo y el sitio nos pareció muy correcto tan por la calidad como por el precio. Ahora sólo faltaría probarlo en medio día para ver cómo es la clientela del almuerzo.

Al día siguiente, participé a la manifestación de protesta contra las ordenanzas del nuevo gobierno. Mis compañeros y yo lucíamos cartelitos como “ingeniero rebajado” o “arqueólogo reducido a la osamenta”. Sobra decir que conseguimos un gran éxito y que son muchos los que nos sacaron una foto.
Los de arriba no escucharon nuestra protesta, pero por los menos pasamos una tarde agradable y divertida a pesar de la inquietud que se notaba entre los participantes.
Y ahora tendremos que trabajar más para financiar los juegos de 2024...

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