Caminando por París con Caol

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6/08/2017

Estreno

El pasado martes, mientras esperaba mi autobus de siempre, una anciana me enseñó una pequeña tarjeta imanada y me contó que estabán regalando estas tarjetas y cafés en el metro para celebrar la reapertura de la estación.
No tenía prisa así que renuncié a viajar en autobus para visitar la estación remodelada.

Para empezar me acerqué de la nueva entrada creada en la acera Oeste del bulevar Barbes.
Seis años atrás, formaba parte del grupo que organizó una votación ciudadana para pedir la creación de este acceso y no quise precipatarme. Pedí a los policías que controlaban la escalera que se apartaran para que pueda sacar una foto de esta entrada tan esperada y lo hicieron de buena gana.

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Luego me atrevi a bajar para descubrir la nueva sala de acogida y fue otra buena sorpresa. Este espacio pasó de 40 a 170 metros cuadrados y la circulación resulta mucho más fácil. Por cierto, tendremos que probar como funciona cuando se acaben las vacaciones y que vuelva la clientela procediendo de toda la región parisina para las compras del sábado. Pero la primera impresión fue muy buena.

Para celebrar el fin de obras que tardaron más de dos años la sociedad del metro había organizado el estreno en grande, con varias personas proponiendo cafés y tarjetas imanadas a los viajeros. Si no probé el café, conseguí la preciosa tarjeta de este primer día.

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A mi me encantó el gran cartel que instalaron en la pared. También aprecié las baldosas del suelo y la renovación de las paredes y de los andenes.
No sé cuanto tiempo conservará su toque ordenado y limpio pero merecía la pena militar, crear una asociación e interpelar a los elegidos para conseguir este resultado.
¡Hasta la victoria siempre! :-)

23/07/2017

Curioseando

Llevaba tiempo sin pasar delante de la entrada del hospital militar Begin así que tuve una gran sorpresa al observar la instalación que hicieron para proteger la entrada: pilas de sacos de arena, como si estuviéramos en una zona de guerra... No sé si es el proceso normal cuando decretan estado de emergencia o si se trata de una fantasía local, pero para el ciudadano de a pie, eso parece totalmente surrealista.

20170717.jpgOtro espectáculo me esperaba al llegar a casa. Los bomberos habían cortado la calle y desplegado una gran escalera para ubicar la causa del humo procediendo de un edificio a quince metros de mi casa. La operación necesitó casi tres horas. Mientras tanto, los habitantes del edificio del incendio se instalaron en la terraza del café de en frente para seguir las operaciones.

Al día siguiente, pasé al pie de Beaubourg y constaté que la zona ya tiene su ritmo veraniego: gente sentada al lado de la fuente Stravinski o en la gran plaza, artistas de todas clases y un toque de “dolce vita” muy agradable.

Quise aprovechar este ambiente para probar uno de los sitios que reemplazaron las tiendas de mayoristas de la calle Sedaine.
Con mi compañera del día, examinamos varios sitios frecuentados por treintañeros y proponiendo tapas, ensaladas o preparaciones básicas para compartir con amigos. Pero 15€ sin bebidas para estas ofertas nos pareció exagerado.
Descartamos el café de los gatos porque estos bichos asustan a mi compañera y acabamos en el último sitio de la calle Sedaine; un restaurante tradicional bautizado “le préau”. Ubicada en la esquina con el bulevar Richard Lenoir, la pequeña terraza nos pareció demasiada ruidosa por el tráfico automóvil y nos instalamos dentro. La sala tiene encanto y nos atendieron muy correctamente. Pero la presentación de la carta con cuadernos escolares no era imprescindible. Aquí también nos cobraron 15€ por un plato sin bebida pero por lo menos se trata de cocina tradicional algo más elaborada. No nos entusiasmó y se confirmó una vez más que los precios alrededor de Bastille son exagerados.

Este fin de semana son muchos los parisinos que se marcharon de vacaciones.
A ver si puedo probar otro sitio cerca del centro.

27/11/2016

¡viernes de todas clases!

Ya llegó el momento de retomar el camino del centro nacional de los artes y oficios para estudiar la última parte del certificado de competencia que preparo desde octubre del 2015.
El año pasado, teníamos clases los jueves. Estuvimos en el sitio histórico del conservatorio para la primera parte y en el sitio de la calle des jeûneurs, en el distrito 2, para la segunda parte. Este año, tendremos clases los viernes y con gusto vuelvo al sitio histórico.
El nuevo grupo cuenta con una quincena de estudiantes. En la primera sesión el profe, cuarentón, empezó enseñándonos las estadísticas de éxito de los estudiantes del año pasado: 10% para la sesión de junio y 0% para la de setiembre. Dijo que demasiados estudiantes no controlan los conocimientos básicos y, para demostrarlo, propuso un ejercicio de evaluación.
Nuestras respuestas confirmaron su diagnóstico ya que la mayoría no supo contestar a la mitad de las preguntas (yo con los demás).
Confieso que este primer viernes fue un poco desalentador pero el tema no es tan complicado y quedan varios meses para solventar las carencias.

Y ahora toca celebrar el “black friday”, concepto importado de los Estados Unidos para describir la crisis de consumismo que ocurre el día siguiente del cuarto jueves de noviembre (Día de Acción de Gracias), y que los publicistas no se molestaron a traducir al francés.
Según parece, este rito empezó en 2014 pero en 2015 la campaña fue cancelada por los tremendos acontecimientos parisinos. La campaña de 2016 se nos cayó encima por sorpresa y de manera masiva.
Me llegaron varias centenas de mails de ofertas y, peor entre todos, un almacén llegó a mandarme más de diez veces el mismo mensaje...
Me cuesta evaluar los beneficios esperados de este bombardeo publicitario.
Para muchas personas, el presupuesto apenas da para los gastos cotidianos y no es ampliable. Así que aprovecharán las ofertas, pero no gastarán más dinero. Por lo menos, eso es lo que hice. Pero en uno de los almacenes, también noté que había cola para solicitar crédito...

Para bien acabar con estos días de remolino comercial, pasé por la zona del ayuntamiento del distrito 3, en donde organizaban un mercadillo de segunda mano.
En esta zona de clase media superior, descubrí dos nuevas tiendas.

La primera tienda propone prendas de segunda mano por un lado y objetos de decoración por otro lado. Reconocí la instalación de moda, que se ve en muchos lugares y tras dar una vuelta rápida, seguí rumbo a la segunda tienda.

Este espacio se llama “Empreintes”. Cuenta con varias plantas y presenta, en una instalación de tipo concept store, las creaciones de los artistas y artesanos de los talleres de arte de Francia.
Hoy, en la planta baja, presentaban objetos de decoración de madera, metal o cerámica. Noté un torso de caballo y otro de vaca, pero los precios me asustaron.
En la primera planta, pasé por la zona de cafetería en donde probé un café caro y que sabía mal, antes de seguir la exploración.

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Me gustó la presentación de platos colorados en la pared.También me gustó el tótem de madera presentado en la segunda sala.
En la segunda planta pasé primero por la zona de las joyas en donde noté varios objetos originales y de precio asequible. Luego noté varios prototipos de muebles, pero lo que más me gustó fue una alfombra fabricada por la manufactura de Borgoña. Desgraciadamente el precio de este magnífico objeto no cuadra con mi presupuesto.

Ahora sólo falta visitar los demás concept store de París…

13/03/2016

Estrenos

Tras dos meses de « vacaciones » tocaba volver al conservatorio nacional de artes y oficios para la segunda parte de la formación que me regaló mi instituto. Para esta nueva fase abandonamos el sitio histórico y nos convocaron en el espacio secundario que se halla en la calle des jeuneurs.

Desde la calle, el edificio que se halla en el número 40 parece basicamente haussmaniano pero nada más traspasar la puerta cochera, uno descubre un patio mineral rodeado de edificios e instalaciones de los años 80. Por cierto prefiero tener clase en este sitio que en las afueras de París. Pero al descubrirlo, añoré el sitio de la calle Saint Martin.

De momento estamos en una aula que da a la calle y así podemos olvidar las paredes que necesitarían un buen lavado... Y tengo entendido que tendremos que mudarnos...
En fin, sólo serán diez días en este espacio.

Ese día, en medio día, salimos para probar uno de los sitios recomendados por el profesor.
Veinte años atrás, en esta zona de París, uno sólo encontraba mayoristas de tejidos y prendas. Las condiciones de producción cambiaron y estos comercios desaparecieron poco a poco.
Fueron reemplazados por locales de moda en donde los treintañeros pasan tiempo para comer, trabajar, intercambiar, compartir proyectos, vivir, soñar...
Entre todos estos sitios probamos uno que se llama « pur ».

El concepto es bastante original : buscar productos de buena calidad cerca de París, preparar recetas y acondicionarlas en tarros individuales. Luego proponen menús del día con tarro y postre por 10€. Y si gastas 3€ más, te preparan un zumo en el momento.

Las chicas que me acompañaban apreciaron lo que habían escogido pero yo no tuve suerte con el plato. Sabía mal y cuando lo devolví, me atendieron muy amablemente y me lo cambiaron sin problema por otra cosa. A pesar de todo, el sitio nos pareció bastante ruidoso y la instalación, de mesas pequeñas e incómodos taburetes de metal, resultó muy apretada.
Por supuesto, la gente no se eterniza en este sitio...

A ver si probamos otro sitio el próximo jueves.

17/05/2015

Vida conectada...

El pasado lunes, al volver del fin de semana, descubrí el tren de la madrugada que frecuentan los trabajadores que viven en las afueras de París. Lo bueno es que estos trayectos cotidianos proporcionan un espacio para intimar con algunos vecinos. Lo malo es que cuando el atraso del tren se suma a los problemas de metro, resulta imposible llegar puntual. Por suerte, yo tengo horarios flexibles.

Esta semana, la asociación en donde doy clases de informática organizaba un acontecimiento público bautizado "Apero-TIC" acerca de los objetos conectados.
"Apero" es la forma corta de aperitivo, "TIC" es el acrónimo de "Tecnología de la información y de la comunicación. Al principio de la sesión, unos invitados hacen unas presentaciones en relación con el tema del día, luego el público puede hacer comentarios o preguntas y todo se acaba compartiendo copas y pinchos alrededor de una gran mesa. Al final, el acontecimiento suma educación popular y vínculos sociales...

El tema de los objetos conectados resultó muy interesante. Los habitantes, entre los cuales algunos apenas llegan a fin de mes, descubrieron con incredulidad el tenedor conectado, que pita si lo llevas demasiado rápido a la boca. También apreciaron el observador de sueño que modula la luz para despertarte conforme con tu reloj biológico. La elegancia del gorro de punto conectado que actua como un auricular resultó menos evidente. Y los accesorios de domótica que permiten controlar millones de cosas inutiles provocaron algunas risas. Al final todos empezaron a soñar con una zanahoria conectada que te avisa cuando se acaba la cocción...

Algunos habitantes intentaron alertar acerca de todos los datos personales que comunican los objetos conectados a algunas multinacionales y evocaron el mercado que se desarolla alrededor de la explotación de estas informaciones. Pero para los contertulios, no había otra opción que adoptar estos objetos.

Las gafas de realidad aumentada provocaron nuevo momento de perplejidad y cuando uno de los invitados empezó a hablar de cíborg, algunas voces propusieron la desconexión de los contertulios.

Por suerte, uno de los habitantes había comprado un magnífico pastel y al compartirlo pudimos volver a la realidad cotidiana.

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¿Apetitoso, no?

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