Caminando por París con Caol

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31/07/2011

Julio con cara de verano

El tema de cambiar de casa ya se arregló. Me libré de casi todos los trámites y planeo la mudanza a mitad de octubre. Eso deja tiempo para calcular la nueva instalación y visitar tiendas de muebles y de decoración...

Eso hice el pasado martes y exploré metódicamente todos los rincones de un almacén de la calle de Lagny que propone muebles de segunda mano. Confieso que me despistaron los precios que vi en los diferentes objetos y más aun teniendo la posibilidad de compararlos. Algunos muebles muy ordinarios llegaban a precios muy altos mientras para otros, realmente de buena fabricación, pedían precios más baratos. Tras varias vueltas llegué a la conclusión que en esta tienda los precios reflejan más el tiempo necesario para encontrar un cliente que el valor del objeto: cuanto más demanda, cuanto más alto el precio. Ahora entiendo porque algunos anticuarios pasan por aquí de vez en cuando...

También visité la tienda que la asociación Emaús instaló en el 104. En este lugar todo parece muy barato y resulta muy difícil resistir a la tentación.

Y siguiendo en este tema, también descubrí otro almacén de muebles de segunda mano cerca de la dársena de la villette.
Pero si encontré varias ideas para mi futura instalación, de momento no compré nada.

Esta semana también quise comprobar si mi nuevo abono de velib me permitía hacer el recorrido entre mi casa y mi oficina. Si tardé 45 minutos la primera vez (o sea justo justito dentro del abono), sólo necesité 40 minutos al día siguiente y sé que todavía puedo mejorar el itinerario.
Lo bueno es que cuando llegas a la oficina tras este paseo, te sientes en plena forma. Otro cantar sería volver a casa tras una dura jornada laboral y de momento no lo intenté...

Y para descansar de tantas idas y vueltas y disfrutar de la aparición del sol mientras anunciaban 650 kilómetros de atascos en el territorio galo, me fui al parque de la Villette en donde me tumbé sobre la hierba para sestear.

parque de la villette

¿Mola la vista no ?

27/03/2011

Santa distracción...

Faltó poco para que el tema del velib se transformara en pesadilla...
Tras el contacto con el servicio técnico y la entrada del número de mi tarjeta Navigo la pasada semana, este sábado intenté sacar una bici en una estación.
Pasé la tarjeta en el soporte de una bici pero la lucecita no llegó al color verde que permite sacar la bici. Y en el terminal de la estación no conseguí informaciones particulares...

Entonces metódicamente caminé rumbo a otra estación para probar en otro sitio. Pero en este momento mi tarjeta navigo había desaparecido y pensé que la había perdido en camino. Así que vuelta a la primera estación en donde constaté que la tarjeta se había perdido... en el fondo de mi bolso...
Repetí el trayecto y constaté que en la otra estación tampoco conseguía sacar una bici. Entonces quise llamar el teléfono de asistencia que aparece en el terminal pero te piden tu número de abono y el que mencioné resultaba desconocido...

Total volví a casa y pude hablar con una operadora muy amable. Cuando le comenté mi problema, sugerió que volviera a la estación para aceptar las condiciones generales de venta. La recomendación provocó mi perplejidad pero quise intentar y baje a la estación al pie de mi casa.

Así es como me di cuenta de que el terminal tiene dos caras: una para los clientes de paso, otro para los abonados. Siempre había presentado mi tarjeta en la cara de los clientes de paso y, por supuesto, siempre conseguía un mensaje incomprensible...
Esta vez me enseñaron las condiciones generales de venta y pude aceptarlas en el terminal. Y a continuación pude sacar una bici que devolví inmediatamente...
Lo que no me explico es el porque de aceptar esas CGV en el terminal cuando tienes que proporcionar un sinfín de papeles para conseguir el abono... Pero ahora por fín funciona mi abono.

La verdad es que no sé si lo utilizaré mucho porque también recuperé la bici que tenía guardada en el sótano de unos amigos.
Experimenté de nuevo los carriles de bici y el hecho de compartir las calles en medio de los atascos y es una actividad que necesita bastante atención. Así que no lo veo muy compatible con mi distracción de siempre.
Ya os contaré...

Además si tuvimos una semana muy agradable con un sol primaveral muy alegre, anuncian lluvia para los días que vienen.
Así que aplazaré los demás experimentos...

30/11/2010

Adviento...

Sigo con demasiado trabajo para escaparme como me gustaría hacerlo. Pero a pesar de todo intento aprovechar mis momentos de libertad para seguir explorando la ciudad de las luces.

Asi es como visité la pastelería Victor & Hugo que se halla en el bulevar Raspail, al lado del Bon Marché. Es un sitio que mencionó la hija de una amiga y que consiguió varias reseñas bastante positivas en varios periódicos. Así que quise probarlo...
Lo que más asombra al entrar en la tienda cuidadosamente decorada es que no exponen muchos pasteles pero uno lo entiende luego.
Yo me dejé tentar por un pastel de color verde y mi amiga probó un pastel de pomelo.
Pedimos, pagamos y constatamos que atendían nuestro pedido en la parte trasera de la tienda. Recuperamos los pasteles y los probamos nada más salir de la tienda.
Si ambos pasteles resultaron bastante buenos ni merecían comentarios tan elogiosos ni valen 5€.
Lo bueno es que la prueba queda hecha...

A continuación pasé por la calle de Rennes y la zona de Saint Germain des Prés. En este fín de mes de noviembre había una tremenda cantidad de gente explorando las tiendas y preparando los regalos de navidad. Si todavía no instalaron las iluminaciones navideñas, queda claro que ya se acercan estas fechas. Total decidimos que no volveríamos a esa zona hasta el mes de Enero.

Mientras tanto en mi barrio noté la presencia de una mujer, sin domicilio fijo, aprovechando las rejas que evacuan el aire caliente del metro para no pasar frío.
Las últimas estadísticas que pude ver no son para tirar cohetes y según pude constatar la distribución de cenas gratuitas en la plaza de la República o en la puerta del Père Lachaise atrae cada día más gente...

A ver como siguen las cosas con este frío cada día más feroz y las primeras nieves...

21/11/2010

¡Tregua!

Parece que el movimiento social se otorgó unos días de tregua y tuvimos una semana bastante normalita sin huelga ni protesta.
Total mientras el presidente escogía otro gobierno y explicaba sus objetivos, quise recuperar y acumulé los momentos de pura frivolidad.

Para empezar compré una de estas revistas que pretenden sugerirte 30 acesorios para estar de moda sin arruinarte. Pero no encontré la idea del siglo y abandoné la revista en mi autobus.

Por la noche pasé por la tienda de los quesos en donde presentaban una exposición de fotos y regalaban un vaso de vino. El artista estaba en la tienda esperando los comentarios y los dependientes preguntaban a los clientes cual era su foto preferida. Asi empezaron varias discusiones y un momento muy agradable...

Al día siguiente quise visitar una de las ventas privadas de la temporada. El truco es muy sencillo: te invitan por correo o por SMS y te regalan un descuento del 25 o 30% y por supuesto la tentación es muy grande... Confieso que no supe resistir pero como me gusta bastante lo que encontré no me quejaré.

Pero el momento más frívolo de la semana ocurrió esta tarde cuando asistí al espectáculo de cabaret del Lapin Agile.
Llevaba siglos con la idea de visitar este sitio cuyo cartel me gusta tanto y la asociación de los parisinos me regaló la oportunidad que necesitaba.
Nada más entrar, uno descubre un pequeño cuarto en donde te invitan a abandonar los paraguas y los abrigos. Luego una mini escalera a mano derecha da acceso a una sala bastante asombrosa. Paredes color de chocolate, arañas gigantes de tela roja, bancos y mesas de otros siglos y una colección de pinturas que evocan las obras de los artistas que pasaron por Montmartre...
Cuando todos están instalados, te regalan un vaso de une bebida a base de cereza y el espectáculo puede empezar.
Identifiqué siete artistas que se relevan para distraer al público durante más de dos horas. Viejas canciones francesas, poesías, textos con chispa... hay bastante variedad y todo eso sin sonorización...
Los artistas saben implicar al público e invitarle a cantar las coplas o ciertas partes de las canciones. Eso crea una sensación de buen rollo y un bien estar muy agradable: todo pasa como si participaras a una de estas antiguas veladas...
Y entre todos los textos que escuchamos ayer, aquí os dejo la última estrofa de un poema de Paul Eluard:

Y por el poder de una palabra
vuelvo a vivir
nací para conocerte
para cantarte
Libertad

8/11/2009

¡De tiendas!

El pasado lunes no trabajaba así que decidimos salir de tiendas con mi amiga viandante de siempre, en busca de algún abrigo.
Bueno... eso de algún abrigo es un decir porque según me contó antes de entablar esta nueva sesión de caza, ya había visto un modelo cumpliendo casi todas sus exigencias excluyendo el precio...

Total quedamos en un café al lado de la Ópera a las 9h00 con la idea de recorrer metodicamente las Galerias Lafayette entre semana, sin prisa y sin agobios. A las 9h30 ya estábamos delante de la puerta, listas para esta nueva expedición.

Llevaba tiempo sin pasear por este templo de la elegancia parisina y la idea de ponerme al día en cuanto a las últimas tendencias me venía bien.
Desgraciadamente no vi nada que provoque una de estas corazonadas que una se autoriza de vez en cuando. De los pocos modelos que me llamaron la atención, ninguno superó la prueba del tacto que te dice si te gustará convivir con esa materia.
Y para mi amiga fue peor todavía ya que quería un abrigo largo cuando la moda del año privilegia los modelos arriba de la rodilla.
Al final llegamos a la conclusión que no encontraríamos la solución en las Galerías y seguimos rumbo al foro de los creadores en Les Halles.

En esta zona, no faltan las ideas originales pero muchas veces la realización deja mucho que desear. Y como en las galerías no encontramos solución.

La siguiente etapa consistió a pasar por el marais en donde mi amiga me enseñó el modelo de sus sueños y la verdad es que este abrigo sólo tenía un defecto, pero de los grandes... su precio.

Pasamos por otra tienda de la misma zona cuyo nombre, la bonne renommée (la buena fama), permitía esperar que encontremos alguna pista. Y la verdad es que tras mirar varias cosas encontramos un abrigo presentable. Pero cuando la dependiente nos explicó que la longitud de la manga se ajustaba con un cordel y que así valía para todos, nos desanimó: ingenuamente pensábamos que por casi 1000€ podrían regalar algun retoque...

Al final abandonamos el tema del abrigo y añadí una nueva tienda a mi geografía parisina. Prendas informales, con estilo pero fáciles de vivir, diseñadas para gente real y no para las anoréxicas que aparecen en los desfiles de moda... Ese día fui bastante razonable pero sigo pensando en este vestido oscuro cuyo corte es realmente original...

A ver si paso de nuevo por allí esta semana...

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