Caminando por París con Caol

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17/12/2017

Preparando las fiestas...

Después de los entierros de la pasada semana, ahora tocaría ponerse a preparar las fiestas de fin de año. Desgraciadamente tuve muchísimo trabajo y casi no pude ir de tiendas.

En mi instituto invitaron a un productor del suroeste que propone el imprescindible “foie gras”. También vino un vendedor de chocolate y sé que varios grupos organizaron pedidos comunes de vinos y champán.

Yo tengo otros circuitos de abastecimiento, pero como todos intento comprar directamente a los productores porque resulta mucho más económico. Esta semana recuperé mi pedido de champán con mi carrito de las compras. También compré el regalo de los herrerillos: tres kilos de cacahuetes sin sal. Pero los demás regalos serán para otro día.

En esta época de gran consumismo me impresiona el ingenio de las madres solteras de mi barrio, que se apoyan en varias asociaciones para que sus niños disfruten de Navidad, aunque no tengan mucho dinero. Admiro a estas luchadoras cuyo único objetivo es mimar a su progenitura.

Yo pasaré las fiestas lejos de París y de su derroche navideño, pero de momento me espera otra semana de demasiado trabajo :-(
¡Hasta pronto!

10/12/2017

Conmemoraciones

¡Vaya semana!

El martes, cuando desperté, estaban anunciando en la radio nacional gala el deceso del académico Jean D’Ormesson. Tenía 92 años y había publicado más de cuarenta libros...

Si no forma parte de los autores que aprecio, el hombre tenía una cultura general impresionante y era capaz de conversar acerca de cualquier tema con cortesía, humor e inteligencia. Así que no me pareció totalmente escandaloso que la radio, la televisión y la prensa dedicaran ediciones especiales al acontecimiento.
Desgraciadamente la inteligencia no es contagiosa y después de escuchar los comentarios sosos de todos los que habían encontrado al académico estaba hasta las narices de estos reportajes.

El miércoles, cuando desperté, estaban anunciando en la radio nacional gala el deceso del cantante Johnny Halliday. Tenía 74 años y a lo largo de una carrera de casi sesenta años había interpretado más de mil canciones...

Si no forma parte de los cantantes que aprecio, el hombre era un ídolo para mucha gente que se reconocía en las historias que interpretaba el rockero. Sin embargo, me asombró la cantidad de personas conmovidas por este deceso.
Sobra decir que la radio nacional gala, la televisión y la prensa olvidaron al académico para dedicar ediciones especiales al cantante. Y los periodistas entrevistaron tan a los admiradores del cantante como a los que le conocían personalmente.

Al día siguiente surgió el tema de los homenajes a los dos fallecidos. Y después de muchas vacilaciones, el gobierno anunció homenaje nacional para el académico y homenaje popular para el cantante.

Las funerales del académico se celebraron el viernes en la iglesia San Luis de los Inválidos. El homenaje nacional empezó con la “Marseillaise”, continuó con el discurso del presidente Macron y se acabó con un concierto de Mozart. Ceremonia formal con diputados, políticos y académicos, finalmente bastante discreta.

Las funerales del cantante se celebraron el sábado con procesión de moteros en los Campos Elíseos para acompañar el ataúd hasta la iglesia de la Madeleine. El presidente Macron hizo un discurso, varios artistas leyeron textos, los músicos tocaron canciones del rockero y la plebe contemplaba lo que pasaba dentro de la iglesia en las pantallas gigantes.
Dicen que un millón de personas participaron a este homenaje popular.

Y yo no entiendo como el estado galo puede gastar tanto dinero para los funerales de un exiliado fiscal, instalado en California para librarse de los impuestos.
Y me da rabia pensar que mientras tanto, al pesar del frio, queda gente durmiendo en las calles de París porque no hay dinero para alojarlos.

8/10/2017

Nuevas facetas

Por fin encontré un ratito para pasar por el pasaje Turquetil.
Esta discreta callecita comunica la calle de Montreuil (cerca del cruce con el bulevar Voltaire) y la avenida Philippe Auguste. Su primer tramo, bordeado a mano izquierda por un muro ciego, no tiene mucho encanto, pero la sensación se vuelve más agradable al llegar a la primera curva en donde un pequeño patio alberga arbustos. A continuación, a mano derecha, se ve un primer edificio de antiguos talleres. A mano izquierda, una construcción relativamente reciente bordea la acera con una sucesión de puertas y ventanas de viviendas individuales. A partir del pasaje Philippe Auguste, a mano derecha construyeron un edificio de ladrillos rojos par albergar un instituto profesional, pero a mano izquierda seguimos con talleres que cuentan historias de otros tiempos. Por suerte el programa de rehabilitación urbana del distrito XI supo conservar huellas de sus actividades pasadas.

Los azares de mis actividades también me llevaron al distrito IX, justo al lado de la plaza Gustave Toudouze y del “No stress café”. Así fue como pude descubrir la rehabilitación interior de unos edificios industriales y constatar, una vez más que algunos lo pasan muy bien en París.

Y para completar el examen de nuevas facetas de sitios que conozco, hoy acompañé a un músico profesional por el mercado de las pulgas.

20171008.jpg No le interesaba visitar los mercados de siempre, pero quería pasar por el mercado Dauphine en donde hay una tienda que vende productos de alta fidelidad de segunda mano que quería ver. Encontrar el mercado no fue muy complicado, pero ubicar la tienda sin indicación fue otro cantar. Yo recordaba que en la planta alta había una tienda con material de categoría y por allí pasamos. El músico encontró viejos vinilos y entre todos, compró uno de Herbie Hancock. Pero la tienda que buscaba se hallaba en la planta baja y mientras escuchaba música en el equipo que le interesaba, yo contemplé la posibilidad de instalar un huevo como éste en el pequeño patio de mi casa borgoñona.

El segundo objetivo era una tienda de prendas antiguas en donde quería mirar chaquetas para los conciertos. Total, recorrimos metódicamente la calle Paul Bert sin encontrar la tienda. Pasamos por el mercado Serpette sin encontrarla y también fracasamos al buscar su número en la calle des rosiers. Confieso que le dejé explorar solo todas las calles del mercado Paul Bert mientras saboreaba un chocolate en la terraza del bar de la esquina. Al final apareció, algo decepcionado, porque alguien le había explicado que la tienda ya no existía. Seguimos paseando, detenidamente ya que se paraba en todos los puestos de venta de viejos vinilos de jazz...
Finalmente, abandoné a este compañero muy especializado en un puesto de discos y mientras caminaba tranquilamente rumbo a casa, pensé que este hombre me había regalado una visión muy peculiar del mercado de las pulgas.

17/09/2017

Una semana parisina

Para bien empezar con esta nueva semana, recorrí caminando los siete kilómetros que me llevan a mi instituto y ajusté mi meta cotidiana a 16000 pasos. Pero algunas veces, evitar los chubascos resultó un poco complicado.

En la capital gala se celebraba la semana del diseño y los organizadores definieron cuatro zonas diferentes, entre las cuales “Barbes-Stalingrad”, que se extiende hacia la puerta de Bagnolet.
Yo tuve ganas de visitar las tiendas de los creadores instalados en mi barrio y escudriñé la lista que encontré en internet. Constaté pocas novedades, pero di una vuelta para enterarme de las últimas novedades y encontré cosas interesantes.

También se celebraban las jornadas del patrimonio y así fue como pude visitar uno de los edículos construidos para controlar la circulación del agua que alimenta la ciudad de París, cerca de la puerta des Lilas. La asociación que atendía a los visitantes también propone recorridos para ver varios lugares como éste y descubrir las instalaciones del Este de París. A ver si puedo participar a una de estas visitas alguna vez.

En el distrito XI, descubrí desde la ventanilla de mi autobús de siempre que la asociación “el genio de la Bastille” proponía un mapa indicando talleres de artistas abiertos, instalaciones, tiendas albergando exposiciones y actividades. Así que hoy caminé rumbo a la plaza Léon Blum para conseguir este precioso papelito y mirar las obras instaladas en la plaza.

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El recorrido pasaba por el bulevar Voltaire en donde organizaban un mercado de anticuarios así que aplacé la visita de los talleres para descubrir los últimos objetos de moda para decorar su casa. Pero vi pocas novedades.

Luego pasé por la galería de la asociación en donde presentaban las obras de varios artistas. En la cité Voltaire pude visitar el taller de una pintora y encontrar una obra que me pareció realmente interesante.
En la calle Voltaire tocaba visitar el taller de una ceramista, transformado en sala de exposición y la entrada de la escuela de estilismo ESMOD en donde presentaban las creaciones de algunos alumnos.
En la esquina de un callejón escondido, otro pintor presentaba sus obras mientras dos mujeres organizaban un taller al aire libre para los niños del barrio.

Ya llegaba la hora de volver a casa así que pasé otra vez por el mercado de los anticuarios y me metí en mi autobús de siempre justo cuando empezaba a llover...

Lo bueno de todo esto es que conseguí ver un montón de cosas y pasarlo bien sin gastar un duro.

10/09/2017

Volver

Volver a París siempre provoca algo de aprensión. En tan sólo tres semanas son muchas las cosas que pueden transformarse, conllevando buenas o malas sorpresas.

Yo viajé el lunes, mientras los niños retomaban el camino de la escuela y los padres las actividades laborales. Había poca gente en el tren y no tuve que compartir mi compartimento.
Llegué al mediodía y pude dedicar la tarde a ir de compras.

Volver después de los demás resulta bastante desconcertante porque ellos ya retomaron el ritmo de la ciudad cuando todavía sigues buscando tus marcas. Pero hay detalles que te ayudan a conectar rápidamente con la realidad parisina, como el precio de las cosas o la pila de facturas que encuentras en el buzón.
Yo quise disfrutar de mi último día de vacaciones y pasé un rato en una de las terrazas de cafés de mi barrio, con sol y sombra, algunas plantas y tres gorriones.

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Volver a trabajar no fue tan pesado como me temía y pronto pude retomar mis largas caminatas.

El jueves al atardecer descubrí que al lado de la estación Ménilmontant, organizaban un mercado de cocina de calle, con mesas y bancos para que la gente pueda instalarse. Cuando pregunté me explicaron que no era un acontecimiento excepcional sino un mercado nocturno que ocurrirá cada dos jueves. En cuanto tenga la oportunidad de probarlo, os cuento.

Pero mi auténtica vuelta ocurrió ayer por la noche, cuando compré un nuevo abono en el cine de mi barrio (el Louxor) para ver la película que consiguió el gran premio del jurado en Cannes: más de 120 personas para “120 pulsaciones por minuto” y parejas de todas clase...
¡Eso sí que es París!

Y hoy sólo faltaba pasear por la colina de Montmartre para acabar con el proceso de vuelta.
Como siempre encontré una cantidad impresionante de turistas pero el mercadillo organizado en la plaza de las abadesas tenía encanto y pasé un rato agradable.
Ahora toca descansar.

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