Caminando por París con Caol

Ir al contenido | Ir al menú | Ir a Buscar

23/12/2018

Tregua navideña

Como lo imaginaba, la última semana laboral entera del 2018 dejó poco espacio para caminar.
Sin embargo, pude pasear por el muy burgués distrito VIII, desde los Campos Eliseos, rumbo a la plaza de Clichy.

Como siempre las iluminaciones de la famosa avenida parisina, vestida de rojo, me parecieron suntuosas. Y cerca de la estación de metro Franklin-Roosevelt no se veía la más mínima huella del desorden provocado por los chalecos amarillos. Lo cual demuestra que en algunos barrios son capaces de arreglar las cosas en un santiamén... Pasé por la pequeña calle Jean Mermoz en donde pude descubrir varias galerías de arte. Luego la calle de Penthièvre me llevó a la calle de Miromesnil en donde pude admirar varias tiendas de categoría. Al final de la calle, el bulevar des Batignolles me llevó a la tienda en donde me esperaban mis nuevas gafas...

En mi asociación de siempre, una de las personas que ayudamos a controlar las herramientas infórmaticas nos hizo una grata sorpresa. Aunque no tenga mucho dinero, había comprado una bolsita de chocolates para agradecernos por todo lo que aprende con nosotros. Ahora no tendremos otra opción que seguir regalando tiempo para ayudarla.

Y ahora toca disfrutar de los largos puentes regalados por mi instituto.
¡Que tengan felices fiestas y que el 2019 sea muy generoso con vosotros!

20181223.jpg

25/11/2018

Murria

En mi residencia, tenemos un sistema colectivo de calefacción por suelo radiante que nos lleva a unos 17 grados, y quién quiere más tiene que instalar radiadores individuales. Cuando llegué aquí, siete años atrás, este sistema me pareció muy ingenioso porque permite que cada uno escoja la temperatura que le conviene sin molestar a los demás.
Desgraciadamente no consiguieron reactivar este sistema y ya llevamos varios días esperando una reparación. Varios vecinos me comentaron que les cuesta aguantar el frio y si yo tengo radiadores individuales de calidad, no compensan la avería.
Así que el pasado miércoles, aproveché un día soleado para viajar rumbo a la frontera del distrito XIII para comprar cortinas térmicas. Lo bueno es que no sólo limita las pérdidas nocturnas, sino que también ofrece un nuevo escondite a la gata. Por suerte, ella ya tiene su pelaje invernal y no sé si habrá notado algo, pero yo necesito abrigarme.

Mientras tanto, una gran parte de la semana fue dedicada a comentar el movimiento de los chalecos amarillos y su proyecto de reunirse en París. Lo cierto es que el aumento de los precios de los combustibles afecta mucho a una parte de la población que tiene salarios modestos y necesita su coche para ir al trabajo. Y esa parte se enojó porque está harta de contar cada céntimo y no entiende porque el gobierno suprimió el impuesto sobre la fortuna si se necesita dinero. Queda claro que la distancia entre esta parte de la población y los políticos se vuelve cada día más grande.

El sábado, los chalecos amarillos invadieron los Campos Elíseos y provocaron un autentico caos. Yo preferí pasear por el barrio de la Bastille, en donde los parisinos, aprovechando el “Black Friday”, daban rienda suelta a sus ansias consumistas.

Yo no tuve ganas de meterme en este torbellino.
El frio, la lluvia, el cielo gris abrumador y la sensación de vivir casi siempre de noche me dan murria. Oscilo entre mi casa (fría) y mi instituto (en plena reorganización) e intento cambiarme las ideas leyendo.
Por suerte la hija de los vecinos fabricó un bonito objeto de papel y me lo regaló para adornar mi puerta.

20181125.jpg

¡Algo es algo!

18/11/2018

Momentos

Después de la celebración del armisticio de noviembre de 1918, tocó recordar los atentados de noviembre de 2015 y como la mayoría de los acontecimientos ocurrieron en el distrito XI, a las ocho de la mañana, cerraron el acceso al bulevar Voltaire. Por suerte mi autobús de siempre me llevó antes del cierre...
Durante la tarde, hubo un momento de emoción cuando un camión compactador de basura provocó una explosión antes de incendiarse. Sobra decir que muchos pensaron que se trataba de nuevo atentado, pero pronto resultó que sólo se trataba de un accidente.

El día siguiente, hice una larga caminata por el bulevar Voltaire, en donde quedaban varias huellas de la celebración, y me paré para mirar la modesta placa que enseña los nombres de las noventa victimas del asalto en la sala de espectáculos.
Luego me fastidió la presentación de las consecuencias, en mi modesto instituto, de la política del presidente galo.
Por suerte, por la noche, la sonrisa de Malika, tan contenta después de haber logrado instalar un programa en su computadora, pagó todos los esfuerzos de la asociación en donde doy clases de informática.

20181116.jpgEl viernes por la noche, caminé rumbo al parque de la Villette, en donde el Circo Plume había instalado su carpa. Cuatro años atrás tuve la suerte de ver el precedente espectáculo y me encantó su poesía.
Unas semanas atrás escuché un programa en la radio y descubrí que la compañía circense estaba preparando su último espectáculo para una última gira de cuatro años. En este programa, los fundadores explicaban que no querían transmitir el circo a unos continuadores porque llevaban años batallando por un precario equilibrio económico y no querían sentirse culpables de un posible fracaso. Confieso que esta manera de cerrar esta aventura de más de treinta años me impresionó y compré enseguida entradas.
Así que el pasado viernes, con gusto me instalé en la fila más alta del circo para admirar este último espectáculo.
Como en el precedente programa, los espectadores están hundidos enseguida en un universo poético por las imágenes y la música. Si no son extraordinarios, los números dejan ver años de trabajo y cuerpos que se cansan poco a poco. Después de casi dos horas de espectáculo viene la hora de la despedida, con una imagen muy conmovedora.
¡Me encantó!

Hoy quise aprovechar un agradable día soleado. Hice otro largo recorrido rumbo al bulevar des Batignolles en donde organizaban un mercadillo y por suerte no encontré muchas tentaciones.

14/10/2018

Festejando las vendimias

Este fin de semana, el distrito XVIII celebraba la fiesta de las vendimias. Llevaba varios años sin acercarme de este acontecimiento y tuve ganas de volver a pasear por la colina de Montmartre.

El viernes por la noche, caminé cuesta arriba por la calle del Mont-Cenis para llegar a la plaza de los pintores. Delante de la iglesia San Pedro, una alta valla metálica impedía el paso y no había otra opción que presentar los bolsos a un vigilante para acceder al recinto pomposamente bautizado “recorrido de los sabores”. Yo solo llevaba gafas, móvil y llaves así que me dejaron entrar rápidamente.
Entonces pude descubrir la amplitud de las instalaciones de casetas dedicadas a la venta de productos comestibles de todas clases. También constaté que había mucha gente, catando vino, bebiendo cervezas o probando algún bocadillo. A duras penas conseguí caminar por la calle Saint Eleuthère, antes de subir rumbo a la plaza del Sagrado Corazón y de perderme por la calle que bordea la basílica. Me costó tiempo extraerme de este sitio pero encontré una salida y seguí cuesta abajo rumbo a mi casa.

El sábado sobre las 9 de la mañana, subí otra vez hacia la zona de las casetas.
En la plaza de los pintores, varios grupos con sus trajes oficiales estaban esperando la hora del desfile, algunos tomando un café, otros caminando. En la casa de la esquina, los “Poulbots” también se estaban preparando.
En la zona de las casetas, varias instalaciones todavía estaban cerradas. Pero muchos vendedores estaban llevando mercancías extras, mientras otros empezaban a cocinar.
Luego pasé por la frutería de mi barrio y me contaron que el gran desfile ya no pasaba delante de la tienda y que salía de la calle Saint Vincent poco antes de las doce. Total, adapté el programa del día para pasar por allí.

Cuando llegué a la calle Saint Vincent, justo al lado del “Lapin agile”, ya había mucha gente, pero no tanto como en otras ocasiones. Yo pude colarme en la acera que bordea el viñedo y, desde este punto, vi pasar casi todo el cortejo.
Los “Poulbots”, los socios de “la República de Montmartre” y una larga lista de asociaciones representadas por una cantidad variable de personas. Como en otras ocasiones, los “amigos de Brouilly” estaban presentes y regalaban vino.

20181013.jpg

El desfile me pareció más corto que en otras ocasiones, pero sospechó que el recorrido desanimó a varias personas ya que desde la calle Saint Vincent, pasaba por la muy empinada calle des Saules...
Yo ya tenía mi cuenta de cuestas arriba y abajo así que no seguí el cortejo.

En el distrito XVIII organizaban otros acontecimientos como visitas guiadas o jornadas puertas abiertas. Pero preferí aprovechar estos días de tiempo veraniego para visitar otras zonas de París

7/10/2018

¡Qué cosas!

No sé si fue por la luna llena, pero estos últimos días llevaron su cuenta de desórdenes de todas clases.

Todo empezó con la crisis de agitación del “griot” que vaga por mi barrio. El hombre, impresionante por su potencia muscular, puede pasar horas bailando posado encima de una papelera urbana. Pero en otros momentos, se lía con cualquier persona y regala al vecindario el largo canto de su cólera con amenazas físicas incluidas. Últimamente, armó varios líos con el dueño de una tienda de la calle, pero la población intervino para apaciguar las cosas.

Poco después el dueño del café que se halla a treinta metros de mi casa armó un escándalo en su establecimiento, con riña, gritos y cristal roto.

El lunes, cuando salí de mi casa al amanecer, topé con un tipo que exploraba la calle con una piqueta. Confieso que no intenté entender lo que estaba haciendo y cambié de acera precipitadamente.

El martes, a la misma hora, una de las mujeres que se prostituyen en la esquina estaba gritando alguna desventura por teléfono. Sé que estas mujeres tienen una vida muy dura, pero no sirve despertar a la gente del vecindario.

Lo peor ocurrió en mi instituto.
Al llegar a su despacho, una colega topó con el cadáver del secretario general de su sindicato. Según parece, el hombre había vuelto a su despacho muy tarde el día anterior, pero nadie se percató de su presencia y nadie pudo constatar su desvanecimiento y alertar cuanto antes. Entonces empezó el largo protocolo que se aplica en este caso: SAMU, magistrado, forense, antes de llevar el cuerpo al instituto de medicina legal para practicar una autopsia.
Y al día siguiente, la dirección propuso una sesión colectiva con un psicólogo para los que lo deseaban.

Yo tengo varios colegas muy afectados por el acontecimiento e intenté ayudarlos a superar el choque. Pero mientras no conocemos las causas de la muerte, siempre quedará la sensación difusa que hubo algún fallo en la organización del instituto.

Mientras tanto, preferí marcharme unos días lejos de esta agitación.

- página 1 de 55