Caminando por París con Caol

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3/11/2019

Bruj@s, calabazas, fiestas y huelgas

Ya llevamos una semana con la hora de invierno y la gata ya se adaptó. Dentro de un mes volverá la sensación deprimente de vivir exclusivamente de noche, fuera del trabajo ☹

El brujo que arregló mi nueva bici se demoró y cuando pasé por su tienda el lunes, todavía quedaban muchas cosas por hacer. Esperé un ratito, observando el desfile de clientes con prisa y empecé a contemplar la posibilidad de reciclarme en reparador de bicicletas. Pero creo que no tendría la paciencia necesaria.
Yo no quería estrenar esta máquina de noche así que volví a casa en metro.
Al día siguiente, cuando entré en la tienda, la bici me esperaba y parecía lista. Después de arreglar unos últimos detalles, el brujo me devolvió mi máquina y con gustó pude volver a casa pedaleando tranquilamente.

En la esquina de mi calle, el florista se disfrazó de brujo también y regaló al vecindario una magnífica decoración de escaparate para celebrar Halloween, con calabaza incluida.

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La fiesta de Todos Santos coincidió con el fin de las vacaciones escolares y las huelgas sorpresas de los trenes complicaron las escapadas de los unos y las vueltas de los otros.
Yo tuve suerte: pude pasar unos días lejos de París y celebrar Halloween con un@s bruj@s en el Berry, tierra de leyendas y de brujerías, sin problemas de transportes.

Cuando volví a la ciudad de las luces, en medio día, seguíamos con este cielo de plomo y la llovizna de temporada. Así que fui directamente a casa.

Por suerte, esta tarde, un tímido rayo de sol apareció y aproveché este momento para pasear.
Desde el puente de la calle Caulaincourt, al mirar el cementerio de Montmartre, no observé el derroche de flores que suelen instalar en las tumbas en Todos Santos. Pero el recinto ya tenía sus colores del otoño y me pareció muy bonito.

Más adelante visité el mercadillo instalado en el bulevar des Batignolles, entre los charcos. Me impresionaron estos vendedores empedernidos, pero no creo que hicieron muchas ventas.

Luego seguí por la tranquila calle de Turín y varias calles semi dormidas del distrito IX, antes de refugiarme en casa cuando volvió la llovizna.

Tendré que cultivar un gran sol interior para no caer en la depre…

6/10/2019

Inhumana Défense

Los azares de mis actividades profesionales me obligaron a pasar una jornada completa en la zona de la Défense.

La pesadilla empezó al tomar el metro. Llevaba siglos sin pasar por la línea cuatro en las horas punta y no recordaba que había tanta gente...

En la estación Châtelet, en el andén de la línea que lleva a la Défense, también había una cantidad impresionante de gente, pero todos conseguimos entrar en el tren que llegó, amontonados como sardinas en su lata. Y esta sensación no cambió mucho cuando una parte de los oficinistas se paró en la estación Auber.

Al llegar a la estación subterránea de la Défense, seguí el rio humano hasta encontrar una salida rumbo a la explanada.

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Allí me esperaba un cielo azul magnífico y la corriente de aire habitual.
Pero el ruido de miles de tacones en el suelo empezó à taladrarme el cerebro así que pronto volví a mi destino del día: el gran Arco, muro sur.
Curiosamente, los controles de seguridad me parecieron muy superficiales y pronto recuperé una tarjeta para subir a la planta 35. Desgraciadamente, el acceso a la parte superior del tejado estaba cerrado, así que no pude contemplar el panorama desde este punto. Pero después de tomar un café, pude descubrir uno de los anfiteatros del arco e instalarme tranquilamente para escuchar las conferencias de la mañana.

La pausa de medio día empezó poco después de las doce y media.
Eso nos dio la oportunidad de descubrir que en cada uno de los dos ascensores no caben más de 17 personas, lo cual resulta totalmente inadecuado cuando sale la centena de personas que estaba en el anfiteatro.
Por suerte, unos participantes conocían bien el edificio e indicaron una solución alternativa.

No tuve ganas de probar el restaurante de la empresa y me escapé corriendo rumbo al centro comercial en donde encontré colas inverosímiles en los puestos de venta de comida. Me paré en un sitio algo apartado y pude resolver el tema del abastecimiento.
Almorcé caminando rumbo al Sena y así fue como encontré un grupo de ejecutivos, con su uniforme de siempre (traje-corbata), jugando petanca en uno de los espacios arbolados. Me asombró la cantidad de espacios ajardinados y algunas esculturas me parecieron realmente bonitas. Pero no sé si podría vivir en este universo de hormigón.

Volví corriendo al anfiteatro y aguanté relativamente bien las conferencias de la tarde.
A las cuatro y media, todos se escaparon.
Yo aproveché el resto de la tarde para meterme en una larga caminata por el distrito XVII.
¡Lo necesitaba para olvidar la vorágine inhumana de la Défense!

28/07/2019

Bochorno...

Ya no necesito viajar a Madrid para vivir varios días de calor aplastante ya que se puede experimentar esta situación en París. Pero al contrario de Madrid, en donde esta situación ocurre regularmente, en París provoca enseguida un plan de vigilancia de nivel rojo, probablemente porque la gente no sabe como adaptarse al calor y también por el trauma de 2003 y de los 10000 decesos provocados por la ola de calor.

Yo tengo la suerte de trabajar en un edificio de alta calidad medioambiental refrigerado. Pero mi piso tiene dos ventanas mirando rumbo al sur y si una tiene un muy buen nivel de aislamiento, la otra es un desastre térmico y no tiene persianas. Unos meses atrás pedí presupuesto para cambiarla, pero antes de hacerlo tendré que llevar varios meses ahorrando… Entonces el lunes por la mañana hice una primera instalación, con cortinas a modo de persianas.
Al salir de la oficina, pasé por una vieja ferretería de la calle Faubourg Saint Antoine, pero no tenían la cerradura que estoy buscando.
Cuando volví a casa, al atardecer, tenía 31° en el balcón y 26° en el piso.

El martes la dicha me acompañaba: sólo quedaba una manta isotérmica en la tienda de deportes que visité, en otro almacén, sólo quedaba dos pares de sandalias incluyendo mi número y sólo quedaba una frutería abierta en el mercado de l’Olive...
Al llegar a casa los termómetros marcaban 35° en el balcón y 27° dentro.

El miércoles al amanecer, instalé la manta térmica entre la cortina y la ventana, y con gusto me fui a trabajar en mi edificio refrigerado. Pero a pesar del calor, no hice horas extras y me marché para visitar otra ferretería.
En el autobús, el maquinista nos explicó que la validadora no funcionaba por causa del calor. Y la verdad es que este viaje en autobús se parecía a una sauna.
La dicha, cansada, ya no me acompañaba y en la tienda se veía un cartelito “cierre excepcional”. Seguí rumbo a casa y con gusto constaté que a pesar de los 38° en el balcón, tenía 28° dentro. También acogí a uno de mis vecinos que necesitaba refrescarse.

Habían anunciado que el jueves sería el día más caliente de la semana, con más de 40 grados en París. Y la verdad es que, por la mañana, ya tenía 30° en el balcón. Cerré todos los elementos posibles para conservar mis 28° interior y me fui a trabajar.
Al salir de la oficina, pasar brutalmente de 25° a 40° fue algo difícil, pero pronto se reactivó el metabolismo sureño y decidí que volvería a casa caminando (son siete kilómetros).
En la calle Saint-Maur, un hombre estaba regando la acera para refrescar su tienda. No pude resistir: me acerqué y le pedí que me mojara por lo menos el pelo. El hombre compadeció y después de esta ducha inesperada, pude seguir tranquilamente, alegrándome de paso por las expresiones de la gente mirando mis prendas empapadas.
Al llegar a casa, marcaban 40° en el balcón y 29° dentro.

Esta pesadilla térmica algo agotadora se acabó el viernes, con lluvia incluida.
Finalmente, los parisinos resistieron bastante bien a esta ola de calor y yo estoy calculando un plan de ahorros para cambiar mi ventana cuanto antes.

14/07/2019

¡Fiestas!

Me cuesta recuperar el ritmo parisino, pero a pesar del calor, escogiendo las aceras a la sombra, hice varias caminatas.
En los bulevares que marcan la frontera entre los distritos 11 y 20 se veía mucha gente en la calle: los que tienen dinero sentados en alguna terraza de café y los demás en un banco público o en la silla que se han llevado.
Ese día no me retrasé y pasé por el “Monop” de mi barrio en donde muchas mujeres estaban buscando una oferta interesante. Yo hice compras de utilidad antes de volver a casa.

El miércoles caminé rumbo a la plaza de la Nación y si todavía no acabaron las obras, el sitio ya resulta más agradable para los peatones.
Seguí rumbo al BHV en donde pude visitar muy tranquilamente la planta dedicada a la decoración. Otro cantar fue cuando pasé por la planta de los zapatos: topé con una cantidad impresionante de mujeres en busca de alguna ganga y me marché corriendo.
Volví a casa caminando y constaté en varios puntos que los profesionales (taxistas, repartidores, ...) se vuelven locos con las obras que se ven en cada esquina y complican el tráfico automóvil.
Al llegar a casa, varios griteríos me recordaron que ya empezó la temporada de la Copa de África de Naciones. Esa noche, celebraron la victoria de los Leones del Senegal...

El jueves me esperaba otra sorpresa ya que las aeronaves que participan al desfile de la fiesta nacional estaban preparando su exhibición y pasaron delante de la ventana de mi despacho. Confieso que ver estos aviones y helicópteros militares pasar tan cerca de tu lugar de trabajo resulta muy perturbador.

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Al salir del trabajo, quise encontrar la nueva tienda del panadero que estaba instalado al lado de mi instituto y que se mudó cerca de la plaza Gambetta. Pero a pesar de escudriñar todos los comercios de esta zona, no identifiqué su tienda.
Más adelante, en la calle Rebeval, pude descubrir el dispositivo instalado por el Municipio durante la canícula. Se trata de un mástil con varios grifos que distribuyen agua y un pulverizadr en su parte superior.
No sé porque no instalaron cosas así en mi barrio.
Por la noche de este mismo día, los argelinos consiguieron la calificación para la semifinal.

Hoy, el Senegal ganó su semifinal. El helicóptero de la jefatura de policía se quedó casi media hora encima de mi barrio para controlar que ni se armaba un disturbio, ni la gente caminaba rumbo a los Campos Eliseos para celebrar la victoria.
Ahora empezó la segunda semifinal e imagino que estaremos otra vez bajo el control del helicóptero.
A veces, vivir en medio de un barrio rebelde tiene inconvenientes, pero compartir la alegría de la victoria de los Leones del Senegal lo compensa de sobra.

30/06/2019

Canícula

Hoy se acaba una sucesión de días de canícula, con temperaturas parecidas a las de la crisis del 2003. Por suerte, las casas viejas de mi lugar de veraneo tienen una buena inercia térmica y la temperatura interior se quedó naturalmente inferior a 27 grados.

Hoy toca preparar las maletas para el viaje de vuelta a París y me preocupa la temperatura que me espera en mi piso parisino, cuyos ventanales miran hacia el sur. Por seguridad la gata se quedará en una de las casas viejas. Y yo no tendré otra opción que adaptarme a este bochorno.
Luego os cuento.

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