Caminando por París con Caol

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7/01/2018

Reyes perplejos

Cada vez que vuelvo a París después de pasar varios días lejos de la capital, me asombra el movimiento de la gran ciudad. Viajaba con las gatas y decidí que merecíamos la comodidad de tomar un taxi para ir de la estación hasta mi casa.

Nos tocó una conductora antillana con quién la conversación se instaló casi enseguida.
Empezó hablando de la competencia entre taxistas y choferes Uber antes de evocar los cambios decididos por el nuevo presidente galo y de confesar su perplejidad. Dijo que ya no podía mantener los ingresos que tenía antes sin trabajar como una loca y que había decidido trabajar menos horas y reducir su nivel de vida.
De allí intercambiamos acerca de la situación de auto emprendedor (que yo suelo llamar auto explotado) y de la precariedad que se extiende por todas partes.
Mis amigos jubilados ya constataron que perdieron el 1,7% de sus ingresos. Los desempleados tendrán que aguantar controles cada día más inquisidores para conservar sus prestaciones. Y varias grandes empresas anuncian despidos colectivos.
Y el pueblo galo considera que es preciso dejar tiempo al nuevo presidente y descubre los recortes sin protestar.

Nada más llegar a casa y liberar las gatas, tocó entablar el maratón del abastecimiento antes de prepara la vuelta al trabajo.

El miércoles por la madrugada el viento y la lluvia se ligaron para desanimar a los paseantes: cuando vi que se llevaban los cubos de basura renuncié a mi recorrido matutino. Lluvia, viento, claros... el tiempo mejoró al atardecer cuando salí de la estación Bastille para ir a la calle des francs-bourgeois.

En esta zona de “turismo internacional”, el municipio autorizó la apertura dominical de los almacenes y eso cambia el ambiente de las calles. Varias tiendas antiguas desaparecieron y los locales ahora albergan comercios más adaptados a los estándares internacionales.
Yo necesitaba un nuevo brazalete para mi reloj y no solo me atendieron muy amablemente, sino que también me propusieron una solución más económica que lo que imaginaba.

Al día siguiente, en medio día, hice un recorrido por el distrito 20 con una de mis colegas. Le enseñé las torres del barrio Saint Blaise, así como los pequeños parques que se esconden en medio de las manzanas. En la galería de arte, las obras que me gustan siguen esperando en el escaparate, pero dudo que tenga un día el dinero necesario para comprarlas :-(

Hoy tocaba compartir el pastel de reyes con unos amigos y eso fue un buen momento porque la producción del señor Larher sigue excelente.
Pero hoy también tocaba conmemorar la masacre de Charlie y constatar que se notan cada día más radicalizaciones de todas clases.

Cultivar la razón y seguir adelante...

31/12/2017

Desde unas escaleras parisinas...



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(a ver si alguien adivina donde se halla esta escalera)

24/12/2017

¡Felices fiestas!



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17/12/2017

Preparando las fiestas...

Después de los entierros de la pasada semana, ahora tocaría ponerse a preparar las fiestas de fin de año. Desgraciadamente tuve muchísimo trabajo y casi no pude ir de tiendas.

En mi instituto invitaron a un productor del suroeste que propone el imprescindible “foie gras”. También vino un vendedor de chocolate y sé que varios grupos organizaron pedidos comunes de vinos y champán.

Yo tengo otros circuitos de abastecimiento, pero como todos intento comprar directamente a los productores porque resulta mucho más económico. Esta semana recuperé mi pedido de champán con mi carrito de las compras. También compré el regalo de los herrerillos: tres kilos de cacahuetes sin sal. Pero los demás regalos serán para otro día.

En esta época de gran consumismo me impresiona el ingenio de las madres solteras de mi barrio, que se apoyan en varias asociaciones para que sus niños disfruten de Navidad, aunque no tengan mucho dinero. Admiro a estas luchadoras cuyo único objetivo es mimar a su progenitura.

Yo pasaré las fiestas lejos de París y de su derroche navideño, pero de momento me espera otra semana de demasiado trabajo :-(
¡Hasta pronto!

10/12/2017

Conmemoraciones

¡Vaya semana!

El martes, cuando desperté, estaban anunciando en la radio nacional gala el deceso del académico Jean D’Ormesson. Tenía 92 años y había publicado más de cuarenta libros...

Si no forma parte de los autores que aprecio, el hombre tenía una cultura general impresionante y era capaz de conversar acerca de cualquier tema con cortesía, humor e inteligencia. Así que no me pareció totalmente escandaloso que la radio, la televisión y la prensa dedicaran ediciones especiales al acontecimiento.
Desgraciadamente la inteligencia no es contagiosa y después de escuchar los comentarios sosos de todos los que habían encontrado al académico estaba hasta las narices de estos reportajes.

El miércoles, cuando desperté, estaban anunciando en la radio nacional gala el deceso del cantante Johnny Halliday. Tenía 74 años y a lo largo de una carrera de casi sesenta años había interpretado más de mil canciones...

Si no forma parte de los cantantes que aprecio, el hombre era un ídolo para mucha gente que se reconocía en las historias que interpretaba el rockero. Sin embargo, me asombró la cantidad de personas conmovidas por este deceso.
Sobra decir que la radio nacional gala, la televisión y la prensa olvidaron al académico para dedicar ediciones especiales al cantante. Y los periodistas entrevistaron tan a los admiradores del cantante como a los que le conocían personalmente.

Al día siguiente surgió el tema de los homenajes a los dos fallecidos. Y después de muchas vacilaciones, el gobierno anunció homenaje nacional para el académico y homenaje popular para el cantante.

Las funerales del académico se celebraron el viernes en la iglesia San Luis de los Inválidos. El homenaje nacional empezó con la “Marseillaise”, continuó con el discurso del presidente Macron y se acabó con un concierto de Mozart. Ceremonia formal con diputados, políticos y académicos, finalmente bastante discreta.

Las funerales del cantante se celebraron el sábado con procesión de moteros en los Campos Elíseos para acompañar el ataúd hasta la iglesia de la Madeleine. El presidente Macron hizo un discurso, varios artistas leyeron textos, los músicos tocaron canciones del rockero y la plebe contemplaba lo que pasaba dentro de la iglesia en las pantallas gigantes.
Dicen que un millón de personas participaron a este homenaje popular.

Y yo no entiendo como el estado galo puede gastar tanto dinero para los funerales de un exiliado fiscal, instalado en California para librarse de los impuestos.
Y me da rabia pensar que mientras tanto, al pesar del frio, queda gente durmiendo en las calles de París porque no hay dinero para alojarlos.

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