Caminando por París con Caol

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19/05/2019

Altibajos

La semana empezó de manera divertida. El maquinista de mi autobús de siempre se equivocó de trayecto y se paró en medio del cours de Vincennes para informarnos de su despiste. Desgraciadamente algunos viajeros querían ir a una de las paradas olvidadas. Así que el maquinista dio media vuelta rumbo a la plaza de la Nación para volver al itinerario normal. Curiosamente, nadie se asombró del desvió. Pero son tantas las calles y plazas en obras que ni pensamos que se trataba de un descuido.

Desgraciadamente, esta primera semana sin día festivo del mes de mayo se transformó rápidamente en una pesadilla laboral. Y el miércoles, volví a probar algunos perfumes de helado con la misma colega.
Ya no quedaba espacio en la terraza de Raimo, así que nos instalamos en la sala y fue otra vez una agradable degustación con helados de lichi, frambuesa y pétalos de rosa, crema chantillí y almendras tostadas. (Confieso que no recuerdo los perfumes elegidos por mi colega)
Sobra decir que para compensar estos excesos azucarados aumenté la longitud de mis recorridos cotidianos 😊

El jueves quise visitar la planta de reciclaje más cercana de mi casa y entregarles mi vieja computadora (sin los discos duros). Me atendió una señora muy amable que me indicó donde dejar mis trastos. Cuando le pregunté si aceptaba también los viejos baldes de pintura, me informó que para eso era preciso ir a la planta de la puerta de la Chapelle. Pero cuando le expliqué que no tengo coche y que me da miedo ir andando a esta planta que se ubica justo al lado de la colina del crack, la señora se hizo muy comprensiva: me dijo que aceptaría mi balde y que arreglaría con sus colegas el traslado hacia el otro sitio.
Tendré que mirar sus horarios de presencia...

Ayer aproveché un rayo de sol para visitar algunas tiendas del distrito XVII y recorrer el mercadillo instalado en la calle Custine. Poco después de volver a casa, percibí el ruido de un grupo de motos y cuando miré desde mi balcón constaté que se trataba de un grupo muy especial de la policía francesa que llaman “voltigeurs”. En este cuerpo de élite, cada moto lleva dos policías: uno conduce la moto mientras el otro para lleva un palo que usa para golpear y reprimir a los manifestantes.
Yo pensaba que esta compañía había dejado de existir en 1986. Pero parece que renació con otro nombre.

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Y este fin de semana tocaba juntarse con algunos vecinos de mi residencia para compartir un “brunch” en mi casa. La doña de la quinta planta me regaló algunas rosas de su jardín y todos los comensales trajeron preparaciones caseras. Fue un agradable momento que nos hizo olvidar este cielo gris y esa lluvia caprichosa.

5/05/2019

¡Adiós Abril, arriba Mayo!

Empecé la semana por un largo recorrido que me llevó de la puerta de Vincennes al parque de la Villette. Allí tuve la grata sorpresa de ver una nutria nadando tranquilamente para cruzar una pequeña dársena. Lo cual demuestra que no vamos tan mal con el medio ambiente en algunas partes de París.

El día siguiente nos regaló un rayo de sol y lo celebramos con una colega, compartiendo un plato de ocho perfumes diferentes de helado, en la terraza soleada de Raimo, antes de volver a la oficina por la “senda verde”.

El miércoles tocaba celebrar el día de los trabajadores.
Estaba a punto de marcharme de casa cuando anunciaron en las noticias que ya había pelea entre los policías y los bloques negros cerca de Port Royal. Total, renuncié a reunirme con mis amigos en Montparnasse y caminé rumbo a Notre Dame.
Alrededor de la catedral instalaron varias vallas con policías para impedir el acceso a su perímetro inmediato, pero aún así es posible acercarse bastante para contemplar los daños provocados por el incendio. Yo noté una cantidad increíble de turistas y constaté una vez más que los precios en las zonas turísticas son mucho más elevados que en las otras zonas de París.
Seguí par la isla Saint Louis rumbo a la estación de Austerlitz y desde este punto, pude divisar una impresionante colección de furgonetas de policía. Preferí seguir lejos de la manifestación.

Al día siguiente mis compañeros me contaron que los policías parecían muy nerviosos y algo cansados. Eso explica probablemente que hayan disparado contra el camión de la CGT o hayan tirado varias veces gases lacrimógenos hacia militantes pacíficos. En cuanto a la dispersión, mis amigos tuvieron que atravesar una zona de control individual antes de poder salir del recorrido de la manifestación. Y ahora empiezan a preguntarse si Francia todavía es una democracia...

Ayer tocaba enseñar el mercado de las pulgas a dos viajeras de Valencia.
A pesar de la lluvia y del frío, pudimos pasar por los mercados de siempre y constatar algunos cambios. En el mercado Biron, pocas tiendas estaban abiertas en la callejuela que prefiero, pero una galería transformó la pared Oeste en espacio de exposición y allí pudimos admirar varias obras interesantes.

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Y hoy constato con alegría que la gata ya se apoderó del sillón de jardín que le regalé. Creo que tiene buena vida.

21/04/2019

¡Me duele!

El lunes por la noche, ya estaba en casa cuando me enteré del incendio de la catedral de París al escuchar mi radio de siempre. El periodista parecía preocupado por la amplitud del fuego, pero era imposible imaginar lo que me enseñaron las imágenes encontradas en Internet.

Yo no formo parte de los beatos, más bien de los anticlericales empedernidos, pero Notre-Dame es una iglesia muy especial, en donde se nota el trabajo del artista-artesano en un montón de detalles. Así que, para hacerme una idea del acontecimiento, caminé cuesta arriba por la colina de Montmartre y llegué a la plaza del Sagrado Corazón. Desde este punto se veían muy bien las llamas devorando la estructura del tejado y como centenas de personas, me quedé de pie, escudriñando los progresos del fuego y de los bomberos.

Justo a mi lado había una mujer, medievalista, muy preocupada porque había tenido la oportunidad de admirar la colección impresionante de vigas que soportaban la flecha y el tejado. Me explicó que las ojivas permiten instalar un techo interior que, normalmente, protege el interior de la nave de los incendios de la parte superior. Entonces empezamos a esperar que las ojivas sigan de pie y que los bomberos acaben con este fuego.

Al anochecer, desde la colina de Montmartre, el incendio se hizo más evidente. Los bomberos ya habían compartido sus inquietudes acerca de la estructura del edificio y todos empezamos a temer que las torres se derrumban. Yo no quise ver este espectáculo y volví a casa.

Al día siguiente, al despertar, descubrí con alegría que las torres seguían de pie. Pero a pesar de la avalancha de noticias que pude consultar, hacerse una idea de la amplitud de los daños resultaba imposible. Así que al salir de casa hice un desvió para pasar al pie de la catedral.

Cuando llegué al puente de Saint Michel, constaté que el acceso a la plaza de Notre Dame quedaba prohibido. Seguí por la orilla izquierda y constaté que varias mangueras de incendios seguían activadas. Las torres no parecían muy lastimadas y el gran rosetón de la fachada Sur seguía entero.
Seguí dando la vuelta alrededor de la catedral por le puente de la Tournelle y luego por el quai d’Orléans y lo que más me impacto fue la cantidad impresionante de equipos de periodistas procediendo de todo el mundo para comentar el acontecimiento. Yo saqué algunas fotos antes seguir rumbo a la orilla derecha y la estación Saint-Paul.

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El martes, uno estimable profesor de musicología (que forma parte de mis vecinos) me contó que el organista de la catedral estaba desesperado porque si el magnífico órgano de Notre Dame no fue destruido, fue considerablemente lastimado por el agua de los bomberos y necesitará una renovación de varios años.

Luego, cada día llevó su cuenta de malas y buenas noticias.
La peor de todas fue escuchar al niño caprichoso que vive en el palacio del Elíseo, decir que la reconstrucción tardaría cinco años.
La mejor fue escuchar a esos propietarios de bosques que propusieron regalar las vigas de roble necesarias para reconstruir el tejado.
¡Este pueblo nunca se rinde!

23/12/2018

Tregua navideña

Como lo imaginaba, la última semana laboral entera del 2018 dejó poco espacio para caminar.
Sin embargo, pude pasear por el muy burgués distrito VIII, desde los Campos Eliseos, rumbo a la plaza de Clichy.

Como siempre las iluminaciones de la famosa avenida parisina, vestida de rojo, me parecieron suntuosas. Y cerca de la estación de metro Franklin-Roosevelt no se veía la más mínima huella del desorden provocado por los chalecos amarillos. Lo cual demuestra que en algunos barrios son capaces de arreglar las cosas en un santiamén... Pasé por la pequeña calle Jean Mermoz en donde pude descubrir varias galerías de arte. Luego la calle de Penthièvre me llevó a la calle de Miromesnil en donde pude admirar varias tiendas de categoría. Al final de la calle, el bulevar des Batignolles me llevó a la tienda en donde me esperaban mis nuevas gafas...

En mi asociación de siempre, una de las personas que ayudamos a controlar las herramientas infórmaticas nos hizo una grata sorpresa. Aunque no tenga mucho dinero, había comprado una bolsita de chocolates para agradecernos por todo lo que aprende con nosotros. Ahora no tendremos otra opción que seguir regalando tiempo para ayudarla.

Y ahora toca disfrutar de los largos puentes regalados por mi instituto.
¡Que tengan felices fiestas y que el 2019 sea muy generoso con vosotros!

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25/11/2018

Murria

En mi residencia, tenemos un sistema colectivo de calefacción por suelo radiante que nos lleva a unos 17 grados, y quién quiere más tiene que instalar radiadores individuales. Cuando llegué aquí, siete años atrás, este sistema me pareció muy ingenioso porque permite que cada uno escoja la temperatura que le conviene sin molestar a los demás.
Desgraciadamente no consiguieron reactivar este sistema y ya llevamos varios días esperando una reparación. Varios vecinos me comentaron que les cuesta aguantar el frio y si yo tengo radiadores individuales de calidad, no compensan la avería.
Así que el pasado miércoles, aproveché un día soleado para viajar rumbo a la frontera del distrito XIII para comprar cortinas térmicas. Lo bueno es que no sólo limita las pérdidas nocturnas, sino que también ofrece un nuevo escondite a la gata. Por suerte, ella ya tiene su pelaje invernal y no sé si habrá notado algo, pero yo necesito abrigarme.

Mientras tanto, una gran parte de la semana fue dedicada a comentar el movimiento de los chalecos amarillos y su proyecto de reunirse en París. Lo cierto es que el aumento de los precios de los combustibles afecta mucho a una parte de la población que tiene salarios modestos y necesita su coche para ir al trabajo. Y esa parte se enojó porque está harta de contar cada céntimo y no entiende porque el gobierno suprimió el impuesto sobre la fortuna si se necesita dinero. Queda claro que la distancia entre esta parte de la población y los políticos se vuelve cada día más grande.

El sábado, los chalecos amarillos invadieron los Campos Elíseos y provocaron un autentico caos. Yo preferí pasear por el barrio de la Bastille, en donde los parisinos, aprovechando el “Black Friday”, daban rienda suelta a sus ansias consumistas.

Yo no tuve ganas de meterme en este torbellino.
El frio, la lluvia, el cielo gris abrumador y la sensación de vivir casi siempre de noche me dan murria. Oscilo entre mi casa (fría) y mi instituto (en plena reorganización) e intento cambiarme las ideas leyendo.
Por suerte la hija de los vecinos fabricó un bonito objeto de papel y me lo regaló para adornar mi puerta.

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¡Algo es algo!

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