Caminando por París con Caol

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28/07/2019

Bochorno...

Ya no necesito viajar a Madrid para vivir varios días de calor aplastante ya que se puede experimentar esta situación en París. Pero al contrario de Madrid, en donde esta situación ocurre regularmente, en París provoca enseguida un plan de vigilancia de nivel rojo, probablemente porque la gente no sabe como adaptarse al calor y también por el trauma de 2003 y de los 10000 decesos provocados por la ola de calor.

Yo tengo la suerte de trabajar en un edificio de alta calidad medioambiental refrigerado. Pero mi piso tiene dos ventanas mirando rumbo al sur y si una tiene un muy buen nivel de aislamiento, la otra es un desastre térmico y no tiene persianas. Unos meses atrás pedí presupuesto para cambiarla, pero antes de hacerlo tendré que llevar varios meses ahorrando… Entonces el lunes por la mañana hice una primera instalación, con cortinas a modo de persianas.
Al salir de la oficina, pasé por una vieja ferretería de la calle Faubourg Saint Antoine, pero no tenían la cerradura que estoy buscando.
Cuando volví a casa, al atardecer, tenía 31° en el balcón y 26° en el piso.

El martes la dicha me acompañaba: sólo quedaba una manta isotérmica en la tienda de deportes que visité, en otro almacén, sólo quedaba dos pares de sandalias incluyendo mi número y sólo quedaba una frutería abierta en el mercado de l’Olive...
Al llegar a casa los termómetros marcaban 35° en el balcón y 27° dentro.

El miércoles al amanecer, instalé la manta térmica entre la cortina y la ventana, y con gusto me fui a trabajar en mi edificio refrigerado. Pero a pesar del calor, no hice horas extras y me marché para visitar otra ferretería.
En el autobús, el maquinista nos explicó que la validadora no funcionaba por causa del calor. Y la verdad es que este viaje en autobús se parecía a una sauna.
La dicha, cansada, ya no me acompañaba y en la tienda se veía un cartelito “cierre excepcional”. Seguí rumbo a casa y con gusto constaté que a pesar de los 38° en el balcón, tenía 28° dentro. También acogí a uno de mis vecinos que necesitaba refrescarse.

Habían anunciado que el jueves sería el día más caliente de la semana, con más de 40 grados en París. Y la verdad es que, por la mañana, ya tenía 30° en el balcón. Cerré todos los elementos posibles para conservar mis 28° interior y me fui a trabajar.
Al salir de la oficina, pasar brutalmente de 25° a 40° fue algo difícil, pero pronto se reactivó el metabolismo sureño y decidí que volvería a casa caminando (son siete kilómetros).
En la calle Saint-Maur, un hombre estaba regando la acera para refrescar su tienda. No pude resistir: me acerqué y le pedí que me mojara por lo menos el pelo. El hombre compadeció y después de esta ducha inesperada, pude seguir tranquilamente, alegrándome de paso por las expresiones de la gente mirando mis prendas empapadas.
Al llegar a casa, marcaban 40° en el balcón y 29° dentro.

Esta pesadilla térmica algo agotadora se acabó el viernes, con lluvia incluida.
Finalmente, los parisinos resistieron bastante bien a esta ola de calor y yo estoy calculando un plan de ahorros para cambiar mi ventana cuanto antes.

14/07/2019

¡Fiestas!

Me cuesta recuperar el ritmo parisino, pero a pesar del calor, escogiendo las aceras a la sombra, hice varias caminatas.
En los bulevares que marcan la frontera entre los distritos 11 y 20 se veía mucha gente en la calle: los que tienen dinero sentados en alguna terraza de café y los demás en un banco público o en la silla que se han llevado.
Ese día no me retrasé y pasé por el “Monop” de mi barrio en donde muchas mujeres estaban buscando una oferta interesante. Yo hice compras de utilidad antes de volver a casa.

El miércoles caminé rumbo a la plaza de la Nación y si todavía no acabaron las obras, el sitio ya resulta más agradable para los peatones.
Seguí rumbo al BHV en donde pude visitar muy tranquilamente la planta dedicada a la decoración. Otro cantar fue cuando pasé por la planta de los zapatos: topé con una cantidad impresionante de mujeres en busca de alguna ganga y me marché corriendo.
Volví a casa caminando y constaté en varios puntos que los profesionales (taxistas, repartidores, ...) se vuelven locos con las obras que se ven en cada esquina y complican el tráfico automóvil.
Al llegar a casa, varios griteríos me recordaron que ya empezó la temporada de la Copa de África de Naciones. Esa noche, celebraron la victoria de los Leones del Senegal...

El jueves me esperaba otra sorpresa ya que las aeronaves que participan al desfile de la fiesta nacional estaban preparando su exhibición y pasaron delante de la ventana de mi despacho. Confieso que ver estos aviones y helicópteros militares pasar tan cerca de tu lugar de trabajo resulta muy perturbador.

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Al salir del trabajo, quise encontrar la nueva tienda del panadero que estaba instalado al lado de mi instituto y que se mudó cerca de la plaza Gambetta. Pero a pesar de escudriñar todos los comercios de esta zona, no identifiqué su tienda.
Más adelante, en la calle Rebeval, pude descubrir el dispositivo instalado por el Municipio durante la canícula. Se trata de un mástil con varios grifos que distribuyen agua y un pulverizadr en su parte superior.
No sé porque no instalaron cosas así en mi barrio.
Por la noche de este mismo día, los argelinos consiguieron la calificación para la semifinal.

Hoy, el Senegal ganó su semifinal. El helicóptero de la jefatura de policía se quedó casi media hora encima de mi barrio para controlar que ni se armaba un disturbio, ni la gente caminaba rumbo a los Campos Eliseos para celebrar la victoria.
Ahora empezó la segunda semifinal e imagino que estaremos otra vez bajo el control del helicóptero.
A veces, vivir en medio de un barrio rebelde tiene inconvenientes, pero compartir la alegría de la victoria de los Leones del Senegal lo compensa de sobra.

30/06/2019

Canícula

Hoy se acaba una sucesión de días de canícula, con temperaturas parecidas a las de la crisis del 2003. Por suerte, las casas viejas de mi lugar de veraneo tienen una buena inercia térmica y la temperatura interior se quedó naturalmente inferior a 27 grados.

Hoy toca preparar las maletas para el viaje de vuelta a París y me preocupa la temperatura que me espera en mi piso parisino, cuyos ventanales miran hacia el sur. Por seguridad la gata se quedará en una de las casas viejas. Y yo no tendré otra opción que adaptarme a este bochorno.
Luego os cuento.

19/05/2019

Altibajos

La semana empezó de manera divertida. El maquinista de mi autobús de siempre se equivocó de trayecto y se paró en medio del cours de Vincennes para informarnos de su despiste. Desgraciadamente algunos viajeros querían ir a una de las paradas olvidadas. Así que el maquinista dio media vuelta rumbo a la plaza de la Nación para volver al itinerario normal. Curiosamente, nadie se asombró del desvió. Pero son tantas las calles y plazas en obras que ni pensamos que se trataba de un descuido.

Desgraciadamente, esta primera semana sin día festivo del mes de mayo se transformó rápidamente en una pesadilla laboral. Y el miércoles, volví a probar algunos perfumes de helado con la misma colega.
Ya no quedaba espacio en la terraza de Raimo, así que nos instalamos en la sala y fue otra vez una agradable degustación con helados de lichi, frambuesa y pétalos de rosa, crema chantillí y almendras tostadas. (Confieso que no recuerdo los perfumes elegidos por mi colega)
Sobra decir que para compensar estos excesos azucarados aumenté la longitud de mis recorridos cotidianos 😊

El jueves quise visitar la planta de reciclaje más cercana de mi casa y entregarles mi vieja computadora (sin los discos duros). Me atendió una señora muy amable que me indicó donde dejar mis trastos. Cuando le pregunté si aceptaba también los viejos baldes de pintura, me informó que para eso era preciso ir a la planta de la puerta de la Chapelle. Pero cuando le expliqué que no tengo coche y que me da miedo ir andando a esta planta que se ubica justo al lado de la colina del crack, la señora se hizo muy comprensiva: me dijo que aceptaría mi balde y que arreglaría con sus colegas el traslado hacia el otro sitio.
Tendré que mirar sus horarios de presencia...

Ayer aproveché un rayo de sol para visitar algunas tiendas del distrito XVII y recorrer el mercadillo instalado en la calle Custine. Poco después de volver a casa, percibí el ruido de un grupo de motos y cuando miré desde mi balcón constaté que se trataba de un grupo muy especial de la policía francesa que llaman “voltigeurs”. En este cuerpo de élite, cada moto lleva dos policías: uno conduce la moto mientras el otro para lleva un palo que usa para golpear y reprimir a los manifestantes.
Yo pensaba que esta compañía había dejado de existir en 1986. Pero parece que renació con otro nombre.

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Y este fin de semana tocaba juntarse con algunos vecinos de mi residencia para compartir un “brunch” en mi casa. La doña de la quinta planta me regaló algunas rosas de su jardín y todos los comensales trajeron preparaciones caseras. Fue un agradable momento que nos hizo olvidar este cielo gris y esa lluvia caprichosa.

5/05/2019

¡Adiós Abril, arriba Mayo!

Empecé la semana por un largo recorrido que me llevó de la puerta de Vincennes al parque de la Villette. Allí tuve la grata sorpresa de ver una nutria nadando tranquilamente para cruzar una pequeña dársena. Lo cual demuestra que no vamos tan mal con el medio ambiente en algunas partes de París.

El día siguiente nos regaló un rayo de sol y lo celebramos con una colega, compartiendo un plato de ocho perfumes diferentes de helado, en la terraza soleada de Raimo, antes de volver a la oficina por la “senda verde”.

El miércoles tocaba celebrar el día de los trabajadores.
Estaba a punto de marcharme de casa cuando anunciaron en las noticias que ya había pelea entre los policías y los bloques negros cerca de Port Royal. Total, renuncié a reunirme con mis amigos en Montparnasse y caminé rumbo a Notre Dame.
Alrededor de la catedral instalaron varias vallas con policías para impedir el acceso a su perímetro inmediato, pero aún así es posible acercarse bastante para contemplar los daños provocados por el incendio. Yo noté una cantidad increíble de turistas y constaté una vez más que los precios en las zonas turísticas son mucho más elevados que en las otras zonas de París.
Seguí par la isla Saint Louis rumbo a la estación de Austerlitz y desde este punto, pude divisar una impresionante colección de furgonetas de policía. Preferí seguir lejos de la manifestación.

Al día siguiente mis compañeros me contaron que los policías parecían muy nerviosos y algo cansados. Eso explica probablemente que hayan disparado contra el camión de la CGT o hayan tirado varias veces gases lacrimógenos hacia militantes pacíficos. En cuanto a la dispersión, mis amigos tuvieron que atravesar una zona de control individual antes de poder salir del recorrido de la manifestación. Y ahora empiezan a preguntarse si Francia todavía es una democracia...

Ayer tocaba enseñar el mercado de las pulgas a dos viajeras de Valencia.
A pesar de la lluvia y del frío, pudimos pasar por los mercados de siempre y constatar algunos cambios. En el mercado Biron, pocas tiendas estaban abiertas en la callejuela que prefiero, pero una galería transformó la pared Oeste en espacio de exposición y allí pudimos admirar varias obras interesantes.

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Y hoy constato con alegría que la gata ya se apoderó del sillón de jardín que le regalé. Creo que tiene buena vida.

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