Caminando por París con Caol

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8/11/2009

¡De tiendas!

El pasado lunes no trabajaba así que decidimos salir de tiendas con mi amiga viandante de siempre, en busca de algún abrigo.
Bueno... eso de algún abrigo es un decir porque según me contó antes de entablar esta nueva sesión de caza, ya había visto un modelo cumpliendo casi todas sus exigencias excluyendo el precio...

Total quedamos en un café al lado de la Ópera a las 9h00 con la idea de recorrer metodicamente las Galerias Lafayette entre semana, sin prisa y sin agobios. A las 9h30 ya estábamos delante de la puerta, listas para esta nueva expedición.

Llevaba tiempo sin pasear por este templo de la elegancia parisina y la idea de ponerme al día en cuanto a las últimas tendencias me venía bien.
Desgraciadamente no vi nada que provoque una de estas corazonadas que una se autoriza de vez en cuando. De los pocos modelos que me llamaron la atención, ninguno superó la prueba del tacto que te dice si te gustará convivir con esa materia.
Y para mi amiga fue peor todavía ya que quería un abrigo largo cuando la moda del año privilegia los modelos arriba de la rodilla.
Al final llegamos a la conclusión que no encontraríamos la solución en las Galerías y seguimos rumbo al foro de los creadores en Les Halles.

En esta zona, no faltan las ideas originales pero muchas veces la realización deja mucho que desear. Y como en las galerías no encontramos solución.

La siguiente etapa consistió a pasar por el marais en donde mi amiga me enseñó el modelo de sus sueños y la verdad es que este abrigo sólo tenía un defecto, pero de los grandes... su precio.

Pasamos por otra tienda de la misma zona cuyo nombre, la bonne renommée (la buena fama), permitía esperar que encontremos alguna pista. Y la verdad es que tras mirar varias cosas encontramos un abrigo presentable. Pero cuando la dependiente nos explicó que la longitud de la manga se ajustaba con un cordel y que así valía para todos, nos desanimó: ingenuamente pensábamos que por casi 1000€ podrían regalar algun retoque...

Al final abandonamos el tema del abrigo y añadí una nueva tienda a mi geografía parisina. Prendas informales, con estilo pero fáciles de vivir, diseñadas para gente real y no para las anoréxicas que aparecen en los desfiles de moda... Ese día fui bastante razonable pero sigo pensando en este vestido oscuro cuyo corte es realmente original...

A ver si paso de nuevo por allí esta semana...

21/02/2008

El taller de costura / salón de té de Isabelle Cherchevsky

Isabelle Cherchevsky instaló su espacio en la esquina de las calles Leon y Myrrha en el distrito 18.
La primera cosa que llama la atención es el exterior de la tienda. Una mesita, dos sillas y unas plantas en la acera, un letrero con una letra original, eso te da enseguida ganas de visitar este sitio.
Yo lo intenté el pasado sábado pero era demasiado temprano. Escudriñé los horarios y los carteles antes de volver unos días más tarde.

Doña Cherchevsky es una pequeña mujer de ojos azules cuya sonrisa te acoge con atención y te hace sentirte enseguida muy a gusto. Al entrar te encuentras en la zona del salón de té con una barra, tres mesas diferentes, varias sillas y una colección de plantas y objetos que te da la sensación de penetrar más en una casa que en un comercio.
Yo me instalé en la barra y mientras saboreaba un té de menta, observé sigilosamente.

Noté una moza, sola, perdida en su libro. Llegaron dos hombres de origen árabe que venían tomar un té y charlar un rato. Luego entraron dos otras mozas que tenían confidencias por compartir...
Llegué a la conclusión que en este barrio mestizo, lleno de gente, de gritos y de agitación, este espacio es una especie de oasis de paz.

Luego empecé a charlar con Doña Isabel sobre el taller de costura y los servicios que propone.
Por lo que había leido en alguna revista pensaba que se trataba de un espacio abierto en donde una podía venir con su obra del momento a compartir las dificultades pero el periodista se equivocó. Si la Doña organiza clases de costura una vez a la semana, solo es para principiantes y no es su actividad principal. Por cierto, te propone duplicar las prendas que te gustan pero no te enseña la manera de hacerlo y cuando le pregunté el porque, me contestó que al hacerlo se quitaría el pan de la boca.

Confieso que me quedé perpleja y más todavía cuando Doña Isabel me enumeró algunas de sus pesadillas de modista.
Al final llegué a la conclusión que si quiero clases de costura tengo que buscar otro taller pero para tomar un té de menta, su oasis es estupenda.

25/06/2007

El paraíso de las modistas

Meses atrás compré un retal de muselina de seda. Luego encontré un patrón interesante y el pasaso viernes es cuando me fui al Mercado Saint-Pierre en busca de una solución para usar un tejido transparente con un patrón que no lo permite. En estos casos no me pierdo al azar en las tiendas de este barrio y voy directamente al almacen Reine.

Pasé un ratito en la planta baja pero pronto me confirmaron que lo que buscaba se hallaba en la primera planta. Entonces subí y encontré a una dependiente disponible.

La doña, antillana, escuchó mi problema con curiosidad. Cuando le enseñé la muselina, la tocó para medir su calidad y me preguntó donde la había encontrado. Despues de varias consideraciones que me llevaron a pensar que este tejido era una ganga, también preguntó por el patrón elegido y conseguí otros comentarios interesantes. Luego empezó a hacerme sugerencias y probamos varias asociaciones de colores antes de elegir un forro color champán.

Al final no solo conseguí una solución para el problema del día sino también pasé un rato muy agradable con una auténtica profesional que sabe mucho de moda.

¡Faltó poco para que decidiera reciclarme en modista!

7/06/2007

Víctimas de la moda

No sé si es por el precio del tejido o si solo se trata de proponer algo diferente pero la moda del día tan para los pantalones como para las faldas es de cintura baja.

Eso produce en la calle un espectáculo bastante divertido.
Algunas enseñan un ombligo regordete, otras la parte superior del tanga...
La mayoría revela pequeños michelines agarrados a sus caderas que no se notarían si no fuera por la cintura baja...

¡Definitivamente, tengo que revisar mi concepción de la belleza y de la elegancia!