Caminando por París con Caol

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7/05/2017

Caminando...

Años atrás, unas visitantes mexicanas de paso me comentaron que París no era una ciudad tan extendida y que uno podía recorrerla por completo caminando. La verdad es que nunca hice el trayecto norte-sur u oeste-este andando y tuve ganas de experimentarlo. Fui en metro hasta la puerta de Orleans y a partir de allí caminé rumbo al norte.

Lo primero que me llamó la atención fue el tremendo tráfico automóvil que transforma la avenida del General Leclerc en autopista. Pronto abandoné este sitio para pasar por algunas calles paralelas y enseguida pude escuchar el canto de los pájaros que pueblan los jardines al pie de los edificios de la calle del Père Corentin.

20170506.jpgAl llegar a la calle Marie-Rose, noté la música de un órgano. Parecía proceder de un edificio de ladrillos rojos, así que me acerqué y así fue como pude descubrir la capilla del convento de los franciscanos.
El interior sobrio de esta iglesia me pareció muy luminoso. Miré los vitrales y me alegró la imagen de “fraile sol” (Últimamente, el sol forma parte de las cosas que más necesitamos en París). Luego me senté para escuchar el órgano y cuando se acabó el ensayo me marché.

Al salir de la iglesia, miré los edificios de la otra acera y me acordé de otra visita por esta calle. En aquel entonces había una placa en el número 4 de la calle porque allí es donde Lénine vivió durante su estancia parisina. En la fachada sólo queda la marca de la placa. Pero la convivencia en la misma calle de los franciscanos y del revolucionario ruso forma parte de estas yuxtaposiciones improbables que tanto me gustan.

Luego seguí caminando rumbo al Norte por las calles de la Tombe Issoire, del Faubourg Saint-Jacques y Saint Jacques. Al pie de Notre Dame, pasé un rato buscando el punto cero antes de seguir rumbo al Sena y de perderme por las tiendas del centro de París.

Las mexicanas tenían razón: París no es una ciudad tan grande...

Y ahora toca pasar por el bar de la esquina para esperar el resultado de las elecciones...

26/02/2017

Momentos

A veces una de las gatas decide que tengo que despertar para acariciarla o abrir el grifo para que beba. En estos casos no sirve resistir porque tiene un maullido muy convincente. Así que me resigno a madrugar et intento aprovechar la oportunidad de contemplar la ciudad despertando.

El otro día tuve que caminar entre los chorros de agua de los empleados del Municipio que limpiaban las aceras. Mientras tanto, dos personas ya estaban esperando delante de la tienda del panadero (cerrada todavía) y los choferes de taxi o de coches privados escudriñaban la calle para ubicar a sus clientes.

Uno de los elementos que me gusta mucho es el ambiente de los bares que abren muy temprano. Allí se reúnen los artesanos y trabajadores madrugadores para tomar el último café antes de enfrentar la jornada laboral. Al mirarlos imagino que se marcharon de puntillas de su casa para no molestar. Algunos conversan, pero la mayoría sigue sin palabras.
En algunas partes atravieso mercadillos que están instalando y cuando ya me cansé de caminar, subo al metro o al autobús, en donde el ambiente de la madrugada suele ser muy tranquilo.

Esta semana también tuve la oportunidad de pasar por el patio Saint-Emilion. Tenía que participar a un grupo de trabajo justo al lado de este sitio pero cuando llegué las tiendas todavía estaban cerradas. En medio día quisimos escaparnos del infierno administrativo y así fue como fuimos al patio y entramos en el restaurante le Chai 33.
Este local fue instalado en uno de los antiguos almacenes de vino de Bercy y el restaurante se halla en la planta baja. El techo, muy alto, da una sensación de espacio muy agradable. En cambio, la mesa de madera que nos tocó nos dejó perplejos: no parecía sucio pero pegaba… Los platos me parecieron relativamente caros: 20€70 para un solomillo, 2€90 para un café, me pareció exagerado (con 20€ en Borgoña tengo carne con vino, postre y café…). Pero no teníamos tiempo para buscar otro sitio. Cuando se acabó la jornada, me marché corriendo para evitar gatos extras.

Últimamente, dedico demasiado tiempo a trabajar en la oficina o en el conservatorio.
Necesito vacaciones :-(

19/02/2017

Decadencia y emergencia

El pasado miércoles, mientras volvía a casa, anunciaron en el metro que la estación Barbès estaba cerrada. Me esperaban en una asociación así que no tenía tiempo para indagar, pero según tengo entendido, se trataba de una manifestación para protestar contra las violencias policiales y, como pasa a veces en este barrio revoltoso, una parte de la manifestación se convirtió en pelea con los policías.
Ayer por la tarde, pude contemplar desde mi balcón una escena bastante divertida. Cinco manifestantes con portavoces caminaban lentamente por la calle e invitaban la población a protestar contra las violencias policiales. Mientras tanto, cuatro personas distribuían folletos en la acera.
Veinte metros detrás de estos manifestantes, cinco policías cumplían su misión de protección de las manifestaciones. Y a continuación se formó un largo atasco.
Hoy organizaban una manifestación en la plaza de la República para denunciar la ausencia de ética de los elegidos.
La prórroga del estado de emergencia, el cansancio acumulado por los policías y los militares, las violencias policiales y ahora las revelaciones acerca de los diferentes candidatos presidenciales crean una situación peligrosa de exasperación generalizada entre los ciudadanos de a pie.
Y cuando comentan la campaña presidencial, la frase más frecuente es: “¡Nunca hemos visto tal cosa!”.

Yo necesitaba cambiar de perspectiva, así que tomé un autobús que me llevó directamente al puente del Alma.
En la orilla derecha del Sena, se ve la copia de la llama de la estatua de la libertad regalada por los norteamericanos.
En la orilla izquierda, desalojaron el instituto de meteorología galo para dedicar una parcela a la construcción de la catedral rusa de la Santa Trinidad y yo tenía ganas de ver esta construcción.

Lo primero que se nota es el conjunto de cinco cúpulas doradas, pero globalmente se inserta armoniosamente en esta esquina de la avenida Rapp.

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Después de contemplar su forma exterior, pasé por el control instalado en el centro cultural y pude entrar en la catedral.
Estaban celebrando la “Divina Liturgia” y confieso que las “voces rusas” me impresionaron. Luego también me gustó el diseño interior de la catedral y su preciosa iluminación natural. Entre las personas presentes, bien se veía que la mayoría formaba parte de la comunidad ortodoxa. Así que no quise molestar y me marché rápidamente. Volveré...

Luego pude entablar una larga caminata por la orilla del Sena (en donde ya no hay coches) rumbo al mercado de las flores. Allí pasé un rato contemplando los pajaritos antes de cruzar el Sena y de seguir rumbo al norte.

15/01/2017

La fortaleza de Bercy

A final de los 80s, el ministerio de hacienda tuvo que abandonar el espacio que ocupaba en el Louvre para instalarse en lo que los parisinos llaman la fortaleza de Bercy.
Lo primero que se ve es el edificio monumental perpendicular al Sena y que tiene 360 metros de largo.
Su extremo suroeste salta por encima del quai de la Rapée, zona de tremendo tráfico automóvil ya que allí llega la autopista del Este. Este extremo también tiene acceso al rio y a las motoras del gobierno. Su extremo nordeste salta por encima de la calle de Bercy para comunicar con el otro gran edificio que bordea los carriles de la estación de Lyon.

Para bien marcar la frontera entre el ministerio y el espacio público, crearon un foso inaccesible desde fuera y una entrada monumental que evoca los antiguos puentes levadizos.
En el foso instalaron un jardín a la francesa, con estatuas y fuentes, pero ningún oficinista se atreve a disfrutar de este espacio.

Últimamente, mis actividades laborales me llevan a pasar regularmente por este sitio así que aquí vienen unos detalles acerca de este recinto parisino.

Sobra decir que el ciudadano de a pie no entra por el “puente levadizo”. La entrada de servicio se halla en la calle de Bercy en donde hay que enfrentar el inevitable control (parecido a los controles de los aeropuertos) y tras dejar un documento de identidad uno puede entrar.

Lo primero que se ve es la larga calle interior que comunica las entradas de los edificios principales. Al fondo, una última reja protege el patio de los ministros y el espacio de las conferencias.

20170113.jpg

En alguna ocasión tuve que pasar todo el día en una sala de reunión ubicada en medio de un edificio, sin ventanas ni luz natural. ¡Vaya tortura!
También pude probar el comedor cuyas ventanas dejan ver el jardín del foso. Y, por supuesto, ya pasé por varias salas de conferencias.

Confieso que me gustan algunas de las obras de arte monumentales exhibidas en estos espacios, pero el discurso de los altos cargos pronto borra este placer y tengo que hacer muchos esfuerzos para no enojarme al escuchar las tonterías que nos sirven. El último que escuché hizo toda una presentación para explicarnos que las nuevas generaciones yo no quieren contrato de trabajo indefinido y prefieren la libertad de auto-empresario. ¿Quién puede creer que los jóvenes reivindican la precariedad que provoca esta situación?
Y no faltan los ejemplos de discursos tontos...
Cuando paso por Bercy, siempre planeo algo agradable para olvidar la rabia que me dan.
El pasado viernes, probé un restaurante en la plaza Dausmesnil con una amiga y luego hicimos un paseo rumbo a la plaza de la Nación para digerir...
Lo único bueno de estas visitas es que despiertan la parte rebelde de mi cerebro.

4/12/2016

Estrenando Diciembre

Se acabaron las rebajas del "Black Friday" pero seguimos en la temporada de las compras navideñas y de las iluminaciones por todas partes.
Yo experimenté el caos de las entregas de pedidos en internet. El repartidor pasó una primera vez y no encontró al portero. Total dejó sus papelitos en el suelo y cuando volví a casa, al leer el papelito que me tocaba, entendí que mi paquete estaba en una tienda bautizada "Madiba" al lado de mi casa. Allí estuve y me atendieron muy amablemente pero no tenían mi paquete. Al día siguiente la entrega fracasó otra vez por la mañana, pero cuando volví a casa, en internet consideraban el paquete como entregado. La solución se hallaba en la portería...
Lo bueno de estas disfunciones es que me daron la oportunidad de visitar una tienda que no conocía y que recibe las entregas en cualquier momento.

Esta semana también quise ver si habían iluminado el nuevo espacio comercial que se halla debajo de la "Canopée" en el hiper centro de París, pero no tenía ganas de topar con la muchedumbre buscando regalos de Navidad así que madrugué y, cuando llegué, el centro todavía estaba cerrado. Total pude admirar tranquilamente la alegoría gigante de árbol de Navidad instalada en el pozo central.

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Lo bueno es que no destruyeron un árbol para tirarlo después de usarlo como decoración efímera. Y con los leds, este tipo de instalación no necesita mucha energía.

También aproveché una mañana de libertad para pasear por la zona de la plaza de Italia.
Entré en el centro comercial, pero los escaparates estereotipados me fastidiaron y pronto salí.
En una pequeña calle pude encontrar una antigua papelería en donde tenían todo lo que necesitaba y seguí caminando rumbo al Sena por la acera Norte del bulevar Vincent Auriol. Desde este punto de observación, constaté que todas las construcciones del otro lado son edificios de gran altura separados por zonas ajardinadas. Y de repente entendí porque no me gusta este barrio tan aplastante para el peatón.

El viernes tocaba viajar rumbo a Borgoña para el fin de semana. En el tren del atardecer había mucha gente con bolsas de regalos. Yo también tenía un regalo en mi mochila: 3 kilos de cacahuetes para los herrerillos del jardín.
¡Apreciaron mucho!

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