Caminando por París con Caol

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14/03/2010

Los azules de Marzo

Esta semana Marzo se nos regaló algunos días de frío soleado con los cielos azules que acompañan.
Recuperé la chaqueta de plumas que había guardado demasiado temprano, las botas forradas y aproveché este tiempo que tanto me gusta para pasear por la zona del puente nuevo.

Este puente no forma parte de los lugares que prefiero pero tras ver algunas fotos y detalles que no conocía, quise verlo en directo.
Busqué una escalera hacia la parte baja de la orilla del Sena y desde allí pude admirar una parte de la asombrosa colección de mascarones que adornan sus cornizas. Cuando los miras detenidamente, tienes la sensación que todas las caras son diferentes. Pero confieso que con 400 mascarones, me siento incapaz de averiguarlo con precisión. Sospecho que algunos no son los mascarones originales ya que pude ver por lo menos dos mascarones del Puente Nuevo expuestos en el Museo Carnavalet. Pero tampoco sería capaz de decir cuales son las copias...

Tras esa sesión de contemplación quise pasar por la pasarela de las Artes para sacar una foto del puente Nuevo y así es como descubrí un nuevo invento parisino.

En la barandilla de la pasarela noté una cantidad insólita de candados simplemente atados a la reja. El tema se aclaró cuando vi que algunos llevaban dos nombres y que otros incluso tenían forma de corazón.
En la ciudad más romántica del mundo (por lo menos eso dicen algunos) las declaraciones de amor eterno se convierten en candados abandonados en la pasarela de las artes...

Pero superé el despiste al constatar que la iglesia Saint Germain l'Auxerrois estaba abierta y entré un momento para echar un vistazo. Tampoco conocía el interior de este edificio cuya fachada siempre me llamó la atención y lo apunté en la larga lista de los lugares que tengo que visitar detenidamente... un día.

Un autobus de azar me acercó de mi colina preferida y acabé el recorrido casi congelada.

Desgraciadamente el ritmo laboral no me dio otra oportunidad de escaparme un rato y este fín de semana volvimos a los grises de siempre.

¡En cuanto salga el sol de nuevo, inventaré algo para escaparme!

7/03/2010

La granja más grande de Francia

El Salón Internacional de la Agricultura forma parte de los momentos importantes de la vida parisina. En esta ocasión, una cantidad increíble de productores de todas las regiones hacen el viaje hacia París para enseñar su producción y, por supuesto, hacer algo de comercio.

Tras una semana bien empleada, unos amigos me invitaron a acompañarlos para visitar la feria, aprovechando la apertura nocturna del viernes.
Si la cola para comprar las entradas, mal organizada, resultó algo pesada, se fue la contrariedad nada más entrar en los pabellones de la puerta de Versalles. Mis amigos pasaron un largo rato catando vino antes de hacer un buen pedido. Mientras tanto elegía productos de pura supervivencia en una tienda del País Vasco que conozco (casi) de toda la vida.
Tras esta sesión de compras, probamos uno de los restaurantes del pabellón de las regiones de Francia y si no fue un acierto, por lo menos nos alimentamos. Luego recorrimos una gran parte del recinto ferial para visitar los pabellones dedicados a los animales.

En el primero pudimos admirar varias razas de caballos y de asnos, antes de pasar por la zona de los gatos en donde me dejé seducir por un macho de la misma raza que mis gatitas.

Pero el mejor momento fue en el segundo pabellón en donde pudimos admirar a una variedad increíble de vacas, entre las cuales "Aida" que aparece en el cartel de la feria.
La suerte que siempre me acompaña me regaló la presencia de un hombre realmente apasionado por estos animales y que me enseñó un montón de detalles que yo no hubiera captado sin sus preciosas aclaraciones.

La visita se acabó tras un rato en la zona de las aves de corral en donde pudimos admirar varios individuos realmente asombrosos.

Mientras volvía a casa pensé que todavía tengo que reforzar mi musculatura torácica. Mi gata más mimosa suele acurrucarse cerca de mi cuello encima de mi hombro izquierdo y con 6 kilos y pico, ya me parece algo pesada. Pero el macho que vi ya tiene 7 kilos y su criadora decía que llegaría a 9 o 10 kilos...
¡Mañana vuelvo a la clase de gimnasia!

1/03/2010

Un lugar de encuentro

Quedar con algún amigo en la plaza de la Bastille resulta bastante interesante y más cuando el punto de encuentro es la gran escalera de la Ópera.

Eso hice algunas veces el sábado por la tarde y cuando llegué con antelación me senté en la escalera para contemplar el espectáculo de la plaza.

En esta zona se juntan muchos adolescentes de una tribu que no sé identificar pero cuyos códigos indumentarios no tienen desperdicio.
Pálida, vestida de negro con los ineludibles piercings, alguna chica destacaba por las discretas cintas rojas atadas a sus medias al nivel de las rodillas.
Pálido con el pelo casi blanco, vestido de negro, su acompañante parecía salir de una novela de vampiro.
Más divertida, una moza algo carnosa lucía medias tipo burlington con chaqueta de cuadros, con un no sé que de Lolita.
Más llamativa, otra muchacha exhibía un peinado impresionante, con pelo rosa y todos los complementos imprescindibles para conseguir el total look.

Tras contemplar estos personajes más de media hora, confieso que sentí cierta admiración por la energía dedicada por estos adolescentes para componer estas aparencias tan rebuscadas.

Repetí la experiencia entre semana al atardecer y el espectáculo, aunque diferente, resulta también bastante interesante.

Destaco primero la colección de melómanos que acuden a la Ópera. Los angustiados llegan con mucha antelación, hurgando en los bolsillos en busca de los preciosos sésamos. Los optimistas llegan justo después, con la idea que van a encontrar entrada en el último minuto cuando se cerraron las ventas varios meses atrás. Los acostumbrados llegan puntualmente con la tranquilidad de la experiencia. Los novatos se equivocan de entrada y los tardones llegan sin aliento para salvar la noche.

Y en medio de este movimiento, varios seres esperan la cita del momento.

Para los que quedaron con un conocido, el problema se limita a ubicarlo en medio de todo este movimiento.
Pero también se ven algunas personas cuya cita resulta menos evidente.
Y por los movimientos y las dudas, sospecho que la gran escalera es uno de los sitios que los feligreses de internet eligen a la hora de desvirtualizarse.
Desgraciadamente, mi cita del día llegó a la hora en punto y no pude seguir observando. Pero la verdad es que la espera se me hizo muy corta.

24/01/2010

Burbujas acústicas

Empezamos la semana celebrando el cumple de los capricornios, representados por dos de los cuatro comensales. Si pasamos una buena noche, la libra encargada de encontrar el sitio para cenar no acertó y el restaurante que visitamos no se quedará en las memorias.
Sospecho que lo hizo a propósito, para que siga con propuestas estrafalarias :-)

Al día siguiente, tuve la oportunidad de pasear al anochecer por la deshumanizada zona de la Défense. No forma parte de mis destinos preferidos pero los azares del deporte me llevan por allí una vez al año y cuando toca, siempre me impresiona la cantidad de cambios. Descubro carreteras nuevas o constato que el solar que recordaba ya se transformó en edificios habitados. Pero de momento, nunca encontré alguna novedad con encanto. Lo bueno cuando vuelves de expediciones de este tipo es que aprecias mucho más tu entorno cotidiano.

Luego tuve que renunciar a mi autobus preferido para desplazarme en metro y asi fue como surgió el descubrimiento de la semana.
En el autobus, basta con sentarte al lado de la ventana para pasarlo bien contemplando el espectáculo de la calle. Pero en el metro parisino, principalmente subterráneo, no tienes este recurso y entonces contemplas... a los demás viajeros.

Lo que más me llamó la atención fue la cantidad de personas llevando auriculares y la evolución de los modelos utilizados. Si unos años atrás todos usaban los discretos auriculares de oído, esta semana noté una proporción asombrosa de personas llevando auriculares supraaurales o circumaurales.
Yo también hice la experiencia de usar el walkman en el metro pero pronto constaté que ni el ruido de fondo ni el contexto permiten apreciar realmente alguna música. Además te impide captar un montón de cosas y al final llega a ser casi una desventaja.
Sé que hubo campañas para preservar la audición y que mejoraron bastante los auriculares e imagino que estos nuevos modelos resultan menos dañosos. Pero esta materialización de las burbujas acústicas provoca mi perplejidad y más aún cuando procede de personas de cuarenta o más.
¿Será que no son capaces de inventarse una intimidad en medio de la muchedumbre? ¿Será que perdieron la capacidad de interesarse a los demás?

Yo seguiré en mi burbuja de sueños, que no me impide pillar estos momentos divertidos que no tienen desperdicio.

10/01/2010

Flamenco y nieve

Llevaba siglos sin pasar por el Teatro de los Campos Eliseos y el espectáculo de Sara Baras me proporcionó una excelente razón de volver por allí.
Este magnífico teatro se halla en la muy selecta avenida Montaigne pero el frio y la noche no daban para vagabundeos. Así que pronto entramos en el amplio vestíbulo y tras esperar un pequeño rato pudimos llegar a nuestros asientos, en el primer palco, idealmente situados para disfrutar del espectáculo.
Por cierto nos costó un poco colarnos en nuestros asientos por el diminuto espacio disponible para las piernas. Pero la fantástica prestación de la Doña y de su compañía nos hizo olvidar este detalle y pasamos un excelente rato.
Y por supuesto lo alargamos compartiendo las sensaciones mientras caminábamos rumbo a los Campos Eliseos.

Al día siguiente empezó el tema de la nieve: ¿Caerá, no caerá? ¿Se mantendrá o se derretirá?
Al final la nevada empezó en medio día. Las aceras se volvieron algo resbaladizas pero no dio para mucho más y el principal efecto de la nieve fue estorbar el primer día de las rebajas.

El jueves y el viernes, tenía que perderme por las afueras de París y en estas zonas la nieve pronto se convierte en auténtica pesadilla. La diferencia de temperatura entre París y las afueras alcanza dos o tres grados y eso cambia todo: la nieve en polvo agradable se convierte en placa de hielo tramposa, y como los trayectos en coche son casi ineludibles, eso complica aún el panorama.
Lentamente y con prudencia, superé la prueba...

Ayer seguíamos con el mismo tiempo y las aceras parisinas resultaban demasiado resbaladizas para pasear serenamente. Así que me libré en un plis plas de las compras imprescindibles antes de competir con las gatas por las mantas de mohair :-)

Lo bueno de todo eso es que me dejó tiempo para seleccionar fotos y redactar algunas cositas.

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