Caminando por París con Caol

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12/11/2017

El bosque del Este...

Seguí con la senda 2024 a partir de la Puerta Dorée.
En este punto, el museo dedicado a las zonas ultramarinas de Francia fue reformado en 2005 y ahora alberga un museo de la historia de la inmigración. Forma parte de la larga lista de los sitios que tengo que visitar, pero ese día preferí aprovechar un rayo de sol otoñal y entré en el bosque de Vincennes.

En esta parte, el lago Dausmenil y sus dos islas constituyen el principal centro de atracción.
Si quieres gastar dinero y energía puedes alquilar una barca y remar para pasear alrededor de las islas. Y si no tienes ni un duro, siempre queda la posibilidad de seguir caminando por el sendero que da la vuelta del lago.

De paso, se pueden admirar cisnes, patos y barnaclas canadienses. Y si llevas un trozo de pan, se acercan sin miedo.

Al extremo este de las islas, se puede admirar el templo de Vesta, edículo imprescindible para cualquier parque romántico. Más lejos se divisa la roca artificial del zoo.

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Luego aparece una pasarela que da acceso a las islas, pero dejé esta visita para otro día.
Seguí en busca de una pagoda construida para la exposición universal de 1931, y que ahora alberga un templo búdico, pero su recinto estaba cerrado y desde fuera el edificio no se veía bien.

En la orilla del lago, crucé muchos grupitos caminando tranquilamente para digerir el almuerzo de los domingos, pero también noté padres jugando con sus niños, dueños de perros, y propietarios de maquetas de barcos de mando remoto.
Con casi mil hectáreas, este parque tiene espacios para todos.

Yo abandoné la orilla del lago y me acerqué del espacio en donde suelen instalar la “Foire du Trône” o el circo del momento. Cuando pasé, se oía el rumor de una función circense...

Salí de este pulmón verde de la capital gala con una lista de cosas por hacer un día...
Desgraciadamente, un chubasco me quitó las ganas de seguir caminando y preferí viajar con el tranvía rumbo a la puerta de Orleans.
Continuará...

29/10/2017

"Montmartre aux artistes"

En el número 189 de la calle Ordener, se ve un edificio de ladrillos rojos con la inscripción “Montmartre aux artistes”.

Detrás de esta fachada, tres edificios construidos en los años 30 albergan talleres de artistas y el pasado domingo, aproveché una jornada puertas abiertas para pasear dentro de este recinto usualmente cerrado.

Tras entrar en el primer edificio, uno descubre una gran sala de acogida y divisa la sucesión de construcciones. Caminando hacia el interior, intenté entender la organización de la parcela: un primer patio lleva a un segundo edificio, con un pasillo que lleva a un segundo patio y un tercero edificio con un pasillo que lleva al patio final, en el extremo sur de la parcela.
En esta parte, una profusión de plantas y arbustos provoca la deliciosa sensación de pasear por un jardín.

Todos los edificios tienen siete pisos, con ventanales mirando hacia el norte.
Casi todos los talleres tienen dos niveles. La planta baja alberga una cocina, un baño y un espacio de trabajo de techo muy
alto. La planta alta, accesible por una escalera interior, ocupa la mitad de la superficie y allí se hallan las partes privadas como las habitaciones. En las fachadas sur se ven las ventanas normalitas de los cuartos de vida y unos balcones que comunican los talleres.
En las últimas plantas, los talleres son de tamaño más reducido pero la vista que regalan compensa de sobra la superficie.

Yo empecé la visita por el último piso del último edificio y nada más salir del ascensor, sentí una curiosa sensación de vértigo, esencialmente por que la barandilla del balcón deja ver el vacío por debajo, pero al contemplar la vista hacia el Sagrado Corazón, olvidé casi enseguida esa molestia.

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El primer taller que visité fue él de un dibujante – escultor cuyas obras demostraban una relación fuerte con la caligrafía. Los visitantes que me precedían le hicieron varias preguntas acerca de su instalación en la ciudad de artistas y el hombre confesó que había conseguido su taller treinta años atrás y que mientras no le echaban no pensaba marcharse de este sitio cuyo alquiler apenas alcanza 300€ al mes.

Luego pasé por varios talleres en donde vi cosas que no me gustaron mucho y que ya olvidé. Pero todavía recuerdo la estatua que Béatrice Limoge bautizó “l’aguicheuse”, así como las lámparas de Eric Dartois o los grabados de Christos Karamisaris...

Total, pasé un agradable momento, explorando los universos de varios creadores en medio de una ciudad arquitectónicamente muy interesante.
¡Repetiré!

22/10/2017

Estrenando el sendero 2024

Entre los diferentes elementos presentados para apoyar la candidatura de París para los Juegos olímpicos de 2024, apunté la creación de un camino de senderismo que da la vuelta de la capital, bautizado, evidentemente, ruta 2024.
Sobra decir que nada más enterarme de su existencia, pedí la libreta que describe el itinerario y este fin de semana pude explorar un primer tramo.

El punto de salida se halla en la Puerta de la Villette y para empezar es preciso entrar en el parque de la Villette para seguir su larga galería. Si encontré sin problemas las marcas de la ruta, me despistaron las indicaciones de la situación respectiva de dos jardines y de la pasarela que pasa por encima del canal del Ourcq: el redactor no respetó el orden de la marcha. Pero si apartamos este detalle, el recorrido por el parque permite mirar desde fuera los principales elementos: la Ciudad de las ciencias, la Géode, la Grande halle, la fuente de los leones y el nuevo edificio de la Filarmonía.

La ruta abandona el parque por la puerta de Pantin. La libreta menciona la iglesia dedicada a Santa Clara y merece la pena entrar en esta muy humilde construcción para apreciar el hallazgo de la iluminación indirecta del coro.

Luego es preciso caminar rumbo arriba hacia la entrada del parque de la colina del sombrero rojo. Instalado en una antigua cantera de yeso, el jardín tiene el encanto de los sitios con desnivel y regala un bonita vista hacia el nordeste de París. Por cierto, no dediqué bastante atención a las marcas del sendero y al llegar a la zona de juegos para los niños, para mirar una estatua de Pierre Traverse titulada “la niñez de Bacchus”, ya no sabía por dónde seguir.

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Curiosamente la libreta invitaba a buscar una estatua de Eva y a salir por la puerta Sur del jardín. Por suerte divisé la estatua desde arriba y pude seguir rumbo a la puerta Norte del parque, en donde encontré de nuevo las marcas de la ruta. Luego seguí por el jardín que bordea el tranvía y probé algunos de los aparatos de gimnasia de libre acceso.
Este jardín se acaba al pie de la iglesia Nuestra Señora de Fatima que no pude visitar ya que todavía estaba cerrada. El sendero pasa luego al lado del embalse des Lilas que contiene más de 200000 metros cubos de agua y permite admirar el edificio de los archivos de París.

Para acabar con este primer tramo es preciso entrar en una callecita sin nombre para descubrir el jardín “Serge Gainsbourg” instalado en 2010 encima de la losa creada para tapar el bulevar periférico y esconder esta frontera entre París y las afueras.
Si ya no tenía tiempo para explorar este sitio detenidamente, por lo menos pude apreciar la presencia de este trozo de naturaleza.
A ver cuando encuentro un ratito para seguir con esa ruta...

8/10/2017

Nuevas facetas

Por fin encontré un ratito para pasar por el pasaje Turquetil.
Esta discreta callecita comunica la calle de Montreuil (cerca del cruce con el bulevar Voltaire) y la avenida Philippe Auguste. Su primer tramo, bordeado a mano izquierda por un muro ciego, no tiene mucho encanto, pero la sensación se vuelve más agradable al llegar a la primera curva en donde un pequeño patio alberga arbustos. A continuación, a mano derecha, se ve un primer edificio de antiguos talleres. A mano izquierda, una construcción relativamente reciente bordea la acera con una sucesión de puertas y ventanas de viviendas individuales. A partir del pasaje Philippe Auguste, a mano derecha construyeron un edificio de ladrillos rojos par albergar un instituto profesional, pero a mano izquierda seguimos con talleres que cuentan historias de otros tiempos. Por suerte el programa de rehabilitación urbana del distrito XI supo conservar huellas de sus actividades pasadas.

Los azares de mis actividades también me llevaron al distrito IX, justo al lado de la plaza Gustave Toudouze y del “No stress café”. Así fue como pude descubrir la rehabilitación interior de unos edificios industriales y constatar, una vez más que algunos lo pasan muy bien en París.

Y para completar el examen de nuevas facetas de sitios que conozco, hoy acompañé a un músico profesional por el mercado de las pulgas.

20171008.jpg No le interesaba visitar los mercados de siempre, pero quería pasar por el mercado Dauphine en donde hay una tienda que vende productos de alta fidelidad de segunda mano que quería ver. Encontrar el mercado no fue muy complicado, pero ubicar la tienda sin indicación fue otro cantar. Yo recordaba que en la planta alta había una tienda con material de categoría y por allí pasamos. El músico encontró viejos vinilos y entre todos, compró uno de Herbie Hancock. Pero la tienda que buscaba se hallaba en la planta baja y mientras escuchaba música en el equipo que le interesaba, yo contemplé la posibilidad de instalar un huevo como éste en el pequeño patio de mi casa borgoñona.

El segundo objetivo era una tienda de prendas antiguas en donde quería mirar chaquetas para los conciertos. Total, recorrimos metódicamente la calle Paul Bert sin encontrar la tienda. Pasamos por el mercado Serpette sin encontrarla y también fracasamos al buscar su número en la calle des rosiers. Confieso que le dejé explorar solo todas las calles del mercado Paul Bert mientras saboreaba un chocolate en la terraza del bar de la esquina. Al final apareció, algo decepcionado, porque alguien le había explicado que la tienda ya no existía. Seguimos paseando, detenidamente ya que se paraba en todos los puestos de venta de viejos vinilos de jazz...
Finalmente, abandoné a este compañero muy especializado en un puesto de discos y mientras caminaba tranquilamente rumbo a casa, pensé que este hombre me había regalado una visión muy peculiar del mercado de las pulgas.

1/10/2017

Explorando...

Aproveché una tarde de buen tiempo y poco trabajo para explorar una parte del distrito XII.
Muy cerca de la estación de tranvía de la puerta de Vincennes, varias callecitas bordean el antiguo ferrocarril que daba la vuelta de París y tenía ganas de recorrerlas.

La primera empieza en la calle de la Voûte y se acaba en la avenida de Saint-Mandé. A mano izquierda se ven esencialmente edificios de los años sesenta, pero todavía existen algunas casitas olvidadas por la especulación inmobiliaria. A mano derecha el talud del ferrocarril proporciona sombra y humedad.

Después de cruzar la avenida de Saint-Mandé, el recorrido pasa por un callejón sin salida bautizado "Villa du Bel Air". A mano izquierda se ven construcciones de todos tipos: un bonito edificio "art deco", otro que parece normando... casi todos separados de la calle por micro jardines. A mano derecha, el ferrocarril camina al nivel de la calle y una portilla da acceso a las vías.
Aquí es donde colocaron un cartel para presentar un mapa del espacio de los trenes. Pero no pude determinar el nivel de desarrollo de este proyecto de transformación.

Al final de la calle encontré una vía muy estrecha bautizada senda de la "lieutenance" que lleva el peatón al bulevar Soult.
En el mismo bulevar, más al norte, la senda de los cerezos permite volver al callejón sin salida. Esta vía tiene un metro de ancho y comunica las casas construidas en medio de la manzana. Provoca una sensación ambigua entre inseguridad y curiosidad.

Abandoné la zona del ferrocarril para caminar rumbo a la calle del Rendez-vous y explorar otras callecitas.

La calle du Rendez-vous es una calle agradable de muchos comercios.
Comunica una primera callecita, en donde los locales de los artesanos fueron transformados en viviendas. A continuación, una segunda callecita tuvo el mismo destino y ahora lleva a un gran jardín escondido en medio de la manzana.

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Me gustó mucho la fachada de esta casa que se halla al final de la callecita. Pero también me gustó el diseño de este parque que proporciona varios espacios a sus diferentes visitantes. Vivir en esta parte del distrito XII debe de ser bastante agradable…

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