Caminando por París con Caol

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1/12/2019

Iluminaciones

A veces pienso que no aprovecho bastante el hecho de vivir en París para visitar exposiciones o ver espectáculos. Pero en muchos casos, es preciso reservar con antelación y a mí me gusta improvisar...
El pasado fin de semana no pudimos encontrar entradas para la exposición dedicada a Leonardo da Vinci y pasó lo mismo con todo lo que miramos así que renunciamos.

El lunes por la mañana constaté que proponían entradas para las iluminaciones en el jardín de las plantas el mismo día a las 18 y, después de controlar las previsiones meteorológicas, compré un billete por 15 euros.
Al salir de la oficina, el metro me llevó a la estación de Lyon. Luego atravesé por primera vez el Sena por el puente Charles de Gaulle contemplando de paso el curioso edificio construido en la orilla del rio y que alberga la ciudad de la moda y del diseño.

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Luego seguí rumbo al jardín en donde ya había una cola de unos 30 metros, media hora antes de la hora de entrar...
Ese día los guardias fueron muy amables y nos dejaron entrar con algo de antelación. Control rápido de los billetes, control de los bolsos, control oficial de los billetes… y luego pudimos descubrir la instalación dedicada a los océanos.

20191201b.jpgTodos los elementos presentados tienen una estructura de hierro, vestida de tejidos sedosos, colorados y translúcidos, y llevan luces más o menos sofisticadas por dentro. Algunas estructuras tienen un tamaño impresionante, otras tienen partes articuladas, con un mecanismo que las mueve.Y si aparto algunas excepciones, se veían varios ejemplares de cada estructura, lo cual permite admirarlas tranquilamente.

El recorrido por la instalación también me pareció muy acertado ya que, al principio, uno tiene que escoger entre dos alamedas que presentan los mismos objetos. Así que no se siente agobio como en otras exposiciones muy concurridas, y siempre viene el minuto a solas con cada estructura.

A mí me impresionó el cangrejo gigante que movía sus pinzas en la entrada y la muy bonita colección de conchas y estrellas de mar. La mirada del cocodrilo me pareció muy viva y con gusto contemplé las tortugas de mar.
Varias instalaciones representaban el fondo del mar con plantas, corales, anémonas de mar y los peces asociados. Dos gambas gigantes interesaron a mucha gente y, más adelante, tuvimos que pasar por la boca de un tiburón antes de seguir por la parte de la exposición instalada en las alamedas del pequeño zoológico.
Medusas, pulpo y peces de las grandes profundidades y, antes de salir, una morsa y una colección de osos polares.

Tardé casi hora y media para verlo todo y finalmente, el precio de la entrada no me pareció exagerado.

6/10/2019

Inhumana Défense

Los azares de mis actividades profesionales me obligaron a pasar una jornada completa en la zona de la Défense.

La pesadilla empezó al tomar el metro. Llevaba siglos sin pasar por la línea cuatro en las horas punta y no recordaba que había tanta gente...

En la estación Châtelet, en el andén de la línea que lleva a la Défense, también había una cantidad impresionante de gente, pero todos conseguimos entrar en el tren que llegó, amontonados como sardinas en su lata. Y esta sensación no cambió mucho cuando una parte de los oficinistas se paró en la estación Auber.

Al llegar a la estación subterránea de la Défense, seguí el rio humano hasta encontrar una salida rumbo a la explanada.

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Allí me esperaba un cielo azul magnífico y la corriente de aire habitual.
Pero el ruido de miles de tacones en el suelo empezó à taladrarme el cerebro así que pronto volví a mi destino del día: el gran Arco, muro sur.
Curiosamente, los controles de seguridad me parecieron muy superficiales y pronto recuperé una tarjeta para subir a la planta 35. Desgraciadamente, el acceso a la parte superior del tejado estaba cerrado, así que no pude contemplar el panorama desde este punto. Pero después de tomar un café, pude descubrir uno de los anfiteatros del arco e instalarme tranquilamente para escuchar las conferencias de la mañana.

La pausa de medio día empezó poco después de las doce y media.
Eso nos dio la oportunidad de descubrir que en cada uno de los dos ascensores no caben más de 17 personas, lo cual resulta totalmente inadecuado cuando sale la centena de personas que estaba en el anfiteatro.
Por suerte, unos participantes conocían bien el edificio e indicaron una solución alternativa.

No tuve ganas de probar el restaurante de la empresa y me escapé corriendo rumbo al centro comercial en donde encontré colas inverosímiles en los puestos de venta de comida. Me paré en un sitio algo apartado y pude resolver el tema del abastecimiento.
Almorcé caminando rumbo al Sena y así fue como encontré un grupo de ejecutivos, con su uniforme de siempre (traje-corbata), jugando petanca en uno de los espacios arbolados. Me asombró la cantidad de espacios ajardinados y algunas esculturas me parecieron realmente bonitas. Pero no sé si podría vivir en este universo de hormigón.

Volví corriendo al anfiteatro y aguanté relativamente bien las conferencias de la tarde.
A las cuatro y media, todos se escaparon.
Yo aproveché el resto de la tarde para meterme en una larga caminata por el distrito XVII.
¡Lo necesitaba para olvidar la vorágine inhumana de la Défense!

29/09/2019

la pequeña finca de la Goutte d'or

Años atrás, compraron y acondicionaron un espacio privado de aparcamientos para transformarlo en jardín.
A pesar de su superficie reducida (1500 metros cuadrados), proponía por lo menos un espacio de juegos para los niños, en una zona de construcciones muy densas. Total, la gente del barrio pronto se apoderó de este jardín bautizado “Alain Bashung”, como homenaje a este cantante que vivía en el vecindario.

Todo iba bien cuando llegaron estos niños callejeros procediendo de Marruecos solos, con apenas entre 8 y 15 años.
Explotados por traficantes mayores, y rápidamente drogadictos, estos niños se apoderaron del jardín y provocaron varios desórdenes en el barrio, por su violencia y por sus numerosos asaltos.

El primer reflejo de las autoridades fue cerrar el jardín y contratar una empresa de vigilancia.
Luego decidieron dedicar casi la mitad del jardín a lo que se llama ahora la pequeña finca de la Goutte d’or.

Llevo varios meses con la idea de visitar la instalación, pero sea no tenía tiempo para hacerlo, sea la finca estaba cerrada. Por fin la dicha me acompañó y pude entrar en este recinto.

La primera cosa que noté fue el espacio de acogida con mesas y sillas. Sirve para dar informaciones sobre los animales y organizar actividades. Justo al lado se halla el corral de las ovejas, una blanca y una negra, ambas acostumbradas a las visitas y buscando pan y caricias.

Más adelante, las gallinas ocupan otro corral, justo al lado del espacio reservado a los conejos.
En el centro de la finca, el antiguo jardín compartido sigue prosperando y los artistas del barrio regalaron un magnífico elefante.

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Todos estos elementos atraen las clases del vecindario y al contemplar el interés de los niños que visitaban el espacio cuando estaba allí, imagino que estos momentos en la finca resultarán extraordinarios para estos desagradecidos que crecen sin conocer otra cosa que la gran ciudad.

También hablé un rato con la señora que llevaba el sitio y me contó que hacía eso en el marco del servicio cívico. Lo bueno es que parecía apreciar esta experiencia. Lo malo es que la pagan muy poco...
Pero las caras maravilladas de los niños compensan muchas cosas...

8/09/2019

Más exploraciones...

Al acabar el precedente paseo por la pequeña cintura, sentí mucha frustración porque fueron muchas horas caminando para descubrir unos tramos finalmente bastante cortos. Así que seguí buscando informaciones acerca de los tramos accesibles y reservé tiempo para visitar dos secciones que me parecían muy interesantes.

La primera se halla en el distrito XX y tiene una de sus entradas en la calle de Ménilmontant, al nivel de la calle Sorbier. En este punto, una escalera permite bajar al nivel de los carriles y descubrir un espacio de 5000 metros cuadrados abierto en noviembre de 2018. El tramo público se acaba al nivel de la calle des Couronnes, en donde empieza un largo túnel.

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Este pequeño espacio, escondido al pie de altos edificios, proporciona sombra y fresco, dos cosas muy agradables cuando una ola de calor maltrata la ciudad. Antaño, la gente podía pasar por el pequeño puente para cruzar el espacio de los carriles. Pero ahora, el puente permanece cerrado y es preciso atravesar el jardín para seguir la calle de la Mare.

De momento, este jardín no tiene mucha vidilla ya que lo primero que hicieron los vecinos fue tapar los espacios privados que miran hacia el jardín. Pero imagino que dentro de unos meses algunos voluntarios organizarán un jardín compartido para mejorar la convivencia.

La segunda sección que visité se halla en el distrito XVI y fue abierta en 2007. Empieza al lado de la antigua estación de “La Muette” y camina rumbo a la antigua estación de la puerta de Auteuil, por una zanja que bordea los bulevares de Beauséjour y de Montmorency, por un lado, y los altos edificios del bulevar Suchet, por el otro.

A pesar de llevar una docena de años de existencia, este tramo tiene poca frecuentación. Pero la estructura que acondicionó este espacio ya tuvo tiempo para instalar carteles que proporcionan informaciones muy interesantes acerca de los suelos, de los árboles y de los animales que viven en esta zona.
Y la vegetación también pudo desarrollarse y en algunos puntos, uno olvida totalmente que se halla en París.

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En la puerta de Auteuil, todavía hay obras, pero ya hicieron una callecita que te lleva al café instalado en la antigua estación. Pasar un rato en la terraza de este establecimiento fue un gran momento de sociología, con observaciones conformes a las que hicieron Michel Pinçon y Monique Pinçon-Charlot en sus diferentes libros :-)

Luego seguí caminando rumbo a la iglesia de Auteuil, pero pronto me cansaron estas calles si vida y subí en el primer autobús que pasaba para marcharme de esta zona.

Hoy, con gusto recorrí el bulevar de Charonne y el bulevar Voltaire, en donde organizaban ventas de segunda mano y de antigüedades. Por lo menos había vida :-)

1/09/2019

Fiestas por todas partes

Este fin de semana, organizaban fiestas por todas partes, como si se tratara de suavizar el fin de las vacaciones.
Entre los distritos X y XVIII, celebraban la fiesta del dios Ganesh. En el distrito XX, en la plaza de la Réunion, se trataba de la fiesta de los “Griots” y alrededor de la ciudad, proponían una fiesta de la “pequeña cintura”.

Ya asistí a varias fiestas de Ganesh, y varios Griots cantan al lado de mi casa, así que preferí aprovechar la fiesta de la pequeña cintura para explorar algunos tramos abiertos excepcionalmente al público.

La visita empezó en el puente de la calle Didot que se halla encima de la zanja del ferrocarril. En este punto, instalaron una amplia escalera temporal para que la gente pueda bajar al nivel de las vías. Y para que el paseo sea agradable, llenaron el espacio entre las vías con virutas de madera.

La verdad es que este espacio es impresionante por la cantidad de plantas y árboles que se desarrollaron en ambos lados y por la variedad de cantos de pájaros que se puede escuchar.
También pude admirar un antiguo edículo muy bien decorado por algún artista callejero. Dicen algunos que daba acceso a las Catacumbas y que ya lo condenaron. Yo preferí seguir caminando.

Este primer tramo de casi un kilómetro me llevó a la antigua estación de Montrouge. Mas adelante había una reja y preferí volver a la superficie para buscar el tramo siguiente.

Encontré este nuevo tramo al lado de la plaza de Rungis.
Curiosamente el acceso rumbo al Oeste estaba abierto y seguí los paseantes que entraban en un largo y oscuro túnel ferroviario.
Caminar a ciegas pronto resultó complicado y fue preciso usar la lámpara de los móviles para seguir adelante en este tramo de unos quinientos metros. Pero merecía la pena...

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Luego seguí por un segundo túnel interminable que me llevó... a la reja de la estación de Montrouge.
Yo no estaba de ánimo para volver atrás así que estudié la técnica de los jovencitos para franquear la reja. Como no me parecía insuperable, me arriesgué a imitarlos y pude volver a la plaza de Rungis para seguir la exploración rumbo al Este. Pero el camino se acabó en el jardín de la Poterne des Peupliers.

Sé que acondicionaron otros tramos de la “pequeña cintura” y serán otras visitas y otras sorpresas.

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