Caminando por París con Caol

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29/09/2019

la pequeña finca de la Goutte d'or

Años atrás, compraron y acondicionaron un espacio privado de aparcamientos para transformarlo en jardín.
A pesar de su superficie reducida (1500 metros cuadrados), proponía por lo menos un espacio de juegos para los niños, en una zona de construcciones muy densas. Total, la gente del barrio pronto se apoderó de este jardín bautizado “Alain Bashung”, como homenaje a este cantante que vivía en el vecindario.

Todo iba bien cuando llegaron estos niños callejeros procediendo de Marruecos solos, con apenas entre 8 y 15 años.
Explotados por traficantes mayores, y rápidamente drogadictos, estos niños se apoderaron del jardín y provocaron varios desórdenes en el barrio, por su violencia y por sus numerosos asaltos.

El primer reflejo de las autoridades fue cerrar el jardín y contratar una empresa de vigilancia.
Luego decidieron dedicar casi la mitad del jardín a lo que se llama ahora la pequeña finca de la Goutte d’or.

Llevo varios meses con la idea de visitar la instalación, pero sea no tenía tiempo para hacerlo, sea la finca estaba cerrada. Por fin la dicha me acompañó y pude entrar en este recinto.

La primera cosa que noté fue el espacio de acogida con mesas y sillas. Sirve para dar informaciones sobre los animales y organizar actividades. Justo al lado se halla el corral de las ovejas, una blanca y una negra, ambas acostumbradas a las visitas y buscando pan y caricias.

Más adelante, las gallinas ocupan otro corral, justo al lado del espacio reservado a los conejos.
En el centro de la finca, el antiguo jardín compartido sigue prosperando y los artistas del barrio regalaron un magnífico elefante.

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Todos estos elementos atraen las clases del vecindario y al contemplar el interés de los niños que visitaban el espacio cuando estaba allí, imagino que estos momentos en la finca resultarán extraordinarios para estos desagradecidos que crecen sin conocer otra cosa que la gran ciudad.

También hablé un rato con la señora que llevaba el sitio y me contó que hacía eso en el marco del servicio cívico. Lo bueno es que parecía apreciar esta experiencia. Lo malo es que la pagan muy poco...
Pero las caras maravilladas de los niños compensan muchas cosas...

22/09/2019

Buena vida cerca des Batignolles

Aproveché los últimos días de vacaciones para seguir explorando los tramos accesibles de la “pequeña cintura” y como uno de mis amigos estaba de paso en París, le embarqué en esta aventura.

Ese día se trataba de visitar el tramo que se halla entre la calle Alphonse de Neuville y la calle de Saussure. Quedamos en la estación de metro Wagram y caminamos tranquilamente rumbo a la calle Alphonse de Neuville. Pero cuando llegamos a la zanja de la “pequeña cintura” no encontramos la entrada.
Seguimos rumbo a la plaza de Wagram en donde tampoco encontramos entrada y fue preciso llegar casi al final de la parte accesible, al nivel de la calle de Saussure, para encontrar una entrada y una escalera.
Con gusto bajamos al nivel de los carriles, y para no perdernos algún detalle, recorrimos metódicamente los 700 metros del tramo.

Lo cierto es que este recinto, abrigado por los árboles, tiene una temperatura más fresca que las aceras. Yo noté varios cantos de pájaros que no se pueden percibir desde las calles por el ruido del tráfico automóvil. Pero también tuve la sensación de que no habían acabado la ordenación del sitio. Por cierto, eso no molesta a los deportistas que corren por la zanja, pero excluye a los niños y a los ancianos.

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Al llegar al final de este recorrido, quise enseñar las transformaciones del barrio des Batignolles a mi amigo y entramos en el jardín Martin Luther King.
No sabía que él había vivido en esta zona en los años 1980s, antes de mudarse a Montrouge. Así que no podía imaginar el asombro que sentiría al constatar todos los cambios. Subimos a la plataforma que permite admirar el parque, así como los nuevos edificios construidos en esta zona.
Le impresionó la variedad de los estilos arquitectónicos de los edificios nuevos y sacó varias fotos para comentar esta evolución con sus familiares. También notó la elegante silueta del nuevo Palacio de Justicia, pero no tuvo ganas de acercarse a la torre y de pasar más tiempo en este nuevo barrio.

Abandonamos el jardín y seguimos rumbo a la vieja iglesia des Batignolles. Allí encontramos un restaurante con una terraza sombreada, a salvo del ruido del tráfico automóvil, en donde pudimos almorzar tranquilamente.
Al mirar los demás clientes de este restaurante, me sentí muy lejos de mi barrio mestizado y travieso: treintañeros, algunos con niños, personas más viejas, pero todos blancos, elegantes, y todos con un poder adquisitivo más importante que los de mi barrio.

Al macharnos de este sitio, seguimos caminando rumbo a la estación del Norte en donde nuestros caminos se alejaban. Mi amigo siguió en metro mientas pasaba por el barrio indio.

18/08/2019

El juego de las vacaciones

Uno de los guías conferenciante con quien ya hice varios recorridos tuvo la idea genial de organizar adivinanzas acerca de los jardines parisinos.

El proceso es sencillo: publica una foto en una red social para introducir el jardín y picar la curiosidad. Sobra decir que, con esta foto, descubrir el jardín resulta totalmente imposible.
A continuación, publica media docena de fotos con un texto que proporciona varias indicaciones acerca del jardín. Luego es preciso esperar 24 horas para conseguir unas fotos extras. Y al día siguiente anuncia el nombre del jardín, así como la lista de las personas que encontraron la solución. Y como si fuera poco, también propone una presentación del jardín con comentarios de las fotos publicadas antes.
Además, existe una pista, idéntica para todos los jardines, que simplifica la resolución de la adivinanza.

Yo vi la primera foto del primer jardín y a pesar de conocer bastante bien la capital, no tenía la más mínima idea de la solución. Así que no seguí el juego y me perdí las ocho primeras adivinanzas.
Pero resulta que, para el noveno jardín, publicó la foto de una estatua que ya había contemplado detenidamente y adivinar el nombre del jardín resultó evidente. Se trataba del Square Montholon, un pequeño parque público del distrito IX.

Entonces, esperé con curiosidad la siguiente adivinanza y apareció con una foto de palmeral al lado de un edificio muy clásico. Eso me recordó el jardín Saint-Lazare que se halla en el distrito X, relativamente cerca de la estación del Este.

El undécimo jardín me costó más reflexión porque las primeras fotos no tenían detalles significativos. Pero con la segunda serie, pude reconocer el Jardín Truillot, nuevo parque abierto entre la iglesia Saint Ambroise y el bulevar Richard Lenoir.

En aquel momento, la pista anunciada resultó totalmente evidente: el número del jardín coincidía con el número del distrito.

Así que pude identificar el jardín Debergue-Rendez-vous en el distrito XII, pasar por allí y encontrar el osito que aparecía en las fotos.

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Luego descubrí el jardín de Heloise y Abelard en el distrito XIII, el jardín Auguste Renoir en el distrito XIV y el Jardín Atlántico en el distrito XV.
De momento, tengo el puesto 3 en la clasificación de los jugadores, pero espero impacientemente la próxima adivinanza para mejorar mi marca.

Y quiero agradecer a este señor que sacó varias series de fotos para organizar este juego.

9/06/2019

Cerca de la calle Vercingetorix

Hice otro paseo con el guía del pasado domingo.
Este señor nos citó al lado de la salida de la estación de metro Plaisance y nos explicó que la zona fue remodelada en los años 1980s. En el siglo XIX, este barrio albergaba muchos obreros que trabajaban en talleres y fábricas, aprovechando la cercanía de la estación de ferrocarriles de Montparnasse para desarrollarse.
La extensión de la estación y la necesidad de proporcionar viviendas decentes a la población parisina llevó el municipio a definir una zona de renovación urbana en donde los arquitectos conservaron todos los edificios en buen estado y demolieron los demás para construir varias torres.

Después de explorar el pequeño jardín que se halla al lado de la estación de metro, seguimos rumbo a la antigua calle del “molino de la virgen”, cuyo nombre evoca el antiguo molino que se hallaba en esta zona.

Los urbanistas crearon varios talleres de artistas al pie de las torres, pero desde fuera, resulta difícil percibir la contribución de sus inquilinos a la vida del barrio.

Seguimos rumbo a la calle de Gergovie en donde se hallaba uno de los talleres que ocupó el Douanier Rousseau. Luego pudimos admirar una antigua panadería que evoca el molino.
A continuación, seguimos por la senda verde que crearon a lo largo de los carriles.

Este camino atraviesa varios jardines y permite descubrir una muestra interesante de vegetales de todas clases. En su extremo norte, una pequeña terraza regala un panorama asombroso, con las torres Eiffel y Montparnasse.

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El camino se acaba en el jardín del Cardinal Wyszynski, muy frecuentado por las familias con niños del barrio.
Hicimos otra vez el inventario de los vegetales interesantes. Constatamos que los cinco talleres de artistas que bordean el jardín resultan inhabitables por el ruido de los tráficos automóvil y ferroviario, y entramos en la iglesia Nuestra Señora del trabajo.

Ya conocía esta curiosa construcción, pero con gusto di una vuelta por el interior, descubriendo, de paso, algunas esculturas que no había notado. Tanto me gustó este momento por dentro de este edificio que no vi que el grupo se había marchado y no volví a encontrarlo.

Lo cierto es que tendré que volver por esta zona para recorrerla a mi ritmo.

2/06/2019

Paseando por el distrito XIV con un guía

El guía nos citó en la puerta de Vanves.
Yo quise probar el itinerario del autobús 38 y llegué tarde a Port Royal. Así que tras mirar algunos detalles de la calle Boissonnade, tuve que seguir corriendo para no perderme el principio del paseo. Cuando llegué, una decena de personas ya estaban presentes. Y a la hora en punto, el guía empezó la presentación del día.

Resulta que unos meses atrás, al explorar el sendero 2024, ya había visitado esta zona de París. Pero los comentarios del guía nos invitaron a cambiar de mirada.

En este punto de París es donde llegan todos los trenes que vienen de Bretaña y ahora también de Burdeos. Eso significa una cantidad impresionante de trenes y el ruido que acompaña. Por cierto, el conjunto de puentes dedicados a los ferrocarriles en la puerta de Vanves, es un ejemplo perfecto de la arquitectura industrial del siglo XIX. Pero el ruido de los trenes no me dejó la posibilidad de captar las explicaciones extras.

Luego pasamos un rato en el pequeño jardín que se halla en este punto para apreciar la diversidad de las plantas que se instalan más o menos naturalmente. Si no fuera por el ruido el jardín tendría encanto y una asociación de vecinos ya hubiera exigido que la fuente funcione de nuevo. Pero yace abandonado por los vecinos y proporciona un espacio de campamento para los que no tienen domicilio.

Caminamos un poco rumbo al norte antes de pararnos en otro jardín para examinar las plantas y los árboles de la parcela. Al ser domingo no pudimos visitar el magnífico taller del ebanista y seguimos por la calle Vercingétorix.

Hicimos una larga parada en el jardín de los junquillos (en donde no hay junquillos) para contemplar varios árboles cuyo nombre ya se me escapó,

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En esta zona de urbanización forzada, percibir la naturaleza en medio de estas torres macizas resulta relativamente complicado. Y más aún cuando los pequeños patios de las manzanas vienen segmentados por rejas.

Pasamos por el patio del hospital Saint Joseph en donde pudimos admirar macizos de flores salvajes antes de seguir rumbo a un conjunto de viviendas sociales en donde aceptaron la instalación de un jardín compartido para mejorar las relaciones entre los inquilinos. Y la verdad es que el resultado es bastante impresionante.

A continuación, llegamos al sitio anunciado como el más impresionante del paseo: el jardín compartido del molino de la virgen. Lo bueno de este jardín es que no tiene muchas rejas. Pero como se haya en medio de una manzana, no puedes olvidar la presencia agobiante de estos altos edificios. Por suerte el jardín compartido estaba abierto y pudimos intercambiar un momento con una mujer muy activa en la asociación que cuida el sitio y en busca de nuevos socios.
Tendré que pasar de nuevo por allí más tranquilamente.

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