Caminando por París con Caol

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30/09/2018

Paseando por el “Luco”

Esta semana tocaba cenar con unos amigos, en un piso situado cerca del ayuntamiento de Montrouge (fin de la línea de metro número 4). En estos casos suelo encargarme del postre y nada más salir de la estación Odéon, caminé rumbo a la calle de Seine en donde se halla una de las tiendas de Arnaud Larher. Escogí varios pasteles individuales, con la idea de cortarlos para compartirlos y probar con mis amigos y como tenía tiempo de sobra seguí caminando rumbo al Sur.

Lo primero que me llamó la atención fue el estado de las aceras, muy limpias, sin el más mínimo trozo de papel yaciendo abandonado en el suelo.
Por cierto, estas calles no tienen tanta vida como las de mi barrio. Además, sus habitantes forman parte de las clases superiores y por su “buena educación”, no tiran basura al suelo. Y l a cercanía del Senado provoca una presencia policial más importante que en otros sitios...

Luego quise pasar por el “Luco” (así es como se llama el jardín del Luxemburgo de manera coloquial).
Al atardecer había una cantidad impresionante de personas disfrutando de los últimos rayos de sol de la tarde, sentadas en una de las sillas sueltas en el parque. Yo me paré varias veces para contemplar el panorama y los colores del otoño apoderándose de los árboles.

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No recordaba que este jardín era tan grande. Con 22,5 hectáreas, casi es cuatro veces más grande que el modesto jardín de mi barrio que apenas tiene 6,5 hectáreas. Y con 33600 habitantes por kilómetro cuadrado, la densidad de población de mi distrito es mucho más importante que la del distrito VI (20400 habitantes por kilómetro cuadrado) ...
Salí del jardín al lado de la estación de Port Royal y seguí rumbo al Sur por la avenida Denfert-Rochereau.

Esta parte del distrito XIV no tiene mucha vida (si aparto el recinto de “grands voisins”). Sin embargo, poco antes de llegar al fin de la avenida, noté un grupo de una decena de personas, preparando su campamento en la amplia acera de esta vía.

Saludé de paso al león de Belfort, resistí a la tentación de pasar por la calle Daguerre y seguí rumbo al sur por la avenida General Leclerc y su sucesión de tiendas de todas clases. Aquí también se nota que los habitantes son de clase media superior pero los ingresos son menos altos que en el distrito VI.

Al llegar al cruce con la calle de Alesia, pasé por una calle que no conocía y llegué directamente al gran edificio de viviendas sociales en donde vive mi amigo.
Desde la ventana de la cocina, en la novena planta, divisé la basílica del Sagrado Corazón y eso me tranquilizó. Pude apreciar la comida riquísima preparada por mi amigo y pasar un excelente rato.

23/09/2018

Ritmo de otoño

Ya se acabó el verano, y si la temperatura sigue muy agradable, los días son cada día más cortos. Yo suelo marcharme de casa temprano, pero todavía es de noche y la madrugada viene una hora después. Total, renuncié a los largos recorridos de la madrugada, empiezo el trabajo más temprano en mi instituto y me marchó al final de la tarde para disfrutar de los últimos rayos del sol.
Aproveché este nuevo ritmo para pasar por varias zonas y cruzar a sus habitantes.

En la colina de Belleville, pasé por varias calles en donde construyeron muchas viviendas sociales, pero no todas tienen la misma calidad: algunas tienen patios ajardinados y detalles de decoración que dan un toque cuidado. Noté varias pinturas interesantes en las paredes y a las 18 me encontré con todos los niños volviendo a casa después de las actividades escolares y extraescolares. Pero a las 19, las familias ya estaban en casa, instalada delante de la televisión.
Yo seguí rumbo al canal Saint Martin y encontré una panadería buena y barata.

También pasé por varias calles del distrito XI.
En esta zona también construyeron muchas viviendas sociales, pero en medio de las manzanas conservaron espacio para instalar jardines de tamaños variados.
El primero que visité se halla al final de la calle Neuve des boulets. Cuenta con varios espacios y permite la convivencia de las familias con niños, de los ancianos y de los trabajadores que viven en la residencia de la calle de la Petite Pierre.
Esta residencia me llamó la atención porque en casi cada alféizar se veía una plancha, como si fuera imposible compartir estos aparatos.

Más adelante, después de cruzar la calle de Charonne, pasé debajo de un gran edificio y descubrí el parque Colbert. Rodeado de construcciones, este jardín bien escondido acoge esencialmente familias con niños. En su extremo norte se ve un bonito edificio de otros tiempos que alberga una asociación de actividades para los ancianos.

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Al salir de este tranquilo jardín pasé por la calle Leon Frot en donde noté varios locales que tengo que probar, antes de pasar por la Cité de Phalsbourg. En esta pequeña calle, instalaron un micro parque con juegos para los niños.
En la siguiente calle, encontré un jardín más grande, con mesa de ping pong incluida.
Y olvidé mencionar el pequeño jardín Pierre-Jean Redouté.

Después de pasar por todos estos jardines, ya no me asombra que la gente aprecie tanto el distrito XI.

9/09/2018

Penúltimo tramo de la senda 2024

La semana empezó con un toque alegre, cuando encontré, en la sala de espera de la estación de Bercy, una máquina expendedora de historias. Proponía tres opciones de duración de lectura: 1 minuto, tres minutos y cinco minutos. Escogí el relato de tres minutos y me tocó un cómic con un diálogo de gatos.

Retomé mis caminatas de la madrugada y tuve la sensación de que la cantidad de personas que duermen en la calle aumentó. Lo nuevo es la situación de estos jóvenes, tumbados en la acera, durmiendo en cualquier sitio. Encontré a uno al pie de un farol y otra al pie de un semáforo... ¡Qué cosas!

Como siempre pasé por varias tiendas de bricolaje y gasté demasiado dinero así que dediqué una parte de este fin de semana soleado a recorrer el penúltimo tramo del sendero 2024.

Había abandonado el circuito poco después de la visita del jardín Claire Motte y volví allí para descubrir el tramo siguiente. La zona sigue en obras con la construcción del tranvía y de varios edificios así que resulta casi imposible encontrar las marcas que señalan el camino o las placas de las calles. Y a pesar de las indicaciones del folleto, me costó tiempo encontrar la primera calle del recorrido.
La primera etapa de este tramo es un pequeño jardín rodeado de edificios de viviendas, con poca superficie y poco encanto.
Luego el recorrido pasa por la calle de los tapices que comunica un patio muy agradable con una gran fuente. A continuación, es preciso pasar encima del antiguo ferrocarril que daba la vuelta de París y seguirlo rumbo a la estación del Puente Cardinet.
En este punto, se ve una colección de edificios nuevos, y se sabe por las grúas que todavía están construyendo otros.

Luego el camino pasa en medio de zonas de obras para llevar a la entrada del nuevo jardín instalado en una zona liberada por la demolición de varios depósitos.
Cuando llegué allí, ya eran las once y el jardín estaba muy concurrido, con familias y deportistas. Yo seguí el camino principal rumbo al estanque en donde se instalaron los patos. Luego es preciso usar unas escaleras para pasar encima de las vías de ferrocarril y llegar a la segunda parte del jardín. Pero desde la plataforma superior, merece la pena pararse un rato para admirar el nuevo edificio del ministerio de la justicia.

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Alto de 160 metros, este edificio se halla en una de las puertas de París y el símbolo no tiene desperdicio. Desgraciadamente, sólo se trata de un símbolo y dicen algunos que desplazarse dentro de este edificio es una auténtica pesadilla.
Tras admirarlo desde la plataforma, pasé al pie de edificio y, curiosamente, no resulta aplastante. Pero desde este punto, solo se ve una decena de plantas. Luego crucé la avenida de la puerta de Clichy y, caminando entre las obras, renuncié a sacar más fotos.

El recorrido sigue por una calle bordeada de construcciones sociales. Todas tienen un diseño interesante, pero, por lo visto, algunas envejecen mal.
Luego la senda pasa al lado de las instalaciones deportivas de la puerta de Saint Ouen, rodea el hospital Bichat y continua al lado de las instalaciones deportivas de la puerta de Clignancourt.
¡Continuará!

20/05/2018

Los jardines compartidos

No todos los parisinos pueden vivir en una linda casita con jardín incluido. Total, cada vez que las evoluciones urbanas dejan aparecer un baldío, los vecinos intentan apropiarse la parcela para transformarla en jardín compartido. Generalmente es preciso crear una asociación y firmar un contrato de ocupación precaria. Pero cuando esta precariedad se prolonga una decena de años, deja tiempo para desarrollar un bonito jardín.

Cerca de mi casa existen varios espacios declarados como jardines compartidos.
La asociación “la goutte verte” cuidaba un gran baldío en la calle Cavé, pero cuando empezaron las obras, tuvieron que trasladar los vegetales hacia un terreno de deporte desocupado. La asociación “la table ouverte” también se trasladó desde el terreno dedicado a un centro musical, rumbo al terreno de la antigua mezquita.Y la asociación “Le bois Dormoy” consiguió salvar su pequeño bosque de las excavadoras.

Estas asociaciones cuidan espacios cerrados, y si no eres socio de su estructura, las visitas informales resultan casi imposibles. Algunas dejan ver la parcela desde la calle, otras la esconden y el trato de los visitantes también es más o menos acogedor...

A lo largo de mis ciberpaseos, encontré la página de un jardín asombroso y pensaba que estaba en las afueras de París. Quise visitarlo y cuando miré la dirección, constaté que se hallaba en el distrito XIX. Total, me fui caminando rumbo a este sitio.

El jardín se halla en el centro de la parcela que ocupaba el antiguo hospital Herold, pero si no te atreves a pasar por la calle Francis Ponge, no te enteras de su existencia.
Se trata de un jardín público y lo primero que se nota son los espacios dedicados a los niños.
Luego, al adentrarse, uno descubre la parte que cuida la asociación.

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Me encantó constatar que esta parte no se esconde detrás de rejas y tiene los mismos horarios de acceso que el jardín público. Cuando pasé por primera vez, sólo vi a una señora recogiendo los desechos abandonados por unos sinvergüenzas, pero pensé que no formaba parte del equipo del jardín compartido.
Cuando volví allí, el sábado por la mañana, encontré a tres señoras instaladas en la parte compartida del jardín y conversando. Una de ellas abandonó a sus compañeras para presentarme el jardín compartido.
Me contó que cada persona que lo pide puedo conseguir un metro cuadrado para instalar las plantas que quiere y me enseño su propio cuadrado. Me mostró las plantas, me contó sus virtudes, me hizo sentir algunas hojas, mirar flores...
¡Si viviera más cerca de este sitio, con gusto me apuntaría a esta asociación!

Cuando me despedí me precisaron que suelen estar en jardín los sábados.Espero el próximo día de sol para visitarlas de nuevo.

13/05/2018

París sin dinero

Para quién anda cortito de dinero, recorrer las sendas parisinas resulta una diversión a la vez barata e instructiva. Total, retomé el librito de la senda que da la vuelta de París y seguí explorándola.

Al final de la precedente sesión, había llegado a la puerta Maillot después de caminar por el Bosque de Boulogne. Uno de los autobuses que pasa al lado de mi casa me llevó al arco del triunfo y a partir de allí seguí la avenida de la gran armada rumbo al punto de salida de la senda en la puerta Maillot, y después de pasar al pie del palacio de los congresos y encima del periférico, encontré las marcas de la senda 2024 a mano derecha.

El primer tramo pasa entre unos edificios modernos normalitos y el periférico, y no me pareció muy interesante. Pero a quinientos metros del punto de salida, la senda abandona las calles para seguir el paseo Bernard Lafay.

Este paseo, muy bien acondicionado, camina entre una zona de viviendas sociales e instalaciones deportivas. De paso uno descubre el pequeño jardín Lucien Fontanarosa, antes de llegar al jardín Jacques Audiberti en donde una tumbona instalada en medio del césped invita a convertirse en lagarto. A continuación, pasé por las terrazas del jardín Lily Laskine antes de llegar a una zona que se parece a un pequeño bosque oblongo con dos sendas, una con sombra y la otra con sol. Ambas sendas comunican una zona de instalaciones deportivas.

Al cruzar la calle de Courcelles, se ve el edificio moderno que alberga el conservatorio municipal Claude Debussy. El recorrido sigue a lo largo de viviendas sociales y terrenos de deporte primero al Oeste del periférico y luego al Este.

Esta parte del sendero se acaba en el pequeño jardín Claire Motte, escondido en medio de una manzana.

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En este sitio, me paré a dos metros de un chochín común, cuyo canto es muy alegre y tiene una potencia sorprendente para su tamaño.

Luego abandoné la senda 2024. Pasé al lado de los talleres de la ópera y al pie del nuevo edificio del ministerio de la justicia. Seguí por los bulevares Berthier, Bessieres y Ney en donde admiré las rosas del liceo Honoré de Balzac y constaté que las obras de instalación del tranvía están progresando. Espero que eso provoqué las mismas mejoras que en la parte Este de París.

Y ahora sólo quedan dos tramos de la senda por explorar. Continuará...

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