Caminando por París con Caol

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7/04/2019

¡En abril no quites fil!

Ya estábamos disfrutando de la primavera cuando la temperatura pasó brutalmente de unos diecisiete grados a unos cinco, confirmando una vez más el refrán. Y como si fuera poco también tocó aguantar varios chubascos.
Pero eso no me quito las ganas de seguir visitando la ciudad de las luces y aproveché un rayo de luz para pasear por el distrito XV.

Mi recorrido empezó en la estación de tranvía “Pont de Garigliano” y caminé rumbo a la puerta de Versalles.
En esta parte de los bulevares exteriores se ven viviendas sociales por un lado y edificios de las instituciones militares por el otro. Sobra decir que con este vecindario no se ven mucha vidilla en la calle...
Algunos de los edificios tienen un diseño muy bonito, pero al ver todos estos carteles “prohibido sacar fotos” y todas las cámaras de vigilancia, no me arriesgué a transgredir esa regla.

20190407.jpgLuego seguí por la calle Desnouettes, en donde la compañía de metro hizo construir un curioso edificio de oficinas en el número 43bis. Si la forma imaginada por el arquitecto Emmanuel Saadi me pareció interesante, no me gustó este color verde, inútilmente llamativo.
Más adelante visité un jardín público que se halla en medio de una manzana y al ver la gente que frecuenta este sitio, pensé que la vida en este barrio debe de ser muy agradable.

Seguí rumbo a la calle des Morillons, famosa porque alberga el sitio en donde, con mucha suerte, uno puede encontrar un objeto perdido en París. Si la institución estaba cerrada, el parque Georges Brassens con su vestido de primavera ya acogía a muchos parisinos con ansias de naturaleza.

Yo visité una ferretería en donde encontré una selección de utensilios muy bonitos y pasé un rato charlando con el dueño que ya sabía que la ferretería Royer cerró definitivamente. Y seguí por la calle de Castagnary en donde constaté que destruyeron el edificio que albergaba el mercado de productos del mar ;-(

Seguí rumbo al norte y me paré en la pequeña tienda que el chef Cyril Lignac instaló en el bulevar Pasteur. Yo escuché varios programas de radio con este señor y siempre aprecié su entusiasmo, pero nunca había probado una de sus producciones. Me dejé atrapar por un pastel de avellana, básicamente exquisito, y eso fue una agradable conclusión después de varias horas caminando :-)

30/09/2018

Paseando por el “Luco”

Esta semana tocaba cenar con unos amigos, en un piso situado cerca del ayuntamiento de Montrouge (fin de la línea de metro número 4). En estos casos suelo encargarme del postre y nada más salir de la estación Odéon, caminé rumbo a la calle de Seine en donde se halla una de las tiendas de Arnaud Larher. Escogí varios pasteles individuales, con la idea de cortarlos para compartirlos y probar con mis amigos y como tenía tiempo de sobra seguí caminando rumbo al Sur.

Lo primero que me llamó la atención fue el estado de las aceras, muy limpias, sin el más mínimo trozo de papel yaciendo abandonado en el suelo.
Por cierto, estas calles no tienen tanta vida como las de mi barrio. Además, sus habitantes forman parte de las clases superiores y por su “buena educación”, no tiran basura al suelo. Y l a cercanía del Senado provoca una presencia policial más importante que en otros sitios...

Luego quise pasar por el “Luco” (así es como se llama el jardín del Luxemburgo de manera coloquial).
Al atardecer había una cantidad impresionante de personas disfrutando de los últimos rayos de sol de la tarde, sentadas en una de las sillas sueltas en el parque. Yo me paré varias veces para contemplar el panorama y los colores del otoño apoderándose de los árboles.

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No recordaba que este jardín era tan grande. Con 22,5 hectáreas, casi es cuatro veces más grande que el modesto jardín de mi barrio que apenas tiene 6,5 hectáreas. Y con 33600 habitantes por kilómetro cuadrado, la densidad de población de mi distrito es mucho más importante que la del distrito VI (20400 habitantes por kilómetro cuadrado) ...
Salí del jardín al lado de la estación de Port Royal y seguí rumbo al Sur por la avenida Denfert-Rochereau.

Esta parte del distrito XIV no tiene mucha vida (si aparto el recinto de “grands voisins”). Sin embargo, poco antes de llegar al fin de la avenida, noté un grupo de una decena de personas, preparando su campamento en la amplia acera de esta vía.

Saludé de paso al león de Belfort, resistí a la tentación de pasar por la calle Daguerre y seguí rumbo al sur por la avenida General Leclerc y su sucesión de tiendas de todas clases. Aquí también se nota que los habitantes son de clase media superior pero los ingresos son menos altos que en el distrito VI.

Al llegar al cruce con la calle de Alesia, pasé por una calle que no conocía y llegué directamente al gran edificio de viviendas sociales en donde vive mi amigo.
Desde la ventana de la cocina, en la novena planta, divisé la basílica del Sagrado Corazón y eso me tranquilizó. Pude apreciar la comida riquísima preparada por mi amigo y pasar un excelente rato.

23/09/2018

Ritmo de otoño

Ya se acabó el verano, y si la temperatura sigue muy agradable, los días son cada día más cortos. Yo suelo marcharme de casa temprano, pero todavía es de noche y la madrugada viene una hora después. Total, renuncié a los largos recorridos de la madrugada, empiezo el trabajo más temprano en mi instituto y me marchó al final de la tarde para disfrutar de los últimos rayos del sol.
Aproveché este nuevo ritmo para pasar por varias zonas y cruzar a sus habitantes.

En la colina de Belleville, pasé por varias calles en donde construyeron muchas viviendas sociales, pero no todas tienen la misma calidad: algunas tienen patios ajardinados y detalles de decoración que dan un toque cuidado. Noté varias pinturas interesantes en las paredes y a las 18 me encontré con todos los niños volviendo a casa después de las actividades escolares y extraescolares. Pero a las 19, las familias ya estaban en casa, instalada delante de la televisión.
Yo seguí rumbo al canal Saint Martin y encontré una panadería buena y barata.

También pasé por varias calles del distrito XI.
En esta zona también construyeron muchas viviendas sociales, pero en medio de las manzanas conservaron espacio para instalar jardines de tamaños variados.
El primero que visité se halla al final de la calle Neuve des boulets. Cuenta con varios espacios y permite la convivencia de las familias con niños, de los ancianos y de los trabajadores que viven en la residencia de la calle de la Petite Pierre.
Esta residencia me llamó la atención porque en casi cada alféizar se veía una plancha, como si fuera imposible compartir estos aparatos.

Más adelante, después de cruzar la calle de Charonne, pasé debajo de un gran edificio y descubrí el parque Colbert. Rodeado de construcciones, este jardín bien escondido acoge esencialmente familias con niños. En su extremo norte se ve un bonito edificio de otros tiempos que alberga una asociación de actividades para los ancianos.

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Al salir de este tranquilo jardín pasé por la calle Leon Frot en donde noté varios locales que tengo que probar, antes de pasar por la Cité de Phalsbourg. En esta pequeña calle, instalaron un micro parque con juegos para los niños.
En la siguiente calle, encontré un jardín más grande, con mesa de ping pong incluida.
Y olvidé mencionar el pequeño jardín Pierre-Jean Redouté.

Después de pasar por todos estos jardines, ya no me asombra que la gente aprecie tanto el distrito XI.

9/09/2018

Penúltimo tramo de la senda 2024

La semana empezó con un toque alegre, cuando encontré, en la sala de espera de la estación de Bercy, una máquina expendedora de historias. Proponía tres opciones de duración de lectura: 1 minuto, tres minutos y cinco minutos. Escogí el relato de tres minutos y me tocó un cómic con un diálogo de gatos.

Retomé mis caminatas de la madrugada y tuve la sensación de que la cantidad de personas que duermen en la calle aumentó. Lo nuevo es la situación de estos jóvenes, tumbados en la acera, durmiendo en cualquier sitio. Encontré a uno al pie de un farol y otra al pie de un semáforo... ¡Qué cosas!

Como siempre pasé por varias tiendas de bricolaje y gasté demasiado dinero así que dediqué una parte de este fin de semana soleado a recorrer el penúltimo tramo del sendero 2024.

Había abandonado el circuito poco después de la visita del jardín Claire Motte y volví allí para descubrir el tramo siguiente. La zona sigue en obras con la construcción del tranvía y de varios edificios así que resulta casi imposible encontrar las marcas que señalan el camino o las placas de las calles. Y a pesar de las indicaciones del folleto, me costó tiempo encontrar la primera calle del recorrido.
La primera etapa de este tramo es un pequeño jardín rodeado de edificios de viviendas, con poca superficie y poco encanto.
Luego el recorrido pasa por la calle de los tapices que comunica un patio muy agradable con una gran fuente. A continuación, es preciso pasar encima del antiguo ferrocarril que daba la vuelta de París y seguirlo rumbo a la estación del Puente Cardinet.
En este punto, se ve una colección de edificios nuevos, y se sabe por las grúas que todavía están construyendo otros.

Luego el camino pasa en medio de zonas de obras para llevar a la entrada del nuevo jardín instalado en una zona liberada por la demolición de varios depósitos.
Cuando llegué allí, ya eran las once y el jardín estaba muy concurrido, con familias y deportistas. Yo seguí el camino principal rumbo al estanque en donde se instalaron los patos. Luego es preciso usar unas escaleras para pasar encima de las vías de ferrocarril y llegar a la segunda parte del jardín. Pero desde la plataforma superior, merece la pena pararse un rato para admirar el nuevo edificio del ministerio de la justicia.

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Alto de 160 metros, este edificio se halla en una de las puertas de París y el símbolo no tiene desperdicio. Desgraciadamente, sólo se trata de un símbolo y dicen algunos que desplazarse dentro de este edificio es una auténtica pesadilla.
Tras admirarlo desde la plataforma, pasé al pie de edificio y, curiosamente, no resulta aplastante. Pero desde este punto, solo se ve una decena de plantas. Luego crucé la avenida de la puerta de Clichy y, caminando entre las obras, renuncié a sacar más fotos.

El recorrido sigue por una calle bordeada de construcciones sociales. Todas tienen un diseño interesante, pero, por lo visto, algunas envejecen mal.
Luego la senda pasa al lado de las instalaciones deportivas de la puerta de Saint Ouen, rodea el hospital Bichat y continua al lado de las instalaciones deportivas de la puerta de Clignancourt.
¡Continuará!

20/05/2018

Los jardines compartidos

No todos los parisinos pueden vivir en una linda casita con jardín incluido. Total, cada vez que las evoluciones urbanas dejan aparecer un baldío, los vecinos intentan apropiarse la parcela para transformarla en jardín compartido. Generalmente es preciso crear una asociación y firmar un contrato de ocupación precaria. Pero cuando esta precariedad se prolonga una decena de años, deja tiempo para desarrollar un bonito jardín.

Cerca de mi casa existen varios espacios declarados como jardines compartidos.
La asociación “la goutte verte” cuidaba un gran baldío en la calle Cavé, pero cuando empezaron las obras, tuvieron que trasladar los vegetales hacia un terreno de deporte desocupado. La asociación “la table ouverte” también se trasladó desde el terreno dedicado a un centro musical, rumbo al terreno de la antigua mezquita.Y la asociación “Le bois Dormoy” consiguió salvar su pequeño bosque de las excavadoras.

Estas asociaciones cuidan espacios cerrados, y si no eres socio de su estructura, las visitas informales resultan casi imposibles. Algunas dejan ver la parcela desde la calle, otras la esconden y el trato de los visitantes también es más o menos acogedor...

A lo largo de mis ciberpaseos, encontré la página de un jardín asombroso y pensaba que estaba en las afueras de París. Quise visitarlo y cuando miré la dirección, constaté que se hallaba en el distrito XIX. Total, me fui caminando rumbo a este sitio.

El jardín se halla en el centro de la parcela que ocupaba el antiguo hospital Herold, pero si no te atreves a pasar por la calle Francis Ponge, no te enteras de su existencia.
Se trata de un jardín público y lo primero que se nota son los espacios dedicados a los niños.
Luego, al adentrarse, uno descubre la parte que cuida la asociación.

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Me encantó constatar que esta parte no se esconde detrás de rejas y tiene los mismos horarios de acceso que el jardín público. Cuando pasé por primera vez, sólo vi a una señora recogiendo los desechos abandonados por unos sinvergüenzas, pero pensé que no formaba parte del equipo del jardín compartido.
Cuando volví allí, el sábado por la mañana, encontré a tres señoras instaladas en la parte compartida del jardín y conversando. Una de ellas abandonó a sus compañeras para presentarme el jardín compartido.
Me contó que cada persona que lo pide puedo conseguir un metro cuadrado para instalar las plantas que quiere y me enseño su propio cuadrado. Me mostró las plantas, me contó sus virtudes, me hizo sentir algunas hojas, mirar flores...
¡Si viviera más cerca de este sitio, con gusto me apuntaría a esta asociación!

Cuando me despedí me precisaron que suelen estar en jardín los sábados.Espero el próximo día de sol para visitarlas de nuevo.

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