Caminando por París con Caol

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2/02/2020

Paseando por el distrito XVII

Esta semana no participé a la manifestación de protesta contra la reforma de las pensiones de jubilación: el proyecto ya llegó al parlamento y el gobierno organiza una conferencia de financiación. Ahora toca esperar las aclaraciones acerca de este sistema casi universal, aguantar la reducción de los salarios debida a la deducción de los días de huelga y recuperar fuerzas antes de volver a la calle.

Yo aproveché este alto el fuego para retomar mis largas caminatas parisinas, a pesar del frio y de las numerosas sesiones de llovizna.

Ayer caminé rumbo al barrio des “Epinettes”, en el distrito XVII, con la idea de explorar la calle de la Jonquière que se estira entre la estación de metro Guy Moquet y el antiguo ferrocarril que daba la vuelta a la ciudad de París.

Cerca de Guy Moquet, se nota una vida de barrio, con varias tiendas de proximidad. Los edificios son modestos, pero se ven algunas fachadas interesantes.

Más adelante, la calle de la Jonquière lleva a una zona en donde las fábricas de locomotoras del siglo XIX fueron arrasadas para construir una piscina y varios edificios de viviendas sociales, con un pequeño parque para los niños. Me asombró la calidad de estas construcciones de ladrillos rojos, separadas por una ancha calle con muchos aparcamientos.

Justo al lado, el pasaje del “pequeño ciervo” destaca por las dos esculturas de Philippe Rebuffet que decoran su esquina. Pero estas construcciones de los años 90s no tienen la calidad de sus vecinas.

La avenida de Clichy me llevó a la muy tranquila “Cité des fleurs”.
En 1847 fue cuando los propietarios de esta parcela oblonga arreglaron su organización: una callecita en el centro con tres pequeñas plazas redondas, y en ambos lados una zona de jardín separando las casas de la calle. También promulgaron reglas muy estrictas y eso explica que el sitio no cambió mucho a lo largo de los años. Hoy es un rincón muy tranquilo, a salvo del tráfico automóvil, y con horarios de acceso limitados.

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A continuación, también pasé por la calle Pouchet en donde visité la iglesia “Saint Joseph des Epinettes”.
Esta curiosa construcción de hormigón armado cubierto de ladrillos alberga un impresionante órgano del siglo XVIII. Desgraciadamente no pude escucharlo.

Luego seguí rumbo al distrito XVIII con la idea de pararme en la tienda de Arnaud Larher para comprar algún pastel. Y así fue cómo pude probar una tarta de lichis con chantilly de rosa riquísima.

Ahora sólo falta planear otros recorridos para seguir explorando los diferentes aspectos de este distrito que no cuenta muchos monumentos históricos...

4/08/2019

Explorando tiendas

Últimos días de Julio, primeros de Agosto: algunos vuelven de vacaciones, otros se van y yo me quedo porque me gusta estar en París en este momento del año.

Yo sigo buscando una cerradura algo específica, porque une pintora que conozco me regaló un antiguo mueble fichero con persiana, que había decorado e instalado en su casa anterior. La pintura que adorna la persiana me gusta muchísimo y quiero restaurarlo correctamente. Total, visité varias ferreterías.

En la calle d’Avron, la tienda “Les forges de l’Est” siempre me llamó la atención porque propone herramientas de muy buena calidad en un barrio bastante popular. Si tuve que esperar un ratito, me atendieron muy amablemente. Expliqué lo que buscaba y como no lo tenían me indicaron la dirección de otra tienda especializada en ferretería del mueblista.

Me fui corriendo a este lugar y, después de dibujar el objeto codiciado, me regalaron otra vez una respuesta negativa. Pero el dueño, muy majo, me propuso que volviera a principios de septiembre par apuntar esta cerradura a un pedido más importante.

Seguí al azar, rumbo a una tienda que había notado en el bulevar Jules Ferry. Pero sus horarios de verano resultan incompatibles con mis horarios laborales.

El miércoles, hice otro intento por teléfono con una tienda del Faubourg Saint-Antoine que se llama “a la providence”. El señor que me contestó entendió perfectamente lo que buscaba, pero no lo tenía y me propuso una solución alternativa.

Entonces al salir de la oficina, fui al BHV cuya planta subterránea siempre fue famosa por la cantidad de piezas que proponen para reparaciones de todas clases.
Desgraciadamente, este almacén sigue buscando su identidad y después de varios experimentos más o menos acertados, ahora remodelaron la planta subterránea. Se acabó la cueva de Ali Baba y, por supuesto, no encontré la cerradura.
¡No tendré otra opción que pedirla en Internet!

Al salir del BHV seguí rumbo al Norte por el Marais. En esta parte de París, la buena vida se nota en la categoría de las tiendas y en la frecuentación de las terrazas de café.

Esta semana también pude admirar tranquilamente el oso polar que algún artista instaló encima de las rejas de ventilación del metro. Me alegró el día.

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Y para bien acabar con esta semana veraniega, visité otra vez la heladería que se halla al lado de la plaza Daumesnil. Sorbete de cacao, sorbete de naranja con trocitos de corteza de naranja confitada y helado de jengibre...
¡Riquísimo!

19/05/2019

Altibajos

La semana empezó de manera divertida. El maquinista de mi autobús de siempre se equivocó de trayecto y se paró en medio del cours de Vincennes para informarnos de su despiste. Desgraciadamente algunos viajeros querían ir a una de las paradas olvidadas. Así que el maquinista dio media vuelta rumbo a la plaza de la Nación para volver al itinerario normal. Curiosamente, nadie se asombró del desvió. Pero son tantas las calles y plazas en obras que ni pensamos que se trataba de un descuido.

Desgraciadamente, esta primera semana sin día festivo del mes de mayo se transformó rápidamente en una pesadilla laboral. Y el miércoles, volví a probar algunos perfumes de helado con la misma colega.
Ya no quedaba espacio en la terraza de Raimo, así que nos instalamos en la sala y fue otra vez una agradable degustación con helados de lichi, frambuesa y pétalos de rosa, crema chantillí y almendras tostadas. (Confieso que no recuerdo los perfumes elegidos por mi colega)
Sobra decir que para compensar estos excesos azucarados aumenté la longitud de mis recorridos cotidianos 😊

El jueves quise visitar la planta de reciclaje más cercana de mi casa y entregarles mi vieja computadora (sin los discos duros). Me atendió una señora muy amable que me indicó donde dejar mis trastos. Cuando le pregunté si aceptaba también los viejos baldes de pintura, me informó que para eso era preciso ir a la planta de la puerta de la Chapelle. Pero cuando le expliqué que no tengo coche y que me da miedo ir andando a esta planta que se ubica justo al lado de la colina del crack, la señora se hizo muy comprensiva: me dijo que aceptaría mi balde y que arreglaría con sus colegas el traslado hacia el otro sitio.
Tendré que mirar sus horarios de presencia...

Ayer aproveché un rayo de sol para visitar algunas tiendas del distrito XVII y recorrer el mercadillo instalado en la calle Custine. Poco después de volver a casa, percibí el ruido de un grupo de motos y cuando miré desde mi balcón constaté que se trataba de un grupo muy especial de la policía francesa que llaman “voltigeurs”. En este cuerpo de élite, cada moto lleva dos policías: uno conduce la moto mientras el otro para lleva un palo que usa para golpear y reprimir a los manifestantes.
Yo pensaba que esta compañía había dejado de existir en 1986. Pero parece que renació con otro nombre.

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Y este fin de semana tocaba juntarse con algunos vecinos de mi residencia para compartir un “brunch” en mi casa. La doña de la quinta planta me regaló algunas rosas de su jardín y todos los comensales trajeron preparaciones caseras. Fue un agradable momento que nos hizo olvidar este cielo gris y esa lluvia caprichosa.

5/05/2019

¡Adiós Abril, arriba Mayo!

Empecé la semana por un largo recorrido que me llevó de la puerta de Vincennes al parque de la Villette. Allí tuve la grata sorpresa de ver una nutria nadando tranquilamente para cruzar una pequeña dársena. Lo cual demuestra que no vamos tan mal con el medio ambiente en algunas partes de París.

El día siguiente nos regaló un rayo de sol y lo celebramos con una colega, compartiendo un plato de ocho perfumes diferentes de helado, en la terraza soleada de Raimo, antes de volver a la oficina por la “senda verde”.

El miércoles tocaba celebrar el día de los trabajadores.
Estaba a punto de marcharme de casa cuando anunciaron en las noticias que ya había pelea entre los policías y los bloques negros cerca de Port Royal. Total, renuncié a reunirme con mis amigos en Montparnasse y caminé rumbo a Notre Dame.
Alrededor de la catedral instalaron varias vallas con policías para impedir el acceso a su perímetro inmediato, pero aún así es posible acercarse bastante para contemplar los daños provocados por el incendio. Yo noté una cantidad increíble de turistas y constaté una vez más que los precios en las zonas turísticas son mucho más elevados que en las otras zonas de París.
Seguí par la isla Saint Louis rumbo a la estación de Austerlitz y desde este punto, pude divisar una impresionante colección de furgonetas de policía. Preferí seguir lejos de la manifestación.

Al día siguiente mis compañeros me contaron que los policías parecían muy nerviosos y algo cansados. Eso explica probablemente que hayan disparado contra el camión de la CGT o hayan tirado varias veces gases lacrimógenos hacia militantes pacíficos. En cuanto a la dispersión, mis amigos tuvieron que atravesar una zona de control individual antes de poder salir del recorrido de la manifestación. Y ahora empiezan a preguntarse si Francia todavía es una democracia...

Ayer tocaba enseñar el mercado de las pulgas a dos viajeras de Valencia.
A pesar de la lluvia y del frío, pudimos pasar por los mercados de siempre y constatar algunos cambios. En el mercado Biron, pocas tiendas estaban abiertas en la callejuela que prefiero, pero una galería transformó la pared Oeste en espacio de exposición y allí pudimos admirar varias obras interesantes.

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Y hoy constato con alegría que la gata ya se apoderó del sillón de jardín que le regalé. Creo que tiene buena vida.

11/11/2018

Gris

Ya llegó la temporada de los días cortos. Renuncié a mis caminatas de la madrugada e intento marcharme temprano de mi instituto para pasear al atardecer.

El martes, me encargaron que comprara una entrada para la exposición dedicada a Picasso que propone el museo de Orsay. Así que caminé rumbo al fórum des Halles en donde se halla la taquilla de la FNAC. El dependiente, muy amable, me preguntó la fecha planeada para visitar la exposición y luego me propuso varios horarios. Pedí las 13 y me anunció que tendría que presentarme con media hora de antelación. Confieso que eso me quitó las ganas de acompañar al amigo que quería ver esa exposición.

El día siguiente, empecé a visitar varias tiendas en busca de unos detalles para decorar mi casa de Borgoña. Encontré pocas cosas interesantes y me asustaron sus precios...
Así que volví a escudriñar las ofertas en un sitio de segunda mano y el sábado, a pesar de la llovizna, caminé rumbo al ayuntamiento del distrito X para comprar el pequeño banco que había reservado.
Llegué temprano así que pude pasar por el mercado Saint Martin y visitar varias tiendas de la calle du Chateau d’eau. En esta zona se ven cada día más tiendas que proponen objetos de decoración.
Entré en la “Trésorerie” (instalada en el antiguo edificio de haciendas) en donde vi perchas bastante originales. En otra tienda vi una magnífica cabeza de gacela estilizada. En ambos sitios, los precios de esos objetos no eran compatibles con mi presupuesto :-(
Total, volví al lugar de la cita y por 15 euros conseguí el banco que quería.
Luego, la maquinista de mi autobús de siempre no aceptó que subiera con mi trofeo (supuestamente peligroso en caso de accidente) así que tuve que volver a casa caminando. Esta prueba deportiva me hizo olvidar el enojo y además aprendí que la dimensión más grande de tu equipaje no puede superar 75 centímetros. Mi trofeo mide 79 centímetros...

Hoy amanecimos con lluvia, cielo gris y la celebración del armisticio de noviembre de 1918.
A las once, tocaron todas las campanas del Sagrado Corazón y poco después, vi pasar un grupo de aviones de caza encima de mi casa.
Para no perder la moral, quedé con unas amigas para compartir unos pasteles de Arnaud Larher.

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Así fue como pudimos resistir agradablemente al circo conmemorativo mientras más de mil personas manifestaban en la plaza de la República contra la presencia de Trump.

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