Caminando por París con Caol

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20/01/2019

Joan Miró en París

Llevaba siglos sin visitar alguna de las numerosas exposiciones disponibles en la ciudad de las luces. Mis amigos jubilados suelen darse citas entre semana y como no sé cuándo puedo escaparme de la oficina, renunciaron a convocarme. Y yo tampoco escudriño el programa de las exposiciones para escoger las que podrían interesarme y visitarlas por mi cuenta.

Resulta que uno de mis amigos quiso hacerme un regalo de cumpleaños y compró dos entradas para la exposición dedicada a Joan Miró en el Gran palacio, el domingo a las quince.
Confieso que me asusté un poco cuando vi la fecha, la hora y las estadísticas sobre las horas de frecuentación de la exposición. Pero allí estuvimos y pude estudiar la organización de las colas.

No sirve llegar con más de quince minutos de antelación porque la cola de tu horario todavía no existe. Cuando llega la hora menos quince minutos, te orientan hacia una cola mientras acaban de dejar entrar a los de la cola del horario anterior, por grupos de mas o menos diez personas.

Yo formaba parte del segundo grupo que entró y tras pasar por el control de seguridad y el control de los billetes, pude acceder al espacio de exposición.

Me asombraron las obras presentadas en las primeras salas, muy inspiradas por el fauvismo. Pero pronto encontré obras que más me gustan y sacar algunas fotos para recordar este momento.

Curiosamente, a pesar de la gran cantidad de personas presentes en las salas, siempre pude mirar las obras que me interesaban sin interferencias visuales con otras personas. Por cierto, en la sala dedicada a los cuadros azul, había un banco para sentarse, pero no permitía apreciar las obras.

Si no encontré el original de la imagen que cuelga encima de mis sueños, varias obras me recordaron la visita que hice, en el pasado siglo, en la fundació Joan Miró de Barcelona. Tendré que volver allí...

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Después de dos horas de visita, pasamos por la librería del museo en donde mi amigo completó el regalo de cumpleaños con el catalogo de la exposición y dos imanes que ahora adornan mi nevera.

30/10/2016

El circo Romanès

El circo Romanès forma parte del paisaje parisino.
Años atrás, estaba instalado en una parcela desocupada cerca de la plaza de Clichy. Tuvo que marcharse cuando empezaron el programa de construcción en esta manzana y pasaron unos meses cerca de la puerta de Champerret en el distrito XVII.

En junio de 2014, el municipio de París otorgó al circo un permiso de instalación de 36 meses, en un pequeño parque que se halla cerca de la Porte Maillot y, desgraciadamente, en el territorio del muy selecto distrito XVI.

En junio de 2015 fue cuando el circo Romanès se instaló en este sitio y entonces tuvieron que enfrentar problemas de todas clases.

Para empezar, personas mal intencionadas entraron en el campamento. Quebraron ventanas y puertas, destrozaron la conexión de red y estropearon varios cables eléctricos. Otros “visitantes” robaron trajes, fotos e instrumentos de música...

Luego, varias asociaciones de este barrio armaron acción en justicia para conseguir la expulsión del circo. Y no faltan los abogados para ayudar estas asociaciones.

Y como si fuera poco, el grupo enfrenta diariamente señales de racismo ordinario. Así una habitante se quejaba de que ya no se veían gatos en el vecindario porque los cíngaros suelen comerlos...
Doña Romanès no se dejó impresionar: armó una petición para apoyar el circo y consiguió 16000 firmas entre las cuales una lista impresionante de artistas y políticos.

Pero eso no ayudó a preparar el nuevo espectáculo. El circo empezó a tener dificultades financieras y armaron una colecta en internet para conseguir el dinero necesario para seguir adelante.

Ni firmé la petición, ni participé a la colecta. Pero esta tarde caminé rumbo al distrito XVI para asistir al espectáculo.

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Por una veintena de euros pude ver una función de bailarinas, malabaristas y acróbatas con orquestra incluido, durante hora y media. Fue una generosa perfusión de alegría.
Cuando se acabó, pudimos comprar uno de los libros de Alexandre Romanès, titulado “un pueblo de paseantes” y publicado por el prestigioso editor Gallimard.
Así que quedó claro que había más cultura y más inteligencia dentro del circo que en su vecindario.

Para los que pasan por París, aquí dejo la dirección de la página del circo.

18/09/2016

Visitas...

El lunes por la mañana, conseguí escaparme de la oficina para pasear por la colina de Montmartre con una pareja argentina. Mis visitantes tenían muchas preguntas acerca de la situación económica francesa y tuvimos una larga conversación muy interesante.

El martes tocaba participar a una reunión en la fortaleza de Bercy (así es como llaman la sede del ministerio de hacienda) y la visión de todos estos oficinistas con sus trajes grises me desesperó una vez más. Al salir pasé por la calle Crémieux en donde los edificios tienen colores pastel que alegran la manzana.

El jueves, los sindicatos convocaron de nuevo una manifestación para protestar contra la reforma laboral y cuando pasé por la plaza de la República para volver a casa, me impresionó la cantidad de furgonetas de policía estacionadas en su periferia. En el bulevar Magenta, los policías se desplazaban por todas partes con las sirenas puestas, provocando sin razón un atasco importante.

Este fin de semana se celebraban las jornadas del patrimonio. Confieso que la idea de hacer cola para las visitas me da pereza pero noté que había un sitio a cien metros de mi casa y fui a ver cómo iba la cosa.
Cuando llegué, la puerta estaba cerrada. Toqué el timbre y un estimable señor me dijo que la visita ya había empezado pero que me mandaba alguien para que pueda reunirme con el grupo.
Desde la calle, la fachada se parece a un edificio normalito, pero no tiene vida y nunca vi habitantes. Nada más traspasar la puerta, uno descubre un patio bastante grande y mi acompañante me explicó que el edificio que bordea la calle alberga instalaciones eléctricas que funcionan. El edificio del fondo de la parcela ya no sirve y fue confiado a la asociación “Memoria de la electricidad, del gas y de las iluminaciones públicas”.
Mi acompañante me llevó a la tercera planta en donde el grupo escuchaba atentamente a otro señor que estaba presentando los diferentes modelos de faroles instalados en la capital. Me impresionaron las piezas de vidrio de algunos modelos tan como la colección de bombillas ocupando varias estanterías. También noté un radiador de vidrio muy antiguo, pero de diseño muy moderno.
Bajamos rumbo a la segunda planta en donde dos nuevos anfitriones relataron rápidamente la historia de la instalación de la electricidad dentro de París y nos enseñaron varias generaciones de transformadores. Confieso que los antiguos cortacircuitos me impresionaron.

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En la primera planta, pudimos admirar una colección impresionante de contadores de electricidad y otra colección más modesta de contadores de gas.
Necesitamos casi tres horas para ver todos los tesoros reunidos por estos apasionados y ahora sé lo que se escondé detrás de la fachada enigmática de este edificio de mi calle. :-)

27/03/2016

Idas y vueltas

Ya llegó el momento de acabar con mis días de vacaciones de 2015 y repetí la experiencia del año pasado : instalarme en el nuevo refugio borgoñón y reservar viajes de ida y vuelta hacia París.

Esta semana tenía clase en el conservatorio nacional de artes y oficios y aprovechamos la pausa de medio día para probar otro sitio, cerca de la galería de los « panoramas ». Se trata de un restaurante tailandés que se llama « Baan Lao Thai » y que se halla 6 calle Saint Marc.
Cuando pasamos delante de este sitio, había una pequeña cola en la acera. Entonces preguntamos a una de las personas de la cola cuanto tiempo tardaría para entrar, y como nos aseguró que servían muy rapidamente decidimos esperar. La verdad es que no fue mucho tiempo.

Este restaurante propone esencialmente « bobun ». Cuando llegas al mostrador el primer mozo te pregunta cuantos « nems » quieres, el segundo te deja elegir entre pollo y res, el tercer te propone una selección de postres y el cuarto se encarga de las bebidas. Luego sólo falta pagar y puedes llevar tu bandeja a una de las mesas disponibles.
Yo escogí un bobun de dos nems y carne de res y de postre pedí un mango. Me cobraron 13€, lo cual me pareció relativamente razonable y mis compañeras también apreciaron. Pero ya tenemos una idea acerca del sitio que probaremos el próximo jueves.

A salir de la aula, retomé el camino de Borgoña.

Semana Santa no se celebra en Francia como en España. Pero lo que sí perdura es la tradición de regalar huevos de chocolate. En mi refugio borgoñón, el chocolatero estaba totalmente ajetreado...
Yo, de momento, resistí a la tentación.

10/01/2016

Estrenando el 2016

Dejé los parisinos volver con prisa de sus vacaciones, el domingo por la noche. Yo viajé el lunes, con descuento del 50%, y llegué al medio día.
Volver a París desde mi refugio borgoñón siempre me da un choque, y más cuando tu primer viaje en metro se alarga por un alerta de bomba. Pero sólo es cuestión de unas horitas para adaptarse de nuevo a la agitación parisina :-)

Esta semana tocaba conmemorar el primer aniversario del ataque terrorista contra la revista Charlie Hebdo y el supermercado kósher de la puerta de Vincennes y se armaron varios líos.
Para empezar, instalaron un placa conmemorativa al pie del edificio que albergaba la revista y constataron que el nombre de Wolinski estaba mal escrito (Wolinsky en vez de Wolinski).
Luego concedieron a algunas de las victimas de los atentados la condecoración de la legión de honor. Pero olvidaron a la agente de policia asesinada en Montrouge y omitieron al dependiente que ayudó a salvar a los clientes del supermercado porque ya le habían otorgado la nacionalidad gala...
El jueves por la mañana, otra celebración ocurrió delante de la comisaría de mi barrio. Un hombre armado con un hacha de carnicero intentó atacar la comisaría y los agentes que vigilaban el sitio abrieron fuego y le mataron. La zona permaneció acordonada toda la tarde y cuando volví a casa, todavía prohibían el paso por la calle de la Goutte d’Or...
Ayer conmemoraron los acontecimientos de la puerta de Vincennes. Y hoy se acabó la semana de conmemoración con un homenaje en la plaza de la República.

Yo enfrenté un examen en el conservatorio de artes y oficios y dos días de mucho trabajo en mi instituto. Sin embargo encontré tiempo para pasar por la plaza Daumesnil y admirar la decoración navideña de su fuente.

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También pude ver una muy interesante exposición dedicada a los Shadoks (unos personajes de dibujo animado de los años 1970’s) pero de momento no me interesé a las rebajas.
Continuará...

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