Caminando por París con Caol

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29/03/2020

Confinad@s (semana #2)

Tras una primera semana totalmente improvisada, ya queda claro que serán varias semanas de confinamiento y que toca prepararse un poco más.

El primer problema es el tema del abastecimiento. Mantener las distancias con los demás clientes resulta muy complicado y es preciso elegir cuidadosamente las tiendas y los horarios de salida.
De momento pude comprar casi todo lo que necesito en el supermercado de la otra acera y tengo dos panaderías a menos de cincuenta metros. En cuanto a las frutas y verduras, mi frutero habitual cerró porque tiene problemas de personal, pero encontré soluciones alternativas.
Por cierto, no se trata de las tiendas más baratas, pero por lo menos no hay cola y puedes preservar las distancias.

El segundo problema es cultivar cierto equilibrio mental y eso pasa (en mi caso) por una actividad física mínima.
Durante la primera semana, hice varias marchas alrededor de la colina de Montmartre. Pero el pasado martes, precisaron que los desplazamientos para actividades físicas individuales no pueden durar más de una hora y tienen que caber en un radio de un kilómetro alrededor de la casa.
Total, conseguí el mapa de la zona que me corresponde y dibujé un itinerario que pasa por el Sagrado Corazón y cuenta unos cinco kilómetros. Confieso que contemplar la ciudad al amanecer, aunque sólo sea un minuto, te llena de energía.

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El tercer problema es ordenar las actividades del día. En mi caso, la posibilidad de teletrabajar es una auténtica bendición porque da una estructura a las jornadas. Aun así, es preciso separar rigurosamente tiempos profesionales y tiempos personales.

Por cierto, formo parte de l@s privilegiad@s que disponen de un piso individual bastante grande para que el confinamiento no se transforme en pesadilla. Y la gata ya se convirtió en una preciosa asistente.

Otro cantar debe de ser para los desafortunados que los policías controlaron y multaron ayer.
Normalmente, cada sábado, hay mucha gente que viene de las afueras para comprar comida y productos exóticos en el mercado instalado al lado de la estación de metro Barbes-Rochechouart y en las tiendas de mayoristas porque los precios son muy baratos. Pero ayer el prefecto prohibió la instalación del mercado y los policías no escucharon las explicaciones de la gente.

Pasó lo mismo esta mañana, en el bulevar Ornano, en donde cada domingo hay otro mercado relativamente barato.

Yo seguiré aprovechando el confinamiento para trasladar todas las páginas de este blog: seguirá con la misma dirección, un diseño más sencillo y un alojamiento diferente.

22/03/2020

Confinad@s

Este lunes empecé a calcular todos mis desplazamientos y a mantener a mi alrededor un espacio suficiente para evitar el contagio: eso significaba renunciar a los transportes colectivos y caminar. Por suerte, en mi instituto de siempre, me otorgaron una computadora portátil con VPN para que pueda teletrabajar.

Mi primer día de teletrabajo fue el martes.
La primera dificultad fue identificar la situación de todas las personas de mi departamento: algunos no pueden teletrabajar porque no tienen el material adecuado, algunos teletrabajan con herramientas del instituto, otros teletrabajan con su computadora personal, ... Y también hay una que está de baja y otra que está de vacaciones...
La segunda fue explicar a la gata que no me quedé en casa para darle un masaje completo 😊

Entre dos sesiones de trabajo, intenté hacer algunas compras. Delante de los supermercados de mi barrio, por la mañana, se veían colas muy largas y renuncié a esperar. Por la tarde, constaté desde mi balcón que ya no había gente en el supermercado de enfrente y bajé para comprar algunos víveres.

El miércoles seguí arreglando todos los pequeños problemas laborales que aparecen cuando transformas por completo la manera de trabajar de la gente. De momento seguimos con varias interrogaciones, pero progresamos.
Ese día conseguí comprar algunos productos congelados que almacené en el congelador del vecino. Y como anda desocupado, se encargó de comprar frutas, huevos y pan. Por la tarde, encontré dos botellas de leche y me tranquilicé.
Ese día, a las veinte, varias personas se asomaron a su ventana para aplaudir a l@s médic@s y enfermer@s que luchan contra la epidemia.

Yo empecé a añorar mis largas caminatas y contemplé las posibilidades para alcanzar mi dosis de kilómetros.
Jueves, no podía más: a las seis de la mañana salí a la calle para caminar alrededor de la colina de Montmartre. Marcha rápida, a solas, demasiado corta, pero algo es algo.
Largas y densas horas de teletrabajo y la buena noticia del día: la tienda para mascotas estaba abierta y pude llenar la reserva de la gata. ¡No morirá de hambre!

El viernes, repetí el paseo de la madrugada, alargando el circuito. La sesión de teletrabajo del día fue muy complicada porque el equipo que tengo en casa no es tan ergonómico como el que tengo en mi despacho, pero sobreviví. Por la noche, a las veinte, los aplausos se hicieron más fuertes...

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El sábado, seguí con el paseo de la madrugada. Cerca del metro Barbes-Rochechouart, ya estaban instalando el mercado, pero no me demoré. Comprar pan, caminar rumbo a la tienda de Larher para aguantar el encierro y repasar las actividades pendientes...
Y hoy domingo, si aparto la visita relámpago al supermercado de la otra acera, me pasé todo el día en casa, preparando el traslado de este blog.
La buena sorpresa es que de momento aguanto bastante bien la situación.

12/01/2020

“El pueblo unido…”

Pronto volví a encontrar el ritmo de diciembre: primer metro en la línea 4 a las seis y media de la mañana y enlace con la línea 1 (automática) para ir al trabajo, vuelta caminando al azar. Lo cual representa marchas cotidianas de unos 12 kilómetros.

El lunes al anochecer, pasé por el mirador que se halla en lo alto del parque de Belleville y con gusto me paré un ratito para contemplar esta ciudad que tanto me gusta. El martes me paré en la muy bonita librería del canal (cercal del canal Saint-Martin). Y el miércoles, en una de las asociaciones de mi barrio, esperamos en vano a los usuarios que ayudamos a arreglárselas con las herramientas informáticas.

El jueves participé a la nueva jornada de huelga nacional y a la manifestación organizada entre la plaza de la República y la iglesia Saint-Augustin.
Caminando rumbo al punto de salida de la marcha, noté que la brigada motorizada de represión de las acciones violentas se acercaba a la iglesia Saint-Vincent-de-Paul. Más abajo, un grupo de policías caminaba por la acera del bulevar mientras otros cerraban calles perpendiculares al recorrido.

20200112.jpg Entre los manifestantes, se veía una fuerte proporción de agentes de la educación nacional, con banderas de sus escuelas y fanfarria incluida.
En la plaza Jacques Bonsergent, varios colectivos feministas estaban preparando y repasando el baile y la canción del día (denunciando las medidas relativas a las mujeres).
En las aceras, varios turistas japoneses, privados de museos, sacaban fotos del acontecimiento.
Y más adelante, una muchedumbre compacta estaba esperando el arranque de la marcha.

Acabé por ubicar a mis colegas y tuvimos que esperar hasta las cuatro y medio para avanzar.
En varios puntos la policía había lanzado bombas lacrimógenas y yo preferí abandonar la marcha al llegar a la calle de Rochechouart.

El sábado también fui a la manifestación del día entre la plaza de la Nación y la plaza de la República.
La participación me pareció menos importante que el jueves, pero se notaban varios grupos del sector privado, así como un grupo importante de abogados con sus togas negras.

Al llegar a la plaza de la República, me impresionó la cantidad de camiones de policía, pero no me quedé: miré algunos videos publicados por unos amotinadores, no entiendo su juego estéril de provocación y suelo evitar los lugares de pelea.

Hoy tocaba descansar. Mañana seguiremos estudiando el proyecto de reforma de las pensiones y calculando cuanto pierde cada uno...

22/12/2019

Crónicas de huelga (2)

Dediqué mis últimos días laborales a cerrar una buena cantidad de expedientes y así pude marcharme de vacaciones con varios días de antelación. Aún así, encontrar una solución para viajar lejos de la capital parecía bastante complicado.

El martes por la noche constaté que el miércoles por la tarde, anunciaban en la estación de Lyon dos trenes parando en mi ciudad de vacaciones y pensé que podía arriesgarme. Sólo faltaba encontrar una solución para ir de mi casa a la estación, con una maleta y una gata.
El miércoles sin metro, sin autobuses y con atascos por todas partes, lo más fiable era recorrer andando los seis kilómetros hacia la estación de Lyon.
En la web anunciaban que esta solución necesitaba hora y cuarto. Yo preferí dejar tiempo para los imprevistos así que me marché de casa con casi tres horas de antelación.

14h15: poner la gata en su mochila de transporte, recoger la maleta y marcharme.
Constatar el caos de coches, bicis y peatones en el bulevar Magenta pero seguir adelante.
14h56: salir de la plaza de la República
15h15: saludar de paso al genio de la Bastille
15h30: llegar a la estación de Lyon.

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En la nave principal, las máquinas automáticas no me dejaban comprar un billete.
En la taquilla, después de veinte minutos esperando, me dijeron que no podían vender el billete que quería y que tendría que comprarlo en el tren.
Volví a la zona de espera y a las 16h40 indicaron donde estaba el tren deseado.

Suerte tuve porque no solo pude entrar en el tren sino que también pude encontrar un asiento y un espacio para la maleta y la gata.
Suerte tuve porque nunca vimos pasar al cobrador, así que fue el viaje más barato que hice en esta línea.

Ahora sólo falta desearles a tod@s unas muy felices fiestas de Navidad.

15/12/2019

Crónicas de huelga

Lunes:
Mi autobús de siempre no funciona, pero la página de información de la sociedad de transportes indica que otro autobús, que sale de la estación del Norte, funciona normalmente. Así que a la seis y cuarto voy a la estación en donde ya hay mucha gente, demasiado gente para el autobús 43 en donde los trabajadores de la madrugada batallan para entrar...
Yo renuncio a esperar más y sigo caminando rumbo a la plaza de la Nación, a pesar de los chubascos que complican la progresión y de los atascos que aparecen poco a poco, con bicis por todas partes. La línea 1 funciona y me lleva a mi destino.
Al atardecer, un bonito cielo azul me anima a volver caminando. Al final serán 16 kilómetros andando.

Martes:
Al controlar las informaciones de la sociedad de transportes, descubro que en la línea 4, que pasa al lado de mi casa, hay un tren de cada tres. Madrugo para entrar en el primer metro y sobrevivo a la presión de la cantidad enorme de gente esperando en la estación del Norte. Luego un enlace en Châtelet me lleva a la línea automática y así puedo llegar sin problema a mi instituto.
La verdad es que me hubiera gustado participar a este segundo día de huelga y a la manifestación asociada, pero quiero marcharme de París para las fiestas y tengo un montón de cosas por hacer antes.
Al atardecer, la línea automática me lleva a la estación Saint-Paul-Le-Marais y puedo volver a casa tranquilamente, mirando, de paso, los escaparates navideños.

Miércoles:
Repito la estrategia del día anterior para llegar al instituto.
Al atardecer, me acompaña una colega que alojaré porque lleva varios días sin transportes. Dejamos la línea 1 cerca del ayuntamiento y seguimos rumbo al Norte tranquilamente. Sobrevivo a una cena en el restaurante vegano de mi barrio y luego subimos a la colina de Montmartre: los turistas no llegaron a la colina y podemos disfrutar a solas del panorama.
¡Qué suerte!

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Jueves:
Con mi colega repetimos la estrategia de los días anteriores y llegamos fácilmente al instituto. Pero se ve que el nivel de cansancio aumenta...
Luego toca poner el traje de representante del personal para preparar y luego participar a una larga reunión con la dirección.
La jornada se acaba a las 18, con lluvia. El metro me lleva al ayuntamiento y hago una parada en la pastelería de la calle Rambuteau para saborear un dulce de limón verde. Luego toca una caminata rumbo al distrito XVIII, comer, leer, dormir.

Viernes:
Último día de la semana laboral. Sigo pasando por la línea 4 pero somos cada día más numerosos en el primer tren del día.
Acabé una de las dos tareas que tengo que hacer antes de marcharme de vacaciones. En medio día, con una colega, aprovechamos un rayo de sol para pasear por el bosque de Vincennes. Al atardecer, vuelvo caminando a casa, dejando atrás mi autobús de siempre atascado en el bulevar Voltaire.

Este fin de semana seguimos sin transportes públicos, con atascos y caminando.
Yo pasé por la zona de La Bastille en donde noté cierta agitación en las tiendas. Ya llegó el último fin de semana antes de las vacaciones escolares y la gente corre por todas partes en busca de regalos.
No sé cómo viajaré hacia Borgoña con la gata y una maleta pesada, pero de momento no me preocupa.
¡Algo inventaremos!

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