Caminando por París con Caol

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4/11/2018

De tiendas y trenes

Hoy se acaban las vacaciones de Todos los santos.
En mi instituto preferido, casi tod@s l@s madres y padres tomaron una de las dos semanas, con una preferencia por la segunda y su puente de cuatro días. En la oficina apenas quedaba un tercio de la plantilla, pero no nos maltrataron. Yo aproveché estos días para marcharme temprano e ir de tiendas en el centro de París.

Ya pasaron casi tres años después de los atentados de 2015, pero la gente ya olvidó este momento dramático y ya deja rienda suelta a sus ansias consumistas.
Yo me atreví a visitar varias tiendas, en las partes subterráneas del Forum des Halles, en busca de unas gafas nuevas y me impresionó la cantidad de gente que pasea por esta zona. Por cierto, se acercan las fiestas de navidades y son muchos los que ya están buscando ideas de regalos o detalles para decorar las casas. Pero también noté que muchas personas tenían una bolsa de compras...

También quise pasar por la Fnac, pero con tanta gente el sitio me pareció agobiante y pronto me escapé.

A pesar de todo, el hecho de poder ver el cielo o la silueta de la iglesia Saint Eustache desde algunas partes de las plantas bajas me pareció realmente agradable. Pero no sé si merecía el precio pagado por las obras...

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Aproveché otro atardecer para visitar la tienda de bricolaje que se halla al lado de Beaubourg. Aquí también había mucha gente en busca de soluciones para decorar su casa. Yo compré una cortina térmica aislante porque ya llegó el frío y no tengo dinero para pagar una puerta nueva.

El miércoles por la noche, los siete vagones del tren rumbo a Borgoña estaban repletos.
Esta noche yo y mi gatita descubrimos que nuestro asiento estaba en un vagón que no existía en el tren, encontramos un rinconcito y sobrevivimos a la ola de gente saliendo de los nueve vagones y caminando rumbo a la estación de metro.
¡Vaya vida de locos!

2/09/2018

Volviendo

Ya se acabaron las semanas veraniegas de vacaciones.
Volví a París el pasado lunes y con gusto constaté que habían regado mis macetas y que la pila de facturas esperando en mi buzón no era muy importante. Entregué a la vecina de la quinta planta los quesos de cabra que me había pedido y me invitó a almorzar en su maravillosa terraza.
Por la tarde tocó llenar la nevera, arreglar los temas administrativos pendientes y pude considerar que todo estaba preparado para que pueda volver a trabajar con serenidad.

Desgraciadamente, en la oficina, me esperaba un remolino de temas pendientes obviamente urgentes y con tan solo cuatro días desapareció una gran parte del beneficio de las vacaciones.

El mejor momento de la semana fue en la tienda de bricolaje que se halla al lado de Beaubourg.
La primera visita me dio la oportunidad de descubrir la estantería en donde presentan todos los elementos necesarios para crear una lámpara a partir de cualquier trasto y encontré lo que necesitaba para hacerlo con una cerámica regateada en algún mercadillo. Mientras compraba bombillas de tipo led, me interpeló un periodista de radio y me entrevistó acerca del fin de la fabricación de las bombillas halogenas. No sé lo que fue transmitido par la radio pero por lo menos fue un rato divertido. Y para bien acabar con esta visita, pasé por las cajas automáticas y conseguí acaparar al dependiente que asista a los clientes principiantes.

Hice la segunda visita con un compañero del trabajo y curioseamos por varias secciones. Ambos militamos en el mismo sindicato y a la hora de pasar de nuevo por las cajas automáticas surgió la pregunta de quien conseguiría bloquear su caja, acto sumamente político de protesta contra la supresión de los empleos de cajeras. Mi compañero no tuvo mucho éxito pero yo necesité un tiempo infinito para escanear los dos miserables objetos del día, puse mi mochila en medio de los artículos para buscar mi cartera (lo cual bloquea el aparato), me equivoqué al teclear el código de mi visa y en vez de usar la tecla corregir use la tecla cancelar... Al final fueron casi diez minutos para dos miserables bombillas y mi compañero me concedió la victoria.

En el autobus de la mañana, ya encontré a todos los viajeros de siempre. Se acaban las obras de instalación de los carriles de bici en el bulevar Voltaire y pude, de paso, sacar una foto de un sitio tristemente famoso.

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A ver si sobrevivo a la segunda semana.

29/01/2017

Tercera semana de rebajas...

A pesar del frio, no renuncié a mis caminatas matutinas.
Así fue como pude contemplar el espectáculo improbable de un cargamento de zanahorias, invadiendo una parte de la calzada debajo de la estación de metro Barbes-Rochechouart, bajo el control atento de media decena de policías...

El día siguiente, mientras cruzaba el Sena por el “pont au Change”, el sol naciente me regaló una imagen diferente del puente Notre Dame.

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Al pie del puente, las gaviotas descansaban sobre el agua sin hielo del rio. Yo seguí por la isla de la Cité antes de perderme por el barrio latino, rumbo al distrito XIII. Ese día descubrí la villa Auguste Blanqui, pequeño callejón sin salida que comunica edificios de dos o tres plantas, separados par patios llenos de arbustos. Al final del callejón, transformaron un trozo de acera en terraza vigilada por un grupo de personajes de terracota, espacio abierto, diciendo la confianza hacia los visitantes. Y esa sensación se confirmó cuando me saludó el único vecino que encontré.
¡Vaya contraste con las torres aplastantes de este distrito!

El viernes por la noche, pasé debajo de la Canopée y constaté que habían instalado 12 estatuas creadas por Liu Yilin y representando los doce signos chinos. No tenía prisa así que examiné todas las creaciones. Como entramos en el año del gallo, la estatua del gallo tenía el sitio más destacado, entre el caballo y el dragón. No me gustaron mucho la rata y la serpiente, vestidas de verde. Me encantaron la liebre, el gato y el perro. Las demás estatuas me parecieron más sosas.

Ayer evité la zona de celebración del nuevo año chino para pasear por el distrito VI y aprovechar los últimos días de rebajas.
En este distrito relativamente favorecido, había gente comprando por todas partes. Yo visité media docena de tiendas, pero sólo compré calzado de senderismo.

Hoy noté el mismo nivel de frecuentación en las tiendas que se hallan en el centro de París. En el Bazar del ayuntamiento, había una cantidad increíble de clientes buscando alguna ganga, así que pronto me escapé.

Y ahora toca volver a repasar lo que ya me enseñaron en el conservatorio de Artes y Oficios ya que el jueves tenemos la primera prueba del año.
¡Vaya estrés!

11/12/2016

¡De compras!

El ritmo laboral de este fin de año no me deja mucho tiempo para pasear, pero aproveché mis trayectos de la madrugada para contemplar algunos escaparates y sacar fotos con mi nuevo móvil. Hice un primer ensayo desde la entrada del pasaje Brady antes de pasar un ratito admirando el Papá Noel que se movía en uno de los escaparates del BHV, el gran almacén que se halla al lado del ayuntamiento.

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Ayer hice un gran recorrido con el pretexto de asesorar a un amigo que buscaba gafas nuevas.
Empezamos por una tienda del distrito 17, recomendada por la panadera de mi barrio que lleva gafas muy bonitas. Pero sólo tenían modelos muy clásicos y nos espantamos por el presupuesto que anunciaron.
Luego llegamos a la muy animada calle de Lévis en donde hicimos otra parada para tomar un café en el bar de la esquina. La cuenta de cinco euros para dos cafés servidos en la sala nos recordó que estábamos en un barrio burgués...
La calle de Lévis cuenta con muchos comercios y ese día las tiendas proponían todo lo necesario para las compras navideñas. Nosotros encontramos a otro óptico con un presupuesto más asequible. Encontramos un tercer presupuesto en el bulevar des Batignolles y un cuarto en la plaza de la República. Conseguimos muchas informaciones y ahora sólo falta comparar tranquilamente las proposiciones.
Yo no pude resistir a la llamada de unas estupendas gafas rojas y apunté la dirección...

En la plaza de la Repúbica la sociedad protectora de animales había instalado varias carpas para presentar animales que esperan adopción. Pero preferí no entrar.
Tras este largo recorrido, quise pasar por la calle Yves Toudic para visitar la tienda efímera instalada en un patio por la dueña de una galería que me gustaba y que ya no existe. El mail de invitación daba una dirección y precisaba que para conseguir el código de la puerta sería preciso llamar un número que comunicaba. El local era mucho más pequeño que la antigua galería, pero reconocí enseguida el ambiente y los objetos que me gustaban. Me costó un ratito escudriñar todos los detalles presentados, pero encontré el objeto que buscaba.

Hoy tocaba visitar los locales en donde los diseñadores y artistas de mi barrio proponían sus creaciones. Ya conocía todas las direcciones menos una y esa fue la única que visité.
En la calle Polonceau, convirtieron una tienda en galería bautizada “26 sillas”. Allí encontré los dibujos impresionantes por su precisión y por su construcción de Michel Elmi. También pude descubrir las cajitas mágicas del artista argentino Cuneo.
Luego hice una caminata cerca del canal Saint Martin y constaté que todas las terrazas estaban llenas de clientes.
En el bulevar Richard Renoir, varias carpas albergaban artesanas y sus productos.
En la calle Saint Maur, dos mozas me invitaron a entrar en un pasillo para visitar una tienda efímera. Me dejé llevar por la curiosidad y entré en el taller transformado en almacén en donde proponían prendas y accesorios. Si vi pocas cosas realmente interesantes, descubrí un nuevo tipo de comercio paralelo.

Y después de tantos kilómetros, consideré que podía pararme en la pastelería de la calle Saint Maur para tomar un pastelito con un té de menta.

4/12/2016

Estrenando Diciembre

Se acabaron las rebajas del "Black Friday" pero seguimos en la temporada de las compras navideñas y de las iluminaciones por todas partes.
Yo experimenté el caos de las entregas de pedidos en internet. El repartidor pasó una primera vez y no encontró al portero. Total dejó sus papelitos en el suelo y cuando volví a casa, al leer el papelito que me tocaba, entendí que mi paquete estaba en una tienda bautizada "Madiba" al lado de mi casa. Allí estuve y me atendieron muy amablemente pero no tenían mi paquete. Al día siguiente la entrega fracasó otra vez por la mañana, pero cuando volví a casa, en internet consideraban el paquete como entregado. La solución se hallaba en la portería...
Lo bueno de estas disfunciones es que me daron la oportunidad de visitar una tienda que no conocía y que recibe las entregas en cualquier momento.

Esta semana también quise ver si habían iluminado el nuevo espacio comercial que se halla debajo de la "Canopée" en el hiper centro de París, pero no tenía ganas de topar con la muchedumbre buscando regalos de Navidad así que madrugué y, cuando llegué, el centro todavía estaba cerrado. Total pude admirar tranquilamente la alegoría gigante de árbol de Navidad instalada en el pozo central.

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Lo bueno es que no destruyeron un árbol para tirarlo después de usarlo como decoración efímera. Y con los leds, este tipo de instalación no necesita mucha energía.

También aproveché una mañana de libertad para pasear por la zona de la plaza de Italia.
Entré en el centro comercial, pero los escaparates estereotipados me fastidiaron y pronto salí.
En una pequeña calle pude encontrar una antigua papelería en donde tenían todo lo que necesitaba y seguí caminando rumbo al Sena por la acera Norte del bulevar Vincent Auriol. Desde este punto de observación, constaté que todas las construcciones del otro lado son edificios de gran altura separados por zonas ajardinadas. Y de repente entendí porque no me gusta este barrio tan aplastante para el peatón.

El viernes tocaba viajar rumbo a Borgoña para el fin de semana. En el tren del atardecer había mucha gente con bolsas de regalos. Yo también tenía un regalo en mi mochila: 3 kilos de cacahuetes para los herrerillos del jardín.
¡Apreciaron mucho!

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