Caminando por París con Caol

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11/02/2018

¡Nieve!

Los primeros copos de nieve aparecieron el pasado lunes al atardecer. Los árboles del jardín que se halla al pie de mi oficina se vistieron de blanco, pero pensamos que sólo sería un momento.
El martes al amanecer pude hacer una gran parte del recorrido que me lleva a la oficina caminando. Pero otro cantar fue cuando salí del trabajo ya que la nieve ya había invadido las aceras. Cuando llegué a mi barrio, seguía nevando y la capa de nieve ya alcanzaba varios centímetros. Había poca gente en la calle y todos íbamos con prisa rumbo a casa.
En la radio anunciaron que varias centenas de personas estaban bloqueadas por la nieve en la ruta N118...

El miércoles salí muy temprano para pisar la gran alfombra blanca. En la calle Dejean, uno de los comerciantes ya estaba barriendo su trozo de acera para eliminar la nieve. Pero como los demás permanecían cerrados, el resto de las aceras se quedó con su capa blanca. En la estación de autobús, no anunciaban los horarios así que seguí caminando, contemplando el efecto de la nieve en las ramas de los árboles. En el bulevar se veían pocos coches y pocos locos caminando.
Yo seguí rumbo a la plaza de la República porque quería verla con su manta blanca.

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Luego viajé en metro porque caminar en estas condiciones necesita mucha atención y ya tenía mi cuenta de caídas. Cuando llegué a la oficina empezamos a contar a los que se habían quedado en casa y para algunos activaron la posibilidad de teletrabajo.

Cuando volví a casa, constaté con alegría que los niños habían invadido las calles de mi barrio y estaban jugando con la nieve. Pero al visitar el supermercado, encontré estanterías vacias porque no habían entregado las mercancías...

El jueves caminé hasta la estación del Este. Las calles ya no tenían el mismo encanto y en varios lugares el suelo estaba resbaladizo. Por suerte pronto llegó un autobús cuyo chofer no tenía miedo de conducir con la nieve. Pasé un rato muy divertido contemplando como jugaba con la calidad del suelo para derrapar un poquito.

El viernes, el tema de la nieve se hizo mucho más fácil. Yo pude recorrer casi sin problemas los ocho kilómetros que me separan de mi instituto y quisiera agradecer a todos los porteros que gastaron tiempo y energía para despejar la nieve en las aceras. También quiero maldecir a los bancos que no cumplieron con esta tarea: sospecho que esperaban vender más contratos de seguros...

Hoy, teníamos unos diez grados y la nieve desapareció por completo. Los turistas volvieron a la colina de Montmartre y yo fui a ver una exposición dedicada a Jean-Pierre Jeunet, director de la película Amélie. Me encantó ver el enano de jardín y las fotos de sus viajes.

4/02/2018

El caos de las bicis

Llevo varias semanas descubriendo bicis casi abandonadas en algunos puntos improbables de mi recorrido matutino.
Encontré la primera bici más de un mes atrás. Este objeto verde llevaba la etiqueta Gobee.bike y pronto entendí que se trataba de una bicicleta de alquiler, geolocalizada, sin aparcamiento fijo. Al llegar a casa busqué informaciones y noté que para usar estos aparatos era preciso instalar una aplicación móvil y darle el número de tu tarjeta de crédito. Por este último detalle, decidí que no probaría este nuevo servicio. Y el examen de los precios (50 céntimos por media hora) reforzó esta decisión.

Luego vi que algunos niños de mi barrio estaban usando unas de estas bicicletas, pero pronto me pareció que las estaban destrozando. Y al día siguiente vi efectivamente varias bicicletas inutilizables y abandonadas en las aceras.

Descubrí otra marca de bicicletas de alquiler justo al lado del parque des Buttes-Chaumont. Estos objetos amarillos pertenecerían a una empresa china que se llama Ofo. Y para acabar me paré a mirar las bicis de Mobike cuyas ruedas tienen un diseño relativamente original.

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Todas estas ofertas sin aparcamiento fijo cultivan la idea de libertad de movimientos, pero si las usas regularmente resultan mucho más caras que el modesto abono de Velib. Además, son bicis que no tienen velocidades como si París no tuviera varias colinas...

De momento, estas nuevas empresas tienen que enfrentar varios problemas. El primero es un alto nivel de vandalismo que desanima a los equipos. Además, las bicis no tienen la calidad de los Velib y se quiebran fácilmente (uno de mis amigos me dijo que no aguantan un peso superior a 85 kilos). También dicen que algunos usuarios se apoderaron de sus bicis, aparcándolas en casa o en la oficina para no tener que buscar otra.

Y como si fuera poco el ayuntamiento contempla la posibilidad de pedir una tasa a estas compañías por su ocupación del espacio público :-)

Yo seguiré caminando y esperando que la sociedad que ganó la licitación de los Velib acabe la transformación de las estaciones y ponga las nuevas bicis, incluyendo los modelos con asistencia eléctrica.

28/01/2018

Vuelta al trinquete

No pude resistir a las ganas de probar la cocina vasca que proponen en el trinquete de París. Así que llamé a uno de mis amigos caminantes para compartir la experiencia.
Habíamos quedado en la estación de tranvía “Pont de Garigliano” pero nos encontramos por casualidad en la estación “Porte d’Orléans” e hicimos el viaje en tranvía juntos.

Al pasar el puente de Garigliano constaté que la crecida del Sena ya llegaba al nivel de la salida del parque André Citroën. Así que no se podía repetir el paseo de la pasada semana. En la orilla derecha, el rio había invadido el paseo inferior pero no llegaba hacia la calle.
Pronto llegamos al trinquete y después de enseñar las instalaciones a mi amigo, entramos en el restaurante.
Me dejé tentar por un axoa de ternera con un vaso de vino de Irulegui y mi amigo me imitó. Luego pedimos el inevitable pastel vasco con un café. El sitio no es barato, pero nos deleitamos y la nostalgia tiene su precio.

Luego seguimos por la senda 2024 rumbo a la puerta de Auteuil.
Al lado del Parque de los príncipes me impresionó la cantidad de policías y de vigilantes movilizados para el partido del PSG contra el equipo de Montpellier, pero no nos detuvimos.

A partir de la puerta de Auteuil, la senda 2024 atraviesa el hipódromo de Longchamp. Nada más entrar es preciso pasar por un túnel antes de seguir un camino serpenteando rumbo al extremo norte de las instalaciones. De paso uno puede admirar las tribunas y constatar que están en obras. También se ven varios espacios acondicionados para que la gente pueda disfrutar de la parte central. En el extremo norte, no se veían muchas personas en la piscina. Pasamos por otro túnel y llegamos a la muy burguesa puerta de Passy en donde uno de los concejales comunistas impuso la creación de un centro de acogida de los sin domicilio. :-)

Luego la senda nos llevó rumbo al bosque de Boulogne. En este punto las informaciones de la libreta son algo imprecisas y las marcas difíciles de encontrar. Así que decidimos seguir por la orilla este del lago inferior.
Volvimos a encontrar las marcas cuando llegamos al extremo norte del lago inferior, pero pronto desaparecieron y tuvimos que improvisar otra vez.

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Finalmente encontramos otras marcas cerca de pabellón de Armenonville, pero como no coincidían con las indicaciones de la libreta, dejamos de buscar la senda 2024 para seguir rumbo a la puerta Maillot.

Lo bueno es que pasear por el bosque de Boulogne resultó muy agradable y tengo ganas de explorar esta zona más detenidamente. Lo malo es que, con una señalización y una libreta tan imprecisas, seguir la senda se transforma pronto en una pesadilla a no ser que seas un experto en cartografía.
A ver si el tramo siguiente resulta más fácil.

15/10/2017

Algunas sombras que pueblan las noches

Excepcionalmente me marché de casa poco antes de las seis y media de la madrugada y eso me desveló cosas que no suelo ver.

Para empezar, constaté que uno de los jóvenes menores que rondan por el barrio estaba durmiendo, sentado delante de la puerta de mi edificio. Encontré otro naufrago de la noche durmiendo tumbado en la acera de la calle Louis Blanc. Y cuando pasé encima del canal Saint-Martin, vi que los refugiados que acampan en la orilla ya estaban en el proceso de despertar antes de perderse por la ciudad.

Cuando me marcho sobre las siete, las personas que duermen en un campamento o en un banco público ya guardaron sus cosas y están desapareciendo de los espacios urbanos diurnos.

Años atrás leí varios libros de sociología dedicados a estas personas que viven en la calle y sé que tienen recorridos diferentes. Una parte importante de estos desafortunados tiene auténticos problemas sicológicos. Pero también hay una proporción sorprendente de trabajadores pobres, cuyo salario no es suficiente para pagar un alquiler. A esa población es preciso añadir a los que algunas rupturas familiares dejan abandonados y sin recursos.

Y hoy también tenemos que tomar en cuenta a los refugiados económicos o políticos que vienen a Europa para encontrar una vida mejor. Muchos de esos migrantes sueñan con Inglaterra y así fue como crearon un inmenso campamento de 4000 personas en el norte de Francia, cerca de las carreteras que llevan a este país.
Este campamento fue cerrado por la policía en 2016 y a partir de este momento, muchos migrantes volvieron a París, en busca de una solución para seguir su viaje.

El Municipio de París instaló un centro de acogida y orientación en la puerta de la Chapelle en donde se puede albergar a cuatrocientos personas. Sobra decir que eso no es suficiente. Otros campamentos fueron creados por los refugiados y estas instalaciones fueron destruidas rápidamente por la policía. Ahora los migrantes se reparten en varios lugares y así esperan quedar a salvo de las evacuaciones.

Algunas de estas sombras de la noche se juntan al atardecer al lado de la estación de metro La Chapelle o en la rotonda más arriba. Allí es donde algunos colectivos distribuyen comida e informaciones.

Unos años atrás, Issa formaba parte de esas sombras. Ahora tiene pareja, trabaja y ayer celebraba el bautizo de sus dos hijos.
A ver cuántas sombras conseguirán volver a la luz.

10/09/2017

Volver

Volver a París siempre provoca algo de aprensión. En tan sólo tres semanas son muchas las cosas que pueden transformarse, conllevando buenas o malas sorpresas.

Yo viajé el lunes, mientras los niños retomaban el camino de la escuela y los padres las actividades laborales. Había poca gente en el tren y no tuve que compartir mi compartimento.
Llegué al mediodía y pude dedicar la tarde a ir de compras.

Volver después de los demás resulta bastante desconcertante porque ellos ya retomaron el ritmo de la ciudad cuando todavía sigues buscando tus marcas. Pero hay detalles que te ayudan a conectar rápidamente con la realidad parisina, como el precio de las cosas o la pila de facturas que encuentras en el buzón.
Yo quise disfrutar de mi último día de vacaciones y pasé un rato en una de las terrazas de cafés de mi barrio, con sol y sombra, algunas plantas y tres gorriones.

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Volver a trabajar no fue tan pesado como me temía y pronto pude retomar mis largas caminatas.

El jueves al atardecer descubrí que al lado de la estación Ménilmontant, organizaban un mercado de cocina de calle, con mesas y bancos para que la gente pueda instalarse. Cuando pregunté me explicaron que no era un acontecimiento excepcional sino un mercado nocturno que ocurrirá cada dos jueves. En cuanto tenga la oportunidad de probarlo, os cuento.

Pero mi auténtica vuelta ocurrió ayer por la noche, cuando compré un nuevo abono en el cine de mi barrio (el Louxor) para ver la película que consiguió el gran premio del jurado en Cannes: más de 120 personas para “120 pulsaciones por minuto” y parejas de todas clase...
¡Eso sí que es París!

Y hoy sólo faltaba pasear por la colina de Montmartre para acabar con el proceso de vuelta.
Como siempre encontré una cantidad impresionante de turistas pero el mercadillo organizado en la plaza de las abadesas tenía encanto y pasé un rato agradable.
Ahora toca descansar.

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