Caminando por París con Caol

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10/05/2020

Confinad@s (semana #8)

Empezamos la semana con una gran pregunta: ¿Confirman o aplazan el desconfinamiento? Y como la respuesta dependía de las cifras de la pandemia, tuvimos que esperar hasta el jueves y, mientras tanto, preparar más precisamente las modalidades de la vuelta al trabajo.
En mi instituto, confirmaron que mi equipo sigue teletrabajando para los que pueden, y en casa para los demás. Queda claro que la preocupación principal de la dirección es el reinicio de la producción y que todas las energías se enfocan en acoger a las centenas de empleados productores en nuestro campus.
Cualquier petición que no cuadra exactamente con este objetivo resulta inoportuna. Total, pasé horas explicando este contexto y bien veremos en los días que vienen si conseguimos mejoras.

Difícil entonces, pensar que se trata de nuestra última semana de confinamiento.

Yo seguí subiendo por la colina de Montmartre al amanecer y eso me regaló una visión muy rara de un Sagrado Corazón de color rosa.

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Escogiendo bien los momentos, pude resolver el tema de las compras sin hacer cola y aproveché el fin de semana alargado para hacer varias caminatas más o menos conformes con las normas del confinamiento.

Para empezar, pasé por el “paraíso de las modistas” y constaté que las tiendas de tejidos y mercería estaban abiertas porque venden los materiales necesarios para fabricar máscaras caseras. De paso constaté que las farmacias del vecindario ya recibieron máscaras quirúrgicas desechables y que proponen 50 máscaras por 40 euros...
Para mantener la moral, visité la tienda de Arnaud Larher en donde encontré varios pasteles riquísimos...
Hoy pasé por la pequeña calle del Norte en donde los vecinos instalaron varios rosales magníficos y, más tarde, por el mercado de L’Olive en donde los comerciantes estaban preparando la vuelta de la próxima semana.
Se ve que todos esperan el desconfinamiento...

Yo no tengo tanta prisa, pero me alegra la idea que ya no tendré que controlar las distancias y los horarios de mis recorridos cotidianos.
Si pude contemplar casi todos los días la ciudad desde arriba, también tengo ganas de pasear por la orilla del Sena o por las calles del Marais. Ya veré como van las cosas mañana con la vuelta al trabajo de todos los parisinos que no teletrabajan...

¡Ojalá el virus no pase por el metro!

26/04/2020

Confinad@s (semana #6)

El hecho de instalarse en un confinamiento a largo plazo cambia las perspectivas. Alguno manifiesta cierto desaliento mientras otro pregunta en general como los demás viven la situación… Yo empecé a hablar de vacaciones con mi adjunta.
Resulta que su pareja trabaja en el ministerio de la cultura y están obligados a tomar cinco días de vacaciones antes del fin del confinamiento. Y a mi me queda un día de vacaciones del 2019. Así que acordamos que ella tomaba el miércoles y el jueves, mientras yo tenía el viernes libre.

Si repetí el ritual de la caminata antes de trabajar, cambié partes de la ruta y me quedé algunas veces un ratito delante del Sagrado Corazón para contemplar las luces del amanecer. Pero la disciplina del teletrabajo no deja mucho tiempo para extraviarse.

Otro cantar fue el viernes, día de vacaciones.
Para empezar, me marché de casa media hora más tarde y cuando llegué a la terraza del Sagrado Corazón, topé con la vecina de la quinta planta. Me contó que, al despertar sobre las cinco, había decidido de subir a la colina con su coche (tiene 82 años) y ya llevaba un ratito contemplando la ciudad.
Ya le enseñé varias fotos de mis madrugadas y quería saber de donde las había sacadas. Entonces le mostré varios puestos interesantes antes de invitarla a almorzar y de seguir corriendo rumbo abajo.

Ese día traspasé otra vez los límites reglamentarios de los paseos matutinos, abandonando el encanto de la colina para perderme cerca de la estación del Norte y de la estación de metro La Chapelle. Luego pude salir sin prisas para hacer una parte de las compras de la semana.
En medio día, mis vecinos de siempre llegaron y fue un agradable momento compartiendo el almuerzo. Dediqué la tarde a temas personales y por la noche pude perderme en una novela que compré unos meses atrás.

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Ayer, hice de nuevo un gran recorrido pasando por la estación del Norte, en donde descubrí una nueva vista del Sagrado Corazón, antes de seguir rumbo al norte por la calle Pajol. El mercado de l’Olive permanece cerrado y no noté mucha vida en el vecindario. Y hoy, repetí casi el mismo camino, pero al revés.

Esta semana, también vimos varias veces un helicóptero dando vueltas encima de nuestro barrio, como si fuera vigilando a la gente. Lo cierto es que se ven muchos coches de policías, pero de momento, a mí no me controlaron.
De momento se celebra el principio del Ramadán, con mezquitas cerradas y distribuciones de comidas para los más necesitados. Y la gente empieza a temer el desconfinamiento.
Por suerte, dentro de poco, tendremos más informaciones acerca de este rompecabezas… Continuará

19/04/2020

Confinad@s (semana #5)

El lunes feriado me dio la posibilidad de hacer mi recorrido cotidiano más tarde y de saborear este momento de paseo en solitario por la colina de Montmartre. También pasé por otras calles que forman parte de este círculo de un kilómetro alrededor de mi casa y descubrí algunas perspectivas interesantes.

Y para levantarme la moral, la clemátide de mi balcón me regaló dos flores suntuosas. Total, pude dedicar el resto del día a seguir mis tareas informáticas personales con alegría.

Luego seguí con el ritmo de siempre hasta el miércoles.
Ese día, por la noche, constaté que la gata estaba enferma. Los síntomas parecían muy graves y con el confinamiento y la dificultad de encontrar a un veterinario, la situación me provocó algo de pánico. Por suerte mi veterinario de siempre había organizado un servicio mínimo reservado a los casos de emergencia y conseguí una cita el jueves en medio día.
La veterinaria que me atendió me tranquilizó muy rápidamente y los análisis complementarios confirmaron su diagnóstico y la ausencia de problema grave. Por supuesto mi gatita tendrá que tragar varias pastillas durante varias semanas, pero ya empezó a recuperar y volvió a pedir caricias y atención.

Sobra decir que este episodio arrasó los ahorros del confinamiento...

Retomé mis paseos de la madrugada, contemplando la ciudad desde la colina de Montmartre, con luna y nubes.

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Ayer, por primera vez, después de los aplausos de apoyo a los médicos y enfermeras, el violonchelista que vive en la quinta planta del edificio de enfrente tocó, desde su balcón, algunos compases de la primera suite para violonchelo de Bach. Fue un momento tremendamente conmovedor. ¡Muchas gracias, Patrice Langot!

Hoy confieso que traspasé los límites reglamentarios de los paseos matutinos. Más distancia y más tiempo, pero con gusto pude pasar par la calle en donde abandonaron un decorado de cine, contemplar una plaza de las Abadesas totalmente desierta, entrar en una estación del Norte casi abandonada, caminar por una de las calles del barrio indio y comprar dos pastelitos en la panadería de la esquina.

La verdad es que pasar por todos estos sitios abandonados, provoca la sensación muy rara de formar parte de los últimos supervivientes de algún cataclismo, pero eso desaparece al llegar a mi barrio indisciplinado que tiene una comprensión muy especial del confinamiento y de la distanciación social 😊

Y dicen que el confinamiento se acabará el 11 de mayo. ¿Quién se cree eso?

12/04/2020

Confinad@s (semana #4)

Esta cuarta semana me regaló nuevos experimentos
Para empezar, descubrí los encantos de las audioconferencias profesionales. Y la verdad es que, con algo de organización, resulta bastante eficaz. Por supuesto, estas sesiones necesitan mucha atención, pero lo que gastas en intensidad, lo recuperas en duración.

También constaté que muchas personas de mi equipo aprecian las fotos que mando al empezar la jornada laboral y los intercambios que provocan contribuyen a mantener la cohesión. Así que últimamente, dedico más tiempo a estos mensajes.
Pero la práctica asidua del pensamiento positivo no borra todos los problemas y bien percibo que el equilibrio de algunos colegas se debilita poco a poco. Algo tendremos que inventar...

Yo ya llevo más de ocho años en mi residencia y a lo largo de los encuentros, tengo dos vecinos que se convirtieron en auténticos amigos.
Total, el pasado lunes, compartimos una botella para celebrar la limpieza primaveral de mi casa y, siempre manteniendo una distancia física de un metro y medio, compartimos un café de vez en cuando.
Yo compro las golosinas de los fines de semana, otro se encarga de una parte de las compras y la tercera cocina platos o pasteles. Ese micro colectivo tiene muchas capacidades y calidades...

.Ayer pude arreglármelas con las compras muy tranquilamente. La única pesadilla fue el sinfín de corredores, soltando sus miasmas a los cuatro vientos sin consideración para los otros ciudadanos...

Hoy aproveché un día sin compromiso para pasear más tranquilamente por la colina de Montmartre. Me marché de casa más tarde y pude disfrutar de nuevo del amplio panorama que el cambio de hora arropó con noche.
En la plaza de los pintores, ya instalaron las estructuras para las terrazas de los restaurantes. Pero nadie sabe cuando podrán recibir de nuevo a los clientes. Unos recodos me regalaron una de las vistas que me gustan.

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La calle Cortot seguía dormida, pero varias personas ya estaban caminando cuesta abajo por la calle de los sauces. Yo contemplé la viña y el museo, antes de admirar una glicinia mencionado por un conocido y de dejarme atrapar por los cantos exuberantes de los pájaros que viven en el jardín salvaje de la calle San Vicente.
Luego seguí, rumbo abajo, hacia mi barrio indisciplinado y todavía dormido.

5/04/2020

Confinad@s (semana #3)

Ya empiezo a adaptarme a mi nueva rutina: desayuno, recorrido matutino hasta las siete, ducha, cuatro horas de trabajo entrecortadas una o dos veces, almuerzo, otra sesión de trabajo entrecortada una vez y luego, actividades personales.
Desgraciadamente, por el cambio de hora, todavía es de noche cuando llego en lo alto de Montmartre y el panorama no desprende la misma energía. Pero el ambiente nocturno de algunas escaleras compensa este inconveniente temporal.

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Por cierto, a estas horas, no hay mucha gente en la calle y es preciso escudriñar las siluetas del fin de la noche para categorizarlas y guardar la distancia adecuada. Trabajadores de la madrugada, amos de perros, deportistas y a veces un vagabundo, no sé si llego a cruzarme con veinte personas.
Y lo que más me encanta es la posibilidad de escuchar el concierto de los pájaros esperando el amanecer.

Si excepto estos recorridos matutinos y las visitas a la panadería, no salí de casa entresemana.
Otro cantar fue el sábado, a la hora de comprar víveres.

8h30: instalarse como primer cliente esperando la apertura de un pequeño supermercado. Escoger tranquilamente los productos deseados, pagar y seguir hacia la etapa siguiente.
8h50: instalarse como primer cliente esperando la apertura de la tienda de congelados. Escoger los productos deseados, pagar y seguir hacia la etapa siguiente.
9h07: pasar por la farmacia antes de volver a casa para guardar la cosecha de esta primera sesión de compras.
9h37: llegar a la tienda de frutas y verduras y llenar el carrito de compras. Pagar y cruzar la calle para pasar por la pastelería.
9h52: Saludar a doña Larher, escoger algunos dulces para varias personas, pagar y seguir hacia la etapa siguiente.
10h00: constatar que la tienda de mascotas no cumple con sus horarios. Constatar que la cola para entrar en el supermercado del bulevar llega a cien metros. Pasar por casa para guardar las compras y entregar algunos dulces.
10h20: hacer cola delante de la tienda de mascotas para comprar comida para la gata. Escoger varias decenas de latas, pagar y volver a casa, contemplando de paso, las diferentes colas delante de los comercios.

A las once había acabado con este maratón y pude empezar a disfrutar el fin de semana.
En cuanto a la gata, me espera al lado de mi puesto de teletrabajo. Creo que le gusta mucho el confinamiento…

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