Caminando por París con Caol

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24/01/2010

Burbujas acústicas

Empezamos la semana celebrando el cumple de los capricornios, representados por dos de los cuatro comensales. Si pasamos una buena noche, la libra encargada de encontrar el sitio para cenar no acertó y el restaurante que visitamos no se quedará en las memorias.
Sospecho que lo hizo a propósito, para que siga con propuestas estrafalarias :-)

Al día siguiente, tuve la oportunidad de pasear al anochecer por la deshumanizada zona de la Défense. No forma parte de mis destinos preferidos pero los azares del deporte me llevan por allí una vez al año y cuando toca, siempre me impresiona la cantidad de cambios. Descubro carreteras nuevas o constato que el solar que recordaba ya se transformó en edificios habitados. Pero de momento, nunca encontré alguna novedad con encanto. Lo bueno cuando vuelves de expediciones de este tipo es que aprecias mucho más tu entorno cotidiano.

Luego tuve que renunciar a mi autobus preferido para desplazarme en metro y asi fue como surgió el descubrimiento de la semana.
En el autobus, basta con sentarte al lado de la ventana para pasarlo bien contemplando el espectáculo de la calle. Pero en el metro parisino, principalmente subterráneo, no tienes este recurso y entonces contemplas... a los demás viajeros.

Lo que más me llamó la atención fue la cantidad de personas llevando auriculares y la evolución de los modelos utilizados. Si unos años atrás todos usaban los discretos auriculares de oído, esta semana noté una proporción asombrosa de personas llevando auriculares supraaurales o circumaurales.
Yo también hice la experiencia de usar el walkman en el metro pero pronto constaté que ni el ruido de fondo ni el contexto permiten apreciar realmente alguna música. Además te impide captar un montón de cosas y al final llega a ser casi una desventaja.
Sé que hubo campañas para preservar la audición y que mejoraron bastante los auriculares e imagino que estos nuevos modelos resultan menos dañosos. Pero esta materialización de las burbujas acústicas provoca mi perplejidad y más aún cuando procede de personas de cuarenta o más.
¿Será que no son capaces de inventarse una intimidad en medio de la muchedumbre? ¿Será que perdieron la capacidad de interesarse a los demás?

Yo seguiré en mi burbuja de sueños, que no me impide pillar estos momentos divertidos que no tienen desperdicio.

17/01/2010

Una semana rara

Ya nos libramos de la nieve. Ahora tenemos frío con viento y las calles de París siguen abandonadas por una población que se abriga en su casa o en algún café acogedor.
El otro día sobre las 20h, mi autobus de siempre batió una nueva marca, tardando media hora cuando usualmente necesita casi una hora.
El jueves en el mercado al lado de mi oficina, no se veía la afluencia ordinaria.
Ayer en la calle Etienne Marcel cuya impresionante colección de tiendas de marca anunciaba rebajas alcanzando el 70%, tampoco noté mucha vidilla. Y cuando caminé rumbo a los grandes bulevares, pasé por calles casi desiertas.
Así que llegué a preguntarme si invernan los parisinos...

Encontré una parte de la respuesta al hablar con mis colegas mientras compartíamos la tradicional tarta de reyes.
Esta muestra representativa de la población parisina comentaba entre dos bocados que el mes de Enero se hacía interminable y que resultaba difícil esperar hasta la próxima paga, y más todavía con las tentaciones de las rebajas.
Incluso escuché a una explicando que las rebajas vienen demasiado pronto después de las fiestas y que a la gente no le alcanza el dinero para tantas cosas.
¡Puede ser!
Y sin embargo en el metro crucé a varias personas que no sabían como arreglarselas con todas las bolsas de sus compras...
A ver si aumenta la vida en las calles con la mejora anunciada para los días que vienen.

De momento seguiré ordenando mis fotos y redactando las páginas atrasadas de ciudadluz.
¡Casi estoy al día!

10/01/2010

Flamenco y nieve

Llevaba siglos sin pasar por el Teatro de los Campos Eliseos y el espectáculo de Sara Baras me proporcionó una excelente razón de volver por allí.
Este magnífico teatro se halla en la muy selecta avenida Montaigne pero el frio y la noche no daban para vagabundeos. Así que pronto entramos en el amplio vestíbulo y tras esperar un pequeño rato pudimos llegar a nuestros asientos, en el primer palco, idealmente situados para disfrutar del espectáculo.
Por cierto nos costó un poco colarnos en nuestros asientos por el diminuto espacio disponible para las piernas. Pero la fantástica prestación de la Doña y de su compañía nos hizo olvidar este detalle y pasamos un excelente rato.
Y por supuesto lo alargamos compartiendo las sensaciones mientras caminábamos rumbo a los Campos Eliseos.

Al día siguiente empezó el tema de la nieve: ¿Caerá, no caerá? ¿Se mantendrá o se derretirá?
Al final la nevada empezó en medio día. Las aceras se volvieron algo resbaladizas pero no dio para mucho más y el principal efecto de la nieve fue estorbar el primer día de las rebajas.

El jueves y el viernes, tenía que perderme por las afueras de París y en estas zonas la nieve pronto se convierte en auténtica pesadilla. La diferencia de temperatura entre París y las afueras alcanza dos o tres grados y eso cambia todo: la nieve en polvo agradable se convierte en placa de hielo tramposa, y como los trayectos en coche son casi ineludibles, eso complica aún el panorama.
Lentamente y con prudencia, superé la prueba...

Ayer seguíamos con el mismo tiempo y las aceras parisinas resultaban demasiado resbaladizas para pasear serenamente. Así que me libré en un plis plas de las compras imprescindibles antes de competir con las gatas por las mantas de mohair :-)

Lo bueno de todo eso es que me dejó tiempo para seleccionar fotos y redactar algunas cositas.

3/01/2010

Para bien empezar el año...

¡Nada de buenas intenciones que nunca se cumplen ni de deseos tan formales que pierden la sinceridad!

Os deseo a todos una viajecito a París, con algo de fantasía para alegrar la visita, y algún encuentro improbable para completar la magia.

Este año nuevo empezó con el cielo gris tan especial de París perfecto para curar cualquier resaca. Pero al día siguiente regalaba sol y frio, ideal para salir en busca de fantasía.
Quedé con unos amigos a la salida de la estación Saint-Paul y me impresionó la cantidad de turistas de todas las nacionalidades que rondaban por este sitio. Por suerte se marchaban rumbo al Norte así que pudimos visitar el pequeño museo de la Magia sin agobios. El sitio me pareció realmente asombroso y es una visita que recomiendo a todos (y más a los que van con niños).

Y hoy el día empezó con uno de estos azules de invierno que tanto me gustan y la suerte me regaló la compañía de otra viandante para disfrutar de varios rincones parisinos.

Y a los que se preguntan como encuentro tiempo para hacer tantas cosas, voy a desvelar un secreto: NO tengo televisión. Total en vez de pasar 3h24 en frente de esta maquinita cada día (eso es el tiempo medio que dedican los franceses a esta actividad), dispongo de 3h24 para meterme en cualquier fantasía :-)))

Y como la lista de ideas se alarga cada día, se me da que el 2010 será una gran cosecha.

2010.jpg

¡Feliz año nuevo a todos!

27/12/2009

Otros mercadillos...

Aproveché los últimos días antes de Navidad para seguir explorando los mercadillos que instalan en París para las fiestas.

Pasé primero por la plaza Saint Sulpice en donde encontré una cincuentena de casitas cuidadosamente ordenadas alrededor de la fuente central. Lo primera que noté fue esta casita que proponía fondue de queso de Saboya. No sólo olía bien sino que también me pareció una buena idea de comida para estos días de frio.
A continuación constaté que las casitas presentaban productos de muy buena calidad, bastante refinados y de alguna forma pensados para la clientela adinerada del distrito 6.
Me impresionó el belén instalado por la asociación de los amigos de los belenes. Ocupaba una gran mesa de casi 10 metros cuadrados y presentaba una cantidad impresionante de figuritas de Provenza, rebaño, casa típica y molino incluidos.
Y no faltaba la ineludible casita del vino caliente luciendo sus utensilios de cobre.

Otro cantar fue al lado de la iglesia de Saint Germain des Prés.
En este lugar vi una triste fila de casitas alineadas a lo largo de la abadia y me hizo pensar a las casetas que bordean las Galerías Lafayette. Se salvaban las casitas instaladas al lado de la entrada de la iglesia, con productos de mejor calidad y unas instalaciones que desprendían este ambiente que uno espera al visitar un mercado navideño. Pan de especias, vino caliente, prendas de invierno, ... se notaba mucho más curiosidad en la mirada de los paseantes.

Tras estos experimentos, di la exploración por acabada y me interesé a otro descubrimiento: un nuevo dulce de navidad con sabor de caramelo.
Si se reveló riquísimo, no colmó todas mis expectativas pero es que me vuelvo cada día más exigentes con los postres :-)

Y ahora, tras dedicar mi sábado a visitar el museo Carnavalet, me preparo a volver a la oficina en donde sólo queda el 10% de los efectivos.
Con suerte podré librarme de todos los expedientes de pesadilla que se amontonaron en mi despacho. Y si no es así esperarán el año nuevo :-)))

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