Caminando por París con Caol

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28/04/2019

Caminando

Esta semana fue preciso salir con paraguas, pero entre dos chaparrones pude pasear por varios lugares del distrito XX.

Para empezar, pasé por la plaza de la salamandra, escondida en medio de una manzana. Allí los niños estaban aprovechando los juegos instalados en el recinto del jardín, mientras los adolescentes estaban reunidos en una de las esquinas exteriores.
A continuación, pasé por la plaza Vitruve, un pequeño espacio totalmente mineral que se halla al pie de las torres Saint-Blaise (32 pisos) y Giralda (38 pisos). En este lugar que tiene una de las densidades de población más alta de Europa, apenas vi a dos personas...

Al día siguiente, pasé por la pequeña calle Galleron y constaté que rodea una pequeña plaza arbolada que no tiene nombre. Lo mismo pasa con la pequeña plaza que comunica la calle Pierre Bonnard. En ambos sitios, sólo faltaba una terraza de café para disfrutar el atardecer.

Siguiendo rumbo arriba, llegué a la plaza Martin Nadaud, en donde dos artistas pintaron la calle con largas rayas, lo cual transforma el espacio que utilizaban los coches en una zona peatonal y festiva.
Pero la plaza que más me gustó es la pequeña plaza Joseph Epstein en donde la fuente Wallace, vestida de amarillo, da un toque muy alegre al espacio.

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Ayer no salí de los barrios periféricos de París porque no tenía ganas de topar con uno de los grupos de rebeldes que pelean con la policía. Dicen las noticias que los chalecos amarillos son cada vez menos, pero yo veo cada día más escaparates tapados por tablas de OSB.
Me perdí por la zona comercial que crearon en el bulevar Mac Donald y al volver pasé al pie de la torre Boucry y sus 30 pisos.

Hoy caminé rumbo a la calle Botzaris en donde una asociación organizaba un gran mercado de segunda mano a lo largo del parque des Buttes Chaumont. Recorrí metódicamente la instalación, ida y vuelta, pero no encontré muchas tentaciones.
Quise volver en autobús, pero por las obras y por la reforma de las líneas de autobuses, tuve que cambiar de camino.
Ya llevamos una semana con la red reformada. Mi autobús de siempre no fue impactado pero para muchos parisinos, algunos cambios tienen consecuencias importantes. Yo solo tuve que actualizar la aplicación que tengo en el móvil.

Y ahora toca preparar el día de los trabajadores.

14/04/2019

Con sol fresquito

Después de varios días de mucho trabajo y de muchos compromisos, quise dedicar este fin de semana a esos recorridos que tanto me gustan. Y como no quería correr el riesgo de topar con algún grupo de chalecos amarillos, seguí paseando por el distrito XV.

Mis recorridos empezaron rumbo al Este a partir de la estación de metro Convention.
El sábado organizaban una venta de objetos de segunda mano así que pude hacerme una idea de la sociología del barrio al mirar los puestos: objetos de diseño o de buen nivel cerca del metro, trastos de todas clases al acercarse de la zona de viviendas sociales que bordea los carriles de la estación Montparnasse.
Percibí la misma sensación de barrio de buen nivel económico al pasar de nuevo allí esta mañana y al contemplar las mercancías del mercado dominguero. Luego un sencillo vistazo hacia las estadísticas me confirmó lo que intuía: los ingresos en el distrito XV son 50% más elevados que en mi modesto barrio.
Yo aproveché esas visitas para comprar una serie de colgadores y para probar un delicioso pastel de naranja.

Las calles que seguí rumbo al Norte me llamaron la atención esencialmente por la presencia de varias torres, justo al lado de construcciones de otros siglos. Preferí seguir por el Bulevar Pasteur, rumbo al distrito VII y pasé por la muy tranquila avenida de Breteuil, en donde el único almacén es una droguería.
En el césped central, dos equipos de jóvenes bien educados estaban jugando frisbee mientras algunas mujeres paseaban con sus perritos.
Al pie de la iglesia de los Inválidos, una treintena de dueños de coches de colección comparaban los accesorios de sus tesoros.

Seguí rumbo al norte, crucé el Sena y así fue como pude pasar un rato mirando la fila impresionante de los corredores del maratón de París. En este punto, un grupo de tambores estaba tocando para animar a los deportivos y regalarles un ritmo festivo.

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En los Campos Elíseos, el tráfico automóvil estaba prohibido y los policías intentaban controlar el paso de la gente. Yo seguí rumbo al Norte y al pasar al lado de San Agustín constaté que todavía quedan grupos de católicos que celebran el domingo de Ramos.

Al llegar a la plaza de las abadesas, noté otro mercadillo de segunda mano, pero supe resistir a las tentaciones :-)

7/04/2019

¡En abril no quites fil!

Ya estábamos disfrutando de la primavera cuando la temperatura pasó brutalmente de unos diecisiete grados a unos cinco, confirmando una vez más el refrán. Y como si fuera poco también tocó aguantar varios chubascos.
Pero eso no me quito las ganas de seguir visitando la ciudad de las luces y aproveché un rayo de luz para pasear por el distrito XV.

Mi recorrido empezó en la estación de tranvía “Pont de Garigliano” y caminé rumbo a la puerta de Versalles.
En esta parte de los bulevares exteriores se ven viviendas sociales por un lado y edificios de las instituciones militares por el otro. Sobra decir que con este vecindario no se ven mucha vidilla en la calle...
Algunos de los edificios tienen un diseño muy bonito, pero al ver todos estos carteles “prohibido sacar fotos” y todas las cámaras de vigilancia, no me arriesgué a transgredir esa regla.

20190407.jpgLuego seguí por la calle Desnouettes, en donde la compañía de metro hizo construir un curioso edificio de oficinas en el número 43bis. Si la forma imaginada por el arquitecto Emmanuel Saadi me pareció interesante, no me gustó este color verde, inútilmente llamativo.
Más adelante visité un jardín público que se halla en medio de una manzana y al ver la gente que frecuenta este sitio, pensé que la vida en este barrio debe de ser muy agradable.

Seguí rumbo a la calle des Morillons, famosa porque alberga el sitio en donde, con mucha suerte, uno puede encontrar un objeto perdido en París. Si la institución estaba cerrada, el parque Georges Brassens con su vestido de primavera ya acogía a muchos parisinos con ansias de naturaleza.

Yo visité una ferretería en donde encontré una selección de utensilios muy bonitos y pasé un rato charlando con el dueño que ya sabía que la ferretería Royer cerró definitivamente. Y seguí por la calle de Castagnary en donde constaté que destruyeron el edificio que albergaba el mercado de productos del mar ;-(

Seguí rumbo al norte y me paré en la pequeña tienda que el chef Cyril Lignac instaló en el bulevar Pasteur. Yo escuché varios programas de radio con este señor y siempre aprecié su entusiasmo, pero nunca había probado una de sus producciones. Me dejé atrapar por un pastel de avellana, básicamente exquisito, y eso fue una agradable conclusión después de varias horas caminando :-)

31/03/2019

Primavera...

¡Por fin tenemos un tiempo primaveral!
Si al salir de casa por la mañana el jersey sigue imprescindible, al volver por la tarde es preciso guardarlo en la mochila y sacar las gafas de sol.

Aproveché uno de estos atardeceres para seguir explorando el distrito XII y más precisamente los callejones sin salida que comunica la calle de Reuilly. Pero llegué demasiado tarde para poder entrar como si estuviera buscando algún taller. A pesar de la hora pude recorrer el pasillo que llaman “Square Saint-Charles”, con el muro de una escuela por un lado y el patio ajardinado de una inmensa residencia por el otro. La gente que vive en este sitio no tendrá problema para llegar a fin de mes.

El jueves tuve ganas de pasar por los jardines del palacio real y con gusto constaté que las magnolias ya tenían su vestido de flores rosas. Desgraciadamente, cuando pasé allí el jardín permanecía cerrado y no pude acercarme a los árboles. Por la noche pasé al lado del parque des Buttes-Chaumont, ya invadido por los parisinos en busca de los últimos rayos de sol.

Pero la mejor imagen de la primavera parisina es la que pillé en el parque de Bercy.

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Ayer tuve la grata sorpresa de constatar que mi calle ahora forma parte de una zona “París respira”, lo cual significa que impiden el tráfico automóvil entre las 11 de la mañana y las 18. La verdad es que no tener el ruido de los coches y de las bocinas es muy agradable.

Hoy tocaba retomar el circuito de los mercadillos.
Pasé primero por el bulevar de Belleville en donde los ciudadanos de a pie proponían sus trastos en la acera o en algunas mesitas. En estos casos, cuando ya no tienes espacio en los armarios, es preciso definir una búsqueda precisa para no volver con un montón de cosas inútiles. Yo decidí que buscaría bolas decorativas para barandilla de escalera.
Sobra decir que no encontré objetos de este tipo en este mercadillo.

Luego caminé rumbo a la iglesia Saint Ambroise en donde organizaban otro mercadillo con anticuarios y profesionales. Las carpas instaladas ocupaban setecientos metros en una de las aceras del bulevar Voltaire. Eché un vistazo a todas las instalaciones, pero el único que me pareció interesante (un objeto de madera con forma de huevo) resultó fuera de presupuesto.
Total, fueron varios kilómetros sin gastar un duro.

Y ahora toca escoger los paseos de la semana que viene...

3/03/2019

Paseando alrededor del jardín de Reuilly

El parque de Reuilly fue creado en el espacio que ocupaba una antigua estación de clasificación ferroviaria y ahora es el centro verde de una zona totalmente transformada en los años 90s.

De forma triangular, esta zona está limitada por las calles de Reuilly y Montgallet y por la avenida Daumesnil. Pero desde estas vías no se ven muchas cosas.

Yo descubrí el jardín, años atrás, al recorrer la Senda Verde. Pero pronto seguí por el túnel que lleva a la parte siguiente de la senda y no me paré para explorar este barrio nuevo. Y la verdad es que es una zona difícil de entender porque combina varios niveles y varias formas de movilidad.

Para los peatones, otro punto de entrada es la escalera que comunica la calle de Reuilly con la alameda Vivaldi y deja ver el eje principal de la zona.

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Detrás de los soportales de la acera norte de esta calle, varios comercios se instalaron. A mi parecer, el sitio no tiene mucha vida, pero tendría que comprobar como va el tema a la hora de almorzar o de cenar.
Esta alameda lleva a una de las entradas del parque de Reuilly, entre una piscina y una sala de deporte, en donde la pasarela del jardín marca la continuación del eje principal.

Yo preferí dar la vuelta del jardín y así fue como descubrí los edificios de oficinas construidos al lado de la calle de Reuilly y que albergan estructuras como el centro nacional de los funcionarios territoriales o el centro nacional de estudios espaciales.

También descubrí que un callejón sin salida comunica los edificios que se hallan entre la calle de Reuilly y la alameda Vivaldi. Aquí construyeron una serie de locales de almacenamiento, pero pocos encontraron sus dueños...

Para acabar, quise recorrer la calle Montgallet, muy famosa por la cantidad de tiendas de productos informáticos que se instalaron allí. Y la verdad es que no se ven muchos comercios de otros tipos. Pero bajo un rayo de sol casi primaveral, la calle tiene buena pinta y bastante vidilla.

Al llegar a la avenida Daumesnil, se ven comercios más variados, entre los cuales uno de los almacenes de bricolaje que me gustan.
¡No pude resistir!

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