Caminando por París con Caol

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10/06/2018

Visita guiada

Hace poco, uno de los conferenciantes que sigo en internet anunció que organizaba una visita guiada por una zona de París que se llama “la campagne à Paris”. Sé que ya pasé por esta zona, pero como fue años atrás pensé que merecía la pena recorrerla de nuevo con explicaciones extras. Además, me encantan las fotos que publica este señor.
Así fue como llegué a la salida de la estación Porte de Bagnolet, en el lado del bulevar Mortier, a las 14 y media.

Los visitantes llegaron poco a poco y al final llegamos a constituir un grupo de veinte personas alrededor de Bruno Ballet, ingeniero agrónomo y ecólogo.

Este señor empezó presentando los árboles de la plaza en donde estábamos, así como varias plantas salvajes que aprovechan todos los intersticios de la ciudad. Y después de varias digresiones, empezó a contarnos la historia de “la campagne à Paris”.

Al principio, crearon una cooperativa obrera cuyo objetivo era proporcionar alojamientos correctos a la población. La cooperativa compró el terreno de una antigua cantera de yeso, en donde habían dejado todos los escombros de la creación de la avenida Gambetta. El proyecto era construir 92 pabellones y venderlos a crédito a sus socios, empleados o artesanos con ingresos modestos pero constantes.
En aquel entonces, se consideraba que el pueblo, al convertirse en propietario, dejaba de meterse con las ideas revolucionarias y empezaba a aburguesarse.
Una primera fase de construcción fue acabada antes de la guerra de 1914 y la urbanización fue acabada en 1928.

Al final de esta introducción pudimos enfrentar la calle del Padre Prosper Enfantin, y su escalera que permite subir de 13 metros en apenas 40 metros, pero lo que se ve al final de la ascensión merece la pena.

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Las dos calles adoquinadas de la parte superior de la urbanización siguen las curvas de nivel. Comunican dos filas de pabellones diseñados por varios arquitectos, pero muy parecidos. Cada casa es separada de la calle por un pequeño patio y casi todos los inquilinos ponen vegetación en este espacio.

Me impresionó la cantidad y la variedad de rosas. Algunas casas van vestidas de parra virgen. Otras lucen glicinia, madreselva, clemátide o pasiflora. Y yo me preguntó como serán los jardines que se esconden detrás de las casas...

Algunas escaleras dejan ver partes de estos jardines y nuestro guía nos presentó estas zonas como una estupenda reserva de biodiversidad.

Pasamos casi tres horas en esta zona y recorrimos apenas un kilómetro sin aburrirnos.
¡Pocas veces caminé tan lentamente!

3/06/2018

Una carta del hemisferio sur

Hace poco me llegó una carta procedente de Buenos Aires: “Hola Caol, en 2014 nos llevaste a conocer hermosos lugares de Paris en especial los pasajes, estaremos nuevamente en Paris en junio, nos gustaría poder realizar contigo el recorrido que nos propongas.”
En 2014 se trataba de un paseo organizado por la asociación de los parisinos y me alegró aprender que estos paseantes tenían ganas de probar otro recorrido. Total, pensé que ya era hora de concebir el paseo que quiero hacer por el Este de París. Y avisé que, si no les molestaba estrenar un recorrido, podría proponerles algo.
Ahora llevo varios días calculando los sitios por donde quiero pasar y lo que quiero enseñar. Pero también necesito visitar de nuevo estos lugares y encontrar caminos para enlazarlos, y eso necesita tiempo.

Esta semana exploré la zona de la calle de Bagnolet y las callecitas que comunica. Poco tiempo después de empezar la exploración tuve la suerte de encontrar una reja mal cerrada al principio de la Villa Godin y aproveché la oportunidad de visitar este rinconcito que todavía no conocía.

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Seguí el estrecho pasillo y su vegetación exuberante y descubrí una sucesión de casas de tamaño modesto, pero globalmente muy bien cuidadas. La senda apenas tiene dos metros de ancho y 135 metros de largo. Cuenta con una pequeña escalera para llegar a las parcelas que se hallan al pie de la muralla del cementerio del Père Lachaise.
Me impresionaron las colecciones de rosas, así como algunas clemátides. Si la ausencia de coches es algo muy agradable, también noté que se escucha muy bien las charlas de los vecinos y no sé si la convivencia diaria es tan fácil. Pero no hice preguntas y me marché de puntillas.

A continuación, pasé por la calle Lesseps y al final encontré el jardín natural Pierre Emmanuel. Al entrar en este espacio uno tiene la sensación de caminar por un bosque y resulta muy agradable porque se escucha el canto de varios pájaros. Uno llega así a una parte que se parece a un prado y llega a la calle de la Reunión.

Aquí se halla una discreta entrada del cementerio. Entré, subí las escaleras y constaté que eso me llevaba muy cerca de la “pared de los federados”. Pero volví a la calle de la Reunión y a la exploración del barrio.

Recorrí la calle Lignier muy bien cuidada por sus habitantes antes de seguir rumbo a la cité Aubry y a la Villa Riberolle.
La villa Riberolle cuenta con varios talleres, más o menos transformados en viviendas. Noté a mano derecha un grupo de jóvenes esperando delante de un estudio de danza y varios locales de cultura alternativa.
Al salir de este sitio, seguí por la cité Aubry y descubrí un gran jardín compartido. Desgraciadamente estaba cerrado así que decidí que ya tenía mi cuenta de exploraciones y apunté que tengo que pasar por allí otra vez.

13/05/2018

París sin dinero

Para quién anda cortito de dinero, recorrer las sendas parisinas resulta una diversión a la vez barata e instructiva. Total, retomé el librito de la senda que da la vuelta de París y seguí explorándola.

Al final de la precedente sesión, había llegado a la puerta Maillot después de caminar por el Bosque de Boulogne. Uno de los autobuses que pasa al lado de mi casa me llevó al arco del triunfo y a partir de allí seguí la avenida de la gran armada rumbo al punto de salida de la senda en la puerta Maillot, y después de pasar al pie del palacio de los congresos y encima del periférico, encontré las marcas de la senda 2024 a mano derecha.

El primer tramo pasa entre unos edificios modernos normalitos y el periférico, y no me pareció muy interesante. Pero a quinientos metros del punto de salida, la senda abandona las calles para seguir el paseo Bernard Lafay.

Este paseo, muy bien acondicionado, camina entre una zona de viviendas sociales e instalaciones deportivas. De paso uno descubre el pequeño jardín Lucien Fontanarosa, antes de llegar al jardín Jacques Audiberti en donde una tumbona instalada en medio del césped invita a convertirse en lagarto. A continuación, pasé por las terrazas del jardín Lily Laskine antes de llegar a una zona que se parece a un pequeño bosque oblongo con dos sendas, una con sombra y la otra con sol. Ambas sendas comunican una zona de instalaciones deportivas.

Al cruzar la calle de Courcelles, se ve el edificio moderno que alberga el conservatorio municipal Claude Debussy. El recorrido sigue a lo largo de viviendas sociales y terrenos de deporte primero al Oeste del periférico y luego al Este.

Esta parte del sendero se acaba en el pequeño jardín Claire Motte, escondido en medio de una manzana.

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En este sitio, me paré a dos metros de un chochín común, cuyo canto es muy alegre y tiene una potencia sorprendente para su tamaño.

Luego abandoné la senda 2024. Pasé al lado de los talleres de la ópera y al pie del nuevo edificio del ministerio de la justicia. Seguí por los bulevares Berthier, Bessieres y Ney en donde admiré las rosas del liceo Honoré de Balzac y constaté que las obras de instalación del tranvía están progresando. Espero que eso provoqué las mismas mejoras que en la parte Este de París.

Y ahora sólo quedan dos tramos de la senda por explorar. Continuará...

29/04/2018

Primer puente de mayo

La última semana de abril nos regaló varios días soleados, perfectos para pasear por las calles de la capital. Así fue como descubrí la existencia en París de una calle del Sol en donde las casas ya no benefician del sol de la tarde porque construyeron un gran bloque en la acera Oeste...

Noté varios parques en varios sitios y casi todos estaban abiertos y, al atardecer, muy concurridos por las familias. Las cosas resultan algo diferentes al lado de mi casa. En el jardín León todo pasa como en los otros jardines que pude visitar, con zonas de juegos para los niños y mesas con ajedreces para los mayores. Pero también toca mencionar dos jardines cerrados al público, en donde sólo se ven un vigilante y su coche, 24 horas al día. Eso es la única solución que encontraron los servicios del ayuntamiento para evitar la instalación de campamentos de migrantes. ¡Me desespera!

A lo largo de mis recorridos encontré en alguna pared del distrito XX un eslogan irónico que me hizo reir.

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¡Salvemos a los patrones, volvámonos voluntarios!

Lo bueno fue que el viernes se acabaron las vacaciones del panadero de la esquina. Viajó a Egipto para visitar a la familia, y cuando compré unos pasteles, su mujer me confió que le costaba mucho volver a la realidad parisina.

Este fin de semana coincidía con el primer puente de mayo, pero también con el fin de las vacaciones parisinas. Así que una parte de la población se marchó de la capital, mientras otra volvía, por los niños o por las perspectivas de lluvia.
Yo beneficié del puente, pero como una de mis gatas se enfermó, preferí quedarme en París.

Quise visitar un nuevo espacio creado en el edifico de una antigua fundería y bautizado “taller de luces”. Desgraciadamente, mucha gente tuvo la misma idea y cuando vi la cola para entrar, preferí renunciar.

Total, pasé un largo momento explorando el mercadillo instalado en el bulevar Voltaire, en busca de alguna ganga. Pero los precios de los anticuarios y de los chamarileros instalados en la acera no cuadran con mi presupuesto.
Lo bueno es que están haciendo obras en el bulevar para crear carriles reservados a las bicis. Y eso sí que mejorará la vida de los ciclistas parisinos.

16/04/2018

Explorando...

Cuando volví a casa ayer, mi podómetro marcaba 27643 pasos. Pero si sumo los pasos de todos los días de la semana son 144923 pasos, lo cual representa más a menos 103 kilómetros...

Aproveché el primero rayo de sol para recorrer la zona de viviendas sociales que se halla al norte de Parque Severine, entre la puerta de Bagnolet y la puerta de Menilmontant. Lo que más me impresionó es la calidad de estos edificios de cemento y ladrillos rojos, construidos en los años 1930s. Ordenados en manzanas con calles interiores, patios abiertos y jardines, dejan espacios para que los inquilinos puedan respirar y parecen mucho más agradables que algunas construcciones más modernas. Al llegar a la puerta de Menilmontant, un grupo escolar de tamaño adecuado marca el límite Norte de esta urbanización.

A partir de allí se ve otra manzana en donde plantaron seis edificios altos en medio de un jardín y la verdad es que el hecho de tener césped y árboles al pie de tu casa debe de ser muy agradable.

Luego el ambiente cambia radicalmente ya que a partir de la calle de Guebriant hasta la puerta des Lilas, en ambos lados del bulevar Mortier se estiran instalaciones militares con todas las herramientas de seguridad que uno puede imaginar. Pasé por la estación de autobuses en donde encontré una línea que me llevó cerca de mi casa.

Al día siguiente quise pasear por un grupo de calles que bordea el parque des Buttes Chaumont. Encontré una calle de los solitarios, con mucha gente paseando. Más lejos, los antiguos estudios de la Sociedad francesa de producción fueron destruidos para construir viviendas y escuelas, y si no fuera por el nombre de una calle (patio del séptimo arte), nadie recordaría que aquí fue donde Louis Gaumont construyó un primer taller cinematográfico...
Tendré que pasar por allí otra vez.

Pero entre todos los sitios que vi esta semana, creo que el que más me gustó es esta tienda del distrito XX.

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Jerga libre: sitio de archivos, de estudio y de conspiración.

Ayer pasé por varias callecitas del distrito XI cerca de la calle de la Folie Méricourt.
Transformaron casi todos los antiguos talleres en loft y se ven cada día más tiendas pensadas para los burgueses bohemios parisinos que no asusta el precio de 9000 euros por metro cuadrado...
Para mantener la moral, hice una parada en una pastelería de la calle Ledru Rollin, antes de seguir rumbo al Sena.

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