Caminando por París con Caol

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1/10/2017

Explorando...

Aproveché una tarde de buen tiempo y poco trabajo para explorar una parte del distrito XII.
Muy cerca de la estación de tranvía de la puerta de Vincennes, varias callecitas bordean el antiguo ferrocarril que daba la vuelta de París y tenía ganas de recorrerlas.

La primera empieza en la calle de la Voûte y se acaba en la avenida de Saint-Mandé. A mano izquierda se ven esencialmente edificios de los años sesenta, pero todavía existen algunas casitas olvidadas por la especulación inmobiliaria. A mano derecha el talud del ferrocarril proporciona sombra y humedad.

Después de cruzar la avenida de Saint-Mandé, el recorrido pasa por un callejón sin salida bautizado "Villa du Bel Air". A mano izquierda se ven construcciones de todos tipos: un bonito edificio "art deco", otro que parece normando... casi todos separados de la calle por micro jardines. A mano derecha, el ferrocarril camina al nivel de la calle y una portilla da acceso a las vías.
Aquí es donde colocaron un cartel para presentar un mapa del espacio de los trenes. Pero no pude determinar el nivel de desarrollo de este proyecto de transformación.

Al final de la calle encontré una vía muy estrecha bautizada senda de la "lieutenance" que lleva el peatón al bulevar Soult.
En el mismo bulevar, más al norte, la senda de los cerezos permite volver al callejón sin salida. Esta vía tiene un metro de ancho y comunica las casas construidas en medio de la manzana. Provoca una sensación ambigua entre inseguridad y curiosidad.

Abandoné la zona del ferrocarril para caminar rumbo a la calle del Rendez-vous y explorar otras callecitas.

La calle du Rendez-vous es una calle agradable de muchos comercios.
Comunica una primera callecita, en donde los locales de los artesanos fueron transformados en viviendas. A continuación, una segunda callecita tuvo el mismo destino y ahora lleva a un gran jardín escondido en medio de la manzana.

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Me gustó mucho la fachada de esta casa que se halla al final de la callecita. Pero también me gustó el diseño de este parque que proporciona varios espacios a sus diferentes visitantes. Vivir en esta parte del distrito XII debe de ser bastante agradable…

24/09/2017

Caos cotidiano

Me gustan las caminatas de la madrugada y lo que te cuentan de la ciudad.
A las seis y media, ya se ven coches y furgonetas que aprovechan las horas de circulación fluida, pero no son muchos los peatones. En los supermercados, algunos empleados controlan los mostradores mientras otros reciben las mercancías. Los náufragos de la noche abandonan los rincones en donde se refugiaron para dormir un rato y se forman colas delante de laboratorios de análisis clínicos. Los bares empiezan a abrir y los primeros clientes aparecen para tomar el primer café del día.
El canal San Martin sigue durmiendo...

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Al salir del trabajo pasé por la calle del Docteur Arnold Netter y vi un pequeño recinto al pie de un árbol en donde un hombre estaba cuidando sus plantas. Tras mirar un rato, le felicité por su instalación y empezamos a charlar. Me contó que había pedido en el ayuntamiento el permiso para cuidar este micro recinto del espacio público y estaba muy feliz por los intercambios que tenía con los vecinos desde esta parcelita. Algunos le regalaron plantas, otros vinieron para ayudarle y lo más notable es que nadie estropea sus plantaciones.
Intentaron algo parecido en mi barrio pero no llegaron a un resultado tan logrado. :-(

El mismo día descubrí dos callejones improbables muy cerca de la plaza de la Nación. No sé cómo consiguieron que estas vías sean cerradas al tráfico automóvil, pero eso fue la primera buena sorpresa. La segunda fue constatar que, en esta zona de altos edificios, la calle estaba bordeada de casas pequeñas, muy bien cuidadas. Y para acabar, en el cruce de los callejones, también encontré un café restaurante muy acogedor.
En este sitio, por la noche, el dueño reservado y majo, atiende a una clientela que viene a tomar un chato con los vecinos al salir del trabajo. Al principio me sorprendió la proporción de mujeres, pero tras pasar un momento en la sala me pareció muy normal: nadie molesta y pueden quedar entre chicas.
Yo vine a cenar con un amigo y el sitio nos pareció muy correcto tan por la calidad como por el precio. Ahora sólo faltaría probarlo en medio día para ver cómo es la clientela del almuerzo.

Al día siguiente, participé a la manifestación de protesta contra las ordenanzas del nuevo gobierno. Mis compañeros y yo lucíamos cartelitos como “ingeniero rebajado” o “arqueólogo reducido a la osamenta”. Sobra decir que conseguimos un gran éxito y que son muchos los que nos sacaron una foto.
Los de arriba no escucharon nuestra protesta, pero por los menos pasamos una tarde agradable y divertida a pesar de la inquietud que se notaba entre los participantes.
Y ahora tendremos que trabajar más para financiar los juegos de 2024...

17/09/2017

Una semana parisina

Para bien empezar con esta nueva semana, recorrí caminando los siete kilómetros que me llevan a mi instituto y ajusté mi meta cotidiana a 16000 pasos. Pero algunas veces, evitar los chubascos resultó un poco complicado.

En la capital gala se celebraba la semana del diseño y los organizadores definieron cuatro zonas diferentes, entre las cuales “Barbes-Stalingrad”, que se extiende hacia la puerta de Bagnolet.
Yo tuve ganas de visitar las tiendas de los creadores instalados en mi barrio y escudriñé la lista que encontré en internet. Constaté pocas novedades, pero di una vuelta para enterarme de las últimas novedades y encontré cosas interesantes.

También se celebraban las jornadas del patrimonio y así fue como pude visitar uno de los edículos construidos para controlar la circulación del agua que alimenta la ciudad de París, cerca de la puerta des Lilas. La asociación que atendía a los visitantes también propone recorridos para ver varios lugares como éste y descubrir las instalaciones del Este de París. A ver si puedo participar a una de estas visitas alguna vez.

En el distrito XI, descubrí desde la ventanilla de mi autobús de siempre que la asociación “el genio de la Bastille” proponía un mapa indicando talleres de artistas abiertos, instalaciones, tiendas albergando exposiciones y actividades. Así que hoy caminé rumbo a la plaza Léon Blum para conseguir este precioso papelito y mirar las obras instaladas en la plaza.

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El recorrido pasaba por el bulevar Voltaire en donde organizaban un mercado de anticuarios así que aplacé la visita de los talleres para descubrir los últimos objetos de moda para decorar su casa. Pero vi pocas novedades.

Luego pasé por la galería de la asociación en donde presentaban las obras de varios artistas. En la cité Voltaire pude visitar el taller de una pintora y encontrar una obra que me pareció realmente interesante.
En la calle Voltaire tocaba visitar el taller de una ceramista, transformado en sala de exposición y la entrada de la escuela de estilismo ESMOD en donde presentaban las creaciones de algunos alumnos.
En la esquina de un callejón escondido, otro pintor presentaba sus obras mientras dos mujeres organizaban un taller al aire libre para los niños del barrio.

Ya llegaba la hora de volver a casa así que pasé otra vez por el mercado de los anticuarios y me metí en mi autobús de siempre justo cuando empezaba a llover...

Lo bueno de todo esto es que conseguí ver un montón de cosas y pasarlo bien sin gastar un duro.

21/05/2017

¡Sol!

Aproveché este fin de semana soleado para pasear por la ciudad de las luces.

Al lado de la vía verde, pasé por una callecita del distrito XII y encontré una instalación que me encantó. El ocupante de una planta baja utilizó su alfeizar exterior como estantería para instalar libros. Eso tenía pinta de invitación a coger uno y dejar otro y me dio envidia: desde mi tercera planta no puedo jugar así.
En la esquina de la callecita, un hombre mostraba mucho placer al escuchar en la radio un concierto de música clásica. Pensé un rato que podía ser el dueño de los libros, pero no quise molestarle.

En un callejón sin salida del mismo distrito, un arquitecto inventó una solución que me pareció interesante para permitir que los que viven al nivel de la calle guarden una forma de privacidad.
Aquí nada de rejas que transforman los pisos en cárceles, pero un encaje de metal que separa la calle del balcón y puede abrirse parcialmente cuando uno lo quiere. Y como este motivo también viste las paredes del edificio, se ve más como una decoración que como una reja.

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Traspasé la frontera del distrito XI. A dos bocacalles se veía mucha gente con paquetes de todas clases y caminando rumbo a la humilde iglesia Saint Marguerite. Cuando me acerqué vi que organizaban un mercadillo de barrio pero que todavía estaban en el proceso de la instalación. Total, seguí rumbo al bulevar Voltaire.

Cuando pasé delante del Bataclan, constaté que ya no se ven velas y ramos de flores. Ahora, a la izquierda de la puerta, una placa de mármol conmemora el acontecimiento...

Cerca de la plaza de la república, visité a una señora que vendía una alfombra hermana de la del otro día. Descubrí en el primer piso, un departamento muy bien decorado, con muchos detalles de diseño, pero tremendamente oscuro. La doña me contó que vivía en este lugar desde 1981, comentó las evoluciones sucesivas de su barrio y acabó diciendo que no quería marcharse de este barrio. Yo compré la alfombra y la llevé a casa en autobús.

La buena noticia del día es que seguimos con abejas en París y según parece, algunas aprecian las plantas que puse en mi balcón :-)

11/12/2016

¡De compras!

El ritmo laboral de este fin de año no me deja mucho tiempo para pasear, pero aproveché mis trayectos de la madrugada para contemplar algunos escaparates y sacar fotos con mi nuevo móvil. Hice un primer ensayo desde la entrada del pasaje Brady antes de pasar un ratito admirando el Papá Noel que se movía en uno de los escaparates del BHV, el gran almacén que se halla al lado del ayuntamiento.

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Ayer hice un gran recorrido con el pretexto de asesorar a un amigo que buscaba gafas nuevas.
Empezamos por una tienda del distrito 17, recomendada por la panadera de mi barrio que lleva gafas muy bonitas. Pero sólo tenían modelos muy clásicos y nos espantamos por el presupuesto que anunciaron.
Luego llegamos a la muy animada calle de Lévis en donde hicimos otra parada para tomar un café en el bar de la esquina. La cuenta de cinco euros para dos cafés servidos en la sala nos recordó que estábamos en un barrio burgués...
La calle de Lévis cuenta con muchos comercios y ese día las tiendas proponían todo lo necesario para las compras navideñas. Nosotros encontramos a otro óptico con un presupuesto más asequible. Encontramos un tercer presupuesto en el bulevar des Batignolles y un cuarto en la plaza de la República. Conseguimos muchas informaciones y ahora sólo falta comparar tranquilamente las proposiciones.
Yo no pude resistir a la llamada de unas estupendas gafas rojas y apunté la dirección...

En la plaza de la Repúbica la sociedad protectora de animales había instalado varias carpas para presentar animales que esperan adopción. Pero preferí no entrar.
Tras este largo recorrido, quise pasar por la calle Yves Toudic para visitar la tienda efímera instalada en un patio por la dueña de una galería que me gustaba y que ya no existe. El mail de invitación daba una dirección y precisaba que para conseguir el código de la puerta sería preciso llamar un número que comunicaba. El local era mucho más pequeño que la antigua galería, pero reconocí enseguida el ambiente y los objetos que me gustaban. Me costó un ratito escudriñar todos los detalles presentados, pero encontré el objeto que buscaba.

Hoy tocaba visitar los locales en donde los diseñadores y artistas de mi barrio proponían sus creaciones. Ya conocía todas las direcciones menos una y esa fue la única que visité.
En la calle Polonceau, convirtieron una tienda en galería bautizada “26 sillas”. Allí encontré los dibujos impresionantes por su precisión y por su construcción de Michel Elmi. También pude descubrir las cajitas mágicas del artista argentino Cuneo.
Luego hice una caminata cerca del canal Saint Martin y constaté que todas las terrazas estaban llenas de clientes.
En el bulevar Richard Renoir, varias carpas albergaban artesanas y sus productos.
En la calle Saint Maur, dos mozas me invitaron a entrar en un pasillo para visitar una tienda efímera. Me dejé llevar por la curiosidad y entré en el taller transformado en almacén en donde proponían prendas y accesorios. Si vi pocas cosas realmente interesantes, descubrí un nuevo tipo de comercio paralelo.

Y después de tantos kilómetros, consideré que podía pararme en la pastelería de la calle Saint Maur para tomar un pastelito con un té de menta.

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