Caminando por París con Caol

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22/09/2019

Buena vida cerca des Batignolles

Aproveché los últimos días de vacaciones para seguir explorando los tramos accesibles de la “pequeña cintura” y como uno de mis amigos estaba de paso en París, le embarqué en esta aventura.

Ese día se trataba de visitar el tramo que se halla entre la calle Alphonse de Neuville y la calle de Saussure. Quedamos en la estación de metro Wagram y caminamos tranquilamente rumbo a la calle Alphonse de Neuville. Pero cuando llegamos a la zanja de la “pequeña cintura” no encontramos la entrada.
Seguimos rumbo a la plaza de Wagram en donde tampoco encontramos entrada y fue preciso llegar casi al final de la parte accesible, al nivel de la calle de Saussure, para encontrar una entrada y una escalera.
Con gusto bajamos al nivel de los carriles, y para no perdernos algún detalle, recorrimos metódicamente los 700 metros del tramo.

Lo cierto es que este recinto, abrigado por los árboles, tiene una temperatura más fresca que las aceras. Yo noté varios cantos de pájaros que no se pueden percibir desde las calles por el ruido del tráfico automóvil. Pero también tuve la sensación de que no habían acabado la ordenación del sitio. Por cierto, eso no molesta a los deportistas que corren por la zanja, pero excluye a los niños y a los ancianos.

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Al llegar al final de este recorrido, quise enseñar las transformaciones del barrio des Batignolles a mi amigo y entramos en el jardín Martin Luther King.
No sabía que él había vivido en esta zona en los años 1980s, antes de mudarse a Montrouge. Así que no podía imaginar el asombro que sentiría al constatar todos los cambios. Subimos a la plataforma que permite admirar el parque, así como los nuevos edificios construidos en esta zona.
Le impresionó la variedad de los estilos arquitectónicos de los edificios nuevos y sacó varias fotos para comentar esta evolución con sus familiares. También notó la elegante silueta del nuevo Palacio de Justicia, pero no tuvo ganas de acercarse a la torre y de pasar más tiempo en este nuevo barrio.

Abandonamos el jardín y seguimos rumbo a la vieja iglesia des Batignolles. Allí encontramos un restaurante con una terraza sombreada, a salvo del ruido del tráfico automóvil, en donde pudimos almorzar tranquilamente.
Al mirar los demás clientes de este restaurante, me sentí muy lejos de mi barrio mestizado y travieso: treintañeros, algunos con niños, personas más viejas, pero todos blancos, elegantes, y todos con un poder adquisitivo más importante que los de mi barrio.

Al macharnos de este sitio, seguimos caminando rumbo a la estación del Norte en donde nuestros caminos se alejaban. Mi amigo siguió en metro mientas pasaba por el barrio indio.

15/09/2019

Primera huelga de la vuelta

El pasado viernes, los empleados de la sociedad de transportes parisinos (la RATP) se declararon en huelga para protestar contra la reforma de su sistema de jubilación. Sin detallar todos los cambios, el proyecto del gobierno significa trabajar más tiempo para una pensión reducida y son muchos los que no aceptan esta perspectiva.
Lo cierto es que cualquier huelga de la RATP puede provocar un tremendo caos para los habitantes de la región parisina.

El jueves anunciaron que diez líneas de metro permanecerían cerradas y que la frecuencia de los autobuses sería reducida.
En mi instituto, algunos cambiaron su día de teletrabajo mientras otros se tomaban un día libre. Yo sé que puedo recorrer andando los siete kilómetros que me separan de mi oficina así que deje rienda suelta a la improvisación.

Este viernes salí de casa muy temprano. Decían que, en mi línea de siempre, circularían dos de cada tres autobuses, pero preferí seguir caminando ya que cuando hay huelga, nunca se sabe si uno podrá subir al colectivo.

Al seguir el recorrido del autobús, noté una cantidad impresionante de gente en la calle, buscando una solución para llegar a su destino del día, a pesar de la ausencia de metros. Y pude llegar a la plaza de la Nación cinco minutos antes que mi autobús de siempre. Cuando llegó, estaba lleno de gente. Por suerte muchas personas se pararon en la plaza: pude subir, encontrar un asiento y llegar a mi oficina con media hora de atraso.
Los que viven al lado del instituto ya estaban presentes, los demás llegaron más tarde.

Al final de mi jornada laboral, sabía que no tendría más remedio que volver a casa caminando. Así que me paré en la primera panadería para comprar un bocadillo antes de hacer los ocho kilómetros de la vuelta.
Luego seguí la calle de los Pirineos rumbo a la entrada Este del cementerio del Père Lachaise y a la avenida correspondiente. Pasé por la calle Boyer y la calle del “ermitage” antes de volver a visitar dos callecitas de otros tiempos.

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En esta zona de París también hubo cambios, pero por lo menos supieron conservar la tranquilidad de estas callecitas.
Luego visité el pequeño jardín que acondicionaron entre la calle del “ermitage” y la calle de las cascadas. Utilizaron varios elementos recuperados en el puente nuevo y eso le da un toque interesante a este espacio.
En la calle de las cascadas, el local de los anarquistas estaba abierto pero ya sentía cansancio y seguí adelante.

Cuando llegué a casa, el podómetro marcaba 22342 pasos.

8/09/2019

Más exploraciones...

Al acabar el precedente paseo por la pequeña cintura, sentí mucha frustración porque fueron muchas horas caminando para descubrir unos tramos finalmente bastante cortos. Así que seguí buscando informaciones acerca de los tramos accesibles y reservé tiempo para visitar dos secciones que me parecían muy interesantes.

La primera se halla en el distrito XX y tiene una de sus entradas en la calle de Ménilmontant, al nivel de la calle Sorbier. En este punto, una escalera permite bajar al nivel de los carriles y descubrir un espacio de 5000 metros cuadrados abierto en noviembre de 2018. El tramo público se acaba al nivel de la calle des Couronnes, en donde empieza un largo túnel.

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Este pequeño espacio, escondido al pie de altos edificios, proporciona sombra y fresco, dos cosas muy agradables cuando una ola de calor maltrata la ciudad. Antaño, la gente podía pasar por el pequeño puente para cruzar el espacio de los carriles. Pero ahora, el puente permanece cerrado y es preciso atravesar el jardín para seguir la calle de la Mare.

De momento, este jardín no tiene mucha vidilla ya que lo primero que hicieron los vecinos fue tapar los espacios privados que miran hacia el jardín. Pero imagino que dentro de unos meses algunos voluntarios organizarán un jardín compartido para mejorar la convivencia.

La segunda sección que visité se halla en el distrito XVI y fue abierta en 2007. Empieza al lado de la antigua estación de “La Muette” y camina rumbo a la antigua estación de la puerta de Auteuil, por una zanja que bordea los bulevares de Beauséjour y de Montmorency, por un lado, y los altos edificios del bulevar Suchet, por el otro.

A pesar de llevar una docena de años de existencia, este tramo tiene poca frecuentación. Pero la estructura que acondicionó este espacio ya tuvo tiempo para instalar carteles que proporcionan informaciones muy interesantes acerca de los suelos, de los árboles y de los animales que viven en esta zona.
Y la vegetación también pudo desarrollarse y en algunos puntos, uno olvida totalmente que se halla en París.

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En la puerta de Auteuil, todavía hay obras, pero ya hicieron una callecita que te lleva al café instalado en la antigua estación. Pasar un rato en la terraza de este establecimiento fue un gran momento de sociología, con observaciones conformes a las que hicieron Michel Pinçon y Monique Pinçon-Charlot en sus diferentes libros :-)

Luego seguí caminando rumbo a la iglesia de Auteuil, pero pronto me cansaron estas calles si vida y subí en el primer autobús que pasaba para marcharme de esta zona.

Hoy, con gusto recorrí el bulevar de Charonne y el bulevar Voltaire, en donde organizaban ventas de segunda mano y de antigüedades. Por lo menos había vida :-)

1/09/2019

Fiestas por todas partes

Este fin de semana, organizaban fiestas por todas partes, como si se tratara de suavizar el fin de las vacaciones.
Entre los distritos X y XVIII, celebraban la fiesta del dios Ganesh. En el distrito XX, en la plaza de la Réunion, se trataba de la fiesta de los “Griots” y alrededor de la ciudad, proponían una fiesta de la “pequeña cintura”.

Ya asistí a varias fiestas de Ganesh, y varios Griots cantan al lado de mi casa, así que preferí aprovechar la fiesta de la pequeña cintura para explorar algunos tramos abiertos excepcionalmente al público.

La visita empezó en el puente de la calle Didot que se halla encima de la zanja del ferrocarril. En este punto, instalaron una amplia escalera temporal para que la gente pueda bajar al nivel de las vías. Y para que el paseo sea agradable, llenaron el espacio entre las vías con virutas de madera.

La verdad es que este espacio es impresionante por la cantidad de plantas y árboles que se desarrollaron en ambos lados y por la variedad de cantos de pájaros que se puede escuchar.
También pude admirar un antiguo edículo muy bien decorado por algún artista callejero. Dicen algunos que daba acceso a las Catacumbas y que ya lo condenaron. Yo preferí seguir caminando.

Este primer tramo de casi un kilómetro me llevó a la antigua estación de Montrouge. Mas adelante había una reja y preferí volver a la superficie para buscar el tramo siguiente.

Encontré este nuevo tramo al lado de la plaza de Rungis.
Curiosamente el acceso rumbo al Oeste estaba abierto y seguí los paseantes que entraban en un largo y oscuro túnel ferroviario.
Caminar a ciegas pronto resultó complicado y fue preciso usar la lámpara de los móviles para seguir adelante en este tramo de unos quinientos metros. Pero merecía la pena...

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Luego seguí por un segundo túnel interminable que me llevó... a la reja de la estación de Montrouge.
Yo no estaba de ánimo para volver atrás así que estudié la técnica de los jovencitos para franquear la reja. Como no me parecía insuperable, me arriesgué a imitarlos y pude volver a la plaza de Rungis para seguir la exploración rumbo al Este. Pero el camino se acabó en el jardín de la Poterne des Peupliers.

Sé que acondicionaron otros tramos de la “pequeña cintura” y serán otras visitas y otras sorpresas.

21/07/2019

Callejeando

Aproveché un atardecer tranquilo para pasear por las callecitas que comunica el Faubourg Saint-Antoine, al acercarse de la plaza de la Bastille.

En la esquina de la Calle del Dahomey con la calle Saint-Bernard, una antigua droguería sigue proponiendo todos los productos necesarios para renovar muebles de madera, piezas de mármol o de cobre. Muchos resultan de viejas recetas, poco compatibles con las normas ecológicas actuales, pero por la calidad que permiten conseguir, no faltan los clientes.

Más adelante, en la calle de “la mano de oro”, encontré una de las pocas tiendas de cortinas y pasamanería que siguen funcionando. Luego, al acercarme al Faubourg, constaté que los talleres de los artesanos fueron transformados en locales para comer o ir de copas.

20190721.jpgQuise pasar de nuevo por la callecita descubierta 20 años atrás, al preparar un recorrido por el distrito XI. El pasaje Lhomme ahora sólo tiene un acceso a partir de la calle de Charonne ya que los nuevos inquilinos condenaron la entrada por el pasaje Josset. El patio ya no alberga artesanos, pero conservó un no sé qué de otros tiempos y una tranquilidad apreciable en este barrio.

Siguiendo por la calle de Charonne, visité varias tiendas en busca de ideas de alfombras y cortinas, pero nada me llamó la atención. Entonces pasé por el bulevar Richard Lenoir en donde constaté que ya habían derrumbado a la casa coronada por una botella. Dentro de poco su parcela formará parte del nuevo jardín que se extiende entre el bulevar Richard Lenoir y la iglesia Saint-Ambroise.

Al llegar a los bulevares Voltaire y luego Magenta, me impresionó la cantidad de grupitos de 2 a 4 personas, reunidas alrededor de un banco o de un colchón, y viviendo en la calle. Imagino que es una consecuencia de las evacuaciones repetidas de los campamentos gigantes del Norte de la Capital, que no resuelven los problemas y complican las acciones de los voluntarios que ayudan a todos estos refugiados.

Lo mejor de la semana ocurrió al tomar un café en un sitio de barrio. Comentaban los acontecimientos de la semana, listaban los fallos de los políticos y acabaron con esta frase:
“¡Tendremos que acortar a unos cuantos!”
Y al escuchar esta frase, pensé que este pueblo nunca olvida su historia y su capacidad de levantamiento :-)

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