Caminando por París con Caol

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8/12/2019

¡Huelga!

Llevaba muchísimo tiempo sin participar a una huelga, pero esta vez me pareció absolutamente imprescindible. Después de varios meses de recortes en todos los servicios públicos, ahora toca una reforma del sistema de jubilación, tan confusa que huele a trampa. Y las primeras simulaciones, aplicando las pocas reglas enunciadas, confirman una bajada de las pensiones para todos.

EL gobierno pretende que varios elementos siguen negociables, pero también declaró como intocable, la regla de dedicar a las pensiones de jubilación una cantidad máxima de 14% del producto interior bruto (PIB). Y esta regla, si la proporción de jubilados aumenta más que el PIB, significa otro riesgo de recorte de las pensiones. Así que el jueves, puse mi traje de manifestante (bufanda y gorra rojas para que no me confundan con los bloques negros). Quedé con el vecino, maltratado por las reformas de Radio France, y caminamos rumbo al punto de encuentro de la marcha.

Pronto encontramos el balón en donde tenía que juntarme con mis compañeros, pero como llegamos temprano, no conseguí ubicarles. Total, seguimos rumbo a la plaza de la República para hacernos una idea de la importancia de la protesta.
En la calzada, ya había tanta gente que resultaba imposible caminar por este espacio. Entonces pasamos por las aceras, pero pronto pasó lo mismo y dejamos el itinerario principal para seguir por unas calles paralelas.

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Cuando llegamos a la cabeza de la marcha, constatamos que había gente delante de este punto. Chalecos amarillos por un lado y anarquistas por otro...
Eso olía a un posible bloque negro, así que después de echar un vistazo a la plaza de la República, pasamos par la calle del “Château d’eau” para volver al balón de mi grupo.

El vecino prefirió volver a casa mientras varios mensajes me ayudaban a encontrarme con mis compañeros. Seguimos esperando el principio de la marcha durante casi dos horas y a las cuatro y media pudimos progresar de unos metros. Media hora más tarde, llegamos a unos cientos metros más.
Confieso que el frio, el anochecer y la perspectiva de esperar horas antes de llegar a la plaza de la República me desanimaron y volví a casa. Pero algunos manifestantes pudieron llegar a la plaza de la Nación y esta marcha resultó más importante que la de 1995, al nivel del hartazgo que siente la gente con este gobierno.

Hoy, ya llevamos cuatro días sin metros ni trenes.
El viernes por la mañana, un autobús me acercó de mi instituto, pero volví a casa caminando.
Ayer, me quedé en el distrito XVIII, y hoy hice caminando el viaje ida y vuelta hacia el distrito XI en donde me esperaban algunas botellas de Champagne.

Mañana será otro día...

24/11/2019

Caminatas de fin de semana

A duras penas llegué al fin de esta semana de demasiadas reuniones y pocas caminatas. Pero estos días laborales me regalaron una grata sorpresa: 36 personas compraron el libro criticando la nueva gestión pública que propuso uno de los sindicatos.

Ayer retomé las largas caminatas con un amigo que se marchó de París cinco años atrás.
Para empezar, pasamos por el 104 en donde casi toda la nave principal estaba dedicada a la feria de la realidad virtual. Contemplamos con perplejidad dos instalaciones artísticas, esquivamos la feria y seguimos rumbo a la calle Riquet y a la gran tienda de la asociación Emaús.

En la tienda, cambiaron la distribución de los objetos de segunda mano que propone la asociación. Pusieron los juguetes muy cerca de la entrada, los libros en el fondo de la tienda, pero los muebles y las prendas siguen en el mismo lugar. Cuando pasamos allí, en la zona de las prendas, se veían personas en busca de la ganga del día, así como comediantes en busca de trajes para un espectáculo. Pronto salimos y seguimos rumbo a la dársena de la Villette.

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Pasamos por la pasarela que franquea el agua y pudimos admirar los deportistas practicando remo, antes de continuar hacia una pastelería encontrada en otra ocasión.
Al volver pude comprobar que unos agentes del municipio de París estaban regalando cebollas de flores para decorar ventanas y balcones.

Hoy caminamos rumbo al barrio del ayuntamiento de París y a mi amigo le asombró la febrilidad de esta gente moviéndose por todas partes sin prestar atención a los demás.
Entramos en varias tiendas y constatamos que ya instalaron las decoraciones navideñas y que, para muchas personas, ya empezó la búsqueda de los regalos.

Seguimos rumbo al norte y recorrimos el mercadillo instalado al lado del ayuntamiento del distrito III. Llegamos demasiado tarde al mercado de los niños rojos para encontrar una mesa libre, así que pasamos por la calle de Picardie en donde encontramos una terraza tranquila.

En esta zona del distrito III, mucha gente se junta para compartir el ‘brunch” de los domingos y a los camareros les cuesta dar abasto con estos clientes...

En la plaza de la república, varias centenas de argelinos se habían reunidos para compartir sus sueños de revolución.

Mientras tanto, el vecino de la segunda planta había despertado a la triste chica de 20 años, sin domicilio fijo, durmiendo en uno de los rellanos de mi residencia. Le regaló una botella de agua y diez euros para que pueda comprarse algo de comer...
París, tierra de contrastes...

17/11/2019

Paseando por el opulento distrito XVI

Los azares de la formación continua me llevaron una vez más a la jefatura de la región, justo al lado del puente de Garigliano. En otras ocasiones, aproveché este tipo de oportunidad para explorar el distrito XV. Pero esta semana tuve ganas de descubrir el muy selecto distrito XVI así que preparé dos itinerarios por este distrito.

Al amanecer, viajé en metro hacia la estación Victor Hugo y la coqueta plaza del mismo nombre.

Tuve que dar la vuelta de la plaza para encontrar la pequeña calle que buscaba. La parte norte de la calle Mesnil cuenta con varios comercios que le dan algo de vida. Pero pronto se convierte en calle dormitorio y el mercado que se halla en la esquina de la calle Saint-Didier no compensa la sensación ya que está en obras.

Por suerte aquí se halla el centro comercial “Belles Feuilles” y una galería de tamaño humano... Yo no entré en este edificio y seguí por la calle des Sablons en donde descubrí un edificio albergando una colección de talleres. Más adelante pude admirar la escultura moderna instalada en el centro de la plaza de México, antes de seguir rumbo a la estación de la Muette.

En esta parte del distrito XVI se ven construcciones de varias épocas, pero todas construidas con materiales de buena calidad. Y lo que más me llamó la atención es aquí no hay espacio para la desidia que se nota en otros barrios: cuando algo se rompe, lo cambian o lo arreglan y ni se ve un papelito abandonado en el suelo...

La calle Mozart y sus numerosas tiendas me llevó a la calle Boileau en donde se esconde el “Hameau Boileau” en medio de una manzana. Forma parte de estos lugares en donde se cultiva el entre sí de las clases dominantes.
Luego, pronto llegué al bulevar Exelmans y al puente de Garigliano.

Al salir de clase, quise caminar por la orilla izquierda del Sena y pasé por el muelle Louis Blériot, bordeado por una interesante colección de edificios construidos al principio del siglo XX. Pero lo más agradable es la vista hacia el rio y la torre Eiffel.

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Como muchos turistas, pasé al pie de la Torre Eiffel, del palacio de Chaillot, del museo de Arte Moderno antes de llegar al puente del Alma. Noté, de paso, un sitio perfecto para un picnic 😊

Confieso que ya tenía mi cuenta de kilómetros y que subí en uno de los autobuses que pasa cerca de mi barrio. Pero para quien vive en París, repetir este paseo no es tan complicado.
¿Os da envidia? 😊

10/11/2019

Las luces del atardecer

Ya que los días siguen menguando, el nuevo juego consiste en marcharse temprano de la oficina para disfrutar las luces del atardecer.

El lunes no fue un gran día porque la llovizna me acompaño un rato en el largo camino que me llevaba a casa. Pero con gusto atravesé una parte todavía muy popular del distrito XI, antes de llegar al canal Saint Martin en donde ya no hay gente tomando copas en la orilla.

El martes fue más generoso.
Al salir de la estación de metro Tuileries, pasé por el gran jardín rumbo a la plaza de la Concordia. De paso pude apreciar el vestido otoñal de los árboles, así como algunas obras olvidadas por la Feria internacional de arte contemporáneo. Cuando llegué a la plaza de la Concordia, la puesta de sol iluminaba la torre Eiffel...
Luego seguí rumbo a la iglesia de la Madeleine y me asombró la cantidad de obras en la muy selecta calle Royale.
Más adelante, la calle Tronchet me llevó a la zona de los grandes almacenes y si me paré a mirar las fachadas, no entré en estos templos de la tentación.

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En esta zona ya están instalando las decoraciones de Navidad...

Al pasar por la calle de la Rochefoucault pensé que todavía no visité el museo Gustave Moreau, pero estaba cerrado por obras.

Al día siguiente volví al barrio de la Madeleine y pasé por la calle de la arcada que lleva directamente a la estación Saint-Lazare. En la parte sur de la calle, se ven hoteles de lujo y tiendas de categoría incluyendo una sastrería. Pero al acercarse de la estación, se ven comercios más normalitos.

Unos años atrás, transformaron una parte de la estación Saint Lazare en centro comercial. Entre este lugar y la iglesia de la Trinidad, casi todos los edificios albergan oficinas, lo cual significa mucha agitación diurna y un barrio con poca vida por la noche. :-(

La sensación cambia al pasar por la calle de la Tour des Dames.
Transformaron el antiguo edificio de la compañía de electricidad en centro de deportes y esta evolución me pareció muy acertada ya que, desde la calle, puedes contemplar la pared de escalada interior y los entrenamientos, así como divisar las actividades en la cancha superior. Total, el sitio resulta muy atractivo y da ganas de apuntarse.
Más adelante, otra casa alberga un centro de acogida de día para ancianos que sufren alzhéimer. Pero no cambiaron las demás construcciones de la “Nueva Atenas”.

Seguí por el distrito IX y la lluvia me pilló cuando llegaba a la plaza Pigalle.
La boina y el impermeable todavía están secando y puse un paraguas en la mochila.

22/09/2019

Buena vida cerca des Batignolles

Aproveché los últimos días de vacaciones para seguir explorando los tramos accesibles de la “pequeña cintura” y como uno de mis amigos estaba de paso en París, le embarqué en esta aventura.

Ese día se trataba de visitar el tramo que se halla entre la calle Alphonse de Neuville y la calle de Saussure. Quedamos en la estación de metro Wagram y caminamos tranquilamente rumbo a la calle Alphonse de Neuville. Pero cuando llegamos a la zanja de la “pequeña cintura” no encontramos la entrada.
Seguimos rumbo a la plaza de Wagram en donde tampoco encontramos entrada y fue preciso llegar casi al final de la parte accesible, al nivel de la calle de Saussure, para encontrar una entrada y una escalera.
Con gusto bajamos al nivel de los carriles, y para no perdernos algún detalle, recorrimos metódicamente los 700 metros del tramo.

Lo cierto es que este recinto, abrigado por los árboles, tiene una temperatura más fresca que las aceras. Yo noté varios cantos de pájaros que no se pueden percibir desde las calles por el ruido del tráfico automóvil. Pero también tuve la sensación de que no habían acabado la ordenación del sitio. Por cierto, eso no molesta a los deportistas que corren por la zanja, pero excluye a los niños y a los ancianos.

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Al llegar al final de este recorrido, quise enseñar las transformaciones del barrio des Batignolles a mi amigo y entramos en el jardín Martin Luther King.
No sabía que él había vivido en esta zona en los años 1980s, antes de mudarse a Montrouge. Así que no podía imaginar el asombro que sentiría al constatar todos los cambios. Subimos a la plataforma que permite admirar el parque, así como los nuevos edificios construidos en esta zona.
Le impresionó la variedad de los estilos arquitectónicos de los edificios nuevos y sacó varias fotos para comentar esta evolución con sus familiares. También notó la elegante silueta del nuevo Palacio de Justicia, pero no tuvo ganas de acercarse a la torre y de pasar más tiempo en este nuevo barrio.

Abandonamos el jardín y seguimos rumbo a la vieja iglesia des Batignolles. Allí encontramos un restaurante con una terraza sombreada, a salvo del ruido del tráfico automóvil, en donde pudimos almorzar tranquilamente.
Al mirar los demás clientes de este restaurante, me sentí muy lejos de mi barrio mestizado y travieso: treintañeros, algunos con niños, personas más viejas, pero todos blancos, elegantes, y todos con un poder adquisitivo más importante que los de mi barrio.

Al macharnos de este sitio, seguimos caminando rumbo a la estación del Norte en donde nuestros caminos se alejaban. Mi amigo siguió en metro mientas pasaba por el barrio indio.

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