Caminando por París con Caol

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16/09/2018

Acabando con la senda 2024

Tuve un rato la tentación de meterme en alguna de las visitas de las jornadas europeas del Patrimonio. Pero cuando constaté, al mirar el mapa, que la mayoría de los sitios eran iglesias, preferí renunciar y decidí que acabaría con la senda 2024.

Retomé el recorrido cerca de la puerta de Clignancourt, rumbo al Este.
En esta zona construyeron un centro universitario que forma parte de la prestigiosa universidad de la Sorbonne, así como una residencia para los estudiantes. Más adelante se ve un gran complejo deportivo a mano izquierda y varias naves a mano derecha.

La senda pasa luego por la puerta des Poissonniers y sigue por el bulevar Ney. Allí el paseante descubre una zona de obras, justo antes de la puerta de la Chapelle.
Obras en el bulevar para preparar la continuación del tranvía.
Obras a mano derecha para construir el nuevo barrio Chapelle internacional en los terrenos liberados por la sociedad de ferrocarriles.
Obras a mano izquierda en donde demolieron el sitio de acogida de los migrantes en previsión de la construcción del futuro campus Condorcet.

Después de cruzar la puerta de la Chapelle, noté en cada acera del bulevar, una fila de personas haciendo cola para conseguir un trozo de pan y un café.

Los migrantes que llegaron a París se percataron de qué los campamentos grandes provocaban desalojos fuera de la capital y ahora se dispersaron en varias zonas de la ciudad. Pero también vuelven cerca de la puerta de la Chapelle porque allí algunas asociaciones siguen repartiendo comidas y ayuda.
Así que, a lo largo de este recorrido, encontré varios grupitos, guardando sus cosas antes de marcharse o aprovechando los grifos de las fuentes públicos para asearse...

La senda sigue, bordeando otras instalaciones deportivas, y deja ver la barriada Charles Hermite. En la puerta de Aubervilliers, resistí a la tentación de visitar las zonas comerciales y seguí por una agradable avenida arbolada, rumbo a lo que el folleto llama “bosque lineal”. ¿Quién pensaría que esta foto fue sacada dentro de París?

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Si el paseo por esta parcela encerrada entre el bulevar periférico y las nuevas construcciones del bulevar Mac Donald, que mide 20 metros de ancho y 300 metros de largo, resulta relativamente agradable, confieso que tengo otra idea de los bosques.
Al salir de la parcela, uno descubre el canal de Saint Denis. Entonces es preciso seguir a mano derecha para volver al punto de inicio en el parque de la Villette.

A fin de cuentas, la libreta de la senda 2024 me dio la oportunidad de pasar por varios sitios que no conocía. Pero espero que el Municipio no gastó mucho dinero para este recorrido mal balizado y estas explicaciones con muchos errores.

9/09/2018

Penúltimo tramo de la senda 2024

La semana empezó con un toque alegre, cuando encontré, en la sala de espera de la estación de Bercy, una máquina expendedora de historias. Proponía tres opciones de duración de lectura: 1 minuto, tres minutos y cinco minutos. Escogí el relato de tres minutos y me tocó un cómic con un diálogo de gatos.

Retomé mis caminatas de la madrugada y tuve la sensación de que la cantidad de personas que duermen en la calle aumentó. Lo nuevo es la situación de estos jóvenes, tumbados en la acera, durmiendo en cualquier sitio. Encontré a uno al pie de un farol y otra al pie de un semáforo... ¡Qué cosas!

Como siempre pasé por varias tiendas de bricolaje y gasté demasiado dinero así que dediqué una parte de este fin de semana soleado a recorrer el penúltimo tramo del sendero 2024.

Había abandonado el circuito poco después de la visita del jardín Claire Motte y volví allí para descubrir el tramo siguiente. La zona sigue en obras con la construcción del tranvía y de varios edificios así que resulta casi imposible encontrar las marcas que señalan el camino o las placas de las calles. Y a pesar de las indicaciones del folleto, me costó tiempo encontrar la primera calle del recorrido.
La primera etapa de este tramo es un pequeño jardín rodeado de edificios de viviendas, con poca superficie y poco encanto.
Luego el recorrido pasa por la calle de los tapices que comunica un patio muy agradable con una gran fuente. A continuación, es preciso pasar encima del antiguo ferrocarril que daba la vuelta de París y seguirlo rumbo a la estación del Puente Cardinet.
En este punto, se ve una colección de edificios nuevos, y se sabe por las grúas que todavía están construyendo otros.

Luego el camino pasa en medio de zonas de obras para llevar a la entrada del nuevo jardín instalado en una zona liberada por la demolición de varios depósitos.
Cuando llegué allí, ya eran las once y el jardín estaba muy concurrido, con familias y deportistas. Yo seguí el camino principal rumbo al estanque en donde se instalaron los patos. Luego es preciso usar unas escaleras para pasar encima de las vías de ferrocarril y llegar a la segunda parte del jardín. Pero desde la plataforma superior, merece la pena pararse un rato para admirar el nuevo edificio del ministerio de la justicia.

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Alto de 160 metros, este edificio se halla en una de las puertas de París y el símbolo no tiene desperdicio. Desgraciadamente, sólo se trata de un símbolo y dicen algunos que desplazarse dentro de este edificio es una auténtica pesadilla.
Tras admirarlo desde la plataforma, pasé al pie de edificio y, curiosamente, no resulta aplastante. Pero desde este punto, solo se ve una decena de plantas. Luego crucé la avenida de la puerta de Clichy y, caminando entre las obras, renuncié a sacar más fotos.

El recorrido sigue por una calle bordeada de construcciones sociales. Todas tienen un diseño interesante, pero, por lo visto, algunas envejecen mal.
Luego la senda pasa al lado de las instalaciones deportivas de la puerta de Saint Ouen, rodea el hospital Bichat y continua al lado de las instalaciones deportivas de la puerta de Clignancourt.
¡Continuará!

22/07/2018

Caminando

Creo que ya superé el trauma del cambio de ritmo, pero el lunes no formaba parte de la gente esperando en los Campos Elíseos que pasara el autobús de los nuevos campeones. Volví a casa temprano e intenté encontrar soluciones para refrescar mi piso...

El miércoles retomé las caminatas de la madrugada.
Atravesé el parque de las Buttes Chaumont y me paré un rato para contemplar el panorama hacia el norte de París. Al salir del parque pasé por la calle del Plateau y cuando vi una callecita de un metro de ancho, no pude resistir...
Este pasillo tiene cien metros de largo y comunica varias casas escondiendo sus patios y jardines detrás de altos muros. Curiosamente este pasillo no me pareció peligroso, pero tampoco presenta hueco en donde un agresor podría esconderse.
Luego seguí rumbo a la plaza Gambetta y su muy cómoda colección de líneas de autobús.

Al día siguiente pasé de nuevo por el gran parque, pero al salir caminé rumbo a la calle de China en busca del pasaje de los suspiros.
Llevaba siglos sin pasar por este sitio y constaté con alegría que las diferentes transformaciones habían preservado el ambiente de esta callecita y aumentado la presencia vegetal.
En medio de la vía noté la reja del jardín de los suspiros y admiré su vigilante. Desgraciadamente estaba cerrado y tendré que volver al atardecer para visitarlo.

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El viernes tuvimos por fin un poco de lluvia y las temperaturas bajaron un poco.
En la oficina conté las salidas de vacaciones y sé que mañana quedará poca gente en mi instituto de siempre.

Total, para cargar las pilas, dediqué todo el fin de semana a leer una novela de Elsa Osorio.
¡Continuará!

24/06/2018

El paseo

Propuse a los visitantes bonaerenses un paseo entre semana porque así es como se descubre la ciudad de la vida cotidiana. Los dos septuagenarios, psicóloga y arquitecto, aparecieron a la salida del metro a las 14 y pudimos empezar la visita enseguida.

Me alegró constatar que manifestaban un gran interés hacia las callecitas que bordean la calle de Bagnolet y lo que cuentan de la historia de París, de sus pequeñas industrias y de sus artesanos. Con gusto visitaron la iglesia de Don Bosco y apreciaron su diseño y sus vitrales. Pero cuando llegamos a la calle des Vignoles, quisieron probar uno de los bares para tomar un café y empezamos a intercambiar acerca del nuevo presidente galo y de las situaciones sociales de Francia y Argentina.

Cuando retomamos el camino, pasamos un momento en el número 33 de la calle des Vignoles, en donde un socio del sindicato anarquista nos invitó a entrar. Nos explicó que el edificio albergaba una asociación de españoles, el local del sindicato, un taller de flamenco, así como varios talleres de artistas. Sobra decir que este momento inesperado encantó a los argentinos.

Luego pasamos un rato examinando las construcciones de dos plantas que reemplazaron las antiguas viviendas insalubres y el arquitecto contempló todo eso con mucho interés.

A continuación, constaté que sentíamos la misma consternación al pie de las torres de la calle Vitruve y la misma alegría al recorrer la calle Saint Blaise. Tuvimos que acelerar para llegar al cementerio del Père Lachaise antes del cierre, pero merecía la pena porque no conocían este sitio. Examinaron tranquilamente los monumentos de los campos de exterminio y tomamos un desvío para que puedan percibir el tamaño de este cementerio.

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Al salir de allí, necesitábamos una cervecita para seguir adelante. Nos sentamos en uno de los bares de la plaza Gambetta antes de seguir rumbo a la “Campagne à Paris”. Como lo imaginaba apreciaron esta zona, pero ya se notaba algo de cansancio...

Finalmente seguimos con el tranvía rumbo a la puerta de Pantin para admirar el edificio de la Filarmónica, diseñado por Jean Nouvel. Confieso que contemplar esta construcción a través de la mirada del arquitecto paseante fue realmente interesante.

Luego fue preciso separarnos, cansados pero contentos de haber compartido casi cinco horas explorando el Este de París. Prometí concibir otro recorrido para su próxima visita, dentro de cuatro años :-)

17/06/2018

Estrenando el recorrido

Después de visitar todos los rincones interesantes del distrito XX, llegó la hora de imaginar un recorrido para enlazarlos. Un mapa, unas marcas en los puntos interesantes… y empecé a divisar el itinerario. Y para que los visitantes no tengan mala sorpresa, llamé a uno de mis viejos cómplices para que pruebe el camino conmigo.

Quedamos a la salida de la estación “Alexandre Dumas” el sábado a las 14h. Lo bueno es que este sitio cuenta con varios bares en donde esperar tranquilamente. Mi amigo llegó a la hora en punto y después de acabar con el último trago de café pudimos entablar la exploración del día.

Curiosamente, este parisino de toda la vida (tiene 71 años) no conocía las callecitas al lado de la calle de Bagnolet. A pesar de la edad, suele caminar rápidamente así que pronto acabamos con el primer tramo. Luego seguimos rumbo a la iglesia de San Juan Bosco. Desgraciadamente la nave principal estaba cerrada. Pero al entrar en la planta baja, encontramos un señor muy amable que abrió la puerta principal y pudimos entrar en esta iglesia de puro hormigón y admirar sus bonitos vitrales.

A continuación, seguimos rumbo a la calle des Vignoles en donde exploramos varios callejones sin salida, testigos de otros tiempos o copia más modernas. Visitamos el jardín de “Casco de oro”, pasamos por la plaza de la Reunión y seguimos rumbo a la calle San Blas.
Viviendas sociales encerrando un pequeño jardín, torres desmedidas aplastando una pequeña plaza y jardín de otros tiempos... Esta zona es una tierra de contrastes que cuenta los experimentos arquitectónicos de los años 70s y en donde la densidad de población alcanza 80000 habitantes por kilómetro cuadrado.
Por suerte se percataron de los errores y preservaron la calle San Blas, vieja vía que lleva a la vieja iglesia de Charonne.

Cuando llegamos al pie de la iglesia seguimos rumbo al Oeste, mirando, de paso, la antigua estación convertida en sala de conciertos. Entramos en la Villa Godin, y luego seguimos por la calle de Lesseps para llegar al jardín salvaje que bordea el cementerio.

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Al salir del jardín encontramos la entrada del cementerio y subimos para pasar por la zona de los monumentos dedicados a los campos de concentración de la segunda guerra mundial antes de seguir rumbo al Este, para ver “La campagne à Paris”.

Llegados a este punto, mi amigo consideró que allí podía acabarse el recorrido. Pero yo quise enseñarle otros detalles interesantes y después de sentarnos un rato en un café, seguimos rumbo a la plaza de las fiestas, al barrio de la Mouzaïa y al jardín Herold.
Mi amigo ya no podía más y después de casi cuatro horas caminando subimos en el primer autobús que vimos para volver a casa, ambos contentos de esta tarde diferente...

Por la noche me mandó un sms para decirme que estaba saboreando un whisky bien merecido para combatir las agujetas.
Me pareció buena idea :-)

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