Caminando por París con Caol

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21/07/2019

Callejeando

Aproveché un atardecer tranquilo para pasear por las callecitas que comunica el Faubourg Saint-Antoine, al acercarse de la plaza de la Bastille.

En la esquina de la Calle del Dahomey con la calle Saint-Bernard, una antigua droguería sigue proponiendo todos los productos necesarios para renovar muebles de madera, piezas de mármol o de cobre. Muchos resultan de viejas recetas, poco compatibles con las normas ecológicas actuales, pero por la calidad que permiten conseguir, no faltan los clientes.

Más adelante, en la calle de “la mano de oro”, encontré una de las pocas tiendas de cortinas y pasamanería que siguen funcionando. Luego, al acercarme al Faubourg, constaté que los talleres de los artesanos fueron transformados en locales para comer o ir de copas.

20190721.jpgQuise pasar de nuevo por la callecita descubierta 20 años atrás, al preparar un recorrido por el distrito XI. El pasaje Lhomme ahora sólo tiene un acceso a partir de la calle de Charonne ya que los nuevos inquilinos condenaron la entrada por el pasaje Josset. El patio ya no alberga artesanos, pero conservó un no sé qué de otros tiempos y una tranquilidad apreciable en este barrio.

Siguiendo por la calle de Charonne, visité varias tiendas en busca de ideas de alfombras y cortinas, pero nada me llamó la atención. Entonces pasé por el bulevar Richard Lenoir en donde constaté que ya habían derrumbado a la casa coronada por una botella. Dentro de poco su parcela formará parte del nuevo jardín que se extiende entre el bulevar Richard Lenoir y la iglesia Saint-Ambroise.

Al llegar a los bulevares Voltaire y luego Magenta, me impresionó la cantidad de grupitos de 2 a 4 personas, reunidas alrededor de un banco o de un colchón, y viviendo en la calle. Imagino que es una consecuencia de las evacuaciones repetidas de los campamentos gigantes del Norte de la Capital, que no resuelven los problemas y complican las acciones de los voluntarios que ayudan a todos estos refugiados.

Lo mejor de la semana ocurrió al tomar un café en un sitio de barrio. Comentaban los acontecimientos de la semana, listaban los fallos de los políticos y acabaron con esta frase:
“¡Tendremos que acortar a unos cuantos!”
Y al escuchar esta frase, pensé que este pueblo nunca olvida su historia y su capacidad de levantamiento :-)

14/07/2019

¡Fiestas!

Me cuesta recuperar el ritmo parisino, pero a pesar del calor, escogiendo las aceras a la sombra, hice varias caminatas.
En los bulevares que marcan la frontera entre los distritos 11 y 20 se veía mucha gente en la calle: los que tienen dinero sentados en alguna terraza de café y los demás en un banco público o en la silla que se han llevado.
Ese día no me retrasé y pasé por el “Monop” de mi barrio en donde muchas mujeres estaban buscando una oferta interesante. Yo hice compras de utilidad antes de volver a casa.

El miércoles caminé rumbo a la plaza de la Nación y si todavía no acabaron las obras, el sitio ya resulta más agradable para los peatones.
Seguí rumbo al BHV en donde pude visitar muy tranquilamente la planta dedicada a la decoración. Otro cantar fue cuando pasé por la planta de los zapatos: topé con una cantidad impresionante de mujeres en busca de alguna ganga y me marché corriendo.
Volví a casa caminando y constaté en varios puntos que los profesionales (taxistas, repartidores, ...) se vuelven locos con las obras que se ven en cada esquina y complican el tráfico automóvil.
Al llegar a casa, varios griteríos me recordaron que ya empezó la temporada de la Copa de África de Naciones. Esa noche, celebraron la victoria de los Leones del Senegal...

El jueves me esperaba otra sorpresa ya que las aeronaves que participan al desfile de la fiesta nacional estaban preparando su exhibición y pasaron delante de la ventana de mi despacho. Confieso que ver estos aviones y helicópteros militares pasar tan cerca de tu lugar de trabajo resulta muy perturbador.

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Al salir del trabajo, quise encontrar la nueva tienda del panadero que estaba instalado al lado de mi instituto y que se mudó cerca de la plaza Gambetta. Pero a pesar de escudriñar todos los comercios de esta zona, no identifiqué su tienda.
Más adelante, en la calle Rebeval, pude descubrir el dispositivo instalado por el Municipio durante la canícula. Se trata de un mástil con varios grifos que distribuyen agua y un pulverizadr en su parte superior.
No sé porque no instalaron cosas así en mi barrio.
Por la noche de este mismo día, los argelinos consiguieron la calificación para la semifinal.

Hoy, el Senegal ganó su semifinal. El helicóptero de la jefatura de policía se quedó casi media hora encima de mi barrio para controlar que ni se armaba un disturbio, ni la gente caminaba rumbo a los Campos Eliseos para celebrar la victoria.
Ahora empezó la segunda semifinal e imagino que estaremos otra vez bajo el control del helicóptero.
A veces, vivir en medio de un barrio rebelde tiene inconvenientes, pero compartir la alegría de la victoria de los Leones del Senegal lo compensa de sobra.

9/06/2019

Cerca de la calle Vercingetorix

Hice otro paseo con el guía del pasado domingo.
Este señor nos citó al lado de la salida de la estación de metro Plaisance y nos explicó que la zona fue remodelada en los años 1980s. En el siglo XIX, este barrio albergaba muchos obreros que trabajaban en talleres y fábricas, aprovechando la cercanía de la estación de ferrocarriles de Montparnasse para desarrollarse.
La extensión de la estación y la necesidad de proporcionar viviendas decentes a la población parisina llevó el municipio a definir una zona de renovación urbana en donde los arquitectos conservaron todos los edificios en buen estado y demolieron los demás para construir varias torres.

Después de explorar el pequeño jardín que se halla al lado de la estación de metro, seguimos rumbo a la antigua calle del “molino de la virgen”, cuyo nombre evoca el antiguo molino que se hallaba en esta zona.

Los urbanistas crearon varios talleres de artistas al pie de las torres, pero desde fuera, resulta difícil percibir la contribución de sus inquilinos a la vida del barrio.

Seguimos rumbo a la calle de Gergovie en donde se hallaba uno de los talleres que ocupó el Douanier Rousseau. Luego pudimos admirar una antigua panadería que evoca el molino.
A continuación, seguimos por la senda verde que crearon a lo largo de los carriles.

Este camino atraviesa varios jardines y permite descubrir una muestra interesante de vegetales de todas clases. En su extremo norte, una pequeña terraza regala un panorama asombroso, con las torres Eiffel y Montparnasse.

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El camino se acaba en el jardín del Cardinal Wyszynski, muy frecuentado por las familias con niños del barrio.
Hicimos otra vez el inventario de los vegetales interesantes. Constatamos que los cinco talleres de artistas que bordean el jardín resultan inhabitables por el ruido de los tráficos automóvil y ferroviario, y entramos en la iglesia Nuestra Señora del trabajo.

Ya conocía esta curiosa construcción, pero con gusto di una vuelta por el interior, descubriendo, de paso, algunas esculturas que no había notado. Tanto me gustó este momento por dentro de este edificio que no vi que el grupo se había marchado y no volví a encontrarlo.

Lo cierto es que tendré que volver por esta zona para recorrerla a mi ritmo.

2/06/2019

Paseando por el distrito XIV con un guía

El guía nos citó en la puerta de Vanves.
Yo quise probar el itinerario del autobús 38 y llegué tarde a Port Royal. Así que tras mirar algunos detalles de la calle Boissonnade, tuve que seguir corriendo para no perderme el principio del paseo. Cuando llegué, una decena de personas ya estaban presentes. Y a la hora en punto, el guía empezó la presentación del día.

Resulta que unos meses atrás, al explorar el sendero 2024, ya había visitado esta zona de París. Pero los comentarios del guía nos invitaron a cambiar de mirada.

En este punto de París es donde llegan todos los trenes que vienen de Bretaña y ahora también de Burdeos. Eso significa una cantidad impresionante de trenes y el ruido que acompaña. Por cierto, el conjunto de puentes dedicados a los ferrocarriles en la puerta de Vanves, es un ejemplo perfecto de la arquitectura industrial del siglo XIX. Pero el ruido de los trenes no me dejó la posibilidad de captar las explicaciones extras.

Luego pasamos un rato en el pequeño jardín que se halla en este punto para apreciar la diversidad de las plantas que se instalan más o menos naturalmente. Si no fuera por el ruido el jardín tendría encanto y una asociación de vecinos ya hubiera exigido que la fuente funcione de nuevo. Pero yace abandonado por los vecinos y proporciona un espacio de campamento para los que no tienen domicilio.

Caminamos un poco rumbo al norte antes de pararnos en otro jardín para examinar las plantas y los árboles de la parcela. Al ser domingo no pudimos visitar el magnífico taller del ebanista y seguimos por la calle Vercingétorix.

Hicimos una larga parada en el jardín de los junquillos (en donde no hay junquillos) para contemplar varios árboles cuyo nombre ya se me escapó,

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En esta zona de urbanización forzada, percibir la naturaleza en medio de estas torres macizas resulta relativamente complicado. Y más aún cuando los pequeños patios de las manzanas vienen segmentados por rejas.

Pasamos por el patio del hospital Saint Joseph en donde pudimos admirar macizos de flores salvajes antes de seguir rumbo a un conjunto de viviendas sociales en donde aceptaron la instalación de un jardín compartido para mejorar las relaciones entre los inquilinos. Y la verdad es que el resultado es bastante impresionante.

A continuación, llegamos al sitio anunciado como el más impresionante del paseo: el jardín compartido del molino de la virgen. Lo bueno de este jardín es que no tiene muchas rejas. Pero como se haya en medio de una manzana, no puedes olvidar la presencia agobiante de estos altos edificios. Por suerte el jardín compartido estaba abierto y pudimos intercambiar un momento con una mujer muy activa en la asociación que cuida el sitio y en busca de nuevos socios.
Tendré que pasar de nuevo por allí más tranquilamente.

12/05/2019

La justicia de Charonne

Me alegré prematuramente: el mes de mayo nos llevó mucha lluvia y los Santos de hielo añadieron temperaturas inferiores a diez grados. Con lluvia y frío resulta difícil motivarse para hacer largos recorridos. Por suerte tuve mucho trabajo y varias citas con amigos así que superé bastante bien estos días tristes. Y como anunciaban buen tiempo para el domingo, apunté a una visita con un guía conferencista a partir de la puerta de Bagnolet.

Para bien empezar el día, visité el mercado de segunda mano organizado por una de las asociaciones de mi barrio, en la calle Ordener. Llegue sobre las 10 y supongo que algunos vendedores todavía no habían despertado. Recorrí la calle ida y vuelta, miré los trastos presentados tranquilamente, pero no encontré la más mínima ocasión de regatear.

Poco después de mediodía salí rumbo a la puerta de Bagnolet y visité, de paso, el mercado de segunda mano organizado en la calle Simon Bolívar. Constaté una vez más que uno consigue una buena idea del nivel económico de los habitantes de una zona al mirar los trastos que venden. Sobra decir que la calle Simon Bolívar tiene más nivel que mi barrio :-)
Luego seguí caminando rumbo a la plaza Edith Piaf, punto de salida del paseo con el guía.

Cuando llegué, había un grupo saliendo de este mismo punto con un guía cuarentón. Yo me senté en un banco, la doña que se sentó en el mismo banco también venía por el mismo recorrido y el guía conferencista no tardó mucho en aparecer. Los paseantes llegaron poco a poco y cuando el grupo alcanzo unas veinte personas, pudimos empezar el recorrido.

Bruno es un hombre muy culto, que conoce un montón de detalles acerca de los lugares que presenta. Pero a veces cuenta demasiado historias o se pierde en digresiones acerca de la flora callejera. Todos los paseantes presentes ya habían hecho por lo menos un recorrido con él y todos conocíamos esta característica. Así que escuchamos con paciencia relatos que ya nos había contado en otro paseo por el mismo barrio.
Luego llegamos a las callecitas de la “Campagne à Paris” y yo dejé de escucharle para mirar las rosas y otras flores de temporada. Incluso me alejé del grupo para ver si las clemátides del precedente recorrido tenían flores y encontré una flor XXL con casi 20 centímetros de diámetro.

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Finalmente salimos de las calles del precedente recorrido y visitamos varios callejones sin salida con bastante encanto, pero ya los conocía.
El único descubrimiento del día fue el pequeño jardín compartido de la calle de la Justicia. Y entre las numerosas informaciones que soltó a los cuatro vientos, también noté que la justicia de Charonne era el nombre del lugar en donde tortuban a algunos condenados del pueblo de Charonne antes de matarlos y que ese lugar coincide más o menos con la reserva de agua de Menilmontant.
¡Por fin entiendo porque hay una calle de la justicia en esta zona de París!

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