Caminando por París con Caol

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23/09/2018

Ritmo de otoño

Ya se acabó el verano, y si la temperatura sigue muy agradable, los días son cada día más cortos. Yo suelo marcharme de casa temprano, pero todavía es de noche y la madrugada viene una hora después. Total, renuncié a los largos recorridos de la madrugada, empiezo el trabajo más temprano en mi instituto y me marchó al final de la tarde para disfrutar de los últimos rayos del sol.
Aproveché este nuevo ritmo para pasar por varias zonas y cruzar a sus habitantes.

En la colina de Belleville, pasé por varias calles en donde construyeron muchas viviendas sociales, pero no todas tienen la misma calidad: algunas tienen patios ajardinados y detalles de decoración que dan un toque cuidado. Noté varias pinturas interesantes en las paredes y a las 18 me encontré con todos los niños volviendo a casa después de las actividades escolares y extraescolares. Pero a las 19, las familias ya estaban en casa, instalada delante de la televisión.
Yo seguí rumbo al canal Saint Martin y encontré una panadería buena y barata.

También pasé por varias calles del distrito XI.
En esta zona también construyeron muchas viviendas sociales, pero en medio de las manzanas conservaron espacio para instalar jardines de tamaños variados.
El primero que visité se halla al final de la calle Neuve des boulets. Cuenta con varios espacios y permite la convivencia de las familias con niños, de los ancianos y de los trabajadores que viven en la residencia de la calle de la Petite Pierre.
Esta residencia me llamó la atención porque en casi cada alféizar se veía una plancha, como si fuera imposible compartir estos aparatos.

Más adelante, después de cruzar la calle de Charonne, pasé debajo de un gran edificio y descubrí el parque Colbert. Rodeado de construcciones, este jardín bien escondido acoge esencialmente familias con niños. En su extremo norte se ve un bonito edificio de otros tiempos que alberga una asociación de actividades para los ancianos.

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Al salir de este tranquilo jardín pasé por la calle Leon Frot en donde noté varios locales que tengo que probar, antes de pasar por la Cité de Phalsbourg. En esta pequeña calle, instalaron un micro parque con juegos para los niños.
En la siguiente calle, encontré un jardín más grande, con mesa de ping pong incluida.
Y olvidé mencionar el pequeño jardín Pierre-Jean Redouté.

Después de pasar por todos estos jardines, ya no me asombra que la gente aprecie tanto el distrito XI.

22/07/2018

Caminando

Creo que ya superé el trauma del cambio de ritmo, pero el lunes no formaba parte de la gente esperando en los Campos Elíseos que pasara el autobús de los nuevos campeones. Volví a casa temprano e intenté encontrar soluciones para refrescar mi piso...

El miércoles retomé las caminatas de la madrugada.
Atravesé el parque de las Buttes Chaumont y me paré un rato para contemplar el panorama hacia el norte de París. Al salir del parque pasé por la calle del Plateau y cuando vi una callecita de un metro de ancho, no pude resistir...
Este pasillo tiene cien metros de largo y comunica varias casas escondiendo sus patios y jardines detrás de altos muros. Curiosamente este pasillo no me pareció peligroso, pero tampoco presenta hueco en donde un agresor podría esconderse.
Luego seguí rumbo a la plaza Gambetta y su muy cómoda colección de líneas de autobús.

Al día siguiente pasé de nuevo por el gran parque, pero al salir caminé rumbo a la calle de China en busca del pasaje de los suspiros.
Llevaba siglos sin pasar por este sitio y constaté con alegría que las diferentes transformaciones habían preservado el ambiente de esta callecita y aumentado la presencia vegetal.
En medio de la vía noté la reja del jardín de los suspiros y admiré su vigilante. Desgraciadamente estaba cerrado y tendré que volver al atardecer para visitarlo.

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El viernes tuvimos por fin un poco de lluvia y las temperaturas bajaron un poco.
En la oficina conté las salidas de vacaciones y sé que mañana quedará poca gente en mi instituto de siempre.

Total, para cargar las pilas, dediqué todo el fin de semana a leer una novela de Elsa Osorio.
¡Continuará!

24/06/2018

El paseo

Propuse a los visitantes bonaerenses un paseo entre semana porque así es como se descubre la ciudad de la vida cotidiana. Los dos septuagenarios, psicóloga y arquitecto, aparecieron a la salida del metro a las 14 y pudimos empezar la visita enseguida.

Me alegró constatar que manifestaban un gran interés hacia las callecitas que bordean la calle de Bagnolet y lo que cuentan de la historia de París, de sus pequeñas industrias y de sus artesanos. Con gusto visitaron la iglesia de Don Bosco y apreciaron su diseño y sus vitrales. Pero cuando llegamos a la calle des Vignoles, quisieron probar uno de los bares para tomar un café y empezamos a intercambiar acerca del nuevo presidente galo y de las situaciones sociales de Francia y Argentina.

Cuando retomamos el camino, pasamos un momento en el número 33 de la calle des Vignoles, en donde un socio del sindicato anarquista nos invitó a entrar. Nos explicó que el edificio albergaba una asociación de españoles, el local del sindicato, un taller de flamenco, así como varios talleres de artistas. Sobra decir que este momento inesperado encantó a los argentinos.

Luego pasamos un rato examinando las construcciones de dos plantas que reemplazaron las antiguas viviendas insalubres y el arquitecto contempló todo eso con mucho interés.

A continuación, constaté que sentíamos la misma consternación al pie de las torres de la calle Vitruve y la misma alegría al recorrer la calle Saint Blaise. Tuvimos que acelerar para llegar al cementerio del Père Lachaise antes del cierre, pero merecía la pena porque no conocían este sitio. Examinaron tranquilamente los monumentos de los campos de exterminio y tomamos un desvío para que puedan percibir el tamaño de este cementerio.

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Al salir de allí, necesitábamos una cervecita para seguir adelante. Nos sentamos en uno de los bares de la plaza Gambetta antes de seguir rumbo a la “Campagne à Paris”. Como lo imaginaba apreciaron esta zona, pero ya se notaba algo de cansancio...

Finalmente seguimos con el tranvía rumbo a la puerta de Pantin para admirar el edificio de la Filarmónica, diseñado por Jean Nouvel. Confieso que contemplar esta construcción a través de la mirada del arquitecto paseante fue realmente interesante.

Luego fue preciso separarnos, cansados pero contentos de haber compartido casi cinco horas explorando el Este de París. Prometí concibir otro recorrido para su próxima visita, dentro de cuatro años :-)

17/06/2018

Estrenando el recorrido

Después de visitar todos los rincones interesantes del distrito XX, llegó la hora de imaginar un recorrido para enlazarlos. Un mapa, unas marcas en los puntos interesantes… y empecé a divisar el itinerario. Y para que los visitantes no tengan mala sorpresa, llamé a uno de mis viejos cómplices para que pruebe el camino conmigo.

Quedamos a la salida de la estación “Alexandre Dumas” el sábado a las 14h. Lo bueno es que este sitio cuenta con varios bares en donde esperar tranquilamente. Mi amigo llegó a la hora en punto y después de acabar con el último trago de café pudimos entablar la exploración del día.

Curiosamente, este parisino de toda la vida (tiene 71 años) no conocía las callecitas al lado de la calle de Bagnolet. A pesar de la edad, suele caminar rápidamente así que pronto acabamos con el primer tramo. Luego seguimos rumbo a la iglesia de San Juan Bosco. Desgraciadamente la nave principal estaba cerrada. Pero al entrar en la planta baja, encontramos un señor muy amable que abrió la puerta principal y pudimos entrar en esta iglesia de puro hormigón y admirar sus bonitos vitrales.

A continuación, seguimos rumbo a la calle des Vignoles en donde exploramos varios callejones sin salida, testigos de otros tiempos o copia más modernas. Visitamos el jardín de “Casco de oro”, pasamos por la plaza de la Reunión y seguimos rumbo a la calle San Blas.
Viviendas sociales encerrando un pequeño jardín, torres desmedidas aplastando una pequeña plaza y jardín de otros tiempos... Esta zona es una tierra de contrastes que cuenta los experimentos arquitectónicos de los años 70s y en donde la densidad de población alcanza 80000 habitantes por kilómetro cuadrado.
Por suerte se percataron de los errores y preservaron la calle San Blas, vieja vía que lleva a la vieja iglesia de Charonne.

Cuando llegamos al pie de la iglesia seguimos rumbo al Oeste, mirando, de paso, la antigua estación convertida en sala de conciertos. Entramos en la Villa Godin, y luego seguimos por la calle de Lesseps para llegar al jardín salvaje que bordea el cementerio.

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Al salir del jardín encontramos la entrada del cementerio y subimos para pasar por la zona de los monumentos dedicados a los campos de concentración de la segunda guerra mundial antes de seguir rumbo al Este, para ver “La campagne à Paris”.

Llegados a este punto, mi amigo consideró que allí podía acabarse el recorrido. Pero yo quise enseñarle otros detalles interesantes y después de sentarnos un rato en un café, seguimos rumbo a la plaza de las fiestas, al barrio de la Mouzaïa y al jardín Herold.
Mi amigo ya no podía más y después de casi cuatro horas caminando subimos en el primer autobús que vimos para volver a casa, ambos contentos de esta tarde diferente...

Por la noche me mandó un sms para decirme que estaba saboreando un whisky bien merecido para combatir las agujetas.
Me pareció buena idea :-)

10/06/2018

Visita guiada

Hace poco, uno de los conferenciantes que sigo en internet anunció que organizaba una visita guiada por una zona de París que se llama “la campagne à Paris”. Sé que ya pasé por esta zona, pero como fue años atrás pensé que merecía la pena recorrerla de nuevo con explicaciones extras. Además, me encantan las fotos que publica este señor.
Así fue como llegué a la salida de la estación Porte de Bagnolet, en el lado del bulevar Mortier, a las 14 y media.

Los visitantes llegaron poco a poco y al final llegamos a constituir un grupo de veinte personas alrededor de Bruno Ballet, ingeniero agrónomo y ecólogo.

Este señor empezó presentando los árboles de la plaza en donde estábamos, así como varias plantas salvajes que aprovechan todos los intersticios de la ciudad. Y después de varias digresiones, empezó a contarnos la historia de “la campagne à Paris”.

Al principio, crearon una cooperativa obrera cuyo objetivo era proporcionar alojamientos correctos a la población. La cooperativa compró el terreno de una antigua cantera de yeso, en donde habían dejado todos los escombros de la creación de la avenida Gambetta. El proyecto era construir 92 pabellones y venderlos a crédito a sus socios, empleados o artesanos con ingresos modestos pero constantes.
En aquel entonces, se consideraba que el pueblo, al convertirse en propietario, dejaba de meterse con las ideas revolucionarias y empezaba a aburguesarse.
Una primera fase de construcción fue acabada antes de la guerra de 1914 y la urbanización fue acabada en 1928.

Al final de esta introducción pudimos enfrentar la calle del Padre Prosper Enfantin, y su escalera que permite subir de 13 metros en apenas 40 metros, pero lo que se ve al final de la ascensión merece la pena.

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Las dos calles adoquinadas de la parte superior de la urbanización siguen las curvas de nivel. Comunican dos filas de pabellones diseñados por varios arquitectos, pero muy parecidos. Cada casa es separada de la calle por un pequeño patio y casi todos los inquilinos ponen vegetación en este espacio.

Me impresionó la cantidad y la variedad de rosas. Algunas casas van vestidas de parra virgen. Otras lucen glicinia, madreselva, clemátide o pasiflora. Y yo me preguntó como serán los jardines que se esconden detrás de las casas...

Algunas escaleras dejan ver partes de estos jardines y nuestro guía nos presentó estas zonas como una estupenda reserva de biodiversidad.

Pasamos casi tres horas en esta zona y recorrimos apenas un kilómetro sin aburrirnos.
¡Pocas veces caminé tan lentamente!

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