Caminando por París con Caol

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3/12/2017

El aerosol

La calle del evangelio forma parte del barrio encerrado entre los carriles de la estación del Este y los carriles de la estación del Norte. Ubicada en el extremo nordeste del distrito XVIII, a partir de la plaza Hebert comunica casi exclusivamente zonas de naves y su acera Este bordea un alto muro de unos quinientos metros de longitud.
Sobra decir que pasar por esta calle no es un itinerario muy agradable y menos cuando es de noche.

Detrás de este largo muro, una gran nave perteneciendo a la sociedad de ferrocarriles albergaba una empresa de materiales de construcción. Pero esta empresa se mudó y mientras se prepara algún proyecto inmobiliario, la sociedad de ferrocarriles declaró el espacio "Sito artístico temporal" y otorgó un contrato de alquiler de seis meses a un colectivo de arte urbano.

Bautizado "el aerosol", el nuevo sitio fue abierto el 2 de agosto, pero preferí esperar un poco antes de visitar este espacio y, finalmente, aproveché una tarde soleada para explorarlo.

Lo primero que se ve es la entrada del espacio Roller, en donde organizan sesiones de baile con (o sin) patines de ruedas. Cuando pasé, había una actuación de DJ así que no entré.

Luego llegas a una plataforma en donde varios camiones de comida proponen preparaciones de todas clases. En esta parte, el largo muro de la nave fue reciclado en espacio de expresión por algunos artistas callejeros y la verdad es que algunas producciones tienen chispa. En el suelo también se ven pinturas pero son mucho más efímeras ya que este espacio es de libre acceso para los visitantes.

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A continuación descubres otro espacio en donde a mano izquierda te proponen de visitar un museo del arte urbano mientras a mano derecha te venden aerosoles para que puedas expresarte.

Para visitar el museo es preciso pagar 5 euros pero merece la pena porque presentan una cantidad impresionante de obras prestadas por coleccionistas expertos.
Lo que más me asombró fue la edad de los artistas presentados: pocos treintañeros y muchos artistas nacidos antes de los años 60s. Varias cosas me gustaron mucho pero para daros una idea, escogí una obra evocando París...

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El único defecto de este espacio es el olor bastante fuerte de los aerosoles que usan los visitantes. A mi me quitó las ganas de instalarme en una de las mesas de la plataforma para tomar algo. Sin embargo pienso que merece la pena visitar este lugar.
Normalmente la experiencia se acaba el 28 de Enero de 2018. Pero es posible que continúe unos días más...

29/10/2017

"Montmartre aux artistes"

En el número 189 de la calle Ordener, se ve un edificio de ladrillos rojos con la inscripción “Montmartre aux artistes”.

Detrás de esta fachada, tres edificios construidos en los años 30 albergan talleres de artistas y el pasado domingo, aproveché una jornada puertas abiertas para pasear dentro de este recinto usualmente cerrado.

Tras entrar en el primer edificio, uno descubre una gran sala de acogida y divisa la sucesión de construcciones. Caminando hacia el interior, intenté entender la organización de la parcela: un primer patio lleva a un segundo edificio, con un pasillo que lleva a un segundo patio y un tercero edificio con un pasillo que lleva al patio final, en el extremo sur de la parcela.
En esta parte, una profusión de plantas y arbustos provoca la deliciosa sensación de pasear por un jardín.

Todos los edificios tienen siete pisos, con ventanales mirando hacia el norte.
Casi todos los talleres tienen dos niveles. La planta baja alberga una cocina, un baño y un espacio de trabajo de techo muy
alto. La planta alta, accesible por una escalera interior, ocupa la mitad de la superficie y allí se hallan las partes privadas como las habitaciones. En las fachadas sur se ven las ventanas normalitas de los cuartos de vida y unos balcones que comunican los talleres.
En las últimas plantas, los talleres son de tamaño más reducido pero la vista que regalan compensa de sobra la superficie.

Yo empecé la visita por el último piso del último edificio y nada más salir del ascensor, sentí una curiosa sensación de vértigo, esencialmente por que la barandilla del balcón deja ver el vacío por debajo, pero al contemplar la vista hacia el Sagrado Corazón, olvidé casi enseguida esa molestia.

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El primer taller que visité fue él de un dibujante – escultor cuyas obras demostraban una relación fuerte con la caligrafía. Los visitantes que me precedían le hicieron varias preguntas acerca de su instalación en la ciudad de artistas y el hombre confesó que había conseguido su taller treinta años atrás y que mientras no le echaban no pensaba marcharse de este sitio cuyo alquiler apenas alcanza 300€ al mes.

Luego pasé por varios talleres en donde vi cosas que no me gustaron mucho y que ya olvidé. Pero todavía recuerdo la estatua que Béatrice Limoge bautizó “l’aguicheuse”, así como las lámparas de Eric Dartois o los grabados de Christos Karamisaris...

Total, pasé un agradable momento, explorando los universos de varios creadores en medio de una ciudad arquitectónicamente muy interesante.
¡Repetiré!

17/09/2017

Una semana parisina

Para bien empezar con esta nueva semana, recorrí caminando los siete kilómetros que me llevan a mi instituto y ajusté mi meta cotidiana a 16000 pasos. Pero algunas veces, evitar los chubascos resultó un poco complicado.

En la capital gala se celebraba la semana del diseño y los organizadores definieron cuatro zonas diferentes, entre las cuales “Barbes-Stalingrad”, que se extiende hacia la puerta de Bagnolet.
Yo tuve ganas de visitar las tiendas de los creadores instalados en mi barrio y escudriñé la lista que encontré en internet. Constaté pocas novedades, pero di una vuelta para enterarme de las últimas novedades y encontré cosas interesantes.

También se celebraban las jornadas del patrimonio y así fue como pude visitar uno de los edículos construidos para controlar la circulación del agua que alimenta la ciudad de París, cerca de la puerta des Lilas. La asociación que atendía a los visitantes también propone recorridos para ver varios lugares como éste y descubrir las instalaciones del Este de París. A ver si puedo participar a una de estas visitas alguna vez.

En el distrito XI, descubrí desde la ventanilla de mi autobús de siempre que la asociación “el genio de la Bastille” proponía un mapa indicando talleres de artistas abiertos, instalaciones, tiendas albergando exposiciones y actividades. Así que hoy caminé rumbo a la plaza Léon Blum para conseguir este precioso papelito y mirar las obras instaladas en la plaza.

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El recorrido pasaba por el bulevar Voltaire en donde organizaban un mercado de anticuarios así que aplacé la visita de los talleres para descubrir los últimos objetos de moda para decorar su casa. Pero vi pocas novedades.

Luego pasé por la galería de la asociación en donde presentaban las obras de varios artistas. En la cité Voltaire pude visitar el taller de una pintora y encontrar una obra que me pareció realmente interesante.
En la calle Voltaire tocaba visitar el taller de una ceramista, transformado en sala de exposición y la entrada de la escuela de estilismo ESMOD en donde presentaban las creaciones de algunos alumnos.
En la esquina de un callejón escondido, otro pintor presentaba sus obras mientras dos mujeres organizaban un taller al aire libre para los niños del barrio.

Ya llegaba la hora de volver a casa así que pasé otra vez por el mercado de los anticuarios y me metí en mi autobús de siempre justo cuando empezaba a llover...

Lo bueno de todo esto es que conseguí ver un montón de cosas y pasarlo bien sin gastar un duro.

10/09/2017

Volver

Volver a París siempre provoca algo de aprensión. En tan sólo tres semanas son muchas las cosas que pueden transformarse, conllevando buenas o malas sorpresas.

Yo viajé el lunes, mientras los niños retomaban el camino de la escuela y los padres las actividades laborales. Había poca gente en el tren y no tuve que compartir mi compartimento.
Llegué al mediodía y pude dedicar la tarde a ir de compras.

Volver después de los demás resulta bastante desconcertante porque ellos ya retomaron el ritmo de la ciudad cuando todavía sigues buscando tus marcas. Pero hay detalles que te ayudan a conectar rápidamente con la realidad parisina, como el precio de las cosas o la pila de facturas que encuentras en el buzón.
Yo quise disfrutar de mi último día de vacaciones y pasé un rato en una de las terrazas de cafés de mi barrio, con sol y sombra, algunas plantas y tres gorriones.

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Volver a trabajar no fue tan pesado como me temía y pronto pude retomar mis largas caminatas.

El jueves al atardecer descubrí que al lado de la estación Ménilmontant, organizaban un mercado de cocina de calle, con mesas y bancos para que la gente pueda instalarse. Cuando pregunté me explicaron que no era un acontecimiento excepcional sino un mercado nocturno que ocurrirá cada dos jueves. En cuanto tenga la oportunidad de probarlo, os cuento.

Pero mi auténtica vuelta ocurrió ayer por la noche, cuando compré un nuevo abono en el cine de mi barrio (el Louxor) para ver la película que consiguió el gran premio del jurado en Cannes: más de 120 personas para “120 pulsaciones por minuto” y parejas de todas clase...
¡Eso sí que es París!

Y hoy sólo faltaba pasear por la colina de Montmartre para acabar con el proceso de vuelta.
Como siempre encontré una cantidad impresionante de turistas pero el mercadillo organizado en la plaza de las abadesas tenía encanto y pasé un rato agradable.
Ahora toca descansar.

6/08/2017

Estreno

El pasado martes, mientras esperaba mi autobus de siempre, una anciana me enseñó una pequeña tarjeta imanada y me contó que estabán regalando estas tarjetas y cafés en el metro para celebrar la reapertura de la estación.
No tenía prisa así que renuncié a viajar en autobus para visitar la estación remodelada.

Para empezar me acerqué de la nueva entrada creada en la acera Oeste del bulevar Barbes.
Seis años atrás, formaba parte del grupo que organizó una votación ciudadana para pedir la creación de este acceso y no quise precipatarme. Pedí a los policías que controlaban la escalera que se apartaran para que pueda sacar una foto de esta entrada tan esperada y lo hicieron de buena gana.

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Luego me atrevi a bajar para descubrir la nueva sala de acogida y fue otra buena sorpresa. Este espacio pasó de 40 a 170 metros cuadrados y la circulación resulta mucho más fácil. Por cierto, tendremos que probar como funciona cuando se acaben las vacaciones y que vuelva la clientela procediendo de toda la región parisina para las compras del sábado. Pero la primera impresión fue muy buena.

Para celebrar el fin de obras que tardaron más de dos años la sociedad del metro había organizado el estreno en grande, con varias personas proponiendo cafés y tarjetas imanadas a los viajeros. Si no probé el café, conseguí la preciosa tarjeta de este primer día.

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A mi me encantó el gran cartel que instalaron en la pared. También aprecié las baldosas del suelo y la renovación de las paredes y de los andenes.
No sé cuanto tiempo conservará su toque ordenado y limpio pero merecía la pena militar, crear una asociación e interpelar a los elegidos para conseguir este resultado.
¡Hasta la victoria siempre! :-)

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