Caminando por París con Caol

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10/09/2017

Volver

Volver a París siempre provoca algo de aprensión. En tan sólo tres semanas son muchas las cosas que pueden transformarse, conllevando buenas o malas sorpresas.

Yo viajé el lunes, mientras los niños retomaban el camino de la escuela y los padres las actividades laborales. Había poca gente en el tren y no tuve que compartir mi compartimento.
Llegué al mediodía y pude dedicar la tarde a ir de compras.

Volver después de los demás resulta bastante desconcertante porque ellos ya retomaron el ritmo de la ciudad cuando todavía sigues buscando tus marcas. Pero hay detalles que te ayudan a conectar rápidamente con la realidad parisina, como el precio de las cosas o la pila de facturas que encuentras en el buzón.
Yo quise disfrutar de mi último día de vacaciones y pasé un rato en una de las terrazas de cafés de mi barrio, con sol y sombra, algunas plantas y tres gorriones.

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Volver a trabajar no fue tan pesado como me temía y pronto pude retomar mis largas caminatas.

El jueves al atardecer descubrí que al lado de la estación Ménilmontant, organizaban un mercado de cocina de calle, con mesas y bancos para que la gente pueda instalarse. Cuando pregunté me explicaron que no era un acontecimiento excepcional sino un mercado nocturno que ocurrirá cada dos jueves. En cuanto tenga la oportunidad de probarlo, os cuento.

Pero mi auténtica vuelta ocurrió ayer por la noche, cuando compré un nuevo abono en el cine de mi barrio (el Louxor) para ver la película que consiguió el gran premio del jurado en Cannes: más de 120 personas para “120 pulsaciones por minuto” y parejas de todas clase...
¡Eso sí que es París!

Y hoy sólo faltaba pasear por la colina de Montmartre para acabar con el proceso de vuelta.
Como siempre encontré una cantidad impresionante de turistas pero el mercadillo organizado en la plaza de las abadesas tenía encanto y pasé un rato agradable.
Ahora toca descansar.

6/08/2017

Estreno

El pasado martes, mientras esperaba mi autobus de siempre, una anciana me enseñó una pequeña tarjeta imanada y me contó que estabán regalando estas tarjetas y cafés en el metro para celebrar la reapertura de la estación.
No tenía prisa así que renuncié a viajar en autobus para visitar la estación remodelada.

Para empezar me acerqué de la nueva entrada creada en la acera Oeste del bulevar Barbes.
Seis años atrás, formaba parte del grupo que organizó una votación ciudadana para pedir la creación de este acceso y no quise precipatarme. Pedí a los policías que controlaban la escalera que se apartaran para que pueda sacar una foto de esta entrada tan esperada y lo hicieron de buena gana.

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Luego me atrevi a bajar para descubrir la nueva sala de acogida y fue otra buena sorpresa. Este espacio pasó de 40 a 170 metros cuadrados y la circulación resulta mucho más fácil. Por cierto, tendremos que probar como funciona cuando se acaben las vacaciones y que vuelva la clientela procediendo de toda la región parisina para las compras del sábado. Pero la primera impresión fue muy buena.

Para celebrar el fin de obras que tardaron más de dos años la sociedad del metro había organizado el estreno en grande, con varias personas proponiendo cafés y tarjetas imanadas a los viajeros. Si no probé el café, conseguí la preciosa tarjeta de este primer día.

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A mi me encantó el gran cartel que instalaron en la pared. También aprecié las baldosas del suelo y la renovación de las paredes y de los andenes.
No sé cuanto tiempo conservará su toque ordenado y limpio pero merecía la pena militar, crear una asociación e interpelar a los elegidos para conseguir este resultado.
¡Hasta la victoria siempre! :-)

23/07/2017

Curioseando

Llevaba tiempo sin pasar delante de la entrada del hospital militar Begin así que tuve una gran sorpresa al observar la instalación que hicieron para proteger la entrada: pilas de sacos de arena, como si estuviéramos en una zona de guerra... No sé si es el proceso normal cuando decretan estado de emergencia o si se trata de una fantasía local, pero para el ciudadano de a pie, eso parece totalmente surrealista.

20170717.jpgOtro espectáculo me esperaba al llegar a casa. Los bomberos habían cortado la calle y desplegado una gran escalera para ubicar la causa del humo procediendo de un edificio a quince metros de mi casa. La operación necesitó casi tres horas. Mientras tanto, los habitantes del edificio del incendio se instalaron en la terraza del café de en frente para seguir las operaciones.

Al día siguiente, pasé al pie de Beaubourg y constaté que la zona ya tiene su ritmo veraniego: gente sentada al lado de la fuente Stravinski o en la gran plaza, artistas de todas clases y un toque de “dolce vita” muy agradable.

Quise aprovechar este ambiente para probar uno de los sitios que reemplazaron las tiendas de mayoristas de la calle Sedaine.
Con mi compañera del día, examinamos varios sitios frecuentados por treintañeros y proponiendo tapas, ensaladas o preparaciones básicas para compartir con amigos. Pero 15€ sin bebidas para estas ofertas nos pareció exagerado.
Descartamos el café de los gatos porque estos bichos asustan a mi compañera y acabamos en el último sitio de la calle Sedaine; un restaurante tradicional bautizado “le préau”. Ubicada en la esquina con el bulevar Richard Lenoir, la pequeña terraza nos pareció demasiada ruidosa por el tráfico automóvil y nos instalamos dentro. La sala tiene encanto y nos atendieron muy correctamente. Pero la presentación de la carta con cuadernos escolares no era imprescindible. Aquí también nos cobraron 15€ por un plato sin bebida pero por lo menos se trata de cocina tradicional algo más elaborada. No nos entusiasmó y se confirmó una vez más que los precios alrededor de Bastille son exagerados.

Este fin de semana son muchos los parisinos que se marcharon de vacaciones.
A ver si puedo probar otro sitio cerca del centro.

9/07/2017

Campamentos

¿Quién pensaría que esta foto fue sacada en París?

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Estas chabolas se hallan entre la puerta de Clignancourt y la puerta de la Chapelle, en el espacio desocupado del antiguo ferrocarril de cintura. Allí se instalaron familias gitanas procediendo de Europa central.
Este grupo lleva tiempo jugando al escondite con la policía. Años atrás, con la preciosa ayuda de asociaciones, algunas familias habían aceptado escolarizar a sus niños. Pero este proceso de acogida fue destrozado por una primera expulsión.
Los gitanos volvieron y ahora tenemos ciclos seguidos de instalación y expulsión...

En la puerta de la Chapelle, también es donde instalaron el centro parisino de acogida de los migrantes. Desgraciadamente este centro, sencillo y práctico, sólo puede albergar a unas 400 personas. Sobra decir que hay mucho más de 400 personas esperando la posibilidad de pasar un rato en el centro para descansar, limpiarse, comer y recuperar...
Total, en el otro lado del bulevar, los migrantes instalaron campamentos y en menos de un mes, casi tres mil personas acabaron en las aceras y los terrenos de deporte de esta zona.
Como siempre cuando un campamento alcanza este nivel de población, la policía organizó una evacuación el pasado viernes. Yo pasé por allí, ayer por la tarde y sólo quedaban unas decenas de personas, bastante listas para esconderse durante la evacuación, pero ya cansadas por el calor, el hambre y la sed.

Los responsables asociativos ya comunicaron su preocupación. Dentro de unos días muchos voluntarios se marcharán de vacaciones y no saben si podrán seguir distribuyendo comidas...

Tres bocacalles más lejos, descubrí la nueva urbanización creada en el espacio liberado por el antiguo depósito McDonald: Tranvía, viviendas para clase media y almacenes que corresponden.
Confieso que con más de 30 grados y un sol aplastante, pasar un rato en una tienda climatizada resulta bastante agradable. Pero este nuevo barrio podría estar en cualquier ciudad gala importante.

Por suerte, el viernes me regaló una buena noticia: aprobé a la primera el curso del Conservatorio de artes y oficios así que podré disfrutar totalmente mis próximas vacaciones :-)

2/07/2017

El espacio público

Mientras estaba de vacaciones se armó una polémica acerca del uso del espacio público entre la estación de metro La Chapelle y la Halle Pajol.
Lo cierto es que en esta zona son muchos los jóvenes hombres que intentan vender en la calle mercancías de todas clases. A veces sólo dejan el espacio de una fila para los peatones y si tienes prisa, no hay más remedio que cambiar de acera. También se ven reuniones callejeras de hombres, pero por el contexto sospecho que no tienen otro lugar para quedar.
Y el tema se complicó cuando unas mujeres empezaron a quejarse de una forma de acoso callejero y eso, amplificado por unos periodistas sin criterio, se transformó en una lista de barrios prohibidos a las mujeres.
Por cierto, algunas amigas me explicaron que no puedes pasar por estas zonas si vistes una falda porque consigues piropos de todas clases y si los ignoras, te insultan. Pero también vi un par de veces a chicas guapas con prendas femeninas pasando por estos sitios y no noté cualquier problema. Pero éstas tenían un buen nivel de autoconfianza.
Al fin y a al cabo, pienso que exageraron la amplitud del problema, principalmente porque desconocen las costumbres de los grupos que se reúnen en esta parte de París.
Y prefiero quedarme con la imagen de los tres voluntarios dando clases de francés a unos migrantes muy atentos al lado de la dársena de la Villette.

Pero es que yo vivo en un barrio en donde conviven varias culturas muy diferentes.

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Este fin de semana tocaba celebrar la fiesta del barrio.
Normalmente instalan una escena al pie de la iglesia Saint Bernard. Pero este año, por las medidas de seguridad del estado de emergencia, los organizadores no consiguieron las autorizaciones necesarias.
Total, instalaron la escena y las demás atracciones en el pequeño jardín que llamamos “square Léon”, con vigilantes para controlar las entradas.

Cuando pasé por allí, la gente sentada sobre el césped estaba esperando el concierto y se veía que había buen rollo. Pero no creo que los periodistas que mencioné arriba no conocen esta zona :-)

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