Caminando por París con Caol

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23/07/2017

Curioseando

Llevaba tiempo sin pasar delante de la entrada del hospital militar Begin así que tuve una gran sorpresa al observar la instalación que hicieron para proteger la entrada: pilas de sacos de arena, como si estuviéramos en una zona de guerra... No sé si es el proceso normal cuando decretan estado de emergencia o si se trata de una fantasía local, pero para el ciudadano de a pie, eso parece totalmente surrealista.

20170717.jpgOtro espectáculo me esperaba al llegar a casa. Los bomberos habían cortado la calle y desplegado una gran escalera para ubicar la causa del humo procediendo de un edificio a quince metros de mi casa. La operación necesitó casi tres horas. Mientras tanto, los habitantes del edificio del incendio se instalaron en la terraza del café de en frente para seguir las operaciones.

Al día siguiente, pasé al pie de Beaubourg y constaté que la zona ya tiene su ritmo veraniego: gente sentada al lado de la fuente Stravinski o en la gran plaza, artistas de todas clases y un toque de “dolce vita” muy agradable.

Quise aprovechar este ambiente para probar uno de los sitios que reemplazaron las tiendas de mayoristas de la calle Sedaine.
Con mi compañera del día, examinamos varios sitios frecuentados por treintañeros y proponiendo tapas, ensaladas o preparaciones básicas para compartir con amigos. Pero 15€ sin bebidas para estas ofertas nos pareció exagerado.
Descartamos el café de los gatos porque estos bichos asustan a mi compañera y acabamos en el último sitio de la calle Sedaine; un restaurante tradicional bautizado “le préau”. Ubicada en la esquina con el bulevar Richard Lenoir, la pequeña terraza nos pareció demasiada ruidosa por el tráfico automóvil y nos instalamos dentro. La sala tiene encanto y nos atendieron muy correctamente. Pero la presentación de la carta con cuadernos escolares no era imprescindible. Aquí también nos cobraron 15€ por un plato sin bebida pero por lo menos se trata de cocina tradicional algo más elaborada. No nos entusiasmó y se confirmó una vez más que los precios alrededor de Bastille son exagerados.

Este fin de semana son muchos los parisinos que se marcharon de vacaciones.
A ver si puedo probar otro sitio cerca del centro.

9/07/2017

Campamentos

¿Quién pensaría que esta foto fue sacada en París?

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Estas chabolas se hallan entre la puerta de Clignancourt y la puerta de la Chapelle, en el espacio desocupado del antiguo ferrocarril de cintura. Allí se instalaron familias gitanas procediendo de Europa central.
Este grupo lleva tiempo jugando al escondite con la policía. Años atrás, con la preciosa ayuda de asociaciones, algunas familias habían aceptado escolarizar a sus niños. Pero este proceso de acogida fue destrozado por una primera expulsión.
Los gitanos volvieron y ahora tenemos ciclos seguidos de instalación y expulsión...

En la puerta de la Chapelle, también es donde instalaron el centro parisino de acogida de los migrantes. Desgraciadamente este centro, sencillo y práctico, sólo puede albergar a unas 400 personas. Sobra decir que hay mucho más de 400 personas esperando la posibilidad de pasar un rato en el centro para descansar, limpiarse, comer y recuperar...
Total, en el otro lado del bulevar, los migrantes instalaron campamentos y en menos de un mes, casi tres mil personas acabaron en las aceras y los terrenos de deporte de esta zona.
Como siempre cuando un campamento alcanza este nivel de población, la policía organizó una evacuación el pasado viernes. Yo pasé por allí, ayer por la tarde y sólo quedaban unas decenas de personas, bastante listas para esconderse durante la evacuación, pero ya cansadas por el calor, el hambre y la sed.

Los responsables asociativos ya comunicaron su preocupación. Dentro de unos días muchos voluntarios se marcharán de vacaciones y no saben si podrán seguir distribuyendo comidas...

Tres bocacalles más lejos, descubrí la nueva urbanización creada en el espacio liberado por el antiguo depósito McDonald: Tranvía, viviendas para clase media y almacenes que corresponden.
Confieso que con más de 30 grados y un sol aplastante, pasar un rato en una tienda climatizada resulta bastante agradable. Pero este nuevo barrio podría estar en cualquier ciudad gala importante.

Por suerte, el viernes me regaló una buena noticia: aprobé a la primera el curso del Conservatorio de artes y oficios así que podré disfrutar totalmente mis próximas vacaciones :-)

2/07/2017

El espacio público

Mientras estaba de vacaciones se armó una polémica acerca del uso del espacio público entre la estación de metro La Chapelle y la Halle Pajol.
Lo cierto es que en esta zona son muchos los jóvenes hombres que intentan vender en la calle mercancías de todas clases. A veces sólo dejan el espacio de una fila para los peatones y si tienes prisa, no hay más remedio que cambiar de acera. También se ven reuniones callejeras de hombres, pero por el contexto sospecho que no tienen otro lugar para quedar.
Y el tema se complicó cuando unas mujeres empezaron a quejarse de una forma de acoso callejero y eso, amplificado por unos periodistas sin criterio, se transformó en una lista de barrios prohibidos a las mujeres.
Por cierto, algunas amigas me explicaron que no puedes pasar por estas zonas si vistes una falda porque consigues piropos de todas clases y si los ignoras, te insultan. Pero también vi un par de veces a chicas guapas con prendas femeninas pasando por estos sitios y no noté cualquier problema. Pero éstas tenían un buen nivel de autoconfianza.
Al fin y a al cabo, pienso que exageraron la amplitud del problema, principalmente porque desconocen las costumbres de los grupos que se reúnen en esta parte de París.
Y prefiero quedarme con la imagen de los tres voluntarios dando clases de francés a unos migrantes muy atentos al lado de la dársena de la Villette.

Pero es que yo vivo en un barrio en donde conviven varias culturas muy diferentes.

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Este fin de semana tocaba celebrar la fiesta del barrio.
Normalmente instalan una escena al pie de la iglesia Saint Bernard. Pero este año, por las medidas de seguridad del estado de emergencia, los organizadores no consiguieron las autorizaciones necesarias.
Total, instalaron la escena y las demás atracciones en el pequeño jardín que llamamos “square Léon”, con vigilantes para controlar las entradas.

Cuando pasé por allí, la gente sentada sobre el césped estaba esperando el concierto y se veía que había buen rollo. Pero no creo que los periodistas que mencioné arriba no conocen esta zona :-)

16/04/2017

Los exiliados

Los azares de los sitios de segunda mano provocan a veces unos encuentros improbables. Ese día estaba buscando una alfombra para que mis pobres gatitas puedan tumbarse sobre algo más confortable que un sencillo parqué y tras escudriñar varias páginas de ofertas de todas clases, encontré algo presentable y compatible con mi presupuesto. El anuncio procedía del distrito en donde vivo, así que mandé un mail con la idea de fijar una cita para ver el objeto.

Después de varias horas, me llegó una respuesta con un número de móvil y llamé enseguida. El objeto se hallaba en el otro extremo de mi distrito pero podía viajar en autobus y llegar en menos de media hora. Así que quedamos en la avenida de Saint-Ouen.

Esta avenida corre desde la avenida de Clichy rumbo a la puerta de Saint-Ouen y coincide con el límite entre los distritos 17 y 18. Es una vía de mucho tráfico automóvil pero también comunica callecitas con mucho encanto y todavía tengo muchos lugares por explorar. Pero ese día, no tenía tiempo para eso y fui directamente a la dirección de la vendedora, un edificio de los años 1970-80. Tras superar la prueba de los tres códigos seguidos (calle, escalera y ascensor), llegué a la segunda planta, en donde me esperaban la vendedora y su compañero.

El señor me preguntó si sabía algo de la marca de la alfombra y sentí que estaba listo para explicarme toda la historia de la fábrica. Pero se cortó cuando le contesté que ya tenía otra alfombra de este editor. El objeto era conforme con la descripción y propuse un trato: pagar el precio en efectivo a cambio de ayuda para transportarlo hasta mi casa. ¡Trato hecho!

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El señor se llevó la alfombra rumbo a su aparcamiento, la puso en su coche requete nuevo y entablamos el viaje rumbo a mi casa.

Mientras manejaba, dijo que le asombraba la cantidad de vagabundos viviendo en la calle. Le pregunté si llevaba tiempo en este barrio y me confesó que se habían mudados desde unos pocos meses. Me contó que vivían cerca de la muy selecta puerta de Auteuil pero que por los precios de los alquileres ya no podían vivir allí. Y así fue como, buscando el mejor compromiso entre superficie y presupuesto, habían llegado al distrito 18.
Como comentaba que debía de ser un gran cambio, me dejó percibir una parte de su nostalgía de exiliado. Dijo que no le molestaba el alboroto de su nuevo barrio pero que no conseguía acostumbrarse a la suciedad. Y es cierto que las calles del distrito XVI son globalemente mucho más limpias.

Cuando llegamos delante de mi edificio, mi chófer buscó una solución para aparcarse pero le sugerí que hiciera como los demás, parándose en medio de la calle. Le di el efectivo y como lo dejaba en evidencia, al lado del palo de velocidad, le indiqué que era una muy mala idea. Guardó el dinero, me ayudó a sacar la alfombra del maletero y así se acabó nuestro intercambio.

Pocas veces hablé con gente que se sentía tan exiliada en mi distrito tan internacional.

2/04/2017

Días europeos de la artesanía

Hubo mucha comunicación en la capital gala acerca de este acontecimiento europeo y como me interesa descubrir los inventos de los artistas/artesanos que presentan su trabajo, dediqué un gran rato a visitar algunas tiendas/talleres.

Para empezar, pasé por la calle en donde Charlotte Castanier cuelga sus criaturas y pude admirar sur última creación. Seguí rumbo al mercado de las pulgas y constaté con una decepción que la tejeduría anunciada en el programa estaba cerrada. Total, volví a mi barrio en donde habían organizado un recorrido con mapa para descubrir una docena de sitios.

Mi primera parada fue en la galería Wenge en donde la creadora Amira Sliman diseña y fabrica joyas. Hoy la galería también albergaba a la ceramista Tulin Diker que presentaba algunas piezas caladas muy bonitas.

Luego pasé por la tienda instalada en la calle des Gardes para enseñar en un sitio único el trabajo de varios artesanos del barrio. Allí vi un vestido de malla diseñado por Marcia de Carvalho, joyas de Fanny Kachintzeff, zapatos de Maurice Arnoult, bolsos de Dognin… pero lo que más me gustó fue un vestido diseñado por Francine Faleu y seguí rumbo a la tienda siguiente para descubrir su trabajo.

En este sitio me explicaron que las telas son fabricadas en Africa del Oeste, que utilizan tinturas naturales para conseguir los colores principales de las prendas y que los demás dibujos son pintados sobre el tejido. Las creaciones, de muy buena calidad, me parecieron muy acertadas y los precios, aunque elevados, no son inasequibles. Por suerte sólo tenían prendas de talla 34, así que no me arruiné :-)

En la otra acera, no visité los talleres de zapatos y de bolsos, cuyos precios no son compatibles con mi presupuesto, y pasé por la tienda de Fabrice Daigremont, arquitecto de interior/diseñador. Ya había mirado su escaparate pero hoy pude explorar el contenido de su pequeño estudio/taller y la verdad es que noté varios detalles interesantes. Entre las cosas que más me gustaron mencionaré una pantalla de lámpara y unas cortinas muy bonitas.

Y eso fue mi última parada del día.
Luego tocaba instalar mi modesto balcón para que las gatas puedan broncear.

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