Caminando por París con Caol

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2/12/2018

Retomando las exploraciones...

Por fin recuperamos el sistema colectivo de calefacción en mi residencia y cuando llego al anochecer, encuentro una casa agradablemente calentada.

Aproveché una tarde tranquila con algo de llovizna para explorar el nordeste del distrito XVIII. En esta parte de la capital, en la zona que se halla entre los bulevares exteriores y el antiguo ferrocarril que da la vuelta de París, hay una colección de pequeñas calles y quería explorarlas.

Para empezar, entré en el edificio de la iglesia del tabernáculo que pertenece a una comunidad protestante. Descubrí una sala sencilla y luminosa en donde el pastor estaba regalando sus enseñanzas. Me invitaron a entrar y a sentarme, pero después de echar un vistazo, preferí agradecer por la acogida y marcharme para seguir mi exploración.

Casi en frente de este edificio, encontré el primer callejón sin salida. Esta vía, tan estrecha que los coches no pueden entrar, comunica varias casas que preservan su intimidad detrás de unos altos muros.

El siguiente callejón sin salida, mucho más ancho, comunica un conjunto de edificios haussmanianos, muy homogéneos. A continuación, una pequeña calle comunica casas de una o dos plantas, con pequeños patios y vegetales. A pesar del gris de este día, el sitio tenía cierto encanto. Pero seguro que cuando llegue la primavera, se transformará en un agradable refugio.

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Luego pasé en medio de un conjunto de viviendas sociales antes de llegar a otro callejón sin salida, con sus casas bajas y su vigilante con perro. Sobra decir que no me eternicé...
Pasé al lado de la antigua estación que ahora alberga el “azar lúdico”, espacio cultural híbrido, que propone conciertos, talleres, así como comida y bebidas. A continuación, pude constatar que en la calle de los tennis, ya no hay canchas de tenis, antes de decidir que ya hora de volver a casa.
Por la tarde caminé rumbo a la dársena de la Villette en donde pude probar el barco que navega entre los dos complejos cinematográficos.

Confieso que no pasé por los Campos Elíseos para ver la amplitud de los daños causados por algunos chalecos amarillos furiosos. En cambio intento escaparme en medio día para disfrutar de los escasos rayos de sol y así el invierno me parece más fácil de aguantar.

14/10/2018

Festejando las vendimias

Este fin de semana, el distrito XVIII celebraba la fiesta de las vendimias. Llevaba varios años sin acercarme de este acontecimiento y tuve ganas de volver a pasear por la colina de Montmartre.

El viernes por la noche, caminé cuesta arriba por la calle del Mont-Cenis para llegar a la plaza de los pintores. Delante de la iglesia San Pedro, una alta valla metálica impedía el paso y no había otra opción que presentar los bolsos a un vigilante para acceder al recinto pomposamente bautizado “recorrido de los sabores”. Yo solo llevaba gafas, móvil y llaves así que me dejaron entrar rápidamente.
Entonces pude descubrir la amplitud de las instalaciones de casetas dedicadas a la venta de productos comestibles de todas clases. También constaté que había mucha gente, catando vino, bebiendo cervezas o probando algún bocadillo. A duras penas conseguí caminar por la calle Saint Eleuthère, antes de subir rumbo a la plaza del Sagrado Corazón y de perderme por la calle que bordea la basílica. Me costó tiempo extraerme de este sitio pero encontré una salida y seguí cuesta abajo rumbo a mi casa.

El sábado sobre las 9 de la mañana, subí otra vez hacia la zona de las casetas.
En la plaza de los pintores, varios grupos con sus trajes oficiales estaban esperando la hora del desfile, algunos tomando un café, otros caminando. En la casa de la esquina, los “Poulbots” también se estaban preparando.
En la zona de las casetas, varias instalaciones todavía estaban cerradas. Pero muchos vendedores estaban llevando mercancías extras, mientras otros empezaban a cocinar.
Luego pasé por la frutería de mi barrio y me contaron que el gran desfile ya no pasaba delante de la tienda y que salía de la calle Saint Vincent poco antes de las doce. Total, adapté el programa del día para pasar por allí.

Cuando llegué a la calle Saint Vincent, justo al lado del “Lapin agile”, ya había mucha gente, pero no tanto como en otras ocasiones. Yo pude colarme en la acera que bordea el viñedo y, desde este punto, vi pasar casi todo el cortejo.
Los “Poulbots”, los socios de “la República de Montmartre” y una larga lista de asociaciones representadas por una cantidad variable de personas. Como en otras ocasiones, los “amigos de Brouilly” estaban presentes y regalaban vino.

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El desfile me pareció más corto que en otras ocasiones, pero sospechó que el recorrido desanimó a varias personas ya que desde la calle Saint Vincent, pasaba por la muy empinada calle des Saules...
Yo ya tenía mi cuenta de cuestas arriba y abajo así que no seguí el cortejo.

En el distrito XVIII organizaban otros acontecimientos como visitas guiadas o jornadas puertas abiertas. Pero preferí aprovechar estos días de tiempo veraniego para visitar otras zonas de París

16/09/2018

Acabando con la senda 2024

Tuve un rato la tentación de meterme en alguna de las visitas de las jornadas europeas del Patrimonio. Pero cuando constaté, al mirar el mapa, que la mayoría de los sitios eran iglesias, preferí renunciar y decidí que acabaría con la senda 2024.

Retomé el recorrido cerca de la puerta de Clignancourt, rumbo al Este.
En esta zona construyeron un centro universitario que forma parte de la prestigiosa universidad de la Sorbonne, así como una residencia para los estudiantes. Más adelante se ve un gran complejo deportivo a mano izquierda y varias naves a mano derecha.

La senda pasa luego por la puerta des Poissonniers y sigue por el bulevar Ney. Allí el paseante descubre una zona de obras, justo antes de la puerta de la Chapelle.
Obras en el bulevar para preparar la continuación del tranvía.
Obras a mano derecha para construir el nuevo barrio Chapelle internacional en los terrenos liberados por la sociedad de ferrocarriles.
Obras a mano izquierda en donde demolieron el sitio de acogida de los migrantes en previsión de la construcción del futuro campus Condorcet.

Después de cruzar la puerta de la Chapelle, noté en cada acera del bulevar, una fila de personas haciendo cola para conseguir un trozo de pan y un café.

Los migrantes que llegaron a París se percataron de qué los campamentos grandes provocaban desalojos fuera de la capital y ahora se dispersaron en varias zonas de la ciudad. Pero también vuelven cerca de la puerta de la Chapelle porque allí algunas asociaciones siguen repartiendo comidas y ayuda.
Así que, a lo largo de este recorrido, encontré varios grupitos, guardando sus cosas antes de marcharse o aprovechando los grifos de las fuentes públicos para asearse...

La senda sigue, bordeando otras instalaciones deportivas, y deja ver la barriada Charles Hermite. En la puerta de Aubervilliers, resistí a la tentación de visitar las zonas comerciales y seguí por una agradable avenida arbolada, rumbo a lo que el folleto llama “bosque lineal”. ¿Quién pensaría que esta foto fue sacada dentro de París?

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Si el paseo por esta parcela encerrada entre el bulevar periférico y las nuevas construcciones del bulevar Mac Donald, que mide 20 metros de ancho y 300 metros de largo, resulta relativamente agradable, confieso que tengo otra idea de los bosques.
Al salir de la parcela, uno descubre el canal de Saint Denis. Entonces es preciso seguir a mano derecha para volver al punto de inicio en el parque de la Villette.

A fin de cuentas, la libreta de la senda 2024 me dio la oportunidad de pasar por varios sitios que no conocía. Pero espero que el Municipio no gastó mucho dinero para este recorrido mal balizado y estas explicaciones con muchos errores.

5/08/2018

Canícula (2)

Seguimos con temperaturas muy altas de día como de noche y la cuestión de recuperar se vuelve cada día más complicada.
Por suerte tengo una vecina septuagenaria muy acogedora que me invitó a cenar en su improbable terraza de la quinta planta. Y si allí también la temperatura ronda los treinta grados, pasar un rato en medio de tanta vegetación resulta muy agradable.

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Al día siguiente encontré algo de energía para ir caminando hacia mi instituto, pero sin pasar por las colinas del Este.
Al atravesar el canal Saint Martin, constaté que ya no había campamento de refugiados. En su lugar una garza estaba contemplando el agua, preparando alguna sesión de pesca.
Luego seguí rumbo al distrito XI para explorar algunas zonas que no conozco bien.
Curiosamente, en la calle de la Fontaine au roi, el magnífico fresco representando las manifestaciones de mayo de 2018 ya era tapado con una pintura gris tristona. Ya se sabe que el poder no acepta la crítica, pero no pensaba que esta obra de arte molestaba tanto...
Luego me perdí el micro autobús de la plaza Gambetta y seguí explorando el distrito XX, descubriendo la calle Victor Segalen y la Cité Leclaire.

El jueves hice otro recorrido por la mañana, pero el auténtico descubrimiento del día fue la tienda de los hermanos Nordin.
Ubicada en la calle del Faubourg Saint Antoine, esta tienda propone todos los productos necesarios para los ebanistas y todos los que pretenden restaurar o dar los toques finales a algún objeto de madera.
El hombre que me atendió me proporcionó muchas explicaciones acerca de la manera de obrar y cuando enseñé los productos que me había recomendado a un profesional, tuve la confirmación que era una buena elección.
Antes de marcharme de la tienda pregunté al dependiente que formación tenía para dar todos estos consejos y el hombre me confesó que hizo estudios de comercio. Pero también me dijo que se había enamorado del universo de la madera y me enseñó fotos del mueble que estaba restaurando.
Todo eso confirmó la sensación de haber encontrado un sitio precioso para todos los proyectos que tengo.

Ese mismo día encontré la tienda de mi frutero cerrada y tuve que imaginar un plan de supervivencia alimentaria.
Por suerte falta poco antes de mi secunda sesión de vacaciones.

20/05/2018

Los jardines compartidos

No todos los parisinos pueden vivir en una linda casita con jardín incluido. Total, cada vez que las evoluciones urbanas dejan aparecer un baldío, los vecinos intentan apropiarse la parcela para transformarla en jardín compartido. Generalmente es preciso crear una asociación y firmar un contrato de ocupación precaria. Pero cuando esta precariedad se prolonga una decena de años, deja tiempo para desarrollar un bonito jardín.

Cerca de mi casa existen varios espacios declarados como jardines compartidos.
La asociación “la goutte verte” cuidaba un gran baldío en la calle Cavé, pero cuando empezaron las obras, tuvieron que trasladar los vegetales hacia un terreno de deporte desocupado. La asociación “la table ouverte” también se trasladó desde el terreno dedicado a un centro musical, rumbo al terreno de la antigua mezquita.Y la asociación “Le bois Dormoy” consiguió salvar su pequeño bosque de las excavadoras.

Estas asociaciones cuidan espacios cerrados, y si no eres socio de su estructura, las visitas informales resultan casi imposibles. Algunas dejan ver la parcela desde la calle, otras la esconden y el trato de los visitantes también es más o menos acogedor...

A lo largo de mis ciberpaseos, encontré la página de un jardín asombroso y pensaba que estaba en las afueras de París. Quise visitarlo y cuando miré la dirección, constaté que se hallaba en el distrito XIX. Total, me fui caminando rumbo a este sitio.

El jardín se halla en el centro de la parcela que ocupaba el antiguo hospital Herold, pero si no te atreves a pasar por la calle Francis Ponge, no te enteras de su existencia.
Se trata de un jardín público y lo primero que se nota son los espacios dedicados a los niños.
Luego, al adentrarse, uno descubre la parte que cuida la asociación.

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Me encantó constatar que esta parte no se esconde detrás de rejas y tiene los mismos horarios de acceso que el jardín público. Cuando pasé por primera vez, sólo vi a una señora recogiendo los desechos abandonados por unos sinvergüenzas, pero pensé que no formaba parte del equipo del jardín compartido.
Cuando volví allí, el sábado por la mañana, encontré a tres señoras instaladas en la parte compartida del jardín y conversando. Una de ellas abandonó a sus compañeras para presentarme el jardín compartido.
Me contó que cada persona que lo pide puedo conseguir un metro cuadrado para instalar las plantas que quiere y me enseño su propio cuadrado. Me mostró las plantas, me contó sus virtudes, me hizo sentir algunas hojas, mirar flores...
¡Si viviera más cerca de este sitio, con gusto me apuntaría a esta asociación!

Cuando me despedí me precisaron que suelen estar en jardín los sábados.Espero el próximo día de sol para visitarlas de nuevo.

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