Caminando por París con Caol

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12/03/2017

Conexiones...

John Crombie, tipógrafo apasionado instalado en el barrio de Montparnasse, creó en 1979 una pequeña empresa de edición bautizada Kickshaws. Con su antigua prensa, produce libros impresionantes por todos los hallazgos gráficos que conllevan y por las ilustraciones de Sheila Bourne. También propone obras de humoristas olvidados como Cami y queda claro que le encanta jugar con las palabras.

kickshawsa.jpgEste estimable señor instaló una tienda en el pequeño pueblo de Borgoña en donde suelo ir de vacaciones. Su escaparate multicolor y muy alegre me llamó la atención y así fue como descubrí una parte de su producción.

Pero la pequeña tienda no tiene muchas visitas y además el espacio no permite presentar las obras como lo merecen.

Cerca de mi residencia parisina, “les libraires associés”, grupo de libreros que proponen libros antiguos para coleccionistas, transformaron su sótano en espacio de exposición y resulta que a partir del 1 de marzo proponen una exposición dedicada a John Crombie.

Si no pude asistir a la inauguración, fui a ver esta exposición y pude admirar la obra de este señor presentada como lo merece. En el sótano de los libreros, la presentación y las iluminaciones permiten descubrir todas las calidades de estos libros de artistas, así como los dibujos de Sheila Bourne.

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Cuando hablé con el librero presente, me contó que esta exposición coincidía con una publicación universitaria acerca del trabajo de John Crombie y Sheila Bourne. Ambos asistieron a la inauguración y el librero me confirmó que este reconocimiento, aunque tarde, fue un gran momento de emoción para los creadores. Y esa noticia me alegró el día.

Luego miré los libros presentados para la venta, pero, desgraciadamente, no tengo bastante dinero para comprar los que me gustan (y eso que si se considera el trabajo, los precios no son escandalosos).
Ahora sólo espero que muchas personas podrán descubrir su obra por medio de esta exposición.

¡Muchas gracias a los libreros!

5/03/2017

Con paraguas...

Desde la ventanilla de mi autobús de siempre constaté con alegría que amanece cada día más temprano. Si no retomé mis largas caminatas de la madrugada, por lo menos intenté hacer algunos paseos entre los chubascos.

El primer paseo empezó el miércoles al atardecer. Visité varias tiendas cerca de la plaza de la Nación antes de seguir rumbo al jardín de la Roquette.
En la esquina de la calle de Montreuil, los clientes del “comptoir Voltaire” ya olvidaron la visita del terrorista que activó su cintura de explosivos dentro del café. Cuando pasé delante del local, noté que la pantalla gigante estaba funcionando y deja ver un partido de fútbol.

Más arriba, constaté que los programas de rehabilitación de viviendas ya empiezan en las pequeñas calles que hacen el encanto del distrito XI. Por suerte, respetan la altura de los edificios e intentan preservar la identidad del barrio.
De paso constaté que se multiplican los sitios pequeños que proponen comidas baratas. No sé cómo estos nuevos empresarios consiguen retribuir todas las horas que dedican a su comercio...

Cuando llegué al jardín de la Roquette, empezaba a llover y la gente no se demoraba en la calle. Tenía tiempo así que quise visitar algunas tiendas que conozco cerca del jardín Maurice Gardette pero un chubasco torrencial interrumpió todas las actividades. Yo estaba muy cerca del toldo de un café así que pude abrigarme y contemplar el espectáculo.

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Luego fui a cenar en un restaurante de la zona y por 20€ conseguí un plato, un postre y una bebida. Pero no es un sitio tan de moda como el patio “Saint-Emilion”...

Ayer tuve que enfrentar la lluvia para comprar una repisa. En el almacén de barrio que se halla al lado del ayuntamiento del distrito XVIII, el hombre que me atendió estaba escuchando música clásica. Como le preguntaba qué estaba escuchando, me contestó que se trataba de la contralto Kathleen Ferrier y precisó que finalmente poca gente conocía a esta artista. Yo precisé que tenía varios discos de esta señora y el señor me regaló una sonrisa de afición compartida. Confieso que nunca hubiera imaginado que toparía con un admirador de esta cantante en esta tienda. Pero esas sorpresas forman parte de las cosas que me gustan en el distrito XVIII.

Hoy los parisinos podían asistir a dos reuniones políticas. La primera, cerca del Trocadero, apoyaba al candidato conservador, enredado en historias de empleos ficticios otorgados a su familia. La secunda, en la plaza de la República, con cacerolas, protestaba contra la corrupción de los políticos. Como anunciaban granizo en ambos sitios, preferí visitar unas tiendas de las afueras.
¡Mañana será otro día!

19/02/2017

Decadencia y emergencia

El pasado miércoles, mientras volvía a casa, anunciaron en el metro que la estación Barbès estaba cerrada. Me esperaban en una asociación así que no tenía tiempo para indagar, pero según tengo entendido, se trataba de una manifestación para protestar contra las violencias policiales y, como pasa a veces en este barrio revoltoso, una parte de la manifestación se convirtió en pelea con los policías.
Ayer por la tarde, pude contemplar desde mi balcón una escena bastante divertida. Cinco manifestantes con portavoces caminaban lentamente por la calle e invitaban la población a protestar contra las violencias policiales. Mientras tanto, cuatro personas distribuían folletos en la acera.
Veinte metros detrás de estos manifestantes, cinco policías cumplían su misión de protección de las manifestaciones. Y a continuación se formó un largo atasco.
Hoy organizaban una manifestación en la plaza de la República para denunciar la ausencia de ética de los elegidos.
La prórroga del estado de emergencia, el cansancio acumulado por los policías y los militares, las violencias policiales y ahora las revelaciones acerca de los diferentes candidatos presidenciales crean una situación peligrosa de exasperación generalizada entre los ciudadanos de a pie.
Y cuando comentan la campaña presidencial, la frase más frecuente es: “¡Nunca hemos visto tal cosa!”.

Yo necesitaba cambiar de perspectiva, así que tomé un autobús que me llevó directamente al puente del Alma.
En la orilla derecha del Sena, se ve la copia de la llama de la estatua de la libertad regalada por los norteamericanos.
En la orilla izquierda, desalojaron el instituto de meteorología galo para dedicar una parcela a la construcción de la catedral rusa de la Santa Trinidad y yo tenía ganas de ver esta construcción.

Lo primero que se nota es el conjunto de cinco cúpulas doradas, pero globalmente se inserta armoniosamente en esta esquina de la avenida Rapp.

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Después de contemplar su forma exterior, pasé por el control instalado en el centro cultural y pude entrar en la catedral.
Estaban celebrando la “Divina Liturgia” y confieso que las “voces rusas” me impresionaron. Luego también me gustó el diseño interior de la catedral y su preciosa iluminación natural. Entre las personas presentes, bien se veía que la mayoría formaba parte de la comunidad ortodoxa. Así que no quise molestar y me marché rápidamente. Volveré...

Luego pude entablar una larga caminata por la orilla del Sena (en donde ya no hay coches) rumbo al mercado de las flores. Allí pasé un rato contemplando los pajaritos antes de cruzar el Sena y de seguir rumbo al norte.

12/02/2017

Un momento con un audiopata

Entre los habitantes de mi residencia, contamos con un tomador de sonido que trabaja en la radio nacional gala y tiene el departamento justo debajo del mío. El hombre tiene humor y aprovechamos una mañana soleada para compartir un café en una terraza que se halla cerca del mercado de l'Olive.

Tras unos minutos, constaté que mi compañero se ponía nervioso y cuando le pregunté qué le pasaba me invitó a pasear por el universo sonoro del momento. Yo me acostumbré al rumor de la ciudad así que no me molestan los ruidos comunes. Pero me divertió la idea y empecé a escuchar.

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Lo primero que noté fue el ruido de unos tacones en los adoquines.
Poco después una maleta de ruedas, algunos patinetes y varios carros de compras completaron el sonido de la calle.
Desde el otro lado, la puerta automática del mercado añadió un chirrido regular.

Tendría que mencionar también los ruidos de la terraza: móviles que proporcionan coartadas para soliloquios de todas clases, niños que gritan, perros que ladran...

Pero poco después, empecé a percibir los ruidos del local: el rumor de las charlas y, marcando el ritmo de este espacio sonoro, la impresionante cafetera:

  • toc, toc : vaciar el mango
  • chic, chic: llenarlo de nuevo
  • clic: poner en marcha
  • piuuu: colocar un platillo
  • cling: añadir la cucharra
  • Momo: gritar para avisar al camarero


Mi compañero empezaba a sufrir así que abandonamos este sitio de los mil sonidos para caminar por calles de mucho tráfico automóvil.

Cuando llegamos a la residencia, mi vecino me invitó a fijarme en la propagación de los sonidos en nuestra escalera de servicio y la verdad es que es una buena caja de resonancia.
Prometí que seguiría sin tacones y usando auriculares :-)

22/01/2017

¡Congelados!

Ya llevamos una semana con temperaturas rondando cero.
Hurgando en mis armarios, encontré los jerséis, la bufanda, los mitones de lana y el abrigo de alpaca ideales para estas condiciones meteorológicas y así pude seguir mis caminatas. Pero en algunos momentos, confieso que no hice todo el camino que imaginaba y subí al primer autobús que pasaba a mi lado.

En estas circunstancias, los periodistas, catastrofistas como siempre, anunciaron que la sociedad de electricidad no podría dar abasto con el crecimiento de la demanda, y predijeron un apagón para el jueves. Pero el uso de equipos que necesitan cada día menos energía nos libró de este apocalipsis.

Lo bueno de este tiempo es que da una buena excusa para entrar en las tiendas a calentarse. Lo malo es que con las rebajas son muchas las tentaciones...
Ayer había gente por todas partes en las tiendas del centro de París. Y al lado de la Canopée, las terrazas exteriores calentadas estaban a tope de clientes.

Yo probé un sitio recién abierto al lado de mi casa. Augustin Legrand, ex portavoz de los sin domicilio fijo que acampaban en la orilla de canal Saint Martin, y creador de la asociación “los hijos de Don Quijote”, ahora pelea para que todos puedan comer bueno, barato y bio.
En 2014, creó un restaurante en el distrito 10 y ahora toca instalar otro en el barrio de la Goutte d’Or. Yo no tenía mucha hambre, pero me dejé tentar por una mezcla de arroz, brócoli, zanahoria, remolacha y pollo al curry. También probé una botella de cerveza roja bio. Todo me pareció muy correcto y me cobraron apenas 10€50. (Para los que interesa, se halla en la esquina de las calles Myrrha y Poissonniers, cerca del metro Barbes).

Hoy pasé por el colegio electoral de la primaria de la izquierda. Si yo no voté, uno de mis amigos escogió al candidato que le parecía más divertido y otro prefirió apoyar a “LA” mujer. En este punto, derecha e izquierda empatan con una mujer entre siete candidatos...

Luego caminé por la orilla del canal Saint Martin, cubierto de hielo. Patos y gaviotas parecían muy despistados. Pero los parisinos apreciaron el espectáculo.

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A ver si se convierte en pista de patinaje...

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