Caminando por París con Caol

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13/01/2019

Acto nueve y nuevo

¡Ya se acabó la tregua navideña!
Pasé casi dos semanas lejos de París y como los precios locales eran más baratos que los de la capital, con gusto pude probar (casi) todos los productos tradicionales en estas fechas. Además, los reyes se portaron muy bien conmigo y me dejaron varias instalaciones nuevas en mi casa de Borgoña.

Volví a París el pasado lunes y retomé el camino de la oficina el martes. Sobra decir que no me dejaron mucho tiempo para retomar el ritmo de siempre.

Estrené este nuevo año laboral visitando la oficina de un alguacil porque tengo que conseguir una firma electrónica. Escogí un profesional cuya oficina se halla en el distrito XI, muy cerca de la plaza de la República, y pedí cita al atardecer. Descubrí un edificio antiguo, con una escalera lastimada por la instalación de un ascensor, y un cartelito precisando que los clientes del alguacil tenían que subir a la segunda planta por la escalera. Después de superar esta primera prueba, encontré la puerta de la oficina, entré y descubrí un cuarto sin ventana, cerrado por una puerta con un cartelito ordenando de entrar sin llamar. Entré y descubrí una pequeña entrada con dos sillas a mano derecha y un pasillo de unos seis metros de largo con un ser humano de pie detrás de una ventanilla al final. El oficinista me atendió, comprobó que tenía hora y me invitó a esperar en una de las sillas de la entrada.
Dos clientes extras entraron y desaparecieron mientras escudriñaba el cutre local del alguacil, recordando las situaciones mencionadas en algunas novelas de Balzac.
Después de un rato, el alguacil me llamó y entramos en una oficina invadida de expedientes. El hombre, cuarentón callado con vestidos anticuados, controló que yo soy yo y me cobró 60 euros por un acto de diez minutos. Prefiero no imaginar lo que siente los que enfrentan este tipo de profesional por cuestiones más complicadas.

Ayer los chalecos amarillos organizaron el Acto nueve de su movimiento.
El viernes, el presidente galo, tal un bombero pirómano, dijo que demasiados franceses olvidaron el sentido del esfuerzo. Ayer, 84000 personas participaron a las manifestaciones, lo cual representa un aumento significativo de movilización. Además, el movimiento organizó un servicio de orden y la presencia de estos voluntarios limitó los actos de pura violencia.

Esta mañana caminé hasta el extremo norte de la calle de Aubervilliers en donde Pascal Boyart realizó una interpretación moderna de “la libertad guiando al pueblo”, cuadro de Delacroix representando un momento de la revolución de 1830.

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¿La libertad guiando a los chalecos amarillos?

18/11/2018

Momentos

Después de la celebración del armisticio de noviembre de 1918, tocó recordar los atentados de noviembre de 2015 y como la mayoría de los acontecimientos ocurrieron en el distrito XI, a las ocho de la mañana, cerraron el acceso al bulevar Voltaire. Por suerte mi autobús de siempre me llevó antes del cierre...
Durante la tarde, hubo un momento de emoción cuando un camión compactador de basura provocó una explosión antes de incendiarse. Sobra decir que muchos pensaron que se trataba de nuevo atentado, pero pronto resultó que sólo se trataba de un accidente.

El día siguiente, hice una larga caminata por el bulevar Voltaire, en donde quedaban varias huellas de la celebración, y me paré para mirar la modesta placa que enseña los nombres de las noventa victimas del asalto en la sala de espectáculos.
Luego me fastidió la presentación de las consecuencias, en mi modesto instituto, de la política del presidente galo.
Por suerte, por la noche, la sonrisa de Malika, tan contenta después de haber logrado instalar un programa en su computadora, pagó todos los esfuerzos de la asociación en donde doy clases de informática.

20181116.jpgEl viernes por la noche, caminé rumbo al parque de la Villette, en donde el Circo Plume había instalado su carpa. Cuatro años atrás tuve la suerte de ver el precedente espectáculo y me encantó su poesía.
Unas semanas atrás escuché un programa en la radio y descubrí que la compañía circense estaba preparando su último espectáculo para una última gira de cuatro años. En este programa, los fundadores explicaban que no querían transmitir el circo a unos continuadores porque llevaban años batallando por un precario equilibrio económico y no querían sentirse culpables de un posible fracaso. Confieso que esta manera de cerrar esta aventura de más de treinta años me impresionó y compré enseguida entradas.
Así que el pasado viernes, con gusto me instalé en la fila más alta del circo para admirar este último espectáculo.
Como en el precedente programa, los espectadores están hundidos enseguida en un universo poético por las imágenes y la música. Si no son extraordinarios, los números dejan ver años de trabajo y cuerpos que se cansan poco a poco. Después de casi dos horas de espectáculo viene la hora de la despedida, con una imagen muy conmovedora.
¡Me encantó!

Hoy quise aprovechar un agradable día soleado. Hice otro largo recorrido rumbo al bulevar des Batignolles en donde organizaban un mercadillo y por suerte no encontré muchas tentaciones.

16/09/2018

Acabando con la senda 2024

Tuve un rato la tentación de meterme en alguna de las visitas de las jornadas europeas del Patrimonio. Pero cuando constaté, al mirar el mapa, que la mayoría de los sitios eran iglesias, preferí renunciar y decidí que acabaría con la senda 2024.

Retomé el recorrido cerca de la puerta de Clignancourt, rumbo al Este.
En esta zona construyeron un centro universitario que forma parte de la prestigiosa universidad de la Sorbonne, así como una residencia para los estudiantes. Más adelante se ve un gran complejo deportivo a mano izquierda y varias naves a mano derecha.

La senda pasa luego por la puerta des Poissonniers y sigue por el bulevar Ney. Allí el paseante descubre una zona de obras, justo antes de la puerta de la Chapelle.
Obras en el bulevar para preparar la continuación del tranvía.
Obras a mano derecha para construir el nuevo barrio Chapelle internacional en los terrenos liberados por la sociedad de ferrocarriles.
Obras a mano izquierda en donde demolieron el sitio de acogida de los migrantes en previsión de la construcción del futuro campus Condorcet.

Después de cruzar la puerta de la Chapelle, noté en cada acera del bulevar, una fila de personas haciendo cola para conseguir un trozo de pan y un café.

Los migrantes que llegaron a París se percataron de qué los campamentos grandes provocaban desalojos fuera de la capital y ahora se dispersaron en varias zonas de la ciudad. Pero también vuelven cerca de la puerta de la Chapelle porque allí algunas asociaciones siguen repartiendo comidas y ayuda.
Así que, a lo largo de este recorrido, encontré varios grupitos, guardando sus cosas antes de marcharse o aprovechando los grifos de las fuentes públicos para asearse...

La senda sigue, bordeando otras instalaciones deportivas, y deja ver la barriada Charles Hermite. En la puerta de Aubervilliers, resistí a la tentación de visitar las zonas comerciales y seguí por una agradable avenida arbolada, rumbo a lo que el folleto llama “bosque lineal”. ¿Quién pensaría que esta foto fue sacada dentro de París?

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Si el paseo por esta parcela encerrada entre el bulevar periférico y las nuevas construcciones del bulevar Mac Donald, que mide 20 metros de ancho y 300 metros de largo, resulta relativamente agradable, confieso que tengo otra idea de los bosques.
Al salir de la parcela, uno descubre el canal de Saint Denis. Entonces es preciso seguir a mano derecha para volver al punto de inicio en el parque de la Villette.

A fin de cuentas, la libreta de la senda 2024 me dio la oportunidad de pasar por varios sitios que no conocía. Pero espero que el Municipio no gastó mucho dinero para este recorrido mal balizado y estas explicaciones con muchos errores.

22/07/2018

Caminando

Creo que ya superé el trauma del cambio de ritmo, pero el lunes no formaba parte de la gente esperando en los Campos Elíseos que pasara el autobús de los nuevos campeones. Volví a casa temprano e intenté encontrar soluciones para refrescar mi piso...

El miércoles retomé las caminatas de la madrugada.
Atravesé el parque de las Buttes Chaumont y me paré un rato para contemplar el panorama hacia el norte de París. Al salir del parque pasé por la calle del Plateau y cuando vi una callecita de un metro de ancho, no pude resistir...
Este pasillo tiene cien metros de largo y comunica varias casas escondiendo sus patios y jardines detrás de altos muros. Curiosamente este pasillo no me pareció peligroso, pero tampoco presenta hueco en donde un agresor podría esconderse.
Luego seguí rumbo a la plaza Gambetta y su muy cómoda colección de líneas de autobús.

Al día siguiente pasé de nuevo por el gran parque, pero al salir caminé rumbo a la calle de China en busca del pasaje de los suspiros.
Llevaba siglos sin pasar por este sitio y constaté con alegría que las diferentes transformaciones habían preservado el ambiente de esta callecita y aumentado la presencia vegetal.
En medio de la vía noté la reja del jardín de los suspiros y admiré su vigilante. Desgraciadamente estaba cerrado y tendré que volver al atardecer para visitarlo.

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El viernes tuvimos por fin un poco de lluvia y las temperaturas bajaron un poco.
En la oficina conté las salidas de vacaciones y sé que mañana quedará poca gente en mi instituto de siempre.

Total, para cargar las pilas, dediqué todo el fin de semana a leer una novela de Elsa Osorio.
¡Continuará!

24/06/2018

El paseo

Propuse a los visitantes bonaerenses un paseo entre semana porque así es como se descubre la ciudad de la vida cotidiana. Los dos septuagenarios, psicóloga y arquitecto, aparecieron a la salida del metro a las 14 y pudimos empezar la visita enseguida.

Me alegró constatar que manifestaban un gran interés hacia las callecitas que bordean la calle de Bagnolet y lo que cuentan de la historia de París, de sus pequeñas industrias y de sus artesanos. Con gusto visitaron la iglesia de Don Bosco y apreciaron su diseño y sus vitrales. Pero cuando llegamos a la calle des Vignoles, quisieron probar uno de los bares para tomar un café y empezamos a intercambiar acerca del nuevo presidente galo y de las situaciones sociales de Francia y Argentina.

Cuando retomamos el camino, pasamos un momento en el número 33 de la calle des Vignoles, en donde un socio del sindicato anarquista nos invitó a entrar. Nos explicó que el edificio albergaba una asociación de españoles, el local del sindicato, un taller de flamenco, así como varios talleres de artistas. Sobra decir que este momento inesperado encantó a los argentinos.

Luego pasamos un rato examinando las construcciones de dos plantas que reemplazaron las antiguas viviendas insalubres y el arquitecto contempló todo eso con mucho interés.

A continuación, constaté que sentíamos la misma consternación al pie de las torres de la calle Vitruve y la misma alegría al recorrer la calle Saint Blaise. Tuvimos que acelerar para llegar al cementerio del Père Lachaise antes del cierre, pero merecía la pena porque no conocían este sitio. Examinaron tranquilamente los monumentos de los campos de exterminio y tomamos un desvío para que puedan percibir el tamaño de este cementerio.

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Al salir de allí, necesitábamos una cervecita para seguir adelante. Nos sentamos en uno de los bares de la plaza Gambetta antes de seguir rumbo a la “Campagne à Paris”. Como lo imaginaba apreciaron esta zona, pero ya se notaba algo de cansancio...

Finalmente seguimos con el tranvía rumbo a la puerta de Pantin para admirar el edificio de la Filarmónica, diseñado por Jean Nouvel. Confieso que contemplar esta construcción a través de la mirada del arquitecto paseante fue realmente interesante.

Luego fue preciso separarnos, cansados pero contentos de haber compartido casi cinco horas explorando el Este de París. Prometí concibir otro recorrido para su próxima visita, dentro de cuatro años :-)

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