Caminando por París con Caol

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15/03/2020

Explorando los límites

Aproveché un atardecer soleado para explorar una parte de la sutil frontera que separa París de las ciudades adyacentes, entre la puerta de Lilas y el canal del Ourcq.

En la puerta de Lilas, la zanja del periférico se vuelve invisible. Complejo de cines, por un lado, jardín de barrio por otro, uno olvida que está traspasando el límite más evidente entre el interior y el exterior de la capital. Y eso resulta perfecto ya que el territorio parisino incluye la calle que bordea el exterior del periférico.
Así los promotores inmobiliarios pueden proponerte un piso que se halla en la frontera de las afueras, pero con una dirección del distrito XIX y el precio del metro cuadrado correspondiente...

En la puerta de Lilas no es muy grave porque la comunicación entre estas direcciones y el centro de París es muy fluida. Pero más adelante, al seguir rumbo abajo hacia la puerta de Chaumont, la situación resulta totalmente diferente.
En esta parte del distrito XIX, alcanzar el resto de la capital supone pasar por uno de los túneles que comunican las puertas de París. Así que oscilas entre la identidad parisina oficial y la cercanía del elegante “Pré Saint Gervais”.

A partir de la puerta Chaumont, la sensación cambia completamente porque instalaron un jardín a la orilla del periférico. Si no se oyera el zumbido del periférico, el sitio casi parecería bucólico.

Luego la puerta de Pantin desvela otro paisaje: campo de deporte, gimnasio y viviendas estudiantes, por un lado, inmuebles de oficinas y residenciales por otro. En medio de esos, una calle y el tranvía que franquea el canal para llevarte a la ciudad de las ciencias y la industria. Y la silueta de los antiguos molinos de Pantin.

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Después de esta caminata, subí en el tranvía para volver a casa.
De paso pude constatar que cerraron el muelle de la Gironde por obras, pero sospecho que se trata de la manera políticamente correcta de impedir la instalación de campamientos de migrantes. También evacuaron el campamiento que se hallaba en la Puerta de la Chapelle, así como la colina de la droga. Ahora se ven hombres rondando solos, en busca de algún rincón abrigado para dormir a salvo de la lluvia.

En la puerta de la Chapelle también noté la progresión de las obras de construcción. Los altos edificios nuevos taparon una de las pocas perspectivas que teníamos. Ahora el horizonte se hace cada día más cercano.
No sé si conseguirán acabarlo todo para los juegos del 2024, pero lo cierto es que están transformando radicalmente los barrios populares del Norte...
¡Me ahogo!

23/02/2020

Huele a primavera...

Ya se oye de nuevo el canto matutino de los mirlos.
Cerca de mi instituto algunos magnolias ya tienen flores y todo pasa como si ya hubiera llegado la primavera.
Yo quise comprobar esa sensación y aproveché un atardecer soleado para visitar el gran parque de las "Buttes Chaumont".

Entré por la calle Botzaris, caminé rumbo al merendero inmortalizado por Virginie Despentes en una de sus novelas y me acerqué del punto de vista asociado.
Por las vacaciones escolares, muchos niños estaban paseando por el parque con algún familiar o probando alguna de las atracciones.

En la isla, varias personas estaban visitando el templo de la Maga. Otras disfrutaban los últimos rayos de sol sentadas en un banco.

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Si noté varios árboles con flores, tampoco se trata del derroche de flores primaveral. Tendré que volver dentro de unas semanas.

Salí en frente del ayuntamiento del distrito XIX y pasé por una pastelería del vecindario que propone un "Saint-Honnoré" riquísimo.
Luego seguí rumbo a la dársena de la Villette en donde no se veían muchas actividades acuáticas.

Al día siguiente, acompañé a una colega que quería ir de compras en el BHV.
Entre semana no hay tanta gente como en los fines de semana y se puede ojear tranquilamente las últimas novedades. Pero fuimos muy razonables y no compramos muchas cosas. Yo constaté una vez más que en el centro de París las cosas resultan 15% más caras que en mi barrio...

Este fin de semana muchos parisinos volverán de vacaciones. Ahora a mi me toca disfrutar unos días de vacaciones.
¡Hasta pronto!

26/01/2020

Retomando el ritmo de siempre

Los empleados de la sociedad de transportes parisinos (RATP) acabaron con sus reservas de dinero y volvieron a trabajar. Así que el gobierno francés considera que puede seguir adelante con sus reformas y proclama por todas partes que la protesta flaquea...

Esta visión me parece algo curiosa ya que el Consejo de estado francés acaba de publicar varias críticas mayores acerca del proyecto del gobierno. Ya veremos lo que hacen estos altos cargos, los diputados y los senadores y mientras tanto, se trata de recuperar fuerzas y de disfrutar los momentos que regala la ciudad de las luces.

Yo con gusto volví a viajar con mi autobús de siempre para ir al trabajo. Pero el viernes, también participé a la manifestación del día, cuyo trayecto pasaba por la orilla del Sena, rumbo a la plaza de la Concordia. Abandoné la marcha poco antes de llegar al puente Nuevo, pero ya llevaba casi cuatro horas esperando o caminando lentamente a pesar del frio.

Ayer visité la “Grande Halle” de la Villette en donde organizaban dos salones “hermanos”: uno dedicado a la vida natural y otro dedicado a la permacultura.


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En el primer proponían una gran variedad de productos alternativos para mejorar el bienestar. Yo noté jersey de alpaca, prendas de lino, edredones de lana, varios masajistas, bebidas dietéticas y proposiciones esotéricas de todas clases. En esta parte, la única cosa que me interesaba era una pequeña “cuchara” para limpiar orejas que me costó una decena de euros.

La zona de la permacultura me pareció mucho más interesante.

Cuando pasé, una conferencia explicaba cómo ganarse la vida con un jardín de sesenta áreas. Yo preferí mirar las esculturas de “la petite forge” o los elementos decorativos de “Jardins animés”.

Resistí a la tentación de comprar un vermicompostador de casa. Pero me dejé atrapar por el puesto de semillas bio, en donde compré cuatro bolsitas. También me paré en el puesto de las ollas de barro que sirven como sistema de riego y me marché con cinco ollas...
Así acabé con el presupuesto del día y volví a casa.

Por la noche caminamos rumbo arriba par la colina de Montmartre con un amigo, sacando fotos y comparando las imágenes.
Delante del Sagrado Corazón, al ver la cantidad de gente, pensé que el funicular funcionaba de nuevo.
En la plaza del Tertre, el frio había desanimado a los pintores y a los turistas.
En la plaza de las Abadesas, se celebraba la fiesta de la vieira...

Yo volví tranquilamente y con gusto encontré el calor de mi casa.

24/11/2019

Caminatas de fin de semana

A duras penas llegué al fin de esta semana de demasiadas reuniones y pocas caminatas. Pero estos días laborales me regalaron una grata sorpresa: 36 personas compraron el libro criticando la nueva gestión pública que propuso uno de los sindicatos.

Ayer retomé las largas caminatas con un amigo que se marchó de París cinco años atrás.
Para empezar, pasamos por el 104 en donde casi toda la nave principal estaba dedicada a la feria de la realidad virtual. Contemplamos con perplejidad dos instalaciones artísticas, esquivamos la feria y seguimos rumbo a la calle Riquet y a la gran tienda de la asociación Emaús.

En la tienda, cambiaron la distribución de los objetos de segunda mano que propone la asociación. Pusieron los juguetes muy cerca de la entrada, los libros en el fondo de la tienda, pero los muebles y las prendas siguen en el mismo lugar. Cuando pasamos allí, en la zona de las prendas, se veían personas en busca de la ganga del día, así como comediantes en busca de trajes para un espectáculo. Pronto salimos y seguimos rumbo a la dársena de la Villette.

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Pasamos por la pasarela que franquea el agua y pudimos admirar los deportistas practicando remo, antes de continuar hacia una pastelería encontrada en otra ocasión.
Al volver pude comprobar que unos agentes del municipio de París estaban regalando cebollas de flores para decorar ventanas y balcones.

Hoy caminamos rumbo al barrio del ayuntamiento de París y a mi amigo le asombró la febrilidad de esta gente moviéndose por todas partes sin prestar atención a los demás.
Entramos en varias tiendas y constatamos que ya instalaron las decoraciones navideñas y que, para muchas personas, ya empezó la búsqueda de los regalos.

Seguimos rumbo al norte y recorrimos el mercadillo instalado al lado del ayuntamiento del distrito III. Llegamos demasiado tarde al mercado de los niños rojos para encontrar una mesa libre, así que pasamos por la calle de Picardie en donde encontramos una terraza tranquila.

En esta zona del distrito III, mucha gente se junta para compartir el ‘brunch” de los domingos y a los camareros les cuesta dar abasto con estos clientes...

En la plaza de la república, varias centenas de argelinos se habían reunidos para compartir sus sueños de revolución.

Mientras tanto, el vecino de la segunda planta había despertado a la triste chica de 20 años, sin domicilio fijo, durmiendo en uno de los rellanos de mi residencia. Le regaló una botella de agua y diez euros para que pueda comprarse algo de comer...
París, tierra de contrastes...

27/10/2019

Otoño

Ya empezaron las vacaciones escolares y las protestas de la pasada semana se hicieron más discretas. Pero también anuncian huelgas de transporte para el mes de diciembre, y como tengo malos recuerdos de huelgas que se alargan, empecé a contemplar la posibilidad de comprar una bici de segunda mano.
Escudriñé los anuncios en línea, pero constaté que varias ofertas teóricamente parisinas, proceden de las afueras. Total, recuperar la bici se convierte en pesadilla.
Pasé por varias tiendas de bicis, pero no son muchas las que proponen bicis de segunda mano. Y aun así los precios siguen bastante elevados.
El martes por la noche, encontré una solución accesible y el miércoles recuperé una bici en el distrito XI. Necesitaba revisiones y ayer lo dejé en una tienda que se halla en frente del cementerio del Père Lachaise. El lunes me la devolverán como nueva.

Ayer aproveché un día soleado para participar a una visita por el parque de los Buttes-Chaumont con un guía que ya conocía. Este señor tiene una gran cultura botánica y una manera muy especial de contemplar la ciudad. Así que participar a una de sus visitas siempre es interesante.
Tras contarnos una parte de la historia de la creación de este parque, nos invitó a admirar los colores del otoño antes de enseñarnos varios árboles notables.

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Entre los descubrimientos del día toca mencionar un grupo de tres plátanos de sombra que tienen más de 150 años. Justo al lado se hallan dos ginkgos biloba que tienen más de un siglo.
En este punto del paseo el guía habló de “estos cinco individuos realmente impresionantes” y uno de los cinco jóvenes que estaban justo al lado pensó que el guía estaba hablando de ellos. Pero cuando el guía precisó la edad de los individuos, los jóvenes entendieron que trataba de los árboles. ¡Qué risa!

Más arriba pudimos admirar una secoya de 40 metros de alto, antes de escondernos debajo de las ramas de otra secoya.
Luego seguimos cuesta arriba para descubrir una pequeña plaza que proporciona un punto de vista muy bonito. Y allí se acabó el paseo del día.

Al volver a casa, constaté que mis vecinos aprovechaban la noche más larga del año (por el cambio de hora) para organizar una fiesta. Después de tantas caminatas, el ruido no me impidió dormir. Pero a las tres de la mañana (hora nueva), me despertó el canto de los vecinos con sus invitados. Estaban cantando el “Bella Ciao” italiano y siguieron un gran rato repasando todas las coplas revolucionarias que conocían.
Si me quitaron el sueño, estos vecinos revolucionarios me regalaron una gran alegría

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