Caminando por París con Caol

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9/06/2019

Cerca de la calle Vercingetorix

Hice otro paseo con el guía del pasado domingo.
Este señor nos citó al lado de la salida de la estación de metro Plaisance y nos explicó que la zona fue remodelada en los años 1980s. En el siglo XIX, este barrio albergaba muchos obreros que trabajaban en talleres y fábricas, aprovechando la cercanía de la estación de ferrocarriles de Montparnasse para desarrollarse.
La extensión de la estación y la necesidad de proporcionar viviendas decentes a la población parisina llevó el municipio a definir una zona de renovación urbana en donde los arquitectos conservaron todos los edificios en buen estado y demolieron los demás para construir varias torres.

Después de explorar el pequeño jardín que se halla al lado de la estación de metro, seguimos rumbo a la antigua calle del “molino de la virgen”, cuyo nombre evoca el antiguo molino que se hallaba en esta zona.

Los urbanistas crearon varios talleres de artistas al pie de las torres, pero desde fuera, resulta difícil percibir la contribución de sus inquilinos a la vida del barrio.

Seguimos rumbo a la calle de Gergovie en donde se hallaba uno de los talleres que ocupó el Douanier Rousseau. Luego pudimos admirar una antigua panadería que evoca el molino.
A continuación, seguimos por la senda verde que crearon a lo largo de los carriles.

Este camino atraviesa varios jardines y permite descubrir una muestra interesante de vegetales de todas clases. En su extremo norte, una pequeña terraza regala un panorama asombroso, con las torres Eiffel y Montparnasse.

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El camino se acaba en el jardín del Cardinal Wyszynski, muy frecuentado por las familias con niños del barrio.
Hicimos otra vez el inventario de los vegetales interesantes. Constatamos que los cinco talleres de artistas que bordean el jardín resultan inhabitables por el ruido de los tráficos automóvil y ferroviario, y entramos en la iglesia Nuestra Señora del trabajo.

Ya conocía esta curiosa construcción, pero con gusto di una vuelta por el interior, descubriendo, de paso, algunas esculturas que no había notado. Tanto me gustó este momento por dentro de este edificio que no vi que el grupo se había marchado y no volví a encontrarlo.

Lo cierto es que tendré que volver por esta zona para recorrerla a mi ritmo.

2/06/2019

Paseando por el distrito XIV con un guía

El guía nos citó en la puerta de Vanves.
Yo quise probar el itinerario del autobús 38 y llegué tarde a Port Royal. Así que tras mirar algunos detalles de la calle Boissonnade, tuve que seguir corriendo para no perderme el principio del paseo. Cuando llegué, una decena de personas ya estaban presentes. Y a la hora en punto, el guía empezó la presentación del día.

Resulta que unos meses atrás, al explorar el sendero 2024, ya había visitado esta zona de París. Pero los comentarios del guía nos invitaron a cambiar de mirada.

En este punto de París es donde llegan todos los trenes que vienen de Bretaña y ahora también de Burdeos. Eso significa una cantidad impresionante de trenes y el ruido que acompaña. Por cierto, el conjunto de puentes dedicados a los ferrocarriles en la puerta de Vanves, es un ejemplo perfecto de la arquitectura industrial del siglo XIX. Pero el ruido de los trenes no me dejó la posibilidad de captar las explicaciones extras.

Luego pasamos un rato en el pequeño jardín que se halla en este punto para apreciar la diversidad de las plantas que se instalan más o menos naturalmente. Si no fuera por el ruido el jardín tendría encanto y una asociación de vecinos ya hubiera exigido que la fuente funcione de nuevo. Pero yace abandonado por los vecinos y proporciona un espacio de campamento para los que no tienen domicilio.

Caminamos un poco rumbo al norte antes de pararnos en otro jardín para examinar las plantas y los árboles de la parcela. Al ser domingo no pudimos visitar el magnífico taller del ebanista y seguimos por la calle Vercingétorix.

Hicimos una larga parada en el jardín de los junquillos (en donde no hay junquillos) para contemplar varios árboles cuyo nombre ya se me escapó,

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En esta zona de urbanización forzada, percibir la naturaleza en medio de estas torres macizas resulta relativamente complicado. Y más aún cuando los pequeños patios de las manzanas vienen segmentados por rejas.

Pasamos por el patio del hospital Saint Joseph en donde pudimos admirar macizos de flores salvajes antes de seguir rumbo a un conjunto de viviendas sociales en donde aceptaron la instalación de un jardín compartido para mejorar las relaciones entre los inquilinos. Y la verdad es que el resultado es bastante impresionante.

A continuación, llegamos al sitio anunciado como el más impresionante del paseo: el jardín compartido del molino de la virgen. Lo bueno de este jardín es que no tiene muchas rejas. Pero como se haya en medio de una manzana, no puedes olvidar la presencia agobiante de estos altos edificios. Por suerte el jardín compartido estaba abierto y pudimos intercambiar un momento con una mujer muy activa en la asociación que cuida el sitio y en busca de nuevos socios.
Tendré que pasar de nuevo por allí más tranquilamente.

26/05/2019

Noticias de barrios

Estos últimos días me llevaron malas noticias.
Para empezar, cerrarán definitivamente la frutería que se halla al lado de mi casa. La doña que lleva este comercio tiene que vender el local para compartir su valor con su hermana. Consiguió una oferta y dice que tiene que arreglarlo todo antes de fin de junio.
Algo parecido ocurre con los dueños de una panadería que se halla cerca de mi trabajo. Tenían un contrato de tres años con un molinero y ahora tienen que marcharse y buscar otro sitio. La doña me habló de una panadería cerca de la plaza Gambetta así que con algo de suerte podré encontrar su nueva tienda.

Esta semana, pasé algunas veces al lado del metro Barbes-Rochechouart y constaté que al atardecer había un mercado de comida especial para el Ramadán. En medio de todas estas preparaciones empapadas en miel se veía una colección impresionante de avispas y pensé un rato que todas las avispas parisinas estaban en mi barrio.
Preferí pasear lejos de esta zona.

Aproveché un atardecer soleado para pasar otra vez por la calle Alphonse Penaud (distrito XX) en donde hay un antiguo edificio de ladrillo que alberga una colección de aparcamientos de otros tiempos. Dicen que van a destruirlo para construir viviendas y quise conservar una imagen de este sitio.

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El martes, los compañeros que estaban de vacaciones volvieron a la oficina y pude respirar un poco. Al atardecer pasé por varias calles que se hallan al lado de la estación de metro Faidherbe-Chaligny y visité rápidamente el jardín de la Folie Titon. Esta zona me pareció muy agradable y tendré que volver allí con amigos para probar algún de los sitios que noté de paso.

Los demás días de la semana se perdieron entre asociaciones, amigos y colegas necesitando apoyo.

Hoy tocaba votar por las elecciones europeas. Esta vez no me reclutaron como asesor así que pasé rápidamente por la escuela que alberga mi colegio electoral antes de visitar el pequeño mercado de segunda mano instalado delante de la iglesia Saint Bernard.

Luego probé el nuevo recorrido del autobús 38 que me llevó al distrito XIV.
Al mirar a la gente instalada en las terrazas de los restaurantes del bulevar de Montparnasse, pensé que esta burguesía adinerada no tiene los problemas de fin de mes de la gente de mi barrio. Y lo mismo pasará con los que gobiernan este país.
A ver lo que dicen los votos del día...

5/05/2019

¡Adiós Abril, arriba Mayo!

Empecé la semana por un largo recorrido que me llevó de la puerta de Vincennes al parque de la Villette. Allí tuve la grata sorpresa de ver una nutria nadando tranquilamente para cruzar una pequeña dársena. Lo cual demuestra que no vamos tan mal con el medio ambiente en algunas partes de París.

El día siguiente nos regaló un rayo de sol y lo celebramos con una colega, compartiendo un plato de ocho perfumes diferentes de helado, en la terraza soleada de Raimo, antes de volver a la oficina por la “senda verde”.

El miércoles tocaba celebrar el día de los trabajadores.
Estaba a punto de marcharme de casa cuando anunciaron en las noticias que ya había pelea entre los policías y los bloques negros cerca de Port Royal. Total, renuncié a reunirme con mis amigos en Montparnasse y caminé rumbo a Notre Dame.
Alrededor de la catedral instalaron varias vallas con policías para impedir el acceso a su perímetro inmediato, pero aún así es posible acercarse bastante para contemplar los daños provocados por el incendio. Yo noté una cantidad increíble de turistas y constaté una vez más que los precios en las zonas turísticas son mucho más elevados que en las otras zonas de París.
Seguí par la isla Saint Louis rumbo a la estación de Austerlitz y desde este punto, pude divisar una impresionante colección de furgonetas de policía. Preferí seguir lejos de la manifestación.

Al día siguiente mis compañeros me contaron que los policías parecían muy nerviosos y algo cansados. Eso explica probablemente que hayan disparado contra el camión de la CGT o hayan tirado varias veces gases lacrimógenos hacia militantes pacíficos. En cuanto a la dispersión, mis amigos tuvieron que atravesar una zona de control individual antes de poder salir del recorrido de la manifestación. Y ahora empiezan a preguntarse si Francia todavía es una democracia...

Ayer tocaba enseñar el mercado de las pulgas a dos viajeras de Valencia.
A pesar de la lluvia y del frío, pudimos pasar por los mercados de siempre y constatar algunos cambios. En el mercado Biron, pocas tiendas estaban abiertas en la callejuela que prefiero, pero una galería transformó la pared Oeste en espacio de exposición y allí pudimos admirar varias obras interesantes.

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Y hoy constato con alegría que la gata ya se apoderó del sillón de jardín que le regalé. Creo que tiene buena vida.

30/09/2018

Paseando por el “Luco”

Esta semana tocaba cenar con unos amigos, en un piso situado cerca del ayuntamiento de Montrouge (fin de la línea de metro número 4). En estos casos suelo encargarme del postre y nada más salir de la estación Odéon, caminé rumbo a la calle de Seine en donde se halla una de las tiendas de Arnaud Larher. Escogí varios pasteles individuales, con la idea de cortarlos para compartirlos y probar con mis amigos y como tenía tiempo de sobra seguí caminando rumbo al Sur.

Lo primero que me llamó la atención fue el estado de las aceras, muy limpias, sin el más mínimo trozo de papel yaciendo abandonado en el suelo.
Por cierto, estas calles no tienen tanta vida como las de mi barrio. Además, sus habitantes forman parte de las clases superiores y por su “buena educación”, no tiran basura al suelo. Y l a cercanía del Senado provoca una presencia policial más importante que en otros sitios...

Luego quise pasar por el “Luco” (así es como se llama el jardín del Luxemburgo de manera coloquial).
Al atardecer había una cantidad impresionante de personas disfrutando de los últimos rayos de sol de la tarde, sentadas en una de las sillas sueltas en el parque. Yo me paré varias veces para contemplar el panorama y los colores del otoño apoderándose de los árboles.

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No recordaba que este jardín era tan grande. Con 22,5 hectáreas, casi es cuatro veces más grande que el modesto jardín de mi barrio que apenas tiene 6,5 hectáreas. Y con 33600 habitantes por kilómetro cuadrado, la densidad de población de mi distrito es mucho más importante que la del distrito VI (20400 habitantes por kilómetro cuadrado) ...
Salí del jardín al lado de la estación de Port Royal y seguí rumbo al Sur por la avenida Denfert-Rochereau.

Esta parte del distrito XIV no tiene mucha vida (si aparto el recinto de “grands voisins”). Sin embargo, poco antes de llegar al fin de la avenida, noté un grupo de una decena de personas, preparando su campamento en la amplia acera de esta vía.

Saludé de paso al león de Belfort, resistí a la tentación de pasar por la calle Daguerre y seguí rumbo al sur por la avenida General Leclerc y su sucesión de tiendas de todas clases. Aquí también se nota que los habitantes son de clase media superior pero los ingresos son menos altos que en el distrito VI.

Al llegar al cruce con la calle de Alesia, pasé por una calle que no conocía y llegué directamente al gran edificio de viviendas sociales en donde vive mi amigo.
Desde la ventana de la cocina, en la novena planta, divisé la basílica del Sagrado Corazón y eso me tranquilizó. Pude apreciar la comida riquísima preparada por mi amigo y pasar un excelente rato.

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