Caminando por París con Caol

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27/05/2018

Les “frigos”

Inicialmente, el edificio que los parisinos llaman “les frigos” era una instalación industrial de la sociedad de ferrocarriles. Se trataba de una gigantesca nevera que servía para conservar los productos alimentarios que los trenes llevaban a París. Con el traslado del mercado alimentario desde el centro de París hacia Rungis, este sitio ya no tenía utilidad y el edificio se quedó abandonado durante una quincena de años.

La sociedad de ferrocarriles aceptó que una primera generación de artistas invadiera una parte del sitio en los años 1980s. Luego delegaron la gestión de este edificio a una sociedad inmobiliaria y en pocos días unos dos cientos creadores y empresarios consiguieron un local.

Estos pioneros tuvieron que gastar tiempo, energía y dinero para transformar estos espacios en talleres, pero participaron a una aventura colectiva inédita y ahora viven en un entorno alternativo muy estimulante.
Desgraciadamente, estos inquilinos consideran que se trata de lugares de trabajo y no se aceptan las visitas, excepto durante las jornadas puertas abiertas a finales de mayo. Así que ayer aproveché esta apertura excepcional para explorar por primera vez el interior de este asombroso edificio.

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Nada más entrar, el primer contacto con la instalación despista el visitante. No tenían plano de las diferentes plantas así que tuve que progresar al azar. Total, para empezar, enfrenté las cinco plantas de la escalera B y llegué a un pasillo que comunica varios talleres.

El primer sitio que me llamó la atención fue el taller de France Mitrofanoff. Es un espacio relativamente grande, en donde presenta pinturas monumentales cuyo único color es el negro. Pero también hay obras más alegres y el taller, con su sofá central, desprende un ambiente muy apaciguador.

Luego pasé por los talleres de dos escultores que me interesaron mucho menos, antes de bajar rumbo a la cuarta planta. Allí me gustaron los dibujos parisinos de Guillaume, así como algunos detalles presentados en el local de una escuela de teatro, las pinturas de Bénédicte Dussère y el universo muy gráfico de Sacha Schwarz.

En la tercera planta, pasé un gran rato en el espacio de Paella, al artista que dibujó el cartel de las puertas abiertas.

En la segunda planta, aprecié las pinturas de Mireille Cambau, noté varios talleres dedicados a la producción de prendas antes de pasar un rato escuchando un tema original de un quinteto de Jazz.

En la primera planta, aprecié el trabajo de Grazyna Temizewska, pero ya había agotado mi capacidad de interesarme a las demás producciones artísticas.Total, me senté un rato en la terraza del café-galería antes de abandonar este sitio a los 6000 visitantes que suelen atraer las jornadas puertas abiertas

26/11/2017

Los jardines del Sur de París

Mientras pasas por zonas sin tiendas, caminar es una manera de divertirse muy económica, perfecta cuando andas justo de dinero. Y en este plan, la exploración del sendero 2024 me viene de maravilla.

A partir de la plaza de puro hormigón des Olympiades, la senda pasa por zonas ajardinadas.
El parque Beaudricourt destaca por la presencia de un arroyo. El parque Samuel Beckett proporciona un respiro al pie de las torres de la zona. El parque Joan Miro, sus desniveles y su pasarela sorprende por su diseño realmente acertado.
Luego es preciso enfrentar el caos automóvil de la puerta de Italia antes de entrar en el parque Robert Bajac y de descubrir una pandilla de pájaros verdes, una decena de cotorras de Kramer.

A continuación, la senda pasa por el parque Kellermann. Después del edículo de entrada, muy típico de los anos 30, la parte superior del parque tiene el aspecto de un jardín a la francesa. Desde el extremo sur de esta parte, uno descubre otro nivel más abajo, con un estanque circular y busca las escaleras laterales para llegar a este espacio. Luego es preciso seguir por otros caminos para llegar a la zona inferior del parque, menos cuadriculada, en donde otro estanque evoca el antiguo cauce del rio Bièvre. Desgraciadamente como esta parte bordea el periférico, el rumor del tráfico automóvil es muy perceptible.

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Al salir de este parque, la senda pasa al lado del Cementerio de Gentilly. Luego es preciso entrar en el pequeño parque Jean Claude Nicolas Forestier para llegar al estadio Charlety, muy interesante en el plan arquitectónico.

Luego dejamos el distrito XIII para entrar en el distrito XIV y la Ciudad internacional universitaria.
Nada más penetrar en este recinto, la señalización de la senda casi desaparece y es preciso improvisar a partir de las escasas indicaciones del libreto. Sin embargo, queda evidente que la Ciudad internacional es un espacio muy peculiar. Los cuarenta edificios que albergan estudiantes proporcionan contrastes arquitectónicos, así como diversidad cultural y artística. Además, el parque regala un espacio muy agradable para hacer deporte, pasear o simplemente pasar un momento.
Pensé que el recinto merecía varias visitas con enfoques diferentes y eso apunté en la larga lista de las cosas que tengo que hacer un día...

Me costó bastante encontrar por donde seguía la senda pero caminando rumbo al Oeste, encontré una de las preciosas marcas y así fue como llegué a la puerta de Orleans y abandoné la senda para volver en metro.
Continuará

19/11/2017

Explorando el sureste de París

Esta semana tocaba seguir por la senda 2024 a partir de la puerta de Charenton.
El primer tramo sigue el bulevar Poniatowski y allí estamos muy lejos de la ciudad glamurosa que celebran las oficinas de turismo. Carriles de la estación de Lyon, almacenes e instalaciones industriales de todas clases, en estas márgenes inhabitadas, el peatón es una anomalía, pero el fotógrafo puede divertirse.
Después de recorrer medio kilómetro en este universo inhospitalario, uno descubre una pasarela a mano derecha y como lleva las marcas del sendero, se atreve a abandonar el bulevar.

Este nuevo tramo bordea una zona de depósitos. Regala una bonita vista hacia la orilla izquierda del Sena y se acaba al pie del edificio privado más grande de París (350 metros de largo y 80 de ancho).
A continuación, la senda pasa por la terraza del parque de Bercy. A mano derecha, los árboles lucían sus colores otoñales, a mano izquierda la Gran biblioteca invitaba a cruzar el rio por la pasarela Simone de Beauvoir.

Abandoné el camino para entrar en la Gran biblioteca. No tenía ganas de visitar la exposición del momento o de entrar en las salas de lectura, pero con gusto recorrí las galerías que dan la vuelta del jardín interior, descubriendo, de paso, varios espacios de acceso libre regalados a los visitantes y los globos de Louis XIV.

Nada más salir, es preciso ir rumbo al Este antes de pasar al lado de las antiguas instalaciones frigoríficas de Paris que ahora albergan talleres de artistas. Desgraciadamente este sitio se puede visitar exclusivamente cuando hay jornadas puertas abiertas.
De paso admiré las fuentes Wallace de esta zona, pintadas de rosa o de amarillo y a continuación, descubrí el jardín que bordea la calle Marguerite Duras y su pasarela.

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La senda sigue zigzagueando por calles anodinas de viviendas sin tiendas. Pero se olvida esta sensación al descubrir el pequeño pasaje Bourgoin y sus casitas de otros tiempos.
Y para confirmar que París es una tierra de contraste, esta etapa de la senda acaba en la plaza des Olympiades, espacio de puro hormigón al pie de las torres de Chinatown.
Pero eso ya sería otra historia...

25/06/2017

¡Qué calor!

Ya se acabaron las dos semanas de vacaciones dedicadas, esencialmente, a repasar mis cursos para el examen final del conservatorio de artes y oficios.

Seguí desde lejos las elecciones legislativas y constaté con alegría que en mi barrio rebelde eligieron a una mujer, única diputada insumisa de la capital. Ahora sólo falta esperar para ver cómo van los “caminantes” ...

Cuando volví a París, el episodio canicular estaba empezando y me costó aguantar los 35 grados de la gran ciudad. Por suerte trabajo en un edificio de alta calidad ambiental cuya temperatura interior ronda los veinticinco grados. Pero eso resulta casi peor cuando sales de la oficina porque el calor se vuelve más aplastante todavía. Y con casi 30 grados por la noche en casa, recuperar resulta muy difícil.

Yo temía la temperatura del día del examen y la verdad es que con más de treinta grados eso no parecía muy favorable.
Por suerte, organizaron la prueba en el gran anfiteatro de la Escuela nacional superior de artes y oficios, cerca de la plaza de Italia. Y en este sitio semi enterrado, la temperatura resultó razonable para trabajar.

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De momento, no conozco los resultados, pero pienso que aprobaré 😊

Y ahora toca retomar el ritmo de las largas caminatas con visitantes de todo el mundo.
¡Hasta pronto!

29/01/2017

Tercera semana de rebajas...

A pesar del frio, no renuncié a mis caminatas matutinas.
Así fue como pude contemplar el espectáculo improbable de un cargamento de zanahorias, invadiendo una parte de la calzada debajo de la estación de metro Barbes-Rochechouart, bajo el control atento de media decena de policías...

El día siguiente, mientras cruzaba el Sena por el “pont au Change”, el sol naciente me regaló una imagen diferente del puente Notre Dame.

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Al pie del puente, las gaviotas descansaban sobre el agua sin hielo del rio. Yo seguí por la isla de la Cité antes de perderme por el barrio latino, rumbo al distrito XIII. Ese día descubrí la villa Auguste Blanqui, pequeño callejón sin salida que comunica edificios de dos o tres plantas, separados par patios llenos de arbustos. Al final del callejón, transformaron un trozo de acera en terraza vigilada por un grupo de personajes de terracota, espacio abierto, diciendo la confianza hacia los visitantes. Y esa sensación se confirmó cuando me saludó el único vecino que encontré.
¡Vaya contraste con las torres aplastantes de este distrito!

El viernes por la noche, pasé debajo de la Canopée y constaté que habían instalado 12 estatuas creadas por Liu Yilin y representando los doce signos chinos. No tenía prisa así que examiné todas las creaciones. Como entramos en el año del gallo, la estatua del gallo tenía el sitio más destacado, entre el caballo y el dragón. No me gustaron mucho la rata y la serpiente, vestidas de verde. Me encantaron la liebre, el gato y el perro. Las demás estatuas me parecieron más sosas.

Ayer evité la zona de celebración del nuevo año chino para pasear por el distrito VI y aprovechar los últimos días de rebajas.
En este distrito relativamente favorecido, había gente comprando por todas partes. Yo visité media docena de tiendas, pero sólo compré calzado de senderismo.

Hoy noté el mismo nivel de frecuentación en las tiendas que se hallan en el centro de París. En el Bazar del ayuntamiento, había una cantidad increíble de clientes buscando alguna ganga, así que pronto me escapé.

Y ahora toca volver a repasar lo que ya me enseñaron en el conservatorio de Artes y Oficios ya que el jueves tenemos la primera prueba del año.
¡Vaya estrés!

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