Caminando por París con Caol

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1/09/2019

Fiestas por todas partes

Este fin de semana, organizaban fiestas por todas partes, como si se tratara de suavizar el fin de las vacaciones.
Entre los distritos X y XVIII, celebraban la fiesta del dios Ganesh. En el distrito XX, en la plaza de la Réunion, se trataba de la fiesta de los “Griots” y alrededor de la ciudad, proponían una fiesta de la “pequeña cintura”.

Ya asistí a varias fiestas de Ganesh, y varios Griots cantan al lado de mi casa, así que preferí aprovechar la fiesta de la pequeña cintura para explorar algunos tramos abiertos excepcionalmente al público.

La visita empezó en el puente de la calle Didot que se halla encima de la zanja del ferrocarril. En este punto, instalaron una amplia escalera temporal para que la gente pueda bajar al nivel de las vías. Y para que el paseo sea agradable, llenaron el espacio entre las vías con virutas de madera.

La verdad es que este espacio es impresionante por la cantidad de plantas y árboles que se desarrollaron en ambos lados y por la variedad de cantos de pájaros que se puede escuchar.
También pude admirar un antiguo edículo muy bien decorado por algún artista callejero. Dicen algunos que daba acceso a las Catacumbas y que ya lo condenaron. Yo preferí seguir caminando.

Este primer tramo de casi un kilómetro me llevó a la antigua estación de Montrouge. Mas adelante había una reja y preferí volver a la superficie para buscar el tramo siguiente.

Encontré este nuevo tramo al lado de la plaza de Rungis.
Curiosamente el acceso rumbo al Oeste estaba abierto y seguí los paseantes que entraban en un largo y oscuro túnel ferroviario.
Caminar a ciegas pronto resultó complicado y fue preciso usar la lámpara de los móviles para seguir adelante en este tramo de unos quinientos metros. Pero merecía la pena...

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Luego seguí por un segundo túnel interminable que me llevó... a la reja de la estación de Montrouge.
Yo no estaba de ánimo para volver atrás así que estudié la técnica de los jovencitos para franquear la reja. Como no me parecía insuperable, me arriesgué a imitarlos y pude volver a la plaza de Rungis para seguir la exploración rumbo al Este. Pero el camino se acabó en el jardín de la Poterne des Peupliers.

Sé que acondicionaron otros tramos de la “pequeña cintura” y serán otras visitas y otras sorpresas.

27/05/2018

Les “frigos”

Inicialmente, el edificio que los parisinos llaman “les frigos” era una instalación industrial de la sociedad de ferrocarriles. Se trataba de una gigantesca nevera que servía para conservar los productos alimentarios que los trenes llevaban a París. Con el traslado del mercado alimentario desde el centro de París hacia Rungis, este sitio ya no tenía utilidad y el edificio se quedó abandonado durante una quincena de años.

La sociedad de ferrocarriles aceptó que una primera generación de artistas invadiera una parte del sitio en los años 1980s. Luego delegaron la gestión de este edificio a una sociedad inmobiliaria y en pocos días unos dos cientos creadores y empresarios consiguieron un local.

Estos pioneros tuvieron que gastar tiempo, energía y dinero para transformar estos espacios en talleres, pero participaron a una aventura colectiva inédita y ahora viven en un entorno alternativo muy estimulante.
Desgraciadamente, estos inquilinos consideran que se trata de lugares de trabajo y no se aceptan las visitas, excepto durante las jornadas puertas abiertas a finales de mayo. Así que ayer aproveché esta apertura excepcional para explorar por primera vez el interior de este asombroso edificio.

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Nada más entrar, el primer contacto con la instalación despista el visitante. No tenían plano de las diferentes plantas así que tuve que progresar al azar. Total, para empezar, enfrenté las cinco plantas de la escalera B y llegué a un pasillo que comunica varios talleres.

El primer sitio que me llamó la atención fue el taller de France Mitrofanoff. Es un espacio relativamente grande, en donde presenta pinturas monumentales cuyo único color es el negro. Pero también hay obras más alegres y el taller, con su sofá central, desprende un ambiente muy apaciguador.

Luego pasé por los talleres de dos escultores que me interesaron mucho menos, antes de bajar rumbo a la cuarta planta. Allí me gustaron los dibujos parisinos de Guillaume, así como algunos detalles presentados en el local de una escuela de teatro, las pinturas de Bénédicte Dussère y el universo muy gráfico de Sacha Schwarz.

En la tercera planta, pasé un gran rato en el espacio de Paella, al artista que dibujó el cartel de las puertas abiertas.

En la segunda planta, aprecié las pinturas de Mireille Cambau, noté varios talleres dedicados a la producción de prendas antes de pasar un rato escuchando un tema original de un quinteto de Jazz.

En la primera planta, aprecié el trabajo de Grazyna Temizewska, pero ya había agotado mi capacidad de interesarme a las demás producciones artísticas.Total, me senté un rato en la terraza del café-galería antes de abandonar este sitio a los 6000 visitantes que suelen atraer las jornadas puertas abiertas

26/11/2017

Los jardines del Sur de París

Mientras pasas por zonas sin tiendas, caminar es una manera de divertirse muy económica, perfecta cuando andas justo de dinero. Y en este plan, la exploración del sendero 2024 me viene de maravilla.

A partir de la plaza de puro hormigón des Olympiades, la senda pasa por zonas ajardinadas.
El parque Beaudricourt destaca por la presencia de un arroyo. El parque Samuel Beckett proporciona un respiro al pie de las torres de la zona. El parque Joan Miro, sus desniveles y su pasarela sorprende por su diseño realmente acertado.
Luego es preciso enfrentar el caos automóvil de la puerta de Italia antes de entrar en el parque Robert Bajac y de descubrir una pandilla de pájaros verdes, una decena de cotorras de Kramer.

A continuación, la senda pasa por el parque Kellermann. Después del edículo de entrada, muy típico de los anos 30, la parte superior del parque tiene el aspecto de un jardín a la francesa. Desde el extremo sur de esta parte, uno descubre otro nivel más abajo, con un estanque circular y busca las escaleras laterales para llegar a este espacio. Luego es preciso seguir por otros caminos para llegar a la zona inferior del parque, menos cuadriculada, en donde otro estanque evoca el antiguo cauce del rio Bièvre. Desgraciadamente como esta parte bordea el periférico, el rumor del tráfico automóvil es muy perceptible.

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Al salir de este parque, la senda pasa al lado del Cementerio de Gentilly. Luego es preciso entrar en el pequeño parque Jean Claude Nicolas Forestier para llegar al estadio Charlety, muy interesante en el plan arquitectónico.

Luego dejamos el distrito XIII para entrar en el distrito XIV y la Ciudad internacional universitaria.
Nada más penetrar en este recinto, la señalización de la senda casi desaparece y es preciso improvisar a partir de las escasas indicaciones del libreto. Sin embargo, queda evidente que la Ciudad internacional es un espacio muy peculiar. Los cuarenta edificios que albergan estudiantes proporcionan contrastes arquitectónicos, así como diversidad cultural y artística. Además, el parque regala un espacio muy agradable para hacer deporte, pasear o simplemente pasar un momento.
Pensé que el recinto merecía varias visitas con enfoques diferentes y eso apunté en la larga lista de las cosas que tengo que hacer un día...

Me costó bastante encontrar por donde seguía la senda pero caminando rumbo al Oeste, encontré una de las preciosas marcas y así fue como llegué a la puerta de Orleans y abandoné la senda para volver en metro.
Continuará

19/11/2017

Explorando el sureste de París

Esta semana tocaba seguir por la senda 2024 a partir de la puerta de Charenton.
El primer tramo sigue el bulevar Poniatowski y allí estamos muy lejos de la ciudad glamurosa que celebran las oficinas de turismo. Carriles de la estación de Lyon, almacenes e instalaciones industriales de todas clases, en estas márgenes inhabitadas, el peatón es una anomalía, pero el fotógrafo puede divertirse.
Después de recorrer medio kilómetro en este universo inhospitalario, uno descubre una pasarela a mano derecha y como lleva las marcas del sendero, se atreve a abandonar el bulevar.

Este nuevo tramo bordea una zona de depósitos. Regala una bonita vista hacia la orilla izquierda del Sena y se acaba al pie del edificio privado más grande de París (350 metros de largo y 80 de ancho).
A continuación, la senda pasa por la terraza del parque de Bercy. A mano derecha, los árboles lucían sus colores otoñales, a mano izquierda la Gran biblioteca invitaba a cruzar el rio por la pasarela Simone de Beauvoir.

Abandoné el camino para entrar en la Gran biblioteca. No tenía ganas de visitar la exposición del momento o de entrar en las salas de lectura, pero con gusto recorrí las galerías que dan la vuelta del jardín interior, descubriendo, de paso, varios espacios de acceso libre regalados a los visitantes y los globos de Louis XIV.

Nada más salir, es preciso ir rumbo al Este antes de pasar al lado de las antiguas instalaciones frigoríficas de Paris que ahora albergan talleres de artistas. Desgraciadamente este sitio se puede visitar exclusivamente cuando hay jornadas puertas abiertas.
De paso admiré las fuentes Wallace de esta zona, pintadas de rosa o de amarillo y a continuación, descubrí el jardín que bordea la calle Marguerite Duras y su pasarela.

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La senda sigue zigzagueando por calles anodinas de viviendas sin tiendas. Pero se olvida esta sensación al descubrir el pequeño pasaje Bourgoin y sus casitas de otros tiempos.
Y para confirmar que París es una tierra de contraste, esta etapa de la senda acaba en la plaza des Olympiades, espacio de puro hormigón al pie de las torres de Chinatown.
Pero eso ya sería otra historia...

25/06/2017

¡Qué calor!

Ya se acabaron las dos semanas de vacaciones dedicadas, esencialmente, a repasar mis cursos para el examen final del conservatorio de artes y oficios.

Seguí desde lejos las elecciones legislativas y constaté con alegría que en mi barrio rebelde eligieron a una mujer, única diputada insumisa de la capital. Ahora sólo falta esperar para ver cómo van los “caminantes” ...

Cuando volví a París, el episodio canicular estaba empezando y me costó aguantar los 35 grados de la gran ciudad. Por suerte trabajo en un edificio de alta calidad ambiental cuya temperatura interior ronda los veinticinco grados. Pero eso resulta casi peor cuando sales de la oficina porque el calor se vuelve más aplastante todavía. Y con casi 30 grados por la noche en casa, recuperar resulta muy difícil.

Yo temía la temperatura del día del examen y la verdad es que con más de treinta grados eso no parecía muy favorable.
Por suerte, organizaron la prueba en el gran anfiteatro de la Escuela nacional superior de artes y oficios, cerca de la plaza de Italia. Y en este sitio semi enterrado, la temperatura resultó razonable para trabajar.

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De momento, no conozco los resultados, pero pienso que aprobaré 😊

Y ahora toca retomar el ritmo de las largas caminatas con visitantes de todo el mundo.
¡Hasta pronto!

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