Caminando por París con Caol

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10/03/2019

¿Cómo vamos?

Al pasear por el distrito XII, descubrí el último objeto inventado por un ingeniero de Burdeos para proporcionar un refugio a las personas que viven en la calle. Bautizado Iglou, el objeto se parece a los envoltorios que se usan para conservar los pasteles de Navidad. Construido con una especie de poliestireno, aísla del frío del invierno y permite que la persona mantenga el calor de su cuerpo.

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Todos dicen que se trata de una auténtica mejora de la situación de los que viven en la calle. Pero yo sigo pensando que el progreso sería proporcionar por lo menos un cuarto a cada uno.

En otra parte de París, aproveché un rayo de sol para visitar uno de los mercadillos del día. Me paré delante de una estatua de bronce representando un gato y pregunté el precio al anticuario. Él anunció un primer precio y, enseguida, propuso una rebaja excepcional llegando a la mitad del primer precio. Sé que estos vendedores suelen hacer cosas así, pero éste precisó que necesitaba dinero y creo que era sincero.
Sobra decir que aún así superaba el presupuesto disponible.

Cerca del ayuntamiento del distrito XVIII, hay una ferretería de barrio, muy famosa porque casi siempre encuentras lo que necesitas. Hace poco anunciaron su liquidación y su cierre definitivo. Dentro de unos meses, en la esquina de la calle del Poteau, tendremos una enésima agencia de banco :-(

La única noticia buena de la semana surgió al mirar el escaparate de la floristería que se halla al lado del jardín Maurice Gardette en el distrito XI. La dueña de este sitio puso un cartelito en la puerta anunciando que la tienda abre cuatro días por semana y precisando los horarios. Y añadió una última línea: “en caso de emergencia, aquí viene mi número de móvil”. Y el hecho de imaginar alguna situación, de emergencia floral me alegró el día.

3/03/2019

Paseando alrededor del jardín de Reuilly

El parque de Reuilly fue creado en el espacio que ocupaba una antigua estación de clasificación ferroviaria y ahora es el centro verde de una zona totalmente transformada en los años 90s.

De forma triangular, esta zona está limitada por las calles de Reuilly y Montgallet y por la avenida Daumesnil. Pero desde estas vías no se ven muchas cosas.

Yo descubrí el jardín, años atrás, al recorrer la Senda Verde. Pero pronto seguí por el túnel que lleva a la parte siguiente de la senda y no me paré para explorar este barrio nuevo. Y la verdad es que es una zona difícil de entender porque combina varios niveles y varias formas de movilidad.

Para los peatones, otro punto de entrada es la escalera que comunica la calle de Reuilly con la alameda Vivaldi y deja ver el eje principal de la zona.

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Detrás de los soportales de la acera norte de esta calle, varios comercios se instalaron. A mi parecer, el sitio no tiene mucha vida, pero tendría que comprobar como va el tema a la hora de almorzar o de cenar.
Esta alameda lleva a una de las entradas del parque de Reuilly, entre una piscina y una sala de deporte, en donde la pasarela del jardín marca la continuación del eje principal.

Yo preferí dar la vuelta del jardín y así fue como descubrí los edificios de oficinas construidos al lado de la calle de Reuilly y que albergan estructuras como el centro nacional de los funcionarios territoriales o el centro nacional de estudios espaciales.

También descubrí que un callejón sin salida comunica los edificios que se hallan entre la calle de Reuilly y la alameda Vivaldi. Aquí construyeron una serie de locales de almacenamiento, pero pocos encontraron sus dueños...

Para acabar, quise recorrer la calle Montgallet, muy famosa por la cantidad de tiendas de productos informáticos que se instalaron allí. Y la verdad es que no se ven muchos comercios de otros tipos. Pero bajo un rayo de sol casi primaveral, la calle tiene buena pinta y bastante vidilla.

Al llegar a la avenida Daumesnil, se ven comercios más variados, entre los cuales uno de los almacenes de bricolaje que me gustan.
¡No pude resistir!

24/02/2019

Explorando el distrito XII

Esta semana tuvimos un tiempo casi primaveral, ideal para seguir explorando París. Tenía ganas de descubrir estas calles que diviso desde el tren que me lleva a la estación de Bercy, escogí varias calles del distrito XII.

Muy cerca de la Porte Dorée, descubrí una pequeña calle tranquila en donde todavía existen algunos pabellones de otros siglos. Si no tienen el encanto de “la campagne à Paris”, tienen buena pinta y con gusto pasaría algunas temporadas por aquí.

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Luego seguí rumbo a la calle de Charenton. Desde la acera no se ve el espacio dedicado a los carriles, pero se imagina fácilmente el amplio espacio que se abre para los que viven en las plantas altas de algunos edificios. Al entrar en la calle Coriolis, los carriles se vuelven más presentes, así como la sensación de espacio. Pero pronto desaparece al bajar rumbo a la calle Proudhon.
Luego, al seguir por la calle del Charolais, uno descubre un proyecto de creación de nuevas construcciones en un espacio liberado por la sociedad de ferrocarriles, justo al lado de la estación de Lyon. De momento, en esta calle dedicada a Jorge Semprún, los edificios se hallan exclusivamente en la acera norte. Pero imagino que pronto seguirán construyendo y la calle ya comunica el conservatorio municipal Paul Dukas.
Al salir de esta zona, uno llega al viaducto de los artes en donde no faltan los escaparates siempre interesantes.

En otro día pasé de nuevo par la calle Proudhon, pero esta vez seguí por el túnel que permite a los coches, las bicis y los peatones de pasar por debajo de los carriles que llevan a las estaciones de Bercy y de Lyon. Este espacio fue reformado a partir del proyecto de dos alumnas de le prestigiosa escuela Boulle, y la verdad es que no se siente inseguridad al cruzarlo.

Una nueva sesión de exploración me dio la oportunidad de entrar a hurtadillas en el square Georges Contenot por la calle Claude Decaen. Este conjunto de vías privadas se halla en medio de une manzana y comunica cuatro torres de 12 plantas, construidas en medio de un gran jardín arbolado. Las torres tienen una forma especial que permite proporcionar pisos con orientaciones opuestas. Se trata de viviendas sociales, pero con un montón de detalles que mejoran la vida como el huerto compartido.

Justo al lado de este conjunto, también descubrí un pequeño callejón sin salida con casitas de dos o tres plantas. No sé cuanto tiempo resistirá a la presión de los promotores inmobiliarios.
Lo cierto es que tendré que pasar horas caminando para seguir descubriendo este distrito.

28/10/2018

Los cementerios del distrito XII

Al pasear por el distrito XII, noté tres cementerios diferentes en menos de un kilómetro cuadrado. Eso me llamó la atención y pasé otra vez por esta zona para visitar estos recintos, pequeños por el tamaño, pero grandes por lo que suelen contar de las ciudades.

El más romántico es probablemente el pequeño cementerio de Bercy, que se halla al extremo sureste de la calle de Charenton. Su superficie apenas llega a sesenta y dos áreas y no alberga personajes excepcionales. Pero cuenta con una decena de árboles, entre los cuales un melocotonero que se instaló en una tumba, varios rosales, una parra, y los altos árboles de las calles contiguas completan el panorama. A pesar del movimiento exterior, desprende una muy agradable sensación de tranquilidad.

En el otro lado del bulevar Poniatowski, el cementerio Valmy no tiene el mismo encanto. Comparte sus límites con el bulevar periférico, el espacio de la red ferroviaria y la avenida de la puerta de Charenton, o sea un caos de ruido y de tráfico. Curiosamente, a pesar de ubicarse en el territorio parisino, pertenece a la ciudad de Charenton-le-pont. Cuenta con unas 250 áreas, pero no tiene mucha vegetación y cuando hay sol, regala poca sombra.

Tampoco alberga personajes excepcionales o sepulturas notables, pero entre las filas de tumbas, me gustó el juego del sol en esta mira de vidrio colorido.

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El tercer cementerio de halla al lado del museo nacional de historia de la inmigración. Como el precedente, se ubica en el territorio parisino, pero pertenece a la ciudad de Saint Mandé. Cuenta con unas 300 áreas y también se halla al lado del periférico. Pero tiene ya bastante vegetación para regalar algunas zonas de sombra.
Nada más entrar uno encuentra un cartel con la lista de los personajes “conocidos” y la ubicación de la estatua creada por Raymond Sudre para la tumba del luchador Calixte Delmas. Pero lo que más me divirtió fue el espacio de almacenaje de las regaderas, justo al lado de la fuente, con cadenas y obligación de poner una moneda para poder soltar una regadera.

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No sé cuánto costó este sistema que impide el vagabundeo de las regaderas, pero apuesto que será mucho más que el valor de dichos objetos. Lo cierto es que este dispositivo me parece bastante representativo del conservatismo de la muy selecta ciudad de Saint-Mandé. Y también me confirma que instalarme en un barrio rebelde fue una buena elección.

21/10/2018

La calle de Charenton

Después de todas estas emociones quise tuve ganas de explorar detenidamente una parte del muy tranquilo distrito XII. Y mi primera exploración consistió en recorrer la larga calle de Charenton, desde la puerta del mismo nombre rumbo a la plaza de la Bastille.

La puerta de Charenton es un sitio curioso. Por un lado, tiene un acceso directo al bosque de Vincennes. Por otro, es el punto por donde los trenes que llegan a las estaciones de Bercy o de Lyon entran en la ciudad. Y en medio de todo eso hay dos cementerios distintos y el tranvía que comunica el sur de París.

La primera cosa que me llamó la atención fue el nombre de los comercios y de los cafés, desvelando la presencia de una comunidad hispanoportuguesa. Incluso noté una agencia de autobuses proponiendo viajes baratos rumbo al sur de los Pirineos.

Más adelante pasé al lado de una gran parcela ajardinada de viviendas sociales antes de llegar a una zona con muchas tiendas de barrio, justo al lado del cruce con la calle Taine.

La calle de Charenton sigue rumbo al ayuntamiento del distrito XII antes de cruzar la avenida Daumesnil, justo al lado del jardín de Reuilly. Confieso que no pude resistir a las ganas de entrar en este recinto verde y la verdad es que al atardecer estaba mucho más tranquilo que los jardines de mi barrio.

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A partir de allí la calle de Charenton se transforma y uno pasa por un primer tramo que comunica esencialmente tiendas de informática y se acaba al pie de la fuente muy coqueta de la plaza del coronel Bourgoin.

Luego aparece otra zona en donde quedan algunos artesanos al lado de las tiendas de barrio y de unos cafés que tienen buena pinta. La calle Ledru Rollin marca el principio del tramo final en donde la acera sur bordea el hospital de los Quinze-Vingts y la ópera Bastille, mientras la acera comunica algunos pasajes que llevan al Faubourg Saint Antoine, y desvelan la parte trasera de algunas tiendas de esta calle.

Me asombró la numeración de los edificios porque normalmente, tendría que empezar en la puerta de Charenton y acabar en la plaza de la Bastille. Pero esta calle es más antigua que la regla promulgada en 1805 y forma parte de las excepciones.

Finalmente, este paseo me pareció muy agradable y para quien quiere saber cómo viven los parisinos de a pie, puede constituir un buen acercamiento.

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