Caminando por París con Caol

Ir al contenido | Ir al menú | Ir a Buscar

9/04/2017

Primavera

Ya llevamos una semana con sol y temperaturas rondando 15 grados.
Para los bares y restaurantes, toca volver a instalar las mesas y sillas de las terrazas. Para los ciudadanos que lo pueden, toca completar las macetas de las ventanas y de los balcones.

El florista de la esquina volvió a instalar un mostrador en la acera y, como muchos, me paré para comprar florecitas y plantas nuevas para remplazar las victimas del invierno. Mientras embalaba mi compras, el dueño me contó que la temporada empezaba bastante bien y me anunció que tendría más productos dentro de pocos días. Así que no pude acabar con la "apertura" de mi balcón pero las gatas ya aprobaron lo poco que hice.

Este tiempo primaveral también se nota al mirar los árboles, luciendo hojas nuevas. El pasado jueves, me encantó la luz del atardecer sobre los árboles del jardín de la Roquette.

20170406.jpg

Este tiempo primaveral coincide con las vacaciones escolares de la región parisina y son muchos los que se marcharon de la capital en busca de nieve para los más afortunados o simplemente de descanso lejos del ruido de la gran ciudad para los demás.
Ayer la pequeña estación de Bercy estaba a tope de gente, viajando hacia el centro de Francia, para visitar su familia o pasar unos días en una casa rural barata.

Yo tuve una semana de mucho trabajo porque cuando unos se marchan, los que se quedan tienen que compensar. Pero también hice algunas caminatas.
Para empezar, intenté ir al trabajo caminando y como tardé más de hora y media, sé que no lo repitiré todos los días. Luego, también pasé por varias calles del distrito XI y noté que muchos mayoristas de prendas ya se marcharon. En los locales libres, instalaron sitios en donde uno puede comer por menos de 10 euros o bares en donde puedes aprovechar el wifi para trabajar o conectarte.
Me asombró la cantidad de sitios recién abiertos y no sé cuantos seguirán existiendo dentro de unos meses porque ya se nota que algunos encontraron una clientela mientras otros se quedan desesperadamente desiertos.
De paso, noté un café de los gatos y apunté que tengo que probar este sitio :-)

26/02/2017

Momentos

A veces una de las gatas decide que tengo que despertar para acariciarla o abrir el grifo para que beba. En estos casos no sirve resistir porque tiene un maullido muy convincente. Así que me resigno a madrugar et intento aprovechar la oportunidad de contemplar la ciudad despertando.

El otro día tuve que caminar entre los chorros de agua de los empleados del Municipio que limpiaban las aceras. Mientras tanto, dos personas ya estaban esperando delante de la tienda del panadero (cerrada todavía) y los choferes de taxi o de coches privados escudriñaban la calle para ubicar a sus clientes.

Uno de los elementos que me gusta mucho es el ambiente de los bares que abren muy temprano. Allí se reúnen los artesanos y trabajadores madrugadores para tomar el último café antes de enfrentar la jornada laboral. Al mirarlos imagino que se marcharon de puntillas de su casa para no molestar. Algunos conversan, pero la mayoría sigue sin palabras.
En algunas partes atravieso mercadillos que están instalando y cuando ya me cansé de caminar, subo al metro o al autobús, en donde el ambiente de la madrugada suele ser muy tranquilo.

Esta semana también tuve la oportunidad de pasar por el patio Saint-Emilion. Tenía que participar a un grupo de trabajo justo al lado de este sitio pero cuando llegué las tiendas todavía estaban cerradas. En medio día quisimos escaparnos del infierno administrativo y así fue como fuimos al patio y entramos en el restaurante le Chai 33.
Este local fue instalado en uno de los antiguos almacenes de vino de Bercy y el restaurante se halla en la planta baja. El techo, muy alto, da una sensación de espacio muy agradable. En cambio, la mesa de madera que nos tocó nos dejó perplejos: no parecía sucio pero pegaba… Los platos me parecieron relativamente caros: 20€70 para un solomillo, 2€90 para un café, me pareció exagerado (con 20€ en Borgoña tengo carne con vino, postre y café…). Pero no teníamos tiempo para buscar otro sitio. Cuando se acabó la jornada, me marché corriendo para evitar gatos extras.

Últimamente, dedico demasiado tiempo a trabajar en la oficina o en el conservatorio.
Necesito vacaciones :-(

15/01/2017

La fortaleza de Bercy

A final de los 80s, el ministerio de hacienda tuvo que abandonar el espacio que ocupaba en el Louvre para instalarse en lo que los parisinos llaman la fortaleza de Bercy.
Lo primero que se ve es el edificio monumental perpendicular al Sena y que tiene 360 metros de largo.
Su extremo suroeste salta por encima del quai de la Rapée, zona de tremendo tráfico automóvil ya que allí llega la autopista del Este. Este extremo también tiene acceso al rio y a las motoras del gobierno. Su extremo nordeste salta por encima de la calle de Bercy para comunicar con el otro gran edificio que bordea los carriles de la estación de Lyon.

Para bien marcar la frontera entre el ministerio y el espacio público, crearon un foso inaccesible desde fuera y una entrada monumental que evoca los antiguos puentes levadizos.
En el foso instalaron un jardín a la francesa, con estatuas y fuentes, pero ningún oficinista se atreve a disfrutar de este espacio.

Últimamente, mis actividades laborales me llevan a pasar regularmente por este sitio así que aquí vienen unos detalles acerca de este recinto parisino.

Sobra decir que el ciudadano de a pie no entra por el “puente levadizo”. La entrada de servicio se halla en la calle de Bercy en donde hay que enfrentar el inevitable control (parecido a los controles de los aeropuertos) y tras dejar un documento de identidad uno puede entrar.

Lo primero que se ve es la larga calle interior que comunica las entradas de los edificios principales. Al fondo, una última reja protege el patio de los ministros y el espacio de las conferencias.

20170113.jpg

En alguna ocasión tuve que pasar todo el día en una sala de reunión ubicada en medio de un edificio, sin ventanas ni luz natural. ¡Vaya tortura!
También pude probar el comedor cuyas ventanas dejan ver el jardín del foso. Y, por supuesto, ya pasé por varias salas de conferencias.

Confieso que me gustan algunas de las obras de arte monumentales exhibidas en estos espacios, pero el discurso de los altos cargos pronto borra este placer y tengo que hacer muchos esfuerzos para no enojarme al escuchar las tonterías que nos sirven. El último que escuché hizo toda una presentación para explicarnos que las nuevas generaciones yo no quieren contrato de trabajo indefinido y prefieren la libertad de auto-empresario. ¿Quién puede creer que los jóvenes reivindican la precariedad que provoca esta situación?
Y no faltan los ejemplos de discursos tontos...
Cuando paso por Bercy, siempre planeo algo agradable para olvidar la rabia que me dan.
El pasado viernes, probé un restaurante en la plaza Dausmesnil con una amiga y luego hicimos un paseo rumbo a la plaza de la Nación para digerir...
Lo único bueno de estas visitas es que despiertan la parte rebelde de mi cerebro.

25/09/2016

¡108675 pasos!

Esta semana aproveché un atardecer soleado para pasear por el distrito 20, en la zona de la calle des Vignoles.
Esta calle muy antigua comunicaba varios callejones sin salida muy estrechos en donde uno podía contemplar antiguas y modestas viviendas obreras, mal mantenidas y en algunas partes totalmente insalubres.
En esta zona “rebelde”, no repitieron los errores que hicieron en la zona Saint Blaise, con torres gigantes y calles deshumanizadas. Cuando la renovaron, conservaron la red de callejones y construyeron viviendas sociales de dos o tres plantas, con jardines incluidos. De momento no pasé por todas las calles de esta zona, pero lo que vi esta semana me alegró. Por cierto, no sé si me gustaría vivir en la planta baja con acceso directo a la calle. Pero imagino que para unos cuantos esto es una real mejora de sus condiciones de alojamiento. Por suerte, de momento, no cerraron estos callejones y uno puede contemplar estos ensayos arquitectónicos. ¡Ojalá siga así!

El martes, encontré en mi buzón un papelito de mis nuevos vecinos, invitándonos a tomar un chato el viernes para celebrar su instalación. Yo tenía la sensación rara que ya conocía a esta señora y que ya había estado en su antiguo piso para una reunión de voluntarios de “ParisGreeters”. Y Chloé me confirmó este acontecimiento. Pero también me contó que, con dos niños, ya no tenía tiempo para pasear con visitantes. La buena noticia es que todos mis vecinos son muy civilizados :-)

Ayer tocó pasear por el distrito 12, rumbo a la avenida Daumesnil, para preparar una sesión de bricolaje. De paso, reconocí la tienda en donde había comprado mi antigua bici años atrás. Con el desarrollo de la bicicleta, la modesta tienda se transformó y ahora ocupa mucho más espacio. Pero también tiene nuevos competidores.

Hoy hice una caminata rumbo al centro de París. El domingo por la mañana, pasear mientras la ciudad despierta es un auténtico placer, y más cuando se celebra el día sin coche.
Ni fui a la fiesta de los jardines, ni visité los mercadillos del día. Pasé todo el santo día instalando un programador de calefacción y de momento no funciona como lo quiero.
¡Mañana será otro día!

18/09/2016

Visitas...

El lunes por la mañana, conseguí escaparme de la oficina para pasear por la colina de Montmartre con una pareja argentina. Mis visitantes tenían muchas preguntas acerca de la situación económica francesa y tuvimos una larga conversación muy interesante.

El martes tocaba participar a una reunión en la fortaleza de Bercy (así es como llaman la sede del ministerio de hacienda) y la visión de todos estos oficinistas con sus trajes grises me desesperó una vez más. Al salir pasé por la calle Crémieux en donde los edificios tienen colores pastel que alegran la manzana.

El jueves, los sindicatos convocaron de nuevo una manifestación para protestar contra la reforma laboral y cuando pasé por la plaza de la República para volver a casa, me impresionó la cantidad de furgonetas de policía estacionadas en su periferia. En el bulevar Magenta, los policías se desplazaban por todas partes con las sirenas puestas, provocando sin razón un atasco importante.

Este fin de semana se celebraban las jornadas del patrimonio. Confieso que la idea de hacer cola para las visitas me da pereza pero noté que había un sitio a cien metros de mi casa y fui a ver cómo iba la cosa.
Cuando llegué, la puerta estaba cerrada. Toqué el timbre y un estimable señor me dijo que la visita ya había empezado pero que me mandaba alguien para que pueda reunirme con el grupo.
Desde la calle, la fachada se parece a un edificio normalito, pero no tiene vida y nunca vi habitantes. Nada más traspasar la puerta, uno descubre un patio bastante grande y mi acompañante me explicó que el edificio que bordea la calle alberga instalaciones eléctricas que funcionan. El edificio del fondo de la parcela ya no sirve y fue confiado a la asociación “Memoria de la electricidad, del gas y de las iluminaciones públicas”.
Mi acompañante me llevó a la tercera planta en donde el grupo escuchaba atentamente a otro señor que estaba presentando los diferentes modelos de faroles instalados en la capital. Me impresionaron las piezas de vidrio de algunos modelos tan como la colección de bombillas ocupando varias estanterías. También noté un radiador de vidrio muy antiguo, pero de diseño muy moderno.
Bajamos rumbo a la segunda planta en donde dos nuevos anfitriones relataron rápidamente la historia de la instalación de la electricidad dentro de París y nos enseñaron varias generaciones que transformadores. Confieso que los antiguos cortacircuitos me impresionaron.

20160918.JPG

En la primera planta, pudimos admirar una colección impresionante de contadores de electricidad y otra colección más modesta de contadores de gas.
Necesitamos casi tres horas para ver todos los tesoros reunidos por estos apasionados y ahora sé lo que se escondé detrás de la fachada enigmática de este edificio de mi calle. :-)

- página 1 de 2