Caminando por París con Caol

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17/09/2017

Una semana parisina

Para bien empezar con esta nueva semana, recorrí caminando los siete kilómetros que me llevan a mi instituto y ajusté mi meta cotidiana a 16000 pasos. Pero algunas veces, evitar los chubascos resultó un poco complicado.

En la capital gala se celebraba la semana del diseño y los organizadores definieron cuatro zonas diferentes, entre las cuales “Barbes-Stalingrad”, que se extiende hacia la puerta de Bagnolet.
Yo tuve ganas de visitar las tiendas de los creadores instalados en mi barrio y escudriñé la lista que encontré en internet. Constaté pocas novedades, pero di una vuelta para enterarme de las últimas novedades y encontré cosas interesantes.

También se celebraban las jornadas del patrimonio y así fue como pude visitar uno de los edículos construidos para controlar la circulación del agua que alimenta la ciudad de París, cerca de la puerta des Lilas. La asociación que atendía a los visitantes también propone recorridos para ver varios lugares como éste y descubrir las instalaciones del Este de París. A ver si puedo participar a una de estas visitas alguna vez.

En el distrito XI, descubrí desde la ventanilla de mi autobús de siempre que la asociación “el genio de la Bastille” proponía un mapa indicando talleres de artistas abiertos, instalaciones, tiendas albergando exposiciones y actividades. Así que hoy caminé rumbo a la plaza Léon Blum para conseguir este precioso papelito y mirar las obras instaladas en la plaza.

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El recorrido pasaba por el bulevar Voltaire en donde organizaban un mercado de anticuarios así que aplacé la visita de los talleres para descubrir los últimos objetos de moda para decorar su casa. Pero vi pocas novedades.

Luego pasé por la galería de la asociación en donde presentaban las obras de varios artistas. En la cité Voltaire pude visitar el taller de una pintora y encontrar una obra que me pareció realmente interesante.
En la calle Voltaire tocaba visitar el taller de una ceramista, transformado en sala de exposición y la entrada de la escuela de estilismo ESMOD en donde presentaban las creaciones de algunos alumnos.
En la esquina de un callejón escondido, otro pintor presentaba sus obras mientras dos mujeres organizaban un taller al aire libre para los niños del barrio.

Ya llegaba la hora de volver a casa así que pasé otra vez por el mercado de los anticuarios y me metí en mi autobús de siempre justo cuando empezaba a llover...

Lo bueno de todo esto es que conseguí ver un montón de cosas y pasarlo bien sin gastar un duro.

23/07/2017

Curioseando

Llevaba tiempo sin pasar delante de la entrada del hospital militar Begin así que tuve una gran sorpresa al observar la instalación que hicieron para proteger la entrada: pilas de sacos de arena, como si estuviéramos en una zona de guerra... No sé si es el proceso normal cuando decretan estado de emergencia o si se trata de una fantasía local, pero para el ciudadano de a pie, eso parece totalmente surrealista.

20170717.jpgOtro espectáculo me esperaba al llegar a casa. Los bomberos habían cortado la calle y desplegado una gran escalera para ubicar la causa del humo procediendo de un edificio a quince metros de mi casa. La operación necesitó casi tres horas. Mientras tanto, los habitantes del edificio del incendio se instalaron en la terraza del café de en frente para seguir las operaciones.

Al día siguiente, pasé al pie de Beaubourg y constaté que la zona ya tiene su ritmo veraniego: gente sentada al lado de la fuente Stravinski o en la gran plaza, artistas de todas clases y un toque de “dolce vita” muy agradable.

Quise aprovechar este ambiente para probar uno de los sitios que reemplazaron las tiendas de mayoristas de la calle Sedaine.
Con mi compañera del día, examinamos varios sitios frecuentados por treintañeros y proponiendo tapas, ensaladas o preparaciones básicas para compartir con amigos. Pero 15€ sin bebidas para estas ofertas nos pareció exagerado.
Descartamos el café de los gatos porque estos bichos asustan a mi compañera y acabamos en el último sitio de la calle Sedaine; un restaurante tradicional bautizado “le préau”. Ubicada en la esquina con el bulevar Richard Lenoir, la pequeña terraza nos pareció demasiada ruidosa por el tráfico automóvil y nos instalamos dentro. La sala tiene encanto y nos atendieron muy correctamente. Pero la presentación de la carta con cuadernos escolares no era imprescindible. Aquí también nos cobraron 15€ por un plato sin bebida pero por lo menos se trata de cocina tradicional algo más elaborada. No nos entusiasmó y se confirmó una vez más que los precios alrededor de Bastille son exagerados.

Este fin de semana son muchos los parisinos que se marcharon de vacaciones.
A ver si puedo probar otro sitio cerca del centro.

21/05/2017

¡Sol!

Aproveché este fin de semana soleado para pasear por la ciudad de las luces.

Al lado de la vía verde, pasé por una callecita del distrito XII y encontré una instalación que me encantó. El ocupante de una planta baja utilizó su alfeizar exterior como estantería para instalar libros. Eso tenía pinta de invitación a coger uno y dejar otro y me dio envidia: desde mi tercera planta no puedo jugar así.
En la esquina de la callecita, un hombre mostraba mucho placer al escuchar en la radio un concierto de música clásica. Pensé un rato que podía ser el dueño de los libros, pero no quise molestarle.

En un callejón sin salida del mismo distrito, un arquitecto inventó una solución que me pareció interesante para permitir que los que viven al nivel de la calle guarden una forma de privacidad.
Aquí nada de rejas que transforman los pisos en cárceles, pero un encaje de metal que separa la calle del balcón y puede abrirse parcialmente cuando uno lo quiere. Y como este motivo también viste las paredes del edificio, se ve más como una decoración que como una reja.

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Traspasé la frontera del distrito XI. A dos bocacalles se veía mucha gente con paquetes de todas clases y caminando rumbo a la humilde iglesia Saint Marguerite. Cuando me acerqué vi que organizaban un mercadillo de barrio pero que todavía estaban en el proceso de la instalación. Total, seguí rumbo al bulevar Voltaire.

Cuando pasé delante del Bataclan, constaté que ya no se ven velas y ramos de flores. Ahora, a la izquierda de la puerta, una placa de mármol conmemora el acontecimiento...

Cerca de la plaza de la república, visité a una señora que vendía una alfombra hermana de la del otro día. Descubrí en el primer piso, un departamento muy bien decorado, con muchos detalles de diseño, pero tremendamente oscuro. La doña me contó que vivía en este lugar desde 1981, comentó las evoluciones sucesivas de su barrio y acabó diciendo que no quería marcharse de este barrio. Yo compré la alfombra y la llevé a casa en autobús.

La buena noticia del día es que seguimos con abejas en París y según parece, algunas aprecian las plantas que puse en mi balcón :-)

9/04/2017

Primavera

Ya llevamos una semana con sol y temperaturas rondando 15 grados.
Para los bares y restaurantes, toca volver a instalar las mesas y sillas de las terrazas. Para los ciudadanos que lo pueden, toca completar las macetas de las ventanas y de los balcones.

El florista de la esquina volvió a instalar un mostrador en la acera y, como muchos, me paré para comprar florecitas y plantas nuevas para remplazar las victimas del invierno. Mientras embalaba mi compras, el dueño me contó que la temporada empezaba bastante bien y me anunció que tendría más productos dentro de pocos días. Así que no pude acabar con la "apertura" de mi balcón pero las gatas ya aprobaron lo poco que hice.

Este tiempo primaveral también se nota al mirar los árboles, luciendo hojas nuevas. El pasado jueves, me encantó la luz del atardecer sobre los árboles del jardín de la Roquette.

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Este tiempo primaveral coincide con las vacaciones escolares de la región parisina y son muchos los que se marcharon de la capital en busca de nieve para los más afortunados o simplemente de descanso lejos del ruido de la gran ciudad para los demás.
Ayer la pequeña estación de Bercy estaba a tope de gente, viajando hacia el centro de Francia, para visitar su familia o pasar unos días en una casa rural barata.

Yo tuve una semana de mucho trabajo porque cuando unos se marchan, los que se quedan tienen que compensar. Pero también hice algunas caminatas.
Para empezar, intenté ir al trabajo caminando y como tardé más de hora y media, sé que no lo repitiré todos los días. Luego, también pasé por varias calles del distrito XI y noté que muchos mayoristas de prendas ya se marcharon. En los locales libres, instalaron sitios en donde uno puede comer por menos de 10 euros o bares en donde puedes aprovechar el wifi para trabajar o conectarte.
Me asombró la cantidad de sitios recién abiertos y no sé cuantos seguirán existiendo dentro de unos meses porque ya se nota que algunos encontraron una clientela mientras otros se quedan desesperadamente desiertos.
De paso, noté un café de los gatos y apunté que tengo que probar este sitio :-)

5/03/2017

Con paraguas...

Desde la ventanilla de mi autobús de siempre constaté con alegría que amanece cada día más temprano. Si no retomé mis largas caminatas de la madrugada, por lo menos intenté hacer algunos paseos entre los chubascos.

El primer paseo empezó el miércoles al atardecer. Visité varias tiendas cerca de la plaza de la Nación antes de seguir rumbo al jardín de la Roquette.
En la esquina de la calle de Montreuil, los clientes del “comptoir Voltaire” ya olvidaron la visita del terrorista que activó su cintura de explosivos dentro del café. Cuando pasé delante del local, noté que la pantalla gigante estaba funcionando y deja ver un partido de fútbol.

Más arriba, constaté que los programas de rehabilitación de viviendas ya empiezan en las pequeñas calles que hacen el encanto del distrito XI. Por suerte, respetan la altura de los edificios e intentan preservar la identidad del barrio.
De paso constaté que se multiplican los sitios pequeños que proponen comidas baratas. No sé cómo estos nuevos empresarios consiguen retribuir todas las horas que dedican a su comercio...

Cuando llegué al jardín de la Roquette, empezaba a llover y la gente no se demoraba en la calle. Tenía tiempo así que quise visitar algunas tiendas que conozco cerca del jardín Maurice Gardette pero un chubasco torrencial interrumpió todas las actividades. Yo estaba muy cerca del toldo de un café así que pude abrigarme y contemplar el espectáculo.

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Luego fui a cenar en un restaurante de la zona y por 20€ conseguí un plato, un postre y una bebida. Pero no es un sitio tan de moda como el patio “Saint-Emilion”...

Ayer tuve que enfrentar la lluvia para comprar una repisa. En el almacén de barrio que se halla al lado del ayuntamiento del distrito XVIII, el hombre que me atendió estaba escuchando música clásica. Como le preguntaba qué estaba escuchando, me contestó que se trataba de la contralto Kathleen Ferrier y precisó que finalmente poca gente conocía a esta artista. Yo precisé que tenía varios discos de esta señora y el señor me regaló una sonrisa de afición compartida. Confieso que nunca hubiera imaginado que toparía con un admirador de esta cantante en esta tienda. Pero esas sorpresas forman parte de las cosas que me gustan en el distrito XVIII.

Hoy los parisinos podían asistir a dos reuniones políticas. La primera, cerca del Trocadero, apoyaba al candidato conservador, enredado en historias de empleos ficticios otorgados a su familia. La secunda, en la plaza de la República, con cacerolas, protestaba contra la corrupción de los políticos. Como anunciaban granizo en ambos sitios, preferí visitar unas tiendas de las afueras.
¡Mañana será otro día!

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