Caminando por París con Caol

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26/05/2019

Noticias de barrios

Estos últimos días me llevaron malas noticias.
Para empezar, cerrarán definitivamente la frutería que se halla al lado de mi casa. La doña que lleva este comercio tiene que vender el local para compartir su valor con su hermana. Consiguió una oferta y dice que tiene que arreglarlo todo antes de fin de junio.
Algo parecido ocurre con los dueños de una panadería que se halla cerca de mi trabajo. Tenían un contrato de tres años con un molinero y ahora tienen que marcharse y buscar otro sitio. La doña me habló de una panadería cerca de la plaza Gambetta así que con algo de suerte podré encontrar su nueva tienda.

Esta semana, pasé algunas veces al lado del metro Barbes-Rochechouart y constaté que al atardecer había un mercado de comida especial para el Ramadán. En medio de todas estas preparaciones empapadas en miel se veía una colección impresionante de avispas y pensé un rato que todas las avispas parisinas estaban en mi barrio.
Preferí pasear lejos de esta zona.

Aproveché un atardecer soleado para pasar otra vez por la calle Alphonse Penaud (distrito XX) en donde hay un antiguo edificio de ladrillo que alberga una colección de aparcamientos de otros tiempos. Dicen que van a destruirlo para construir viviendas y quise conservar una imagen de este sitio.

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El martes, los compañeros que estaban de vacaciones volvieron a la oficina y pude respirar un poco. Al atardecer pasé por varias calles que se hallan al lado de la estación de metro Faidherbe-Chaligny y visité rápidamente el jardín de la Folie Titon. Esta zona me pareció muy agradable y tendré que volver allí con amigos para probar algún de los sitios que noté de paso.

Los demás días de la semana se perdieron entre asociaciones, amigos y colegas necesitando apoyo.

Hoy tocaba votar por las elecciones europeas. Esta vez no me reclutaron como asesor así que pasé rápidamente por la escuela que alberga mi colegio electoral antes de visitar el pequeño mercado de segunda mano instalado delante de la iglesia Saint Bernard.

Luego probé el nuevo recorrido del autobús 38 que me llevó al distrito XIV.
Al mirar a la gente instalada en las terrazas de los restaurantes del bulevar de Montparnasse, pensé que esta burguesía adinerada no tiene los problemas de fin de mes de la gente de mi barrio. Y lo mismo pasará con los que gobiernan este país.
A ver lo que dicen los votos del día...

31/03/2019

Primavera...

¡Por fin tenemos un tiempo primaveral!
Si al salir de casa por la mañana el jersey sigue imprescindible, al volver por la tarde es preciso guardarlo en la mochila y sacar las gafas de sol.

Aproveché uno de estos atardeceres para seguir explorando el distrito XII y más precisamente los callejones sin salida que comunica la calle de Reuilly. Pero llegué demasiado tarde para poder entrar como si estuviera buscando algún taller. A pesar de la hora pude recorrer el pasillo que llaman “Square Saint-Charles”, con el muro de una escuela por un lado y el patio ajardinado de una inmensa residencia por el otro. La gente que vive en este sitio no tendrá problema para llegar a fin de mes.

El jueves tuve ganas de pasar por los jardines del palacio real y con gusto constaté que las magnolias ya tenían su vestido de flores rosas. Desgraciadamente, cuando pasé allí el jardín permanecía cerrado y no pude acercarme a los árboles. Por la noche pasé al lado del parque des Buttes-Chaumont, ya invadido por los parisinos en busca de los últimos rayos de sol.

Pero la mejor imagen de la primavera parisina es la que pillé en el parque de Bercy.

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Ayer tuve la grata sorpresa de constatar que mi calle ahora forma parte de una zona “París respira”, lo cual significa que impiden el tráfico automóvil entre las 11 de la mañana y las 18. La verdad es que no tener el ruido de los coches y de las bocinas es muy agradable.

Hoy tocaba retomar el circuito de los mercadillos.
Pasé primero por el bulevar de Belleville en donde los ciudadanos de a pie proponían sus trastos en la acera o en algunas mesitas. En estos casos, cuando ya no tienes espacio en los armarios, es preciso definir una búsqueda precisa para no volver con un montón de cosas inútiles. Yo decidí que buscaría bolas decorativas para barandilla de escalera.
Sobra decir que no encontré objetos de este tipo en este mercadillo.

Luego caminé rumbo a la iglesia Saint Ambroise en donde organizaban otro mercadillo con anticuarios y profesionales. Las carpas instaladas ocupaban setecientos metros en una de las aceras del bulevar Voltaire. Eché un vistazo a todas las instalaciones, pero el único que me pareció interesante (un objeto de madera con forma de huevo) resultó fuera de presupuesto.
Total, fueron varios kilómetros sin gastar un duro.

Y ahora toca escoger los paseos de la semana que viene...

10/03/2019

¿Cómo vamos?

Al pasear por el distrito XII, descubrí el último objeto inventado por un ingeniero de Burdeos para proporcionar un refugio a las personas que viven en la calle. Bautizado Iglou, el objeto se parece a los envoltorios que se usan para conservar los pasteles de Navidad. Construido con una especie de poliestireno, aísla del frío del invierno y permite que la persona mantenga el calor de su cuerpo.

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Todos dicen que se trata de una auténtica mejora de la situación de los que viven en la calle. Pero yo sigo pensando que el progreso sería proporcionar por lo menos un cuarto a cada uno.

En otra parte de París, aproveché un rayo de sol para visitar uno de los mercadillos del día. Me paré delante de una estatua de bronce representando un gato y pregunté el precio al anticuario. Él anunció un primer precio y, enseguida, propuso una rebaja excepcional llegando a la mitad del primer precio. Sé que estos vendedores suelen hacer cosas así, pero éste precisó que necesitaba dinero y creo que era sincero.
Sobra decir que aún así superaba el presupuesto disponible.

Cerca del ayuntamiento del distrito XVIII, hay una ferretería de barrio, muy famosa porque casi siempre encuentras lo que necesitas. Hace poco anunciaron su liquidación y su cierre definitivo. Dentro de unos meses, en la esquina de la calle del Poteau, tendremos una enésima agencia de banco :-(

La única noticia buena de la semana surgió al mirar el escaparate de la floristería que se halla al lado del jardín Maurice Gardette en el distrito XI. La dueña de este sitio puso un cartelito en la puerta anunciando que la tienda abre cuatro días por semana y precisando los horarios. Y añadió una última línea: “en caso de emergencia, aquí viene mi número de móvil”. Y el hecho de imaginar alguna situación, de emergencia floral me alegró el día.

13/01/2019

Acto nueve y nuevo

¡Ya se acabó la tregua navideña!
Pasé casi dos semanas lejos de París y como los precios locales eran más baratos que los de la capital, con gusto pude probar (casi) todos los productos tradicionales en estas fechas. Además, los reyes se portaron muy bien conmigo y me dejaron varias instalaciones nuevas en mi casa de Borgoña.

Volví a París el pasado lunes y retomé el camino de la oficina el martes. Sobra decir que no me dejaron mucho tiempo para retomar el ritmo de siempre.

Estrené este nuevo año laboral visitando la oficina de un alguacil porque tengo que conseguir una firma electrónica. Escogí un profesional cuya oficina se halla en el distrito XI, muy cerca de la plaza de la República, y pedí cita al atardecer. Descubrí un edificio antiguo, con una escalera lastimada por la instalación de un ascensor, y un cartelito precisando que los clientes del alguacil tenían que subir a la segunda planta por la escalera. Después de superar esta primera prueba, encontré la puerta de la oficina, entré y descubrí un cuarto sin ventana, cerrado por una puerta con un cartelito ordenando de entrar sin llamar. Entré y descubrí una pequeña entrada con dos sillas a mano derecha y un pasillo de unos seis metros de largo con un ser humano de pie detrás de una ventanilla al final. El oficinista me atendió, comprobó que tenía hora y me invitó a esperar en una de las sillas de la entrada.
Dos clientes extras entraron y desaparecieron mientras escudriñaba el cutre local del alguacil, recordando las situaciones mencionadas en algunas novelas de Balzac.
Después de un rato, el alguacil me llamó y entramos en una oficina invadida de expedientes. El hombre, cuarentón callado con vestidos anticuados, controló que yo soy yo y me cobró 60 euros por un acto de diez minutos. Prefiero no imaginar lo que siente los que enfrentan este tipo de profesional por cuestiones más complicadas.

Ayer los chalecos amarillos organizaron el Acto nueve de su movimiento.
El viernes, el presidente galo, tal un bombero pirómano, dijo que demasiados franceses olvidaron el sentido del esfuerzo. Ayer, 84000 personas participaron a las manifestaciones, lo cual representa un aumento significativo de movilización. Además, el movimiento organizó un servicio de orden y la presencia de estos voluntarios limitó los actos de pura violencia.

Esta mañana caminé hasta el extremo norte de la calle de Aubervilliers en donde Pascal Boyart realizó una interpretación moderna de “la libertad guiando al pueblo”, cuadro de Delacroix representando un momento de la revolución de 1830.

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¿La libertad guiando a los chalecos amarillos?

18/11/2018

Momentos

Después de la celebración del armisticio de noviembre de 1918, tocó recordar los atentados de noviembre de 2015 y como la mayoría de los acontecimientos ocurrieron en el distrito XI, a las ocho de la mañana, cerraron el acceso al bulevar Voltaire. Por suerte mi autobús de siempre me llevó antes del cierre...
Durante la tarde, hubo un momento de emoción cuando un camión compactador de basura provocó una explosión antes de incendiarse. Sobra decir que muchos pensaron que se trataba de nuevo atentado, pero pronto resultó que sólo se trataba de un accidente.

El día siguiente, hice una larga caminata por el bulevar Voltaire, en donde quedaban varias huellas de la celebración, y me paré para mirar la modesta placa que enseña los nombres de las noventa victimas del asalto en la sala de espectáculos.
Luego me fastidió la presentación de las consecuencias, en mi modesto instituto, de la política del presidente galo.
Por suerte, por la noche, la sonrisa de Malika, tan contenta después de haber logrado instalar un programa en su computadora, pagó todos los esfuerzos de la asociación en donde doy clases de informática.

20181116.jpgEl viernes por la noche, caminé rumbo al parque de la Villette, en donde el Circo Plume había instalado su carpa. Cuatro años atrás tuve la suerte de ver el precedente espectáculo y me encantó su poesía.
Unas semanas atrás escuché un programa en la radio y descubrí que la compañía circense estaba preparando su último espectáculo para una última gira de cuatro años. En este programa, los fundadores explicaban que no querían transmitir el circo a unos continuadores porque llevaban años batallando por un precario equilibrio económico y no querían sentirse culpables de un posible fracaso. Confieso que esta manera de cerrar esta aventura de más de treinta años me impresionó y compré enseguida entradas.
Así que el pasado viernes, con gusto me instalé en la fila más alta del circo para admirar este último espectáculo.
Como en el precedente programa, los espectadores están hundidos enseguida en un universo poético por las imágenes y la música. Si no son extraordinarios, los números dejan ver años de trabajo y cuerpos que se cansan poco a poco. Después de casi dos horas de espectáculo viene la hora de la despedida, con una imagen muy conmovedora.
¡Me encantó!

Hoy quise aprovechar un agradable día soleado. Hice otro largo recorrido rumbo al bulevar des Batignolles en donde organizaban un mercadillo y por suerte no encontré muchas tentaciones.

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