Caminando por París con Caol

Ir al contenido | Ir al menú | Ir a Buscar

17/05/2020

Libertad con cordura

El primer día del desconfinamiento, amanecimos con lluvia y renuncié a mi recorrido matutino. Largo día de trabajo y a las cuatro de la tarde bajé a la calle para ver cómo iban las cosas fuera.
La primera cosa que me impresionó fue la cantidad de gente en las calles del vecindario. Pero también noté que casi todos llevaban una máscara. Yo me escapé de mi barrio y pronto aproveché el fin de los límites geográficos y horarios para seguir rumbo abajo hacia la iglesia de la Trinidad. Luego caminé rumbo arriba por la calle Pigalle y pasé al pie del Sagrado Corazón para volver a casa.
Al llegar, vacilé entre la alegría de este rato de libertad y el miedo de una nueva sesión de confinamiento.

El martes por la mañana, mi recorrido fue una vuelta al pie de la colina de Montmartre. Al atardecer, caminé rumbo a la calle de Paradis en donde venden un zumo de limón y jengibre que me gusta mucho.

El miércoles por la mañana pasé por la plaza de la república y caminé por la orilla del canal Saint Martin. Al atardecer, pasé por las tiendas del mercado Saint Pierre antes de seguir rumbo al cementerio de Montmartre y de pararme en una de las pastelerías de Arnaud Larher.

El jueves tuve ganas de ver el rio. Caminé rumbo abajo, pasando al pie del Centro Pompidou y de la torre Saint Jacques para llegar en la isla de la cité al nivel del mercado de las flores. Caminé por la orilla del Sena rumbo a la plaza Dauphine y a la punta Oeste de la isla. Luego quise pasar por el patio cuadrado del Louvre, pero estaba cerrado por obras. Seguí rumbo al palacio real: el jardín estaba cerrado, pero uno podía caminar por las galerías que lo rodean. Luego seguí rumbo al norte y pude entrar en el pasaje de los panoramas semi dormido. Luego fue cuestión de seguir rumbo arriba para volver a casa: mucho cansancio, pero la alegría de volver a encontrar la ciudad.

El viernes fue más tranquilo. El paseo matutino pasó esencialmente por el distrito IX y él del atardecer se acabó en la tienda de Larher, en donde compré una nueva preparación helada para compartir con los vecinos.

Ayer tocó resolver el tema de las compras y, luego, comprobar que podemos compartir el mismo abono de internet con uno de los vecinos para cultivar el descrecimiento.
Por la tarde hice un largo recorrido por la calle de Turbigo que se estira desde la plaza de la República hacia la iglesia San Eustaquio, antes de caminar rumbo arriba hacia la colina de Montmartre. Me asombraron varias colas delante de tiendas de ópticos, de prendas o de decoración, así como la despreocupación de la gente en algunas calles de los barrios “bobo”.

Y hoy hice otro recorrido muy temprano, por los distritos II° y III°. El choque surgió delante del escaparate de una librería del bulevar Beaumarchais.

20200517.jpg

¡Ojalá sigamos con muchos libreros en el mundo después de la pandemia ¡

26/04/2020

Confinad@s (semana #6)

El hecho de instalarse en un confinamiento a largo plazo cambia las perspectivas. Alguno manifiesta cierto desaliento mientras otro pregunta en general como los demás viven la situación… Yo empecé a hablar de vacaciones con mi adjunta.
Resulta que su pareja trabaja en el ministerio de la cultura y están obligados a tomar cinco días de vacaciones antes del fin del confinamiento. Y a mi me queda un día de vacaciones del 2019. Así que acordamos que ella tomaba el miércoles y el jueves, mientras yo tenía el viernes libre.

Si repetí el ritual de la caminata antes de trabajar, cambié partes de la ruta y me quedé algunas veces un ratito delante del Sagrado Corazón para contemplar las luces del amanecer. Pero la disciplina del teletrabajo no deja mucho tiempo para extraviarse.

Otro cantar fue el viernes, día de vacaciones.
Para empezar, me marché de casa media hora más tarde y cuando llegué a la terraza del Sagrado Corazón, topé con la vecina de la quinta planta. Me contó que, al despertar sobre las cinco, había decidido de subir a la colina con su coche (tiene 82 años) y ya llevaba un ratito contemplando la ciudad.
Ya le enseñé varias fotos de mis madrugadas y quería saber de donde las había sacadas. Entonces le mostré varios puestos interesantes antes de invitarla a almorzar y de seguir corriendo rumbo abajo.

Ese día traspasé otra vez los límites reglamentarios de los paseos matutinos, abandonando el encanto de la colina para perderme cerca de la estación del Norte y de la estación de metro La Chapelle. Luego pude salir sin prisas para hacer una parte de las compras de la semana.
En medio día, mis vecinos de siempre llegaron y fue un agradable momento compartiendo el almuerzo. Dediqué la tarde a temas personales y por la noche pude perderme en una novela que compré unos meses atrás.

20200425.jpg

Ayer, hice de nuevo un gran recorrido pasando por la estación del Norte, en donde descubrí una nueva vista del Sagrado Corazón, antes de seguir rumbo al norte por la calle Pajol. El mercado de l’Olive permanece cerrado y no noté mucha vida en el vecindario. Y hoy, repetí casi el mismo camino, pero al revés.

Esta semana, también vimos varias veces un helicóptero dando vueltas encima de nuestro barrio, como si fuera vigilando a la gente. Lo cierto es que se ven muchos coches de policías, pero de momento, a mí no me controlaron.
De momento se celebra el principio del Ramadán, con mezquitas cerradas y distribuciones de comidas para los más necesitados. Y la gente empieza a temer el desconfinamiento.
Por suerte, dentro de poco, tendremos más informaciones acerca de este rompecabezas… Continuará

9/02/2020

Explorando manzanas

Dicen las noticias que el movimiento de protesta contra la reforma de las pensiones flaquea. Pero la verdad es que estamos lejos de la vuelta a la normalidad. Las plantas de incineración de basura dejaron de funcionar y en diez de los veinte distritos de París, los basureros dejaron de colectar las basuras...
Se ven amontonamientos abandonados en las aceras y todos temen las invasiones de ratas. Por suerte en mi barrio siguen colectando las basuras.

Yo aproveché unos atardeceres soleados para explorar la manzana bordeada por las calles Montgallet, Reuilly, Evrard y Charenton.

En esta zona casi cuadrada, varias calles peatonales comunican las construcciones y el pequeño jardín central. Varios edificios altos, largos y paralelos estructuran el espacio. Al pie de una de las barras se halla el pequeño jardín público, al lado de otra una escuela primaria puede acoger a los niños de la manzana. La urbanización asocia construcciones de alturas diferentes y locales para comercios en la planta baja. Mi primera visita fue al anochecer y al pasar por las calles peatonales, desiertas, de noche, pensé que sentir inseguridad debe de ser muy frecuente.

20200209.jpg

Volví más temprano el día siguiente y pude explorar más tranquilamente las calles interiores de la manzana.
Como lo intuía, en varios sitios cualquier pandilla puede esperarte para regalarte una mala sorpresa. Pero al atardecer vi esencialmente a padres y madres esperando a sus hijos.

También visité la iglesia de la manzana, Saint Eloi. Construida a base de metal, tiene una forma de trapecio, una decoración sobria y resulta muy luminosa.
Para acabar con la visita, atravesé otra pequeña zona de locales libres entre la calle Evrard y la calle de Charenton. Tampoco me gustó la sensación.

Hoy pasé por el distrito X en donde, en medio de una manzana, se halla una iglesia dedicada a San José artesano.
Para encontrarla es preciso pasar por una galería de una veintena de metros que lleva al patio en donde se halla la iglesia construida al principio del siglo XX.

El edifico tiene una forma relativamente sencilla, pero destaca (a mi parecer) por la presencia de cinco vitrales diseñados por un artista coreano en los años 2000.

Al salir de esta visita, constaté que la tempestad anunciada ya había empezado. Mucho viento sin lluvia… ¡Me alegró el atardecer!

11/11/2018

Gris

Ya llegó la temporada de los días cortos. Renuncié a mis caminatas de la madrugada e intento marcharme temprano de mi instituto para pasear al atardecer.

El martes, me encargaron que comprara una entrada para la exposición dedicada a Picasso que propone el museo de Orsay. Así que caminé rumbo al fórum des Halles en donde se halla la taquilla de la FNAC. El dependiente, muy amable, me preguntó la fecha planeada para visitar la exposición y luego me propuso varios horarios. Pedí las 13 y me anunció que tendría que presentarme con media hora de antelación. Confieso que eso me quitó las ganas de acompañar al amigo que quería ver esa exposición.

El día siguiente, empecé a visitar varias tiendas en busca de unos detalles para decorar mi casa de Borgoña. Encontré pocas cosas interesantes y me asustaron sus precios...
Así que volví a escudriñar las ofertas en un sitio de segunda mano y el sábado, a pesar de la llovizna, caminé rumbo al ayuntamiento del distrito X para comprar el pequeño banco que había reservado.
Llegué temprano así que pude pasar por el mercado Saint Martin y visitar varias tiendas de la calle du Chateau d’eau. En esta zona se ven cada día más tiendas que proponen objetos de decoración.
Entré en la “Trésorerie” (instalada en el antiguo edificio de haciendas) en donde vi perchas bastante originales. En otra tienda vi una magnífica cabeza de gacela estilizada. En ambos sitios, los precios de esos objetos no eran compatibles con mi presupuesto :-(
Total, volví al lugar de la cita y por 15 euros conseguí el banco que quería.
Luego, la maquinista de mi autobús de siempre no aceptó que subiera con mi trofeo (supuestamente peligroso en caso de accidente) así que tuve que volver a casa caminando. Esta prueba deportiva me hizo olvidar el enojo y además aprendí que la dimensión más grande de tu equipaje no puede superar 75 centímetros. Mi trofeo mide 79 centímetros...

Hoy amanecimos con lluvia, cielo gris y la celebración del armisticio de noviembre de 1918.
A las once, tocaron todas las campanas del Sagrado Corazón y poco después, vi pasar un grupo de aviones de caza encima de mi casa.
Para no perder la moral, quedé con unas amigas para compartir unos pasteles de Arnaud Larher.

20181111.jpg

Así fue como pudimos resistir agradablemente al circo conmemorativo mientras más de mil personas manifestaban en la plaza de la República contra la presencia de Trump.

12/08/2018

Última semana

Ya se marcharon muchos parisinos y eso deja espacio para que topes con gente que no sueles encontrar.
El lunes, en la estación de autobus, un hombre me interpeló:

- tu eres blanca

Yo no me pienso en termino de color de piel así que contesté:

- yo soy una humana.
- yo soy negro.
- tu eres un humano también.
- ¡No! Cuando eres negro no eres humano

El hombre se marchó rumbo a la distribución de comida de la armada de la salvación. ¿Pero qué se puede responder a una frase tan tajante?

Lo cierto es que cerraron el centro de alojamiento de la puerta de la Chapelle y que los policías se llevaron a todos los refugiados que acampaban por esta zona. Algunos vecinos cuentan que cortaron el agua que alimentaba el lavamanos colectivo instalado en la plaza de la Chapelle y eso hicieron justo cuando empezó la canícula… Y las asociaciones que preparan centanas de comidas diariamente anunciaron que tenían que dejarlo unas semanas porque sus voluntarios se van de vacaciones.
Así que a partir de estos elementos, se entiende que uno considere que no le tratan como a un humano.

Yo estaba requete agotada por la canícula y renuncié durante varios días a mis caminatas cotidianas. Después de la lluvia del jueves, las temperaturas volvieron a 25 grados y el viernes, al amanecer, fui caminando hacia el ayuntamiento.
Llevaba tiempo sin pasar por esta zona céntrica y me impresionó la cantidad de gente durmiendo en cualquier rincón. Gente desalojada, gitanos o vagabundos... Los refugiados no han llegado a esta zona... y los políticos se marcharon de vacaciones como muchos parisinos.

En la estación de Bercy, había mucha gente en el patio de los autobuses y para los trenes, casi no quedaban asientos.

20180811.jpg

Yo voy a pasar unos días en el jardín donde veranea mi gatita.
¡Hasta pronto!

- página 1 de 3