Caminando por París con Caol

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10/11/2019

Las luces del atardecer

Ya que los días siguen menguando, el nuevo juego consiste en marcharse temprano de la oficina para disfrutar las luces del atardecer.

El lunes no fue un gran día porque la llovizna me acompaño un rato en el largo camino que me llevaba a casa. Pero con gusto atravesé una parte todavía muy popular del distrito XI, antes de llegar al canal Saint Martin en donde ya no hay gente tomando copas en la orilla.

El martes fue más generoso.
Al salir de la estación de metro Tuileries, pasé por el gran jardín rumbo a la plaza de la Concordia. De paso pude apreciar el vestido otoñal de los árboles, así como algunas obras olvidadas por la Feria internacional de arte contemporáneo. Cuando llegué a la plaza de la Concordia, la puesta de sol iluminaba la torre Eiffel...
Luego seguí rumbo a la iglesia de la Madeleine y me asombró la cantidad de obras en la muy selecta calle Royale.
Más adelante, la calle Tronchet me llevó a la zona de los grandes almacenes y si me paré a mirar las fachadas, no entré en estos templos de la tentación.

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En esta zona ya están instalando las decoraciones de Navidad...

Al pasar por la calle de la Rochefoucault pensé que todavía no visité el museo Gustave Moreau, pero estaba cerrado por obras.

Al día siguiente volví al barrio de la Madeleine y pasé por la calle de la arcada que lleva directamente a la estación Saint-Lazare. En la parte sur de la calle, se ven hoteles de lujo y tiendas de categoría incluyendo una sastrería. Pero al acercarse de la estación, se ven comercios más normalitos.

Unos años atrás, transformaron una parte de la estación Saint Lazare en centro comercial. Entre este lugar y la iglesia de la Trinidad, casi todos los edificios albergan oficinas, lo cual significa mucha agitación diurna y un barrio con poca vida por la noche. :-(

La sensación cambia al pasar por la calle de la Tour des Dames.
Transformaron el antiguo edificio de la compañía de electricidad en centro de deportes y esta evolución me pareció muy acertada ya que, desde la calle, puedes contemplar la pared de escalada interior y los entrenamientos, así como divisar las actividades en la cancha superior. Total, el sitio resulta muy atractivo y da ganas de apuntarse.
Más adelante, otra casa alberga un centro de acogida de día para ancianos que sufren alzhéimer. Pero no cambiaron las demás construcciones de la “Nueva Atenas”.

Seguí por el distrito IX y la lluvia me pilló cuando llegaba a la plaza Pigalle.
La boina y el impermeable todavía están secando y puse un paraguas en la mochila.

14/04/2019

Con sol fresquito

Después de varios días de mucho trabajo y de muchos compromisos, quise dedicar este fin de semana a esos recorridos que tanto me gustan. Y como no quería correr el riesgo de topar con algún grupo de chalecos amarillos, seguí paseando por el distrito XV.

Mis recorridos empezaron rumbo al Este a partir de la estación de metro Convention.
El sábado organizaban una venta de objetos de segunda mano así que pude hacerme una idea de la sociología del barrio al mirar los puestos: objetos de diseño o de buen nivel cerca del metro, trastos de todas clases al acercarse de la zona de viviendas sociales que bordea los carriles de la estación Montparnasse.
Percibí la misma sensación de barrio de buen nivel económico al pasar de nuevo allí esta mañana y al contemplar las mercancías del mercado dominguero. Luego un sencillo vistazo hacia las estadísticas me confirmó lo que intuía: los ingresos en el distrito XV son 50% más elevados que en mi modesto barrio.
Yo aproveché esas visitas para comprar una serie de colgadores y para probar un delicioso pastel de naranja.

Las calles que seguí rumbo al Norte me llamaron la atención esencialmente por la presencia de varias torres, justo al lado de construcciones de otros siglos. Preferí seguir por el Bulevar Pasteur, rumbo al distrito VII y pasé por la muy tranquila avenida de Breteuil, en donde el único almacén es una droguería.
En el césped central, dos equipos de jóvenes bien educados estaban jugando frisbee mientras algunas mujeres paseaban con sus perritos.
Al pie de la iglesia de los Inválidos, una treintena de dueños de coches de colección comparaban los accesorios de sus tesoros.

Seguí rumbo al norte, crucé el Sena y así fue como pude pasar un rato mirando la fila impresionante de los corredores del maratón de París. En este punto, un grupo de tambores estaba tocando para animar a los deportivos y regalarles un ritmo festivo.

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En los Campos Elíseos, el tráfico automóvil estaba prohibido y los policías intentaban controlar el paso de la gente. Yo seguí rumbo al Norte y al pasar al lado de San Agustín constaté que todavía quedan grupos de católicos que celebran el domingo de Ramos.

Al llegar a la plaza de las abadesas, noté otro mercadillo de segunda mano, pero supe resistir a las tentaciones :-)

10/02/2019

Aprovechando algunos rayos de sol

La semana empezó mal porque descubrí que las polillas ya habían destruido una parte de la gran alfombra roja enrollada debajo de mi cama. Llamé al vecino, comprobamos los daños y pronto llegamos a la conclusión que no tenía más remedio que sacar la alfombra de casa y bajarla a la calle para que la lleven los basureros. El vecino me echó una mano y bajamos el objeto a la calle. Y faltó poco tiempo para que alguien se lo lleve a pesar del cartelito avisando que era un campo de polillas.

Después de esta contrariedad, pensé que ya era hora de encontrar otra alfombra y de visitar algunas tiendas Y así fue como decidí recorrer el bulevar Raspail a partir de la calle de Rennes para mirar las tiendas de decoración que se hallan en esta zona.

Curiosamente, en frente del “Bon Marché”, noté una cantidad impresionante de camiones de policía y los paseantes también parecían muy asombrados. Más adelante vi llegar una compañía de unas centenas de policías con todo el equipo para las manifestaciones. Me asombró porque yo tenía entendido que los chalecos amarillos habían convocado la manifestación al pie del Arco de Triunfo y pensé un rato que los policías estaban protestando porque ya estaban hartos de pelear todos los sábados contra los malditos chalecos amarillos. Pero pronto constaté que sólo se trataba de un movimiento de tropa.
Aproveché un momento de tranquilidad para visitar una de las tiendas que me interesaba y pude constatar, al tocar una de las alfombras que había notado, que no tenían la calidad que esperaba.
Más adelante aparecieron algunos chalecos amarillos relativamente pacíficos, pero casi todas las tiendas permanecían cerradas y llegué a la conclusión que tendría que volver en otro momento para mirar las alfombras.

Seguí el bulevar Saint Germain rumbo a la Asamblea Nacional y quise pasar por el puente de la Concorde pero una fila de vehículos policiales impedía el paso. Entonces caminé rumbo a la pasarela que cruza el Sena al lado del Museo de Orsay. En el jardín de las Tuileries, las únicas opciones eran caminar rumbo al norte o rumbo al Este. Todas las rejas del extremo Oeste estaban cerradas pero por lo menos dejan la posibilidad de contemplar une plaza de la Concordia casi desierta.

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Yo tenía el proyecto de visitar una tienda que se halla en los Campos Elíseos, pero tras encontrar barreras de policía en cada esquina, renuncié también a esta visita y seguí rumbo al Norte, hacia la colina de Montmartre.

Hoy pasé un gran rato en el BHV, el gran almacén que se halla al lado del ayuntamiento. En la planta baja encontré todo lo que necesitaba para restaurar una lámpara, pero en la planta dedicada a la decoración, no encontré los productos que esperaba.

Finalmente, empiezo a entender la inquietud de los comerciantes porque en casi todas las tiendas que visité no había muchos clientes...

20/01/2019

Joan Miró en París

Llevaba siglos sin visitar alguna de las numerosas exposiciones disponibles en la ciudad de las luces. Mis amigos jubilados suelen darse citas entre semana y como no sé cuándo puedo escaparme de la oficina, renunciaron a convocarme. Y yo tampoco escudriño el programa de las exposiciones para escoger las que podrían interesarme y visitarlas por mi cuenta.

Resulta que uno de mis amigos quiso hacerme un regalo de cumpleaños y compró dos entradas para la exposición dedicada a Joan Miró en el Gran palacio, el domingo a las quince.
Confieso que me asusté un poco cuando vi la fecha, la hora y las estadísticas sobre las horas de frecuentación de la exposición. Pero allí estuvimos y pude estudiar la organización de las colas.

No sirve llegar con más de quince minutos de antelación porque la cola de tu horario todavía no existe. Cuando llega la hora menos quince minutos, te orientan hacia una cola mientras acaban de dejar entrar a los de la cola del horario anterior, por grupos de mas o menos diez personas.

Yo formaba parte del segundo grupo que entró y tras pasar por el control de seguridad y el control de los billetes, pude acceder al espacio de exposición.

Me asombraron las obras presentadas en las primeras salas, muy inspiradas por el fauvismo. Pero pronto encontré obras que más me gustan y sacar algunas fotos para recordar este momento.

Curiosamente, a pesar de la gran cantidad de personas presentes en las salas, siempre pude mirar las obras que me interesaban sin interferencias visuales con otras personas. Por cierto, en la sala dedicada a los cuadros azul, había un banco para sentarse, pero no permitía apreciar las obras.

Si no encontré el original de la imagen que cuelga encima de mis sueños, varias obras me recordaron la visita que hice, en el pasado siglo, en la fundació Joan Miró de Barcelona. Tendré que volver allí...

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Después de dos horas de visita, pasamos por la librería del museo en donde mi amigo completó el regalo de cumpleaños con el catalogo de la exposición y dos imanes que ahora adornan mi nevera.

23/12/2018

Tregua navideña

Como lo imaginaba, la última semana laboral entera del 2018 dejó poco espacio para caminar.
Sin embargo, pude pasear por el muy burgués distrito VIII, desde los Campos Eliseos, rumbo a la plaza de Clichy.

Como siempre las iluminaciones de la famosa avenida parisina, vestida de rojo, me parecieron suntuosas. Y cerca de la estación de metro Franklin-Roosevelt no se veía la más mínima huella del desorden provocado por los chalecos amarillos. Lo cual demuestra que en algunos barrios son capaces de arreglar las cosas en un santiamén... Pasé por la pequeña calle Jean Mermoz en donde pude descubrir varias galerías de arte. Luego la calle de Penthièvre me llevó a la calle de Miromesnil en donde pude admirar varias tiendas de categoría. Al final de la calle, el bulevar des Batignolles me llevó a la tienda en donde me esperaban mis nuevas gafas...

En mi asociación de siempre, una de las personas que ayudamos a controlar las herramientas infórmaticas nos hizo una grata sorpresa. Aunque no tenga mucho dinero, había comprado una bolsita de chocolates para agradecernos por todo lo que aprende con nosotros. Ahora no tendremos otra opción que seguir regalando tiempo para ayudarla.

Y ahora toca disfrutar de los largos puentes regalados por mi instituto.
¡Que tengan felices fiestas y que el 2019 sea muy generoso con vosotros!

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