Caminando por París con Caol

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19/02/2017

Decadencia y emergencia

El pasado miércoles, mientras volvía a casa, anunciaron en el metro que la estación Barbès estaba cerrada. Me esperaban en una asociación así que no tenía tiempo para indagar, pero según tengo entendido, se trataba de una manifestación para protestar contra las violencias policiales y, como pasa a veces en este barrio revoltoso, una parte de la manifestación se convirtió en pelea con los policías.
Ayer por la tarde, pude contemplar desde mi balcón una escena bastante divertida. Cinco manifestantes con portavoces caminaban lentamente por la calle e invitaban la población a protestar contra las violencias policiales. Mientras tanto, cuatro personas distribuían folletos en la acera.
Veinte metros detrás de estos manifestantes, cinco policías cumplían su misión de protección de las manifestaciones. Y a continuación se formó un largo atasco.
Hoy organizaban una manifestación en la plaza de la República para denunciar la ausencia de ética de los elegidos.
La prórroga del estado de emergencia, el cansancio acumulado por los policías y los militares, las violencias policiales y ahora las revelaciones acerca de los diferentes candidatos presidenciales crean una situación peligrosa de exasperación generalizada entre los ciudadanos de a pie.
Y cuando comentan la campaña presidencial, la frase más frecuente es: “¡Nunca hemos visto tal cosa!”.

Yo necesitaba cambiar de perspectiva, así que tomé un autobús que me llevó directamente al puente del Alma.
En la orilla derecha del Sena, se ve la copia de la llama de la estatua de la libertad regalada por los norteamericanos.
En la orilla izquierda, desalojaron el instituto de meteorología galo para dedicar una parcela a la construcción de la catedral rusa de la Santa Trinidad y yo tenía ganas de ver esta construcción.

Lo primero que se nota es el conjunto de cinco cúpulas doradas, pero globalmente se inserta armoniosamente en esta esquina de la avenida Rapp.

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Después de contemplar su forma exterior, pasé por el control instalado en el centro cultural y pude entrar en la catedral.
Estaban celebrando la “Divina Liturgia” y confieso que las “voces rusas” me impresionaron. Luego también me gustó el diseño interior de la catedral y su preciosa iluminación natural. Entre las personas presentes, bien se veía que la mayoría formaba parte de la comunidad ortodoxa. Así que no quise molestar y me marché rápidamente. Volveré...

Luego pude entablar una larga caminata por la orilla del Sena (en donde ya no hay coches) rumbo al mercado de las flores. Allí pasé un rato contemplando los pajaritos antes de cruzar el Sena y de seguir rumbo al norte.

6/03/2016

Más exploraciones...

Casi todos los parisinos consideran que el bulevar periférico coincide con el límite administrativo de París. En realidad en varias partes de la circunferencia algunas calles o grupos de casas se hallan más allá de este bulevar y forman parte del territorio parisino.
En la puerta de Vincennes, la calle « parisina » comunica viviendas sociales y proporciona aparcamiento a la larga fila de camionetas que sirven de casa a unas familias romaníes.
En la puerta de Montreuil, la plaza « parisina » alberga un mercado de segunda mano.

Al atravesar el perifírico, uno encuentra las viviendas sociales de ladrillo rojo construidas al principio del siglo XX. Estos edificios separados por pequeños jardines tienen globalmente buen aspecto y algunos incluso tienen un toque majestuoso.

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Pero estos altos edificios albergan una población desfavorecida con una gran proporción de parados y bajos ingresos. Y esta gran zona también forma parte de las zonas de seguridad prioritarias desde finales de 2013.
A menos de quinientos metros, en la calle que bordea unos campos de deportes, otras camionetas albergan los que ya no pueden pagar el alquiler de las viviendas sociales.
Curiosamente hay una calle del porvenir en París y se halla en el distrito XX. Pero como si fuera una mala broma, se trata de un callejón sin salida.

Otras sensaciones tuve al caminar desde la estación de metro Pasteur rumbo al Louvre. Comercios en la calle de Sèvres, edificios residenciales o ministerios en la calle Vanneau… constaté una vez más que el distrito VII sigue tan aburrido como siempre.

Ayer en el supermercado, todos los clientes hacían cola en la zona de las cajeras. Uno de los responsables, espantado por la cantidad de gente esperando, informó a los clientes : « Acérquense de las cajas automáticas, no hay nadie ». Pero nadie quiso renunciar al contacto con la cajera.
« ¿Le explicamos al responsable que hacer cola es en un acto político ? »
Y tras intercambiar algunas sonrisas, seguimos esperando.

Hoy asistí a mi primer concierto de músicas electrónicas experimentales en el 104. Si la primera parte resultó soportable, durante la segunda, pensé que el infierno debía de ser un lugar con un ruido parecido al que se oía. Pero sobreviví.