Caminando por París con Caol

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29/01/2017

Tercera semana de rebajas...

A pesar del frio, no renuncié a mis caminatas matutinas.
Así fue como pude contemplar el espectáculo improbable de un cargamento de zanahorias, invadiendo una parte de la calzada debajo de la estación de metro Barbes-Rochechouart, bajo el control atento de media decena de policías...

El día siguiente, mientras cruzaba el Sena por el “pont au Change”, el sol naciente me regaló una imagen diferente del puente Notre Dame.

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Al pie del puente, las gaviotas descansaban sobre el agua sin hielo del rio. Yo seguí por la isla de la Cité antes de perderme por el barrio latino, rumbo al distrito XIII. Ese día descubrí la villa Auguste Blanqui, pequeño callejón sin salida que comunica edificios de dos o tres plantas, separados par patios llenos de arbustos. Al final del callejón, transformaron un trozo de acera en terraza vigilada por un grupo de personajes de terracota, espacio abierto, diciendo la confianza hacia los visitantes. Y esa sensación se confirmó cuando me saludó el único vecino que encontré.
¡Vaya contraste con las torres aplastantes de este distrito!

El viernes por la noche, pasé debajo de la Canopée y constaté que habían instalado 12 estatuas creadas por Liu Yilin y representando los doce signos chinos. No tenía prisa así que examiné todas las creaciones. Como entramos en el año del gallo, la estatua del gallo tenía el sitio más destacado, entre el caballo y el dragón. No me gustaron mucho la rata y la serpiente, vestidas de verde. Me encantaron la liebre, el gato y el perro. Las demás estatuas me parecieron más sosas.

Ayer evité la zona de celebración del nuevo año chino para pasear por el distrito VI y aprovechar los últimos días de rebajas.
En este distrito relativamente favorecido, había gente comprando por todas partes. Yo visité media docena de tiendas, pero sólo compré calzado de senderismo.

Hoy noté el mismo nivel de frecuentación en las tiendas que se hallan en el centro de París. En el Bazar del ayuntamiento, había una cantidad increíble de clientes buscando alguna ganga, así que pronto me escapé.

Y ahora toca volver a repasar lo que ya me enseñaron en el conservatorio de Artes y Oficios ya que el jueves tenemos la primera prueba del año.
¡Vaya estrés!

20/11/2016

Momentos...

Mi semana empezó contemplando a los dormilones del tren de la madrugada. Viven lejos de París y aprovechan la hora y pico del trayecto para retomar el sueño abandonado mientras iban a la estación como sonámbulos.

El miércoles por la noche, una de las mujeres que asistían a las clases que doy en una asociación de mi barrio me preguntó cuándo se votaba para las elecciones presidenciales. Se había enterado de la organización de un voto en relación con la elección del nuevo presidente el próximo domingo, pero no había entendido que se trataba de seleccionar a un candidato. Yo le regalé unas aclaraciones factuales y se tranquilizó.

Ayer, en una escuela de mi barrio, formaba parte de los adultos invitados por los padres y madres para presentar su profesión a los alumnos de la secundaria. La asamblea contaba con varios profesionales del audiovisual, así como periodistas, informáticos, grafistas, ingenieros, trabajadores sociales, animadores culturales, agentes inmobiliarios... Pero también noté a una especialista de ergonomía, un agricultor (procedente del Suroeste) y un jardinero-conferencista.
Yo dediqué más de dos horas a explicar mi profesión a la treintena de niños que se pararon delante de mi mesa. La pregunta que más me asombró trataba de mis horarios de trabajo: ¿Cómo explicar que, en algunos oficios, los horarios no tienen tanta importancia? También me divirtió la niña que me preguntó qué había construido en mi instituto. Algunos se asustaron cuando hablé de matemáticas o de varios años estudiando después del bachillerato... La que más me conmovió fue esa chinita confesando que no entendía nada de ciencias y que cuando pedía aclaraciones a su profesor, entendía todavía menos. Yo intenté regalarle algo de confidencia en su capacidad de comprensión y un rato más tarde, volvió a mi mesa con unas compañeras extras.
Sobra decir que el ejercicio es básicamente agotador. Pero las sonrisas de los niños compensaron de sobra el cansancio.

Por la tarde hice un gran recorrido por el distrito VI. Al lado de la estación Port Royal, un grupo de personas arrodilladas ocupaba la acera para protestar contra el aborto. Pero por las demás calles de este barrio, se veían esencialmente personas saliendo de compras. Yo visité algunas tiendas que me gustan, pero los productos de la temporada no me interesan. Así que acabé en la calle de Bucy en donde hay un café que prepara chocolates a la vienesa muy ricos...

Hoy no pude resistir a la tentación de pasar por el colegio electoral de la primaria de la derecha. Cuando llegué había pocos votos y por las preguntas que hice creo que los asesores pensaron que controlaba el colegio para uno de los candidatos. Si supieran...

Luego aproveché el resto de la mañana para visitar algunas callecitas cerca de la calle Championnet en donde conservaron construcciones bajitas. Algunas tienen encanto pero basta con pensar con los enlaces de transportes para dejar de soñar.

Y ahora toca esperar el resultado de las primarias...