Caminando por París con Caol

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4/08/2019

Explorando tiendas

Últimos días de Julio, primeros de Agosto: algunos vuelven de vacaciones, otros se van y yo me quedo porque me gusta estar en París en este momento del año.

Yo sigo buscando una cerradura algo específica, porque une pintora que conozco me regaló un antiguo mueble fichero con persiana, que había decorado e instalado en su casa anterior. La pintura que adorna la persiana me gusta muchísimo y quiero restaurarlo correctamente. Total, visité varias ferreterías.

En la calle d’Avron, la tienda “Les forges de l’Est” siempre me llamó la atención porque propone herramientas de muy buena calidad en un barrio bastante popular. Si tuve que esperar un ratito, me atendieron muy amablemente. Expliqué lo que buscaba y como no lo tenían me indicaron la dirección de otra tienda especializada en ferretería del mueblista.

Me fui corriendo a este lugar y, después de dibujar el objeto codiciado, me regalaron otra vez una respuesta negativa. Pero el dueño, muy majo, me propuso que volviera a principios de septiembre par apuntar esta cerradura a un pedido más importante.

Seguí al azar, rumbo a una tienda que había notado en el bulevar Jules Ferry. Pero sus horarios de verano resultan incompatibles con mis horarios laborales.

El miércoles, hice otro intento por teléfono con una tienda del Faubourg Saint-Antoine que se llama “a la providence”. El señor que me contestó entendió perfectamente lo que buscaba, pero no lo tenía y me propuso una solución alternativa.

Entonces al salir de la oficina, fui al BHV cuya planta subterránea siempre fue famosa por la cantidad de piezas que proponen para reparaciones de todas clases.
Desgraciadamente, este almacén sigue buscando su identidad y después de varios experimentos más o menos acertados, ahora remodelaron la planta subterránea. Se acabó la cueva de Ali Baba y, por supuesto, no encontré la cerradura.
¡No tendré otra opción que pedirla en Internet!

Al salir del BHV seguí rumbo al Norte por el Marais. En esta parte de París, la buena vida se nota en la categoría de las tiendas y en la frecuentación de las terrazas de café.

Esta semana también pude admirar tranquilamente el oso polar que algún artista instaló encima de las rejas de ventilación del metro. Me alegró el día.

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Y para bien acabar con esta semana veraniega, visité otra vez la heladería que se halla al lado de la plaza Daumesnil. Sorbete de cacao, sorbete de naranja con trocitos de corteza de naranja confitada y helado de jengibre...
¡Riquísimo!

5/05/2019

¡Adiós Abril, arriba Mayo!

Empecé la semana por un largo recorrido que me llevó de la puerta de Vincennes al parque de la Villette. Allí tuve la grata sorpresa de ver una nutria nadando tranquilamente para cruzar una pequeña dársena. Lo cual demuestra que no vamos tan mal con el medio ambiente en algunas partes de París.

El día siguiente nos regaló un rayo de sol y lo celebramos con una colega, compartiendo un plato de ocho perfumes diferentes de helado, en la terraza soleada de Raimo, antes de volver a la oficina por la “senda verde”.

El miércoles tocaba celebrar el día de los trabajadores.
Estaba a punto de marcharme de casa cuando anunciaron en las noticias que ya había pelea entre los policías y los bloques negros cerca de Port Royal. Total, renuncié a reunirme con mis amigos en Montparnasse y caminé rumbo a Notre Dame.
Alrededor de la catedral instalaron varias vallas con policías para impedir el acceso a su perímetro inmediato, pero aún así es posible acercarse bastante para contemplar los daños provocados por el incendio. Yo noté una cantidad increíble de turistas y constaté una vez más que los precios en las zonas turísticas son mucho más elevados que en las otras zonas de París.
Seguí par la isla Saint Louis rumbo a la estación de Austerlitz y desde este punto, pude divisar una impresionante colección de furgonetas de policía. Preferí seguir lejos de la manifestación.

Al día siguiente mis compañeros me contaron que los policías parecían muy nerviosos y algo cansados. Eso explica probablemente que hayan disparado contra el camión de la CGT o hayan tirado varias veces gases lacrimógenos hacia militantes pacíficos. En cuanto a la dispersión, mis amigos tuvieron que atravesar una zona de control individual antes de poder salir del recorrido de la manifestación. Y ahora empiezan a preguntarse si Francia todavía es una democracia...

Ayer tocaba enseñar el mercado de las pulgas a dos viajeras de Valencia.
A pesar de la lluvia y del frío, pudimos pasar por los mercados de siempre y constatar algunos cambios. En el mercado Biron, pocas tiendas estaban abiertas en la callejuela que prefiero, pero una galería transformó la pared Oeste en espacio de exposición y allí pudimos admirar varias obras interesantes.

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Y hoy constato con alegría que la gata ya se apoderó del sillón de jardín que le regalé. Creo que tiene buena vida.

21/04/2019

¡Me duele!

El lunes por la noche, ya estaba en casa cuando me enteré del incendio de la catedral de París al escuchar mi radio de siempre. El periodista parecía preocupado por la amplitud del fuego, pero era imposible imaginar lo que me enseñaron las imágenes encontradas en Internet.

Yo no formo parte de los beatos, más bien de los anticlericales empedernidos, pero Notre-Dame es una iglesia muy especial, en donde se nota el trabajo del artista-artesano en un montón de detalles. Así que, para hacerme una idea del acontecimiento, caminé cuesta arriba por la colina de Montmartre y llegué a la plaza del Sagrado Corazón. Desde este punto se veían muy bien las llamas devorando la estructura del tejado y como centenas de personas, me quedé de pie, escudriñando los progresos del fuego y de los bomberos.

Justo a mi lado había una mujer, medievalista, muy preocupada porque había tenido la oportunidad de admirar la colección impresionante de vigas que soportaban la flecha y el tejado. Me explicó que las ojivas permiten instalar un techo interior que, normalmente, protege el interior de la nave de los incendios de la parte superior. Entonces empezamos a esperar que las ojivas sigan de pie y que los bomberos acaben con este fuego.

Al anochecer, desde la colina de Montmartre, el incendio se hizo más evidente. Los bomberos ya habían compartido sus inquietudes acerca de la estructura del edificio y todos empezamos a temer que las torres se derrumban. Yo no quise ver este espectáculo y volví a casa.

Al día siguiente, al despertar, descubrí con alegría que las torres seguían de pie. Pero a pesar de la avalancha de noticias que pude consultar, hacerse una idea de la amplitud de los daños resultaba imposible. Así que al salir de casa hice un desvió para pasar al pie de la catedral.

Cuando llegué al puente de Saint Michel, constaté que el acceso a la plaza de Notre Dame quedaba prohibido. Seguí por la orilla izquierda y constaté que varias mangueras de incendios seguían activadas. Las torres no parecían muy lastimadas y el gran rosetón de la fachada Sur seguía entero.
Seguí dando la vuelta alrededor de la catedral por le puente de la Tournelle y luego por el quai d’Orléans y lo que más me impacto fue la cantidad impresionante de equipos de periodistas procediendo de todo el mundo para comentar el acontecimiento. Yo saqué algunas fotos antes seguir rumbo a la orilla derecha y la estación Saint-Paul.

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El martes, uno estimable profesor de musicología (que forma parte de mis vecinos) me contó que el organista de la catedral estaba desesperado porque si el magnífico órgano de Notre Dame no fue destruido, fue considerablemente lastimado por el agua de los bomberos y necesitará una renovación de varios años.

Luego, cada día llevó su cuenta de malas y buenas noticias.
La peor de todas fue escuchar al niño caprichoso que vive en el palacio del Elíseo, decir que la reconstrucción tardaría cinco años.
La mejor fue escuchar a esos propietarios de bosques que propusieron regalar las vigas de roble necesarias para reconstruir el tejado.
¡Este pueblo nunca se rinde!

31/07/2016

De tiendas

El campamento de la estación Jaures cambió de forma: ya no ocupa las canchas de baloncesto pero delante del edificio de "France Terre d'Asile", se ve una alineación de personas tumbadas en la acera, con manto o saco de dormir para las más dichosas...

Otro ambiente se nota cerca de la plaza Chatelet.
Pasé cerca de la orilla del Sena y constaté que ya instalaron los equipos de París Playa. En la tienda de jardinería que visité, la gente buscaba soluciones para dejar reservas de agua a sus plantas antes de marcharse de vacaciones. Yo buscaba una maceta para uno de los cactus que tengo en la oficina. Preocupaciones obviamente a años luz de los problemas de los refugiados.

Ese día pasé por algunas tiendas cerca de la fuente de los Inocentes. Pocas veces encontré a dependientes tan despistados. El primero no conocía los colores de los zapatos de su tienda. La segunda tardó casi quince minutos para cobrar porque no controlaba bien su caja. La tercera me dijo que iba a llamar a un colega pero tardó apenas quince metros para olvidarlo.
Yo no tenía prisa y suelo adaptarme a estas situaciones. Pero entiendo que estos tratos puedan despistar a algunos turistas.

El jueves también visité el "Bazar de l'hotel de ville". Remodelaron una vez más la organización de las plantas pero encontré rapidamente lo que buscaba. Allí la gente estaba buscando ideas para decorar su casa, sin prisa pero con exigencias en cuanto a la atención de los dependientes y eso también produce un ambiente peculiar.
Luego pasé por una tienda de muebles y allí se notaba un ambiente de fin de rebajas, con productos presentados pero indisponibles y productos disponibles que no podías ver...

Volví a casa caminando.
En la parte de la calle Montmartre que se halla entre la calle Etienne Marcel y la calle de Aboukir, la sucesión de terazas de café a tope de treintañeros disfrutando del atardecer me hizo pensar que en algunas zonas, la vida parisina es muy agradable.

21/02/2016

Prematura primavera

Ultimamente, cuando me marcho de casa por la mañana, me acompaña el canto de los mirlos de mi barrio. El primero se esconde sobre un tejado de la calle Myrrha, el segundo vive en el jardín Leon, el tercero escogió un patio de la calle Saint Luc y el último se instaló en el jardín de la iglesia de Saint Bernard. A veces me paro e intento constestar a uno de estos, repitiendo su última frase pero no tengo mucho éxito. Lo cierto es que un día que empieza con el canto de los mirlos no puede ser totalmente malo :-)

Esta semana era la última semana de clases antes de las vacaciones de febrero. En el autobús matutino estaba al lado de un grupo de adolescentes, repasando sus cursos antes de una prueba de examen del bachillerato. Se centraban en la construcción europea, convocando varios sociólogos y economistas en medio del proceso y enunciando algunos resúmenes algo escuetos. De repente, mencionaron un nombre pero eran incapaces de recordar quien era este tío. Total solté dos frases para ubicar la obra de este señor. Los mozos me agradecieron pero enseguida me preguntaron como conocía eso. Y cuando contesté que lo sabía por mi compromiso político, se tranquilizaron. Espero que les sirvió la información :-)

Poco después encontré militares vigilando delante de dos institutos escolares importantes. Por primera vez pensé que estos controles generalizados por el estado de emergencia podían tener una utilidad.

Hoy dediqué un ratito a cuidar las plantas de mi balcón. Si el frío de enero acabó con algunas plantas kalanchoe, parece que estimuló una de mis plantas sedum que ya lleva flores.

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Total quise celebrar esta prematura primavera e hice un gran paseo desde la plaza de la nación rumbo al centro Pompidou.
En la calle del Faubourg Saint-Antoine, son muy pocas las tiendas que no respetan el cierre dominical pero hice una parada en la librería « l’Arbre à lettres » en donde compré tres libros : un español, un chileno y un salvadoreño :-)
En la plaza de los Vosgos, pocas cosas me entusiasmaron en los escaparates de las galerías de arte. Luego en la calle des Francs Bourgeois, encontré un sinfín de gente, invadiendo las tiendas de moda. Al ver eso, pensé que la apertura de los domingos no es un verdadero progreso...
Total para reconfortarme pasé por la pastelería de la calle Rambuteau y luego volví a casa.

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