Caminando por París con Caol

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31/07/2016

De tiendas

El campamento de la estación Jaures cambió de forma: ya no ocupa las canchas de baloncesto pero delante del edificio de "France Terre d'Asile", se ve una alineación de personas tumbadas en la acera, con manto o saco de dormir para las más dichosas...

Otro ambiente se nota cerca de la plaza Chatelet.
Pasé cerca de la orilla del Sena y constaté que ya instalaron los equipos de París Playa. En la tienda de jardinería que visité, la gente buscaba soluciones para dejar reservas de agua a sus plantas antes de marcharse de vacaciones. Yo buscaba una maceta para uno de los cactus que tengo en la oficina. Preocupaciones obviamente a años luz de los problemas de los refugiados.

Ese día pasé por algunas tiendas cerca de la fuente de los Inocentes. Pocas veces encontré a dependientes tan despistados. El primero no conocía los colores de los zapatos de su tienda. La segunda tardó casi quince minutos para cobrar porque no controlaba bien su caja. La tercera me dijo que iba a llamar a un colega pero tardó apenas quince metros para olvidarlo.
Yo no tenía prisa y suelo adaptarme a estas situaciones. Pero entiendo que estos tratos puedan despistar a algunos turistas.

El jueves también visité el "Bazar de l'hotel de ville". Remodelaron una vez más la organización de las plantas pero encontré rapidamente lo que buscaba. Allí la gente estaba buscando ideas para decorar su casa, sin prisa pero con exigencias en cuanto a la atención de los dependientes y eso también produce un ambiente peculiar.
Luego pasé por una tienda de muebles y allí se notaba un ambiente de fin de rebajas, con productos presentados pero indisponibles y productos disponibles que no podías ver...

Volví a casa caminando.
En la parte de la calle Montmartre que se halla entre la calle Etienne Marcel y la calle de Aboukir, la sucesión de terazas de café a tope de treintañeros disfrutando del atardecer me hizo pensar que en algunas zonas, la vida parisina es muy agradable.

21/02/2016

Prematura primavera

Ultimamente, cuando me marcho de casa por la mañana, me acompaña el canto de los mirlos de mi barrio. El primero se esconde sobre un tejado de la calle Myrrha, el segundo vive en el jardín Leon, el tercero escogió un patio de la calle Saint Luc y el último se instaló en el jardín de la iglesia de Saint Bernard. A veces me paro e intento constestar a uno de estos, repitiendo su última frase pero no tengo mucho éxito. Lo cierto es que un día que empieza con el canto de los mirlos no puede ser totalmente malo :-)

Esta semana era la última semana de clases antes de las vacaciones de febrero. En el autobús matutino estaba al lado de un grupo de adolescentes, repasando sus cursos antes de una prueba de examen del bachillerato. Se centraban en la construcción europea, convocando varios sociólogos y economistas en medio del proceso y enunciando algunos resúmenes algo escuetos. De repente, mencionaron un nombre pero eran incapaces de recordar quien era este tío. Total solté dos frases para ubicar la obra de este señor. Los mozos me agradecieron pero enseguida me preguntaron como conocía eso. Y cuando contesté que lo sabía por mi compromiso político, se tranquilizaron. Espero que les sirvió la información :-)

Poco después encontré militares vigilando delante de dos institutos escolares importantes. Por primera vez pensé que estos controles generalizados por el estado de emergencia podían tener una utilidad.

Hoy dediqué un ratito a cuidar las plantas de mi balcón. Si el frío de enero acabó con algunas plantas kalanchoe, parece que estimuló una de mis plantas sedum que ya lleva flores.

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Total quise celebrar esta prematura primavera e hice un gran paseo desde la plaza de la nación rumbo al centro Pompidou.
En la calle del Faubourg Saint-Antoine, son muy pocas las tiendas que no respetan el cierre dominical pero hice una parada en la librería « l’Arbre à lettres » en donde compré tres libros : un español, un chileno y un salvadoreño :-)
En la plaza de los Vosgos, pocas cosas me entusiasmaron en los escaparates de las galerías de arte. Luego en la calle des Francs Bourgeois, encontré un sinfín de gente, invadiendo las tiendas de moda. Al ver eso, pensé que la apertura de los domingos no es un verdadero progreso...
Total para reconfortarme pasé por la pastelería de la calle Rambuteau y luego volví a casa.

1/11/2015

Otoño

La semana empezó con cara otoñal : tardes acortadas por el cambio de horario, cielo gris y llovizna. Pero como el enlace que suelo utilizar estaba en cerrado, tuve que adaptarme a las inclemencias del tiempo.

Las cosas mejoraron el miércoles, con un tímido rayo de sol, suficiente para iluminar el jardín que puedo ver desde la ventana de mi despacho.

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Al día siguiente, mi camino de vuelta pasó al lado del Rex, el cine que alberga la sala más grande de París. Había una cola impresionante y mucho personal de seguridad así que pregunté informaciones a uno de los policías que prohibía el paso a los coches. Según me contó este señor, muy contento de estar en esta zona, organizaban el preestreno de la nueva película de James Bond, y anunciaban la presencia de los intérpretes principales. Yo seguí rumbo al Norte pero confirmo que esta sala es EL sitio en donde ver este tipo de películas.

El viernes, despertamos con un leve velo de nubes y luna de algodón. Pasé por el Pain de Sucre y probé un pastel asociando higos y galleta de café. No hubiera imaginado esta combinación pero me pareció riquísima.

Fin de semana con sol y cielo azul, fin de mes con cuentas bancarias aprovisionadas, había gente por todas partes. Yo di la vuelta a la plaza de los Vosgos para ver si las galerías proponen cosas nuevas antes de pasar por varias tiendas alrededor de Bastille.
Hoy aproveché el día de Todos Santos para visitar de nuevo el pequeño cementerio que bordea la iglesia San Pedro de Montmartre y contemplar el molino que adorna una tumba. Cuando llegué una treintena de personas hacía cola para entrar pero la espera no fue muy larga y pude pasar un ratito en este recinto.
Luego di la vuelta a la plaza de los pintores y confieso que vi dos o tres cosas que me parecieron interesantes. Pero ya había demasiado gente y caminé rumbo a la plaza del Sagrado Corazón.
El panorama me pareció algo borroso, probablemente por la contaminación. Pero eso no desanimó a la gente instalada en la escalera para contemplar la ciudad.

Al anochecer recorrí los Campos Eliseos, desde el arco del triunfo rumbo a la plaza de la concorde. Había una cantidad increíble de gente en esta avenida que se parece cada día más a una galería comercial gigante al aire libre.
Noté que ya habían instalado algunas iluminaciones y en la parte baja, una grúa estaba trasladando elementos de alguna caseta del mercado de Navidad. Pero todavía quedan muchas cosas por hacer.
En la plaza de la Concordia vi la Torre creada por Milène Guermont pero pasé demasiado temprano para apreciar su iluminación.
Tendré que volver allí...

27/09/2015

Momentos

Al pasear por las calles de París es increible la cantidad de placas conmemorativas que uno encuentra. El otro día noté que Stendhal residió dos años calle de Richelieu, a unos dos cientos metros de la estatua que celebra a Molière.

Ese día también entré de puntillas en una de estas « cités » cada día más cerradas. En este espacio todavía dormido, constaté que los inquilinos habían instalado un montón de macetas y en medio de éstas, un enano mucho más cortés que su congénere del distrito XIX.

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El miércoles, al salir de la oficina, pasé por Bastille y noté que había mucha gente delante de las puertas abiertas de la sinagoga de la calle des Tournelles, incluyendo los militares armados con metralletas. Y luego me enteré de que se celebraba el gran día del Perdón. ¡Mi distracción no tiene límite!

El viernes, tras varios días de mucho trabajo, conseguí escaparme con unos estimables paseantes bonaerenses.
En la zona de Montorgueil, los comerciantes habían instalado rollos de césped natural en la acera delante de su tienda. Algunos habían decorado el césped con florecitas multicolores, otro había instalado una estatua de flamingo. Pero el que más me gustó fue el café que instaló un canapé en el césped en medio de la calle Saint Denis.

Ayer, los mismos bonaerenses pudieron aprovechar el ambiente de esos mercadillos callejeros que los galos llaman « vide-grenier ». Luego constataron con espanto que Montmartre es una zona repleta de turistas y que dar la vuelta de la plaza de los pintores necesita mucha paciencia :-)

Hoy se celebraba la jornada sin coche. En el centro de la capital, muchos parisinos aprovecharon este acontecimiento para pasear en bici o andando y los desgraciados maquinistas tenían que redoblar la atención para no atropellar a los ciclistas principiantes.
Yo compré comederos para aves y los instalé en mi balcón, en medio de la madreselva.
A ver si viene algún herrerillo...

16/08/2015

Paseando...

Llevaba tiempo sin pasar por la plaza Saint Michel y constaté con alegría que la fachada de la jefatura de policía, en el muelle de los orfebres, recien revocada, tenía muy buena pinta bajo el sol del atardecer.
Luego tocó pasear al azar por las calles del Marais y disfrutar la suavidad del atardecer en la terraza de un café. Ya de noche, atravesé le village de Saint-Paul antes de pararme en frente del hotel de Sens, tan impresionante como siempre, y de sacarle una nueva foto.

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Seguí por la instalación de París playa, en la orilla del Sena, en donde ya estaban preparando el cierre nocturno, admirando una vez más estas iluminaciones que ponen de relieve los puentes y los edificios que bordean el rio.

El miércoles, en la calle de los martirios, un osito de peluche abandonado colgaba de un hilo encima de la acera. No sé como llegó a esta posición...
Lo cierto es que con tantos parisinos de vacaciones, la ciudad se vuelve mucha más agradable. Mi autobus de siempre sólo tarda medio hora para llevarme al trabajo y hay menos gente tan en los transportes como en las zonas comerciales.

Total, antes de marcharme, quise visitar algunas tiendas que permanecieron abiertas a pesar de las obras en el Forum des Halles. Si el ambiente en varios lugares sigue oprimente, en algunas partes ya se ven las mejoras. Desde el nivel "-3", de repente surgió un rayo de sol y, mirando arriba, pude ver la canopea y la silueta maciza de la iglesia de San Eustaquio.
Creo que me gustará este nuevo espacio cuando acaben las obras...

Ese día seguí cuesta arriba rumbo a Montmartre, por unas calles casi deshabitadas. Desgraciadamente la lluvia casi tropical del día me pilló en camino y acabé con una buena ducha.

Las gatas ya se mudaron a la casa de verano. El jardinero ya está convocado para regar mis macetas. Sólo falta prepara la maleta antes de marcharme de vacaciones.
¡Hasta pronto!

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