Caminando por París con Caol

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27/12/2015

Navidad

Esta semana son muchos los parisinos que volvieron a su tierra de nacimiento para celebrar la navidad con su familia y quedaban pocas personas en la oficina.
Yo aproveché estos últimos días par hacer varias compras.
El lunes al atardecer, pasé por la tienda de bricolaje que se halla al lado del centro Pompidou, en busca de varios elementos para mejorar mi instalación de Borgoña. Había poca gente y los dependientes estaban disponibles. Así que pude encontrar todo lo que buscaba en un plis plas.

Otro cantar fue el martes al atardecer.
Ese día pasé por el gran almacén que se halla al lado del ayuntamiento, en busca de una calculadora científica (Necesito una calculadora nueva para mi examen de enero y quería familiarizarme con este nuevo juguete cuanto antes). Había una cantidad increíble de gente, todos buscando un regalo de último momento, y a duras penas pude llegar hasta el rincón de las calculadoras en donde no encontré lo que buscaba.
Total hice otro intento en la zona comercial de Les Halles.

Allí pasé primero por el control general de los bolsos antes de caminar en medio de las obras en busca de la FNAC. En este almacén, otro vigilante controló mi bolso y también encontré una cantidad increíble de clientes buscando unos últimos regalos. Pero por lo menos encontré una calculadora conforme con lo que quería así que aguanté facilmente la larga espera en las filas de las cajas.

Antes de marcharme de París, pasé por la plaza de los pintores en la colina de Montmartre.
Los restaurantes quitaron sus terrazas y en el espacio liberado, sólo quedaba un pintor tocando guitarra y unos pocos turistas.

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¡Felices Fiestas !

25/10/2015

Estudiante a tiempo parcial

Al lado de los maltratos ordinarios que comenté la pasada semana, a veces también hay cosas buenas.
Mi insituto me dio la posibilidad de hacer un curso de formación continua para preparar un certificado de competencia. Y no sólo pagan la matriculación sino que también me regalan un día cada semana para asistir a las siete horas de clase semanales.
Por cierto escogí un campo de competencia que interesa mi instituto. Pero aún así, considero que me tratan requete bien.

Y el 15 de Octubre sentí cierta emoción al entrar en el recinto histórico del conservatorio nacional de los artes y oficios (CNAM), en busca de la aula mencionada en la convocatoria y en donde descubrí a los demás estudiantes.

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El CNAM es una institución que tiene muy buena fama entre los profesionales porque proporcionan formaciones de buen nivel. Además son muchas las personas que hacen clases nocturnas a continuación de su jornada laboral, y bien se sabe la voluntad necesaria para conseguir el diploma de esa manera.

Entre mis compañer@s, la mayoría quiere ampliar sus competencias. Pero unos cuantos buscan un cambio de orientación profesional e incluso uno espera acabar con el paro. ¡Ya veremos ! De momento disfruto mi nuevo estatuto de estudiante a tiempo parcial :-)

Para empezar, la jornada en el CNAM es un día sin metro y sin autobus : voy y vuelvo caminando. Así fue como descubrí que algunos artistos cambiaron el nombre de la calle de Valenciennes para bautizarla « calle de las promesas olvidadas ».
Luego aprendo cosas nuevas, lo cual siempre estimula. Y en medio día tengo una horita para pasear alrededor del instituto. La primera vez fui de tiendas pero el pasado jueves llovía y preferí visitar el restaurante administrativo escondido en el patio de la calle Conté.

Por cierto, cada hora de clase implica más o menos una hora de trabajo personal en casa. Y en el instituto todavía no adaptaron la cantidad de trabajo que me piden a una presencia reducida. Pero pronto se arreglarán estos detalles y de momento, este nuevo ritmo me viene requete bien.

Y dentro de poco tendré que visitar el museo cuyo acceso es gratuito para los estudiantes...
¡Os contaré !

9/08/2015

Agosto...

Desde el pasado fin de semana se nota que muchos parisinos se marcharon de vacaciones. Menos tráfico automóvil, menos gente en los autobuses... Ya llegaron estos días de « dolce vita » que tanto me gustan.

Aproveché unos días más templados para volver a pasear.
La busqueda de un tintorero me llevó a la calle Piat y a su mirador que ofrece una vista muy bonita sobre la ciudad. Noté, de paso, que el restaurante del viejo Belleville sigue existiendo y que las terrazas de café ahora ocupan más espacio. Y si derribaron varios edificios insalubres para construir viviendas sociales, algunas esquinas conservan el encanto de siempre.

Un paseo matutino me llevó a la calle Leopold Bellan en donde la asociación « l’interloque » instaló su segundo espacio el año pasado. No pude visitar la tienda pero al mirar el escaparate tuve la sensación que habían encontrado su clientela en este distrito muy distinto del distrito XVIII.

También quise recorrer el muelle del Sena en donde instalaron París Playa.
Constaté que varios barcos albergando cafes estaban amarrados en esta parte del muelle y a mi parecer esta extensión es una buena idea. En una de las casetas, noté que el precio de los helados es muy barato para los niños y esta medida social es de agradecer. En cambio no encontré muchas animaciones y en el trozo que recorrí no había brumizador. Tengo entendido que recortaron el presupuesto de un 30% y eso se nota en algunos detalles.

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Para bien acabar con esta semana, quise visitar dos tiendas de muebles en busca de un sillón.
En la plaza de la República me impresionó la cantidad de gente aprovechando las ofertas especiales antes de remodelar el almacen. Y hoy, en el centro comercial del norte de París, pude constatar que todavía queda gente en la región parisina. No sé si será porque estas tiendas tienen climatización o porque ir de tiendas forma parte de las actividades de ocio de los fines de semana.

La buena noticia de la semana es que volví a ver algunas parejas de urracas que había ubicado al lado de mi casa. Una de ellas sigue instalada en el bulevar, a pesar de las obras. Y cuando intenté imitar su grito, una urraca protestó energicamente.
¡Me alegró el día !

3/05/2015

Vuelven los paraguas...

A lo largo de mis recorridos matutinos, constaté que son muchos los recovecos que albergan las formas tumbadas en el suelo de los naufragos solitarios de la noche. Para los que prefieren agruparse, descubrí el pasado lunes, que la parte del centro Pompidou que bordea la calle Beaubourg proporciona un espacio a salvo de las inclemencias del tiempo y algo separado del tráfico. Más arriba, bajo el viaducto de la línea 2 del metro, el ayuntamiento instaló aseos temporales al lado del campamento de los migrantes. Aún así, la vida en la calle es muy dura.

El jueves fue cuando llegó la lluvia anunciada y volvieron los paraguas. Yo me compré un poncho impermeable y así pude alentar al compañero que vendía el tradicional « muguete » antes de participar a la manifestación de los trabajadores. El cartel del 2015 fue diseñado a partir de un dibujo que Charb (uno de los dibujantes asesinados el 7 de Enero) regaló a la CGT.

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Había poca gente entre la plaza de la República y la plaza de la Nación, por parte por la lluvia y por parte porque los parisinos todavía disfrutan las vacaciones escolares. Entre los participantes, noté una delegación de « podemos », asi como representantes de todas las naciones de Sudamérica. Y globalmente había buen rollo.

Ayer seguí estrenando mi nuevo poncho para atender a varios paseantes: una pareja procedente de Brasil y otra de Pamplona que me contactaron por medio de la asociación de los parisinos, y una pareja de Barcelona que se juntó al grupito por casualidad. El recorrido por las galerías cubiertas resulta muy adaptado para los días de lluvia pero también pasamos por varios sitios al aire libre.
Después de la pausa en el mercado de los niños rojos, los brasileños se marcharon rumbo a Montparnasse mientras seguía recorriendo el Marais con los españoles. Pasamos por varios jardines y creo que ahora tienen una buena idea de lo que los parisinos llaman « hotel » cuando no se trata de una colección de habitaciones :-)
Al volver a casa el podómetro marcaba casi 28000 pasos...

Hoy seguimos con lluvia.
Por la mañana, en el cine de mi barrio proyectaban Zorba el Griego.
Por la tarde, exploré el mercadillo que organizaba una de las asociaciones del distrito 18 en la calle Ordener, pero un chubasco me quitó las ganas de buscar la ganga del día.

26/04/2015

En movimiento...

Con el tiempo más suave surgen las ganas de moverse en bici. Renové mi abono de velib y ya hice los primeros recorridos de la temporada. Desplazarse en bici resulta más agradable que usar los colectivos y más rápido que caminar. Pero también requiere mucho más atención y si quieres contemplar el paisaje, más vale seguir caminando :-)

Eso hice el martes por la mañana para admirar la exposición de arte urbano cerca de la estación del Este. En el largo muro de la calle de Alsace se veían pinturas de artistas que decoraron el antiguo muro de Berlín, en la explanada de la estación se veían tres viejos Trabant así como obras gráficas pintadas por varios artistas en trozos de muro. Todos los afortunados que pasarán por París antes del 8 de julio podrán ver estas obras.

Al día siguiente, pasé por la avenida de la Ópera. En esta avenida requete turística, noté varios comercios abandonados.
En otra ocasión, hice la misma constatación en la parte de la calle Faubourg Saint Martin que se halla al lado de los grandes bulevares. Años atrás, esta zona albergaba a los mayoristas de ropa, pero poco a poco se mudaron hacia otros lugares. Ahora las tiendas permanecen desocupadas y ya pegaron varios carteles en sus escaparates.

También pasé por la calle Vertbois. Esta calle se hizo famosa el año pasado porque un impresario propuso un proyecto de desarollo bautizado « la joven calle » y sumando cultura, diseño y gastronomía. Un año después, el proyecto se parece cada día más a una increíble estafa y la calle sigue igual de dormida...

Entre dos caminatas, escudriñé un sitio de segunda mano en busca de una bici para mis próximas vacaciones al lado del Loira. La solución apareció el sábado por la mañana y por la tarde tenía cita al lado de la gran biblioteca para probarla. Esta bici verde esmeralda me gustó enseguida y ni siquiera regateé : pagué el precio y entablé el recorrido rumbo a mi casa. De paso, constaté una vez más que cualquier bici parece muy ligera a quien suele usar las velibs.

Hoy pasé por el jardín de Eolo en donde se instalaron varias familias de patos. Doña pata estaba abrigando sus anadones al lado de una alameda. Me paré para mirarla pero mi presencia la molestó y se marchó muy dignamente con toda su familia.

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Me impresiona cada día más la familiaridad de los pájaros parisinos...

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