Caminando por París con Caol

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17/02/2019

Novedades

Entre dos sesiones de manifestación de los chalecos amarillos, seguí visitando tiendas, en busca de una alfombra nueva. La primera etapa, en la plaza de la República, resultó bastante decepcionante, tan por los precios como por la calidad. Pero al día siguiente, descubrí una tienda improbable, muy cerca de la Puerta de Vincennes.

En la planta baja de un edificio de viviendas sociales, este almacén propone varias centenas de alfombras, de estilos y tamaños variados. Pero curiosamente, resulta muy complicado encontrar algo. Te llevan hacia la pila que corresponde al tamaño que indicaste, te invitan a subir a una escalerilla para ver las alfombras y te las presentan una tras otra como si pasaran páginas. Por cierto, cuando ya llegas a la decena de alfombras, sacar una de la pila para tener una visión global del objeto resulta imposible. Así que después de una horita contemplando modelos de todos tipos, me invitaron a pasar al día siguiente para que tengan el tiempo de poner las alfombras que me llamaron la atención encima de la pila. Confieso que no volví a visitar la tienda, pero en cuanto pueda, repetiré.

La tercera etapa ocurrió en la calle del Mail en donde hay una buena colección de tiendas de decoración. Aquí no te presentan centenas de productos, pero tienes espacio para apreciar los productos y te atienden con mucha cortesía. Como no tenía una idea precisa de lo que buscaba, mencioné un producto que había notado en una revista y cuando me lo presentaron, me impresionó la calidad del objeto. Luego me presentaron otro modelo antes de dejarme mirar a mi ritmo sin molestarme. Después de una horita buscando entre los cincuenta productos presentados, encontré la ganga del día: una alfombra de categoría, perfecta para mi casa y con un descuento de 40%. ¡No pude resistir!

El jueves tocaba celebrar el día de San Valentín. Yo solía regalar una rosa a mi gatita gris pero se marchó al paraíso de los felinos. Así que este año, quise ver lo que organizaba el ayuntamiento de mi distrito para inaugurar una escultura en forma en corazón instalada al lado del nuevo tranvía.
Cuando pasé allí, ya era de noche. Había un concierto en un recinto super controlado y no tuve ganas de quedarme, pero al día siguiente, llegué más temprano y pude admirar el corazón más tranquilamente.

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Tengo que precisar que este objeto gira y que se ilumina levemente al compa de los latidos de un corazón humano. Ni es feo, ni es bonito, pero su precio sí que es espantoso.
¡650 000 euros!
Y luego uno se asombra cuando le dicen que los políticos perdieron la razón...

12/08/2018

Última semana

Ya se marcharon muchos parisinos y eso deja espacio para que topes con gente que no sueles encontrar.
El lunes, en la estación de autobus, un hombre me interpeló:

- tu eres blanca

Yo no me pienso en termino de color de piel así que contesté:

- yo soy una humana.
- yo soy negro.
- tu eres un humano también.
- ¡No! Cuando eres negro no eres humano

El hombre se marchó rumbo a la distribución de comida de la armada de la salvación. ¿Pero qué se puede responder a una frase tan tajante?

Lo cierto es que cerraron el centro de alojamiento de la puerta de la Chapelle y que los policías se llevaron a todos los refugiados que acampaban por esta zona. Algunos vecinos cuentan que cortaron el agua que alimentaba el lavamanos colectivo instalado en la plaza de la Chapelle y eso hicieron justo cuando empezó la canícula… Y las asociaciones que preparan centanas de comidas diariamente anunciaron que tenían que dejarlo unas semanas porque sus voluntarios se van de vacaciones.
Así que a partir de estos elementos, se entiende que uno considere que no le tratan como a un humano.

Yo estaba requete agotada por la canícula y renuncié durante varios días a mis caminatas cotidianas. Después de la lluvia del jueves, las temperaturas volvieron a 25 grados y el viernes, al amanecer, fui caminando hacia el ayuntamiento.
Llevaba tiempo sin pasar por esta zona céntrica y me impresionó la cantidad de gente durmiendo en cualquier rincón. Gente desalojada, gitanos o vagabundos... Los refugiados no han llegado a esta zona... y los políticos se marcharon de vacaciones como muchos parisinos.

En la estación de Bercy, había mucha gente en el patio de los autobuses y para los trenes, casi no quedaban asientos.

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Yo voy a pasar unos días en el jardín donde veranea mi gatita.
¡Hasta pronto!

29/07/2018

Canícula

Esta semana todos los parisinos tenían el mismo objetivo: sobrevivir a la ola de calor.
Por cierto, en algunos sitios, las temperaturas de 35 grados son muy frecuentes y la gente la pasa muy bien. Pero de momento, París no es una ciudad acondicionada para estas situaciones y son muchos los que recuerdan la canícula del 2003 y el pico de mortalidad que provocó.

En mi modesta casa, conseguir que la temperatura interior quede alrededor de 28 grados con 35 grados en mi balcón fue muy complicado. De día fue preciso cerrar y tapar las ventanas, mojar las cortinas y las sábanas, tener ropa húmeda secando y apagar todos los aparatos innecesarios. De noche tocaba regar las macetas y la moqueta del balcón, abrir las ventanas para disfrutar de cualquier aire fresquito, y aguantar la vida nocturna de la calle...
Aún así resultó dificilísimo dormir y recuperar del cansancio provocado por el calor.

Yo tengo la suerte de viajar por líneas de metros climatizadas y de trabajar en un edificio de alta calidad ambiental con aire refrigerado, y los 25 grados de los despachos resultan muy agradables. Pero también tuve la mala idea de viajar con algunos autobuses y no aguanté más de una estación.

Pero cuando no aguantas estas temperaturas, siempre queda la posibilidad de visitar algunas tiendas con aire acondicionado pero eso puede resultar muy peligroso para el presupuesto :-)

Esta ola de calor se acabó el viernes por la noche con tormenta y piedras de granizo de un centímetro… Por suerte no lastimaron las plantas de mi balcón.

Yo aproveché uno de estos días de mucho calor para pasear con una familia argentina por el centro de París.
Con gusto constaté que ya acabaron la restauración de un techo de vidrio en uno de los patios que forman parte de la galería Vivienne y ahora están restaurando la parte superior de la gran nave.

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También aprecié la evolución del gran jardín que se halla al pie de San Eustaquio y la instalación de varios pulverizadores para refrescar a la gente.
Y hora toca regar una vez más mi pequeña zona verde.

19/03/2017

Aprovechando un tiempo primaveral

Últimamente, ya es de día cuando me marcho de casa y el canto de los mirlos me alegra la vida. Además, tuvimos unos días de tiempo suave y sin lluvia y pude retomar mis caminatas cotidianas.

Para empezar, pasé por la plaza de los Vosges poco antes de las ocho de la mañana y pude admirar tranquilamente este magnífico recinto casi desierto. Tuve la tentación de sentarme a tomar un café, pero lo dejé para otra ocasión.

Al día siguiente, pasé por la zona de la ópera, desierta por la mañana y muy concurrida al atardecer. En esta zona de turismo internacional, son muchos los clientes potenciales y son muchas las tiendas de marca que se instalaron para atraparlos.

El viernes cerraron las estaciones de Lyon y de Bercy para reformar dos puestos de control de agujas. Total, tuve que pasar por la vieja estación de Austerlitz en donde los anuncios de trenes rumbo a Irún y Madrid despertaron viejos recuerdos.
Cuando llegó mi invitado caminamos por la orilla del Sena rumbo a la isla San Luis.
Con gusto contemplé algunas esculturas que me gustan mientras varios grupos se instalaban con provisiones de cervezas para celebrar San Patricio. Al cruzar el Sena, nos paramos un rato para contemplar Notre Dame.

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Más tarde, también pasamos por la muy céntrica calle de los Lombardos, a tope de gente celebrando el patrón de Irlanda.

Ayer pasé por la plaza de la República en donde el movimiento Francia Insumisa convocaba a los ciudadanos para apoyar la candidatura de Mélenchon. Había buen rollo y la gente presente esperaba tranquilamente escuchando un concierto. Visité varias tiendas, pero cuando salí, los manifestantes todavía estaban en camino. Así que no esperé más y seguí rumbo al norte.

Hoy organizaban otra marcha entre la plaza de la Nación y la plaza de la República para protestar contra las violencias policiales. Cuando pasé por allí, los policías se preparaban a pelear con algunos grupúsculos extremistas. Sobra decir que preferí marcharme...

Lo bueno de París es que se sabe que llega la primavera cuando aumentan las manifestaciones de todas clases.
¡París, siempre rebelde!

4/09/2016

Regreso

Al salir de la estación de Bercy, tuve la grata sorpresa de encontrar un taxi enseguida así que me libré de las molestias del viaje en metro. Luego mi primer día parisino fue totalmente dedicado a poner todo en orden antes de volver a trabajar.

El martes por la mañana, retomé el camino de la oficina en bici y si el tráfico automóvil me pareció más importante que en agosto, tuve la sensación que mucha gente todavía estaba de vacaciones. Otro cantar fue el jueves por la mañana, cuando empezaron las clases y de momento dejé de usar las “Velib”.

Mis primeros días en la oficina no me dejaron mucho tiempo para recorrer la ciudad, pero el sábado pude ponerme al día.
Este día tocaba hacer un recorrido por el centro de París con una pareja mexicana, desde la zona de la ópera, rumbo a la plaza de la república. Así que tuve la oportunidad de mirar las evoluciones a lo largo de este recorrido.
Por un lado, están reformando el suelo de la galería Choiseul, por otro acabaron la reforma de un parte de la galería Vivienne. En el centro de París, desmontaron une parte de las casitas prefabricadas que albergaban los obreros. Si todavía no podemos admirar la perspectiva entre el bolso del comercio y la Canopea, se nota que entramos en la última fase de las obras.
Acabamos en el mercado de los niños rojos, a tope de clientes por el tiempo soleado.

Mientras compartíamos un té de menta, mis acompañantes evocaron lo que querían visitar antes de marcharse de París el martes por la mañana y entre otras cosas mencionaron la colina de Montmartre. Me caían bien y no tenía prisa así que propuse un traslado rumbo a Montmartre en autobús.

Empezamos el recorrido en la zona de tiendas de tejidos antes de pasar por la calle de las abadesas y de subir y bajar para descubrir varios detalles. Tuvimos suerte porque cuando pasamos al lado de la tienda de Larher, la dependiente estaba limpiando el suelo, pero me atendió y me proporcionó una interesante muestra de lo que produce este pastelero.

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Por lo visto mis acompañantes apreciaron y, después de ensenarles otros rincones de la colina, les abandoné en la puerta del Sagrado Corazon.

Cuando llegué a casa mi podómetro anunciaba 34045 pasos. ¡Una marca!
Y una muy buena manera de volver a encontrar esta ciudad.

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