Caminando por París con Caol

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18/02/2018

Probando...

Ya se acabó el episodio de nieve y podemos de nuevo caminar por las aceras sin resbalar.
Aproveché esta mejora meteorológica para visitar en medio día una librería que se halla en la calle de Bagnolet y cuyo nombre, “Le Merle moqueur” (el mirlo burlón), evoca una canción asociada a la Comuna de París.
Instalada en un antiguo taller, la tienda cuenta con varios espacios. Nada más entrar uno descubre la parte dedicada a la literatura. A continuación, la nave y su techo de vidrio albergan alcobas temáticas. El lugar es muy agradable y uno puede pasar horas escudriñando los mostradores.
Yo buscaba una obra de Svetlana Alexievich así que me mandaron a la alcoba dedicada a la historia y a las estanterías del siglo XX. Pero poco después, el librero vino a verme y me explicó que cuando la señora consiguió el premio Nobel de literatura, habían cambiado sus libros de sitio. Me pareció gracioso pero las obras de esta señora, entre sociología, historia y literatura, son difíciles de clasificar y por eso me gustan. Cambié de zona, pero desgraciadamente no tenían la obra que buscaba. Sin embargo, vi muchas cosas muy interesantes y me costó mucho limitar las compras a un solo libro.

Ayer aproveché un sol primaveral para hacer un gran recorrido que me llevó a la calle de Bretagne y al mercado de los niños rojos. No sé si fue por las ansias de sol o por los últimos días de rebaja, pero había gente por todas partes y no pude disfrutar el té de menta de siempre. Yo visité algunas tiendas sin convicción y resistí una vez más a todas las tentaciones.

Hoy desperté con la idea de encontrar batería para mi reloj-podómetro. Visité el supermercado de siempre, un estanco y la tienda de enfrente pero no encontré lo que buscaba. Así que miré en internet y constaté que tenían cincuenta baterías en una tienda de bricolaje cerca de Beaubourg. Fui allí caminando, pero cuando llegué a la zona de las baterías, no veía el producto y e vendedor dominguero tampoco sabía donde encontrar el producto que me interesaba. Finalmente, otro dependiente me regaló la solución y pude seguir paseando.

Pasé al lado de la Canopée y vi que todas las tiendas estaban abiertas. Al pie de Saint Eustache, constaté que las obras de acondicionamiento del nuevo jardín progresaron y que los parisinos ya se apropiaron estos espacios.

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Luego seguí caminando rumbo al Louvre para descubrir lo que los servicios de correos llaman RPU (agente postal urbano), y encontré este servicio en la caja de un supermercado.
En cuanto al magnífico edificio que albergaba la antigua oficina de correos de la calle du Louvre, permanece cerrado por obras y tendremos que esperar el fin del año 2019 para saber si supieron conservar el alma de este espacio.

30/07/2017

Fin de clases

El pasado lunes, quedé con las tres condiscípulas con quien solía almorzar cuando teníamos clases en el Conservatorio de artes y oficios. Nuestro grupito forma parte del cincuenta por ciento aprobado en Junio y teníamos que celebrarlo de alguna manera.
Nos encontramos a las 19, en la terraza del "Père tranquille", justo al lado de la "Canopée".

Cuando publicaron los resultados, lo primero que sentimos fue un gran alivio: sin examen de recuperación al principio de septiembre, podríamos disfrutar de las vacaciones sin verguenza :-)
Yo y las dos que preparaban un certificado de competencia sentimos una gran alegría porque este éxito cerró una secuencia estudiantil intensiva de dos años. Quizás volvamos a estudiar en otra ocasión, pero de momento necesitamos volver a una vida normal :-)
Para mi tercera condiscípula, sólo se trataba de una etapa en el largo proceso de conseguir un diploma de nivel superior. Si le alegró la noticia, también mide todos los esfuerzos por venir. Nos juntamos para animarla a seguir con las asignaturas que aprobamos el año pasado y yo le regalé los libros que ya no necesito.
No sé si volveremos a encontrarnos pero fue un momento agradable.

El mismo día, mientras esperaba la hora de la cita, di una vuelta por el centro comercial que se halla debajo de la "Canopée". Casi todas las marcas de moda tienen su tienda en este recinto y me impresionó la cantidad de gente que se veía por todas partes. Por cierto todavía estamos en la temporada de las rebajas pero no sé si eso es la única explicación de la frecuentación que constaté.

El jueves, los visitantes que tenía que acompañar cancelaron el paseo así que hice un gran recorrido desde la calle de Rivoli rumbo a mi casa.
Para empezar pasé por la galería Vero-Dodat en donde compré el regalo por mi certificación. Seguí por la calle du Mail en donde miré varias cortinas y alfombras bonitas pero fuera de mi presupuesto.
Luego pasé por el pasaje de los panoramas cuyo tramo principal se parecía a un largo pasillo de restaurante.
En el pasaje Jouffroy, la marca Marks and Spencer instaló un supermercado alimentario en el espacio que ocupaba un increíble zoco bereber. Algunas tiendas cerraron, otras aparecieron...
Al salir de la galería Verdeau, seguí cuesta arriba rumbo a la calle de los martirios.
En el tramo que se halla en el distrito nueve, zona de buena vida, poblada de gente acomodada, con los comercios que corresponden, todas las terrazas de café estaban a tope de clientes.
Luego sólo faltaba cruzar el bulevar para llegar a la colina de Montmartre...

22/01/2017

¡Congelados!

Ya llevamos una semana con temperaturas rondando cero.
Hurgando en mis armarios, encontré los jerséis, la bufanda, los mitones de lana y el abrigo de alpaca ideales para estas condiciones meteorológicas y así pude seguir mis caminatas. Pero en algunos momentos, confieso que no hice todo el camino que imaginaba y subí al primer autobús que pasaba a mi lado.

En estas circunstancias, los periodistas, catastrofistas como siempre, anunciaron que la sociedad de electricidad no podría dar abasto con el crecimiento de la demanda, y predijeron un apagón para el jueves. Pero el uso de equipos que necesitan cada día menos energía nos libró de este apocalipsis.

Lo bueno de este tiempo es que da una buena excusa para entrar en las tiendas a calentarse. Lo malo es que con las rebajas son muchas las tentaciones...
Ayer había gente por todas partes en las tiendas del centro de París. Y al lado de la Canopée, las terrazas exteriores calentadas estaban a tope de clientes.

Yo probé un sitio recién abierto al lado de mi casa. Augustin Legrand, ex portavoz de los sin domicilio fijo que acampaban en la orilla de canal Saint Martin, y creador de la asociación “los hijos de Don Quijote”, ahora pelea para que todos puedan comer bueno, barato y bio.
En 2014, creó un restaurante en el distrito 10 y ahora toca instalar otro en el barrio de la Goutte d’Or. Yo no tenía mucha hambre, pero me dejé tentar por una mezcla de arroz, brócoli, zanahoria, remolacha y pollo al curry. También probé una botella de cerveza roja bio. Todo me pareció muy correcto y me cobraron apenas 10€50. (Para los que interesa, se halla en la esquina de las calles Myrrha y Poissonniers, cerca del metro Barbes).

Hoy pasé por el colegio electoral de la primaria de la izquierda. Si yo no voté, uno de mis amigos escogió al candidato que le parecía más divertido y otro prefirió apoyar a “LA” mujer. En este punto, derecha e izquierda empatan con una mujer entre siete candidatos...

Luego caminé por la orilla del canal Saint Martin, cubierto de hielo. Patos y gaviotas parecían muy despistados. Pero los parisinos apreciaron el espectáculo.

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A ver si se convierte en pista de patinaje...

4/12/2016

Estrenando Diciembre

Se acabaron las rebajas del "Black Friday" pero seguimos en la temporada de las compras navideñas y de las iluminaciones por todas partes.
Yo experimenté el caos de las entregas de pedidos en internet. El repartidor pasó una primera vez y no encontró al portero. Total dejó sus papelitos en el suelo y cuando volví a casa, al leer el papelito que me tocaba, entendí que mi paquete estaba en una tienda bautizada "Madiba" al lado de mi casa. Allí estuve y me atendieron muy amablemente pero no tenían mi paquete. Al día siguiente la entrega fracasó otra vez por la mañana, pero cuando volví a casa, en internet consideraban el paquete como entregado. La solución se hallaba en la portería...
Lo bueno de estas disfunciones es que me daron la oportunidad de visitar una tienda que no conocía y que recibe las entregas en cualquier momento.

Esta semana también quise ver si habían iluminado el nuevo espacio comercial que se halla debajo de la "Canopée" en el hiper centro de París, pero no tenía ganas de topar con la muchedumbre buscando regalos de Navidad así que madrugué y, cuando llegué, el centro todavía estaba cerrado. Total pude admirar tranquilamente la alegoría gigante de árbol de Navidad instalada en el pozo central.

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Lo bueno es que no destruyeron un árbol para tirarlo después de usarlo como decoración efímera. Y con los leds, este tipo de instalación no necesita mucha energía.

También aproveché una mañana de libertad para pasear por la zona de la plaza de Italia.
Entré en el centro comercial, pero los escaparates estereotipados me fastidiaron y pronto salí.
En una pequeña calle pude encontrar una antigua papelería en donde tenían todo lo que necesitaba y seguí caminando rumbo al Sena por la acera Norte del bulevar Vincent Auriol. Desde este punto de observación, constaté que todas las construcciones del otro lado son edificios de gran altura separados por zonas ajardinadas. Y de repente entendí porque no me gusta este barrio tan aplastante para el peatón.

El viernes tocaba viajar rumbo a Borgoña para el fin de semana. En el tren del atardecer había mucha gente con bolsas de regalos. Yo también tenía un regalo en mi mochila: 3 kilos de cacahuetes para los herrerillos del jardín.
¡Apreciaron mucho!

23/10/2016

Una tarde en el jardín de las Tullerías...

El jueves fue cuando empezó la Feria Internacional del Arte Contemporáneo (FIAC).
La exposición principal se halla en el Gran Palacio en donde 189 expositores presentan obras de todas clases, pero también hay exposiciones fuera de este prestigioso recinto.
En la radio comentaron el acontecimiento y mencionaron una obra particular: un iPhone instalado encima de unos huevos de pollos... Confieso que eso no me animó a pagar los 35€ de la entrada. Pero ayer tuvimos un día soleado muy agradable y eso me dio ganas de pasear por las zonas de acceso gratuito y, entre todas las posibilidades, escogí el jardín de las Tullerías.

Pasé primero por las tiendas del Carrusel del Louvre y cuando volví al aire libre al lado del arco, me impresionó la cantidad de gente paseando por la avenida central del jardín: se veía un sinfín de gente ocupando cada metro cuadrado. Pero no me desanimé y seguí adelante.

La primera obra que vi se hallaba en un camino lateral y se parecía a un cubo monumental con espinas, como un erizo. La segunda obra combinaba varias máscaras de metal, pero había demasiada gente para acercarse así que preferí sentarme un rato al lado del primer estanque mientras un gran grupo se marchaba de la avenida.

La tercera obra que vi representaba un grupo de personas formando un círculo y mirando algo en el centro. Por cierto, no se podía ver lo que había en el centro y eso picaba la curiosidad. Cuando me acerqué un animador cultural explicaba la intención del autor y como uno tenía que entender esta obra, pero este intelectualismo me fastidió y seguí caminando.

La cuarta obra tenía cinco partes, constituidas de tubos de aluminio pintado, y representando gigantes. Si lo dicen...

Pasé sin pararme delante de carteles de imágenes y textos y llegué a la siguiente instalación. Allí vi tres cubos constituidos de pilas de somieres metálicos. Caminando alrededor de la obra, uno descubría, por casualidad, efectos gráficos interesantes...

Pero la obra que preferí fue indudablemente esta torre que me hizo pensar enseguida a la torre de Babel.

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Después de mirarla detenidamente, dejé de buscar las demás obras de la FIAC. Pasé por la escalera en donde se halla una de mis esculturas preferidas y tras esta larga caminata volví a casa con alegría.

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