Caminando por París con Caol

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26/01/2020

Retomando el ritmo de siempre

Los empleados de la sociedad de transportes parisinos (RATP) acabaron con sus reservas de dinero y volvieron a trabajar. Así que el gobierno francés considera que puede seguir adelante con sus reformas y proclama por todas partes que la protesta flaquea...

Esta visión me parece algo curiosa ya que el Consejo de estado francés acaba de publicar varias críticas mayores acerca del proyecto del gobierno. Ya veremos lo que hacen estos altos cargos, los diputados y los senadores y mientras tanto, se trata de recuperar fuerzas y de disfrutar los momentos que regala la ciudad de las luces.

Yo con gusto volví a viajar con mi autobús de siempre para ir al trabajo. Pero el viernes, también participé a la manifestación del día, cuyo trayecto pasaba por la orilla del Sena, rumbo a la plaza de la Concordia. Abandoné la marcha poco antes de llegar al puente Nuevo, pero ya llevaba casi cuatro horas esperando o caminando lentamente a pesar del frio.

Ayer visité la “Grande Halle” de la Villette en donde organizaban dos salones “hermanos”: uno dedicado a la vida natural y otro dedicado a la permacultura.


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En el primer proponían una gran variedad de productos alternativos para mejorar el bienestar. Yo noté jersey de alpaca, prendas de lino, edredones de lana, varios masajistas, bebidas dietéticas y proposiciones esotéricas de todas clases. En esta parte, la única cosa que me interesaba era una pequeña “cuchara” para limpiar orejas que me costó una decena de euros.

La zona de la permacultura me pareció mucho más interesante.

Cuando pasé, una conferencia explicaba cómo ganarse la vida con un jardín de sesenta áreas. Yo preferí mirar las esculturas de “la petite forge” o los elementos decorativos de “Jardins animés”.

Resistí a la tentación de comprar un vermicompostador de casa. Pero me dejé atrapar por el puesto de semillas bio, en donde compré cuatro bolsitas. También me paré en el puesto de las ollas de barro que sirven como sistema de riego y me marché con cinco ollas...
Así acabé con el presupuesto del día y volví a casa.

Por la noche caminamos rumbo arriba par la colina de Montmartre con un amigo, sacando fotos y comparando las imágenes.
Delante del Sagrado Corazón, al ver la cantidad de gente, pensé que el funicular funcionaba de nuevo.
En la plaza del Tertre, el frio había desanimado a los pintores y a los turistas.
En la plaza de las Abadesas, se celebraba la fiesta de la vieira...

Yo volví tranquilamente y con gusto encontré el calor de mi casa.

5/01/2020

Volviendo...

Con gusto pasé dos semanas lejos de París y de todas las complicaciones en relación con las huelgas. Me marché sin saber precisamente cuando volvería porque tampoco sabía cómo las fiestas de fin de año impactarían el movimiento de protesta.

Después de celebrar el año nuevo llegó la hora de buscar una solución para volver a París. El tren que había notado resultó cancelado, así que sólo quedaba dos soluciones: madrugar o viajar con un tren declarado “lleno”.
Pasé por la pequeña estación de ferrocarriles de mi pueblo borgoñón en donde la taquillera me explicó que ya no podía vender billetes para el tren “lleno” y que eso era una medida para evitar que la gente se precipite para tomar este tren.
Pero también me explicó que podía comprar un billete en la máquina automática para subir al tren y eso hice.

Curiosamente, el tren resultó casi vacío y a duras penas llegamos a cinco personas en un vagón de 80 asientos... Y a una centena de viajeros en un tren de unos quinientos asientos...
Total, al llegar a París, pude encontrar un taxi sin problemas e intentar volver a casa.

Todo pasó relativamente bien hasta la plaza de la República, pero a partir de este punto fuimos bloqueados en un atascazo de primera. Y después de hora y cuarto en el coche, el importe apareciendo en el contador me quitó la paciencia: preferí seguir caminando y legué a casa sobre las 11 de la noche.

Necesité casi todo un día para deshacer la maleta, llenar la nevera, ordenar los correos, pagar las facturas y recuperar el ritmo parisino.

Al día siguiente, un rayo de sol matutino me dio la energía para mi primera caminata del 2020.
Pasé por la calle en donde vive una artista callejera que pone cada día un pensamiento al pie de su casa. Pero la frase del día ya estaba casi borrada, así que seguí cuesta arriba para pasar al pie del Sagrado Corazón...

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Luego seguí cuesta abajo rumbo a la Ópera.
En la avenida que lleva al Louvre, los turistas japoneses estaban experimentando el encanto de las huelgas de transportes. Yo seguí rumbo al Carroussel del Louvre en donde constaté varios cambios de cadenas de tiendas.
Pronto volví a la calle de Rivoli y al BHV en donde la frecuentación me pareció bastante baja, pero será porque la gente ya espera el principio de las rebajas.

Cuando caminé rumbo a casa, cuesta arriba, ya se veían más peatones en las aceras y muchos coches por todas partes.
Al llegar, descubrí que la manifestación del día caminaba entre la estación de Lyon y la estación del Este.
Yo preferí reservar las fuerzas para la semana que viene...

10/11/2019

Las luces del atardecer

Ya que los días siguen menguando, el nuevo juego consiste en marcharse temprano de la oficina para disfrutar las luces del atardecer.

El lunes no fue un gran día porque la llovizna me acompaño un rato en el largo camino que me llevaba a casa. Pero con gusto atravesé una parte todavía muy popular del distrito XI, antes de llegar al canal Saint Martin en donde ya no hay gente tomando copas en la orilla.

El martes fue más generoso.
Al salir de la estación de metro Tuileries, pasé por el gran jardín rumbo a la plaza de la Concordia. De paso pude apreciar el vestido otoñal de los árboles, así como algunas obras olvidadas por la Feria internacional de arte contemporáneo. Cuando llegué a la plaza de la Concordia, la puesta de sol iluminaba la torre Eiffel...
Luego seguí rumbo a la iglesia de la Madeleine y me asombró la cantidad de obras en la muy selecta calle Royale.
Más adelante, la calle Tronchet me llevó a la zona de los grandes almacenes y si me paré a mirar las fachadas, no entré en estos templos de la tentación.

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En esta zona ya están instalando las decoraciones de Navidad...

Al pasar por la calle de la Rochefoucault pensé que todavía no visité el museo Gustave Moreau, pero estaba cerrado por obras.

Al día siguiente volví al barrio de la Madeleine y pasé por la calle de la arcada que lleva directamente a la estación Saint-Lazare. En la parte sur de la calle, se ven hoteles de lujo y tiendas de categoría incluyendo una sastrería. Pero al acercarse de la estación, se ven comercios más normalitos.

Unos años atrás, transformaron una parte de la estación Saint Lazare en centro comercial. Entre este lugar y la iglesia de la Trinidad, casi todos los edificios albergan oficinas, lo cual significa mucha agitación diurna y un barrio con poca vida por la noche. :-(

La sensación cambia al pasar por la calle de la Tour des Dames.
Transformaron el antiguo edificio de la compañía de electricidad en centro de deportes y esta evolución me pareció muy acertada ya que, desde la calle, puedes contemplar la pared de escalada interior y los entrenamientos, así como divisar las actividades en la cancha superior. Total, el sitio resulta muy atractivo y da ganas de apuntarse.
Más adelante, otra casa alberga un centro de acogida de día para ancianos que sufren alzhéimer. Pero no cambiaron las demás construcciones de la “Nueva Atenas”.

Seguí por el distrito IX y la lluvia me pilló cuando llegaba a la plaza Pigalle.
La boina y el impermeable todavía están secando y puse un paraguas en la mochila.

10/02/2019

Aprovechando algunos rayos de sol

La semana empezó mal porque descubrí que las polillas ya habían destruido una parte de la gran alfombra roja enrollada debajo de mi cama. Llamé al vecino, comprobamos los daños y pronto llegamos a la conclusión que no tenía más remedio que sacar la alfombra de casa y bajarla a la calle para que la lleven los basureros. El vecino me echó una mano y bajamos el objeto a la calle. Y faltó poco tiempo para que alguien se lo lleve a pesar del cartelito avisando que era un campo de polillas.

Después de esta contrariedad, pensé que ya era hora de encontrar otra alfombra y de visitar algunas tiendas Y así fue como decidí recorrer el bulevar Raspail a partir de la calle de Rennes para mirar las tiendas de decoración que se hallan en esta zona.

Curiosamente, en frente del “Bon Marché”, noté una cantidad impresionante de camiones de policía y los paseantes también parecían muy asombrados. Más adelante vi llegar una compañía de unas centenas de policías con todo el equipo para las manifestaciones. Me asombró porque yo tenía entendido que los chalecos amarillos habían convocado la manifestación al pie del Arco de Triunfo y pensé un rato que los policías estaban protestando porque ya estaban hartos de pelear todos los sábados contra los malditos chalecos amarillos. Pero pronto constaté que sólo se trataba de un movimiento de tropa.
Aproveché un momento de tranquilidad para visitar una de las tiendas que me interesaba y pude constatar, al tocar una de las alfombras que había notado, que no tenían la calidad que esperaba.
Más adelante aparecieron algunos chalecos amarillos relativamente pacíficos, pero casi todas las tiendas permanecían cerradas y llegué a la conclusión que tendría que volver en otro momento para mirar las alfombras.

Seguí el bulevar Saint Germain rumbo a la Asamblea Nacional y quise pasar por el puente de la Concorde pero una fila de vehículos policiales impedía el paso. Entonces caminé rumbo a la pasarela que cruza el Sena al lado del Museo de Orsay. En el jardín de las Tuileries, las únicas opciones eran caminar rumbo al norte o rumbo al Este. Todas las rejas del extremo Oeste estaban cerradas pero por lo menos dejan la posibilidad de contemplar une plaza de la Concordia casi desierta.

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Yo tenía el proyecto de visitar una tienda que se halla en los Campos Elíseos, pero tras encontrar barreras de policía en cada esquina, renuncié también a esta visita y seguí rumbo al Norte, hacia la colina de Montmartre.

Hoy pasé un gran rato en el BHV, el gran almacén que se halla al lado del ayuntamiento. En la planta baja encontré todo lo que necesitaba para restaurar una lámpara, pero en la planta dedicada a la decoración, no encontré los productos que esperaba.

Finalmente, empiezo a entender la inquietud de los comerciantes porque en casi todas las tiendas que visité no había muchos clientes...

4/11/2018

De tiendas y trenes

Hoy se acaban las vacaciones de Todos los santos.
En mi instituto preferido, casi tod@s l@s madres y padres tomaron una de las dos semanas, con una preferencia por la segunda y su puente de cuatro días. En la oficina apenas quedaba un tercio de la plantilla, pero no nos maltrataron. Yo aproveché estos días para marcharme temprano e ir de tiendas en el centro de París.

Ya pasaron casi tres años después de los atentados de 2015, pero la gente ya olvidó este momento dramático y ya deja rienda suelta a sus ansias consumistas.
Yo me atreví a visitar varias tiendas, en las partes subterráneas del Forum des Halles, en busca de unas gafas nuevas y me impresionó la cantidad de gente que pasea por esta zona. Por cierto, se acercan las fiestas de navidades y son muchos los que ya están buscando ideas de regalos o detalles para decorar las casas. Pero también noté que muchas personas tenían una bolsa de compras...

También quise pasar por la Fnac, pero con tanta gente el sitio me pareció agobiante y pronto me escapé.

A pesar de todo, el hecho de poder ver el cielo o la silueta de la iglesia Saint Eustache desde algunas partes de las plantas bajas me pareció realmente agradable. Pero no sé si merecía el precio pagado por las obras...

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Aproveché otro atardecer para visitar la tienda de bricolaje que se halla al lado de Beaubourg. Aquí también había mucha gente en busca de soluciones para decorar su casa. Yo compré una cortina térmica aislante porque ya llegó el frío y no tengo dinero para pagar una puerta nueva.

El miércoles por la noche, los siete vagones del tren rumbo a Borgoña estaban repletos.
Esta noche yo y mi gatita descubrimos que nuestro asiento estaba en un vagón que no existía en el tren, encontramos un rinconcito y sobrevivimos a la ola de gente saliendo de los nueve vagones y caminando rumbo a la estación de metro.
¡Vaya vida de locos!

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