Aproveché un atardecer soleado para explorar una parte de la sutil frontera que separa París de las ciudades adyacentes, entre la puerta de Lilas y el canal del Ourcq.

En la puerta de Lilas, la zanja del periférico se vuelve invisible. Complejo de cines, por un lado, jardín de barrio por otro, uno olvida que está traspasando el límite más evidente entre el interior y el exterior de la capital. Y eso resulta perfecto ya que el territorio parisino incluye la calle que bordea el exterior del periférico.
Así los promotores inmobiliarios pueden proponerte un piso que se halla en la frontera de las afueras, pero con una dirección del distrito XIX y el precio del metro cuadrado correspondiente...

En la puerta de Lilas no es muy grave porque la comunicación entre estas direcciones y el centro de París es muy fluida. Pero más adelante, al seguir rumbo abajo hacia la puerta de Chaumont, la situación resulta totalmente diferente.
En esta parte del distrito XIX, alcanzar el resto de la capital supone pasar por uno de los túneles que comunican las puertas de París. Así que oscilas entre la identidad parisina oficial y la cercanía del elegante “Pré Saint Gervais”.

A partir de la puerta Chaumont, la sensación cambia completamente porque instalaron un jardín a la orilla del periférico. Si no se oyera el zumbido del periférico, el sitio casi parecería bucólico.

Luego la puerta de Pantin desvela otro paisaje: campo de deporte, gimnasio y viviendas estudiantes, por un lado, inmuebles de oficinas y residenciales por otro. En medio de esos, una calle y el tranvía que franquea el canal para llevarte a la ciudad de las ciencias y la industria. Y la silueta de los antiguos molinos de Pantin.

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Después de esta caminata, subí en el tranvía para volver a casa.
De paso pude constatar que cerraron el muelle de la Gironde por obras, pero sospecho que se trata de la manera políticamente correcta de impedir la instalación de campamientos de migrantes. También evacuaron el campamiento que se hallaba en la Puerta de la Chapelle, así como la colina de la droga. Ahora se ven hombres rondando solos, en busca de algún rincón abrigado para dormir a salvo de la lluvia.

En la puerta de la Chapelle también noté la progresión de las obras de construcción. Los altos edificios nuevos taparon una de las pocas perspectivas que teníamos. Ahora el horizonte se hace cada día más cercano.
No sé si conseguirán acabarlo todo para los juegos del 2024, pero lo cierto es que están transformando radicalmente los barrios populares del Norte...
¡Me ahogo!