El pasado lunes, ya contábamos 40 días de huelga de los transportes.
Algunas líneas de metro o de la red exprés regional volvieron a funcionar un poco y si seguimos con una gran cantidad de huelguistas, desplazarse en la región parisina resulta más fácil.
Yo dejé de viajar con el primer tren de la línea 4 para pasar por la línea 2 en donde hay menos gente.

Muchos huelguistas perdieron una parte importante de su nómina de diciembre y algunos llegaron a sus límites económicos. A pesar de todo, había mucha gente en la marcha del jueves y mucha gente en huelga.
Entre las acciones más impresionantes, toca mencionar el concierto regalado por los músicos de la Ópera desde la escalera del palacio Garnier, o los abogados que tiraron sus togas al pie de la ministra de la justicia1...
Algunos aprovecharon la manifestación para rellenar su caja de resistencia y confieso que me alegró ver la cantidad de contribuciones que consiguieron.

En mi instituto, más de setenta personas participaron a la manifestación del jueves (¡una marca!). Ya tenemos una caja de resistencia y dentro de unos días los sindicatos mandaran dinero para ayudar a las personas más perjudicadas por el movimiento.
No sé cómo acabara este profundo movimiento de protesta...

Lo que sí sé es que con gusto aproveché un sábado sin manifestación para pasear por el distrito XI.
Visitamos algunas tiendas, nos paramos en un café, cosas sencillas como la vida 😊

Hoy visité con un amigo el sitio que llaman “les grands voisins”.
Instalado en el terreno y los edificios del antiguo hospital Saint Vincent de Paul, “les grands voisins” es un conjunto que cuenta con estructuras de alojamientos de inserción, talleres de artesanos y de artistas, cafés, restaurantes y asociaciones que organizan conciertos, clases y conferencias de todos tipos, acontecimientos o fiestas.
Hoy organizaban su gran mercado mensual y aproveché la circunstancia para visitar el sitio.

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Llegué sobre las tres de la tarde y ya había mucha gente, algunas participando a una clase de danza.
Entre las cosas presentadas, noté algunos productos originales, pero pocos realmente interesantes. Casi todos los talleres estaban cerrados y las mesas exteriores del café, sucias, no daban ganas de sentarse un rato.
Hablamos con dos chicas que proponían servicios de bienestar (osteópata, masajista, dietista, ...). Confirmaron que el sitio ya tenía menos superficie que cuando empezaron y nos contaron que la aventura colectiva se acabaría en Junio...
Imagino que encontrarán otro espacio en París.

Mientras tanto, cerca del museo del Louvre, manifestaban contra la extensión de la reproducción asistida...
Yo seguí rumbo a la colina de Montmartre.