Llevaba muchísimo tiempo sin participar a una huelga, pero esta vez me pareció absolutamente imprescindible. Después de varios meses de recortes en todos los servicios públicos, ahora toca una reforma del sistema de jubilación, tan confusa que huele a trampa. Y las primeras simulaciones, aplicando las pocas reglas enunciadas, confirman una bajada de las pensiones para todos.

EL gobierno pretende que varios elementos siguen negociables, pero también declaró como intocable, la regla de dedicar a las pensiones de jubilación una cantidad máxima de 14% del producto interior bruto (PIB). Y esta regla, si la proporción de jubilados aumenta más que el PIB, significa otro riesgo de recorte de las pensiones. Así que el jueves, puse mi traje de manifestante (bufanda y gorra rojas para que no me confundan con los bloques negros). Quedé con el vecino, maltratado por las reformas de Radio France, y caminamos rumbo al punto de encuentro de la marcha.

Pronto encontramos el balón en donde tenía que juntarme con mis compañeros, pero como llegamos temprano, no conseguí ubicarles. Total, seguimos rumbo a la plaza de la República para hacernos una idea de la importancia de la protesta.
En la calzada, ya había tanta gente que resultaba imposible caminar por este espacio. Entonces pasamos por las aceras, pero pronto pasó lo mismo y dejamos el itinerario principal para seguir por unas calles paralelas.

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Cuando llegamos a la cabeza de la marcha, constatamos que había gente delante de este punto. Chalecos amarillos por un lado y anarquistas por otro...
Eso olía a un posible bloque negro, así que después de echar un vistazo a la plaza de la República, pasamos par la calle del “Château d’eau” para volver al balón de mi grupo.

El vecino prefirió volver a casa mientras varios mensajes me ayudaban a encontrarme con mis compañeros. Seguimos esperando el principio de la marcha durante casi dos horas y a las cuatro y media pudimos progresar de unos metros. Media hora más tarde, llegamos a unos cientos metros más.
Confieso que el frio, el anochecer y la perspectiva de esperar horas antes de llegar a la plaza de la República me desanimaron y volví a casa. Pero algunos manifestantes pudieron llegar a la plaza de la Nación y esta marcha resultó más importante que la de 1995, al nivel del hartazgo que siente la gente con este gobierno.

Hoy, ya llevamos cuatro días sin metros ni trenes.
El viernes por la mañana, un autobús me acercó de mi instituto, pero volví a casa caminando.
Ayer, me quedé en el distrito XVIII, y hoy hice caminando el viaje ida y vuelta hacia el distrito XI en donde me esperaban algunas botellas de Champagne.

Mañana será otro día...