El pasado martes, al salir del trabajo, me asombró un ruido, muy parecido al ruido de los petardos. Pero al acercarme de la puerta de Vincennes, constaté que no se trataba de una fiesta. Ese día, bomberos de todas partes se juntaban en París para manifestar y expresar sus reivindicaciones.
En muchos lugares, los bomberos son los últimos que contestan a casi todas las llamadas y en París, el servicio de asistencia médica de Urgencias también les transfiere las llamadas que no puede asumir. Total, son más intervenciones con menos gente, inquietudes acerca de su sistema de jubilación y cólera al ver que no consiguen las mismas bonificaciones que los agentes de policía.
En la puerta de Vincennes, una treintena de bomberos había invadido las vías del periférico interior, provocando un tremendo atasco.
Yo seguí caminando rumbo a la plaza de la Nación y crucé muchos manifestantes irritados y con los ojos rojos. Casi dos cientos metros antes de llegar a la plaza, percibí un olor muy desagradable y empecé a respirar a través de mi bufanda: no sé qué cantidad de gas lacrimógeno los policías lanzaron sobre los bomberos, pero lo que sí sé es que la población de este barrio tuvo que esperar varias horas antes de volver a respirar normalmente. Yo renuncié a pasear y me perdí en el metro.

El viernes otra protesta surgió en la compañía de ferrocarriles: un conductor de tren no pudo evitar un accidente, fue herido y a pesar de eso tuvo que asegurar la seguridad alrededor del tren y atender a los viajeros heridos. En este campo también, las reducciones de personal complican el trabajo cotidiano de los que quedan. Y a partir de este acontecimiento, muchos empleados de la sociedad de ferrocarriles dejaron de trabajar porque consideran que las condiciones de seguridad no son suficientes.
¡Mala suerte para todas las personas que querían aprovechar las vacaciones escolares para viajar en tren!

El sábado, convocaron varias manifestaciones en la plaza de la República. Por un lado, un grupo de mujeres musulmanas reclamaban la libertad de llevar su pañuelo. Por otro, otro grupo reclamaba derechos para los transgéneros. Y al atardecer, otra reunión reclamaba medidas contra los feminicidios.
En cuanto a los chalecos amarillos, dedicaron el “acto 49” a los bomberos.

Hoy amanecimos con lluvia. En la calle Caulaincourt organizaban un mercadillo, pero varias carpas permanecieron libres y se veían pocos clientes.
Yo seguí rumbo a la plaza Vendôme en donde no encontré huellas de la obra presentada allí en el marco de la feria internacional de arte contemporáneo.
Tuve más suerte en el jardín de las Tulerías en donde pude admirar la obra que más me interesaba.

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Volví a casa caminando y así se acabó este día con más de 18000 pasos.