El guía nos citó en la puerta de Vanves.
Yo quise probar el itinerario del autobús 38 y llegué tarde a Port Royal. Así que tras mirar algunos detalles de la calle Boissonnade, tuve que seguir corriendo para no perderme el principio del paseo. Cuando llegué, una decena de personas ya estaban presentes. Y a la hora en punto, el guía empezó la presentación del día.

Resulta que unos meses atrás, al explorar el sendero 2024, ya había visitado esta zona de París. Pero los comentarios del guía nos invitaron a cambiar de mirada.

En este punto de París es donde llegan todos los trenes que vienen de Bretaña y ahora también de Burdeos. Eso significa una cantidad impresionante de trenes y el ruido que acompaña. Por cierto, el conjunto de puentes dedicados a los ferrocarriles en la puerta de Vanves, es un ejemplo perfecto de la arquitectura industrial del siglo XIX. Pero el ruido de los trenes no me dejó la posibilidad de captar las explicaciones extras.

Luego pasamos un rato en el pequeño jardín que se halla en este punto para apreciar la diversidad de las plantas que se instalan más o menos naturalmente. Si no fuera por el ruido el jardín tendría encanto y una asociación de vecinos ya hubiera exigido que la fuente funcione de nuevo. Pero yace abandonado por los vecinos y proporciona un espacio de campamento para los que no tienen domicilio.

Caminamos un poco rumbo al norte antes de pararnos en otro jardín para examinar las plantas y los árboles de la parcela. Al ser domingo no pudimos visitar el magnífico taller del ebanista y seguimos por la calle Vercingétorix.

Hicimos una larga parada en el jardín de los junquillos (en donde no hay junquillos) para contemplar varios árboles cuyo nombre ya se me escapó,

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En esta zona de urbanización forzada, percibir la naturaleza en medio de estas torres macizas resulta relativamente complicado. Y más aún cuando los pequeños patios de las manzanas vienen segmentados por rejas.

Pasamos por el patio del hospital Saint Joseph en donde pudimos admirar macizos de flores salvajes antes de seguir rumbo a un conjunto de viviendas sociales en donde aceptaron la instalación de un jardín compartido para mejorar las relaciones entre los inquilinos. Y la verdad es que el resultado es bastante impresionante.

A continuación, llegamos al sitio anunciado como el más impresionante del paseo: el jardín compartido del molino de la virgen. Lo bueno de este jardín es que no tiene muchas rejas. Pero como se haya en medio de una manzana, no puedes olvidar la presencia agobiante de estos altos edificios. Por suerte el jardín compartido estaba abierto y pudimos intercambiar un momento con una mujer muy activa en la asociación que cuida el sitio y en busca de nuevos socios.
Tendré que pasar de nuevo por allí más tranquilamente.