Después de varios días de mucho trabajo y de muchos compromisos, quise dedicar este fin de semana a esos recorridos que tanto me gustan. Y como no quería correr el riesgo de topar con algún grupo de chalecos amarillos, seguí paseando por el distrito XV.

Mis recorridos empezaron rumbo al Este a partir de la estación de metro Convention.
El sábado organizaban una venta de objetos de segunda mano así que pude hacerme una idea de la sociología del barrio al mirar los puestos: objetos de diseño o de buen nivel cerca del metro, trastos de todas clases al acercarse de la zona de viviendas sociales que bordea los carriles de la estación Montparnasse.
Percibí la misma sensación de barrio de buen nivel económico al pasar de nuevo allí esta mañana y al contemplar las mercancías del mercado dominguero. Luego un sencillo vistazo hacia las estadísticas me confirmó lo que intuía: los ingresos en el distrito XV son 50% más elevados que en mi modesto barrio.
Yo aproveché esas visitas para comprar una serie de colgadores y para probar un delicioso pastel de naranja.

Las calles que seguí rumbo al Norte me llamaron la atención esencialmente por la presencia de varias torres, justo al lado de construcciones de otros siglos. Preferí seguir por el Bulevar Pasteur, rumbo al distrito VII y pasé por la muy tranquila avenida de Breteuil, en donde el único almacén es una droguería.
En el césped central, dos equipos de jóvenes bien educados estaban jugando frisbee mientras algunas mujeres paseaban con sus perritos.
Al pie de la iglesia de los Inválidos, una treintena de dueños de coches de colección comparaban los accesorios de sus tesoros.

Seguí rumbo al norte, crucé el Sena y así fue como pude pasar un rato mirando la fila impresionante de los corredores del maratón de París. En este punto, un grupo de tambores estaba tocando para animar a los deportivos y regalarles un ritmo festivo.

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En los Campos Elíseos, el tráfico automóvil estaba prohibido y los policías intentaban controlar el paso de la gente. Yo seguí rumbo al Norte y al pasar al lado de San Agustín constaté que todavía quedan grupos de católicos que celebran el domingo de Ramos.

Al llegar a la plaza de las abadesas, noté otro mercadillo de segunda mano, pero supe resistir a las tentaciones :-)