En mi residencia, tenemos un sistema colectivo de calefacción por suelo radiante que nos lleva a unos 17 grados, y quién quiere más tiene que instalar radiadores individuales. Cuando llegué aquí, siete años atrás, este sistema me pareció muy ingenioso porque permite que cada uno escoja la temperatura que le conviene sin molestar a los demás.
Desgraciadamente no consiguieron reactivar este sistema y ya llevamos varios días esperando una reparación. Varios vecinos me comentaron que les cuesta aguantar el frio y si yo tengo radiadores individuales de calidad, no compensan la avería.
Así que el pasado miércoles, aproveché un día soleado para viajar rumbo a la frontera del distrito XIII para comprar cortinas térmicas. Lo bueno es que no sólo limita las pérdidas nocturnas, sino que también ofrece un nuevo escondite a la gata. Por suerte, ella ya tiene su pelaje invernal y no sé si habrá notado algo, pero yo necesito abrigarme.

Mientras tanto, una gran parte de la semana fue dedicada a comentar el movimiento de los chalecos amarillos y su proyecto de reunirse en París. Lo cierto es que el aumento de los precios de los combustibles afecta mucho a una parte de la población que tiene salarios modestos y necesita su coche para ir al trabajo. Y esa parte se enojó porque está harta de contar cada céntimo y no entiende porque el gobierno suprimió el impuesto sobre la fortuna si se necesita dinero. Queda claro que la distancia entre esta parte de la población y los políticos se vuelve cada día más grande.

El sábado, los chalecos amarillos invadieron los Campos Elíseos y provocaron un autentico caos. Yo preferí pasear por el barrio de la Bastille, en donde los parisinos, aprovechando el “Black Friday”, daban rienda suelta a sus ansias consumistas.

Yo no tuve ganas de meterme en este torbellino.
El frio, la lluvia, el cielo gris abrumador y la sensación de vivir casi siempre de noche me dan murria. Oscilo entre mi casa (fría) y mi instituto (en plena reorganización) e intento cambiarme las ideas leyendo.
Por suerte la hija de los vecinos fabricó un bonito objeto de papel y me lo regaló para adornar mi puerta.

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¡Algo es algo!