Este fin de semana, el distrito XVIII celebraba la fiesta de las vendimias. Llevaba varios años sin acercarme de este acontecimiento y tuve ganas de volver a pasear por la colina de Montmartre.

El viernes por la noche, caminé cuesta arriba por la calle del Mont-Cenis para llegar a la plaza de los pintores. Delante de la iglesia San Pedro, una alta valla metálica impedía el paso y no había otra opción que presentar los bolsos a un vigilante para acceder al recinto pomposamente bautizado “recorrido de los sabores”. Yo solo llevaba gafas, móvil y llaves así que me dejaron entrar rápidamente.
Entonces pude descubrir la amplitud de las instalaciones de casetas dedicadas a la venta de productos comestibles de todas clases. También constaté que había mucha gente, catando vino, bebiendo cervezas o probando algún bocadillo. A duras penas conseguí caminar por la calle Saint Eleuthère, antes de subir rumbo a la plaza del Sagrado Corazón y de perderme por la calle que bordea la basílica. Me costó tiempo extraerme de este sitio pero encontré una salida y seguí cuesta abajo rumbo a mi casa.

El sábado sobre las 9 de la mañana, subí otra vez hacia la zona de las casetas.
En la plaza de los pintores, varios grupos con sus trajes oficiales estaban esperando la hora del desfile, algunos tomando un café, otros caminando. En la casa de la esquina, los “Poulbots” también se estaban preparando.
En la zona de las casetas, varias instalaciones todavía estaban cerradas. Pero muchos vendedores estaban llevando mercancías extras, mientras otros empezaban a cocinar.
Luego pasé por la frutería de mi barrio y me contaron que el gran desfile ya no pasaba delante de la tienda y que salía de la calle Saint Vincent poco antes de las doce. Total, adapté el programa del día para pasar por allí.

Cuando llegué a la calle Saint Vincent, justo al lado del “Lapin agile”, ya había mucha gente, pero no tanto como en otras ocasiones. Yo pude colarme en la acera que bordea el viñedo y, desde este punto, vi pasar casi todo el cortejo.
Los “Poulbots”, los socios de “la República de Montmartre” y una larga lista de asociaciones representadas por una cantidad variable de personas. Como en otras ocasiones, los “amigos de Brouilly” estaban presentes y regalaban vino.

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El desfile me pareció más corto que en otras ocasiones, pero sospechó que el recorrido desanimó a varias personas ya que desde la calle Saint Vincent, pasaba por la muy empinada calle des Saules...
Yo ya tenía mi cuenta de cuestas arriba y abajo así que no seguí el cortejo.

En el distrito XVIII organizaban otros acontecimientos como visitas guiadas o jornadas puertas abiertas. Pero preferí aprovechar estos días de tiempo veraniego para visitar otras zonas de París