Hace poco, uno de los conferenciantes que sigo en internet anunció que organizaba una visita guiada por una zona de París que se llama “la campagne à Paris”. Sé que ya pasé por esta zona, pero como fue años atrás pensé que merecía la pena recorrerla de nuevo con explicaciones extras. Además, me encantan las fotos que publica este señor.
Así fue como llegué a la salida de la estación Porte de Bagnolet, en el lado del bulevar Mortier, a las 14 y media.

Los visitantes llegaron poco a poco y al final llegamos a constituir un grupo de veinte personas alrededor de Bruno Ballet, ingeniero agrónomo y ecólogo.

Este señor empezó presentando los árboles de la plaza en donde estábamos, así como varias plantas salvajes que aprovechan todos los intersticios de la ciudad. Y después de varias digresiones, empezó a contarnos la historia de “la campagne à Paris”.

Al principio, crearon una cooperativa obrera cuyo objetivo era proporcionar alojamientos correctos a la población. La cooperativa compró el terreno de una antigua cantera de yeso, en donde habían dejado todos los escombros de la creación de la avenida Gambetta. El proyecto era construir 92 pabellones y venderlos a crédito a sus socios, empleados o artesanos con ingresos modestos pero constantes.
En aquel entonces, se consideraba que el pueblo, al convertirse en propietario, dejaba de meterse con las ideas revolucionarias y empezaba a aburguesarse.
Una primera fase de construcción fue acabada antes de la guerra de 1914 y la urbanización fue acabada en 1928.

Al final de esta introducción pudimos enfrentar la calle del Padre Prosper Enfantin, y su escalera que permite subir de 13 metros en apenas 40 metros, pero lo que se ve al final de la ascensión merece la pena.

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Las dos calles adoquinadas de la parte superior de la urbanización siguen las curvas de nivel. Comunican dos filas de pabellones diseñados por varios arquitectos, pero muy parecidos. Cada casa es separada de la calle por un pequeño patio y casi todos los inquilinos ponen vegetación en este espacio.

Me impresionó la cantidad y la variedad de rosas. Algunas casas van vestidas de parra virgen. Otras lucen glicinia, madreselva, clemátide o pasiflora. Y yo me preguntó como serán los jardines que se esconden detrás de las casas...

Algunas escaleras dejan ver partes de estos jardines y nuestro guía nos presentó estas zonas como una estupenda reserva de biodiversidad.

Pasamos casi tres horas en esta zona y recorrimos apenas un kilómetro sin aburrirnos.
¡Pocas veces caminé tan lentamente!