Ya se acabó el episodio de nieve y podemos de nuevo caminar por las aceras sin resbalar.
Aproveché esta mejora meteorológica para visitar en medio día una librería que se halla en la calle de Bagnolet y cuyo nombre, “Le Merle moqueur” (el mirlo burlón), evoca una canción asociada a la Comuna de París.
Instalada en un antiguo taller, la tienda cuenta con varios espacios. Nada más entrar uno descubre la parte dedicada a la literatura. A continuación, la nave y su techo de vidrio albergan alcobas temáticas. El lugar es muy agradable y uno puede pasar horas escudriñando los mostradores.
Yo buscaba una obra de Svetlana Alexievich así que me mandaron a la alcoba dedicada a la historia y a las estanterías del siglo XX. Pero poco después, el librero vino a verme y me explicó que cuando la señora consiguió el premio Nobel de literatura, habían cambiado sus libros de sitio. Me pareció gracioso pero las obras de esta señora, entre sociología, historia y literatura, son difíciles de clasificar y por eso me gustan. Cambié de zona, pero desgraciadamente no tenían la obra que buscaba. Sin embargo, vi muchas cosas muy interesantes y me costó mucho limitar las compras a un solo libro.

Ayer aproveché un sol primaveral para hacer un gran recorrido que me llevó a la calle de Bretagne y al mercado de los niños rojos. No sé si fue por las ansias de sol o por los últimos días de rebaja, pero había gente por todas partes y no pude disfrutar el té de menta de siempre. Yo visité algunas tiendas sin convicción y resistí una vez más a todas las tentaciones.

Hoy desperté con la idea de encontrar batería para mi reloj-podómetro. Visité el supermercado de siempre, un estanco y la tienda de enfrente pero no encontré lo que buscaba. Así que miré en internet y constaté que tenían cincuenta baterías en una tienda de bricolaje cerca de Beaubourg. Fui allí caminando, pero cuando llegué a la zona de las baterías, no veía el producto y e vendedor dominguero tampoco sabía donde encontrar el producto que me interesaba. Finalmente, otro dependiente me regaló la solución y pude seguir paseando.

Pasé al lado de la Canopée y vi que todas las tiendas estaban abiertas. Al pie de Saint Eustache, constaté que las obras de acondicionamiento del nuevo jardín progresaron y que los parisinos ya se apropiaron estos espacios.

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Luego seguí caminando rumbo al Louvre para descubrir lo que los servicios de correos llaman RPU (agente postal urbano), y encontré este servicio en la caja de un supermercado.
En cuanto al magnífico edificio que albergaba la antigua oficina de correos de la calle du Louvre, permanece cerrado por obras y tendremos que esperar el fin del año 2019 para saber si supieron conservar el alma de este espacio.