Por fin encontré un ratito para pasar por el pasaje Turquetil.
Esta discreta callecita comunica la calle de Montreuil (cerca del cruce con el bulevar Voltaire) y la avenida Philippe Auguste. Su primer tramo, bordeado a mano izquierda por un muro ciego, no tiene mucho encanto, pero la sensación se vuelve más agradable al llegar a la primera curva en donde un pequeño patio alberga arbustos. A continuación, a mano derecha, se ve un primer edificio de antiguos talleres. A mano izquierda, una construcción relativamente reciente bordea la acera con una sucesión de puertas y ventanas de viviendas individuales. A partir del pasaje Philippe Auguste, a mano derecha construyeron un edificio de ladrillos rojos par albergar un instituto profesional, pero a mano izquierda seguimos con talleres que cuentan historias de otros tiempos. Por suerte el programa de rehabilitación urbana del distrito XI supo conservar huellas de sus actividades pasadas.

Los azares de mis actividades también me llevaron al distrito IX, justo al lado de la plaza Gustave Toudouze y del “No stress café”. Así fue como pude descubrir la rehabilitación interior de unos edificios industriales y constatar, una vez más que algunos lo pasan muy bien en París.

Y para completar el examen de nuevas facetas de sitios que conozco, hoy acompañé a un músico profesional por el mercado de las pulgas.

20171008.jpg No le interesaba visitar los mercados de siempre, pero quería pasar por el mercado Dauphine en donde hay una tienda que vende productos de alta fidelidad de segunda mano que quería ver. Encontrar el mercado no fue muy complicado, pero ubicar la tienda sin indicación fue otro cantar. Yo recordaba que en la planta alta había una tienda con material de categoría y por allí pasamos. El músico encontró viejos vinilos y entre todos, compró uno de Herbie Hancock. Pero la tienda que buscaba se hallaba en la planta baja y mientras escuchaba música en el equipo que le interesaba, yo contemplé la posibilidad de instalar un huevo como éste en el pequeño patio de mi casa borgoñona.

El segundo objetivo era una tienda de prendas antiguas en donde quería mirar chaquetas para los conciertos. Total, recorrimos metódicamente la calle Paul Bert sin encontrar la tienda. Pasamos por el mercado Serpette sin encontrarla y también fracasamos al buscar su número en la calle des rosiers. Confieso que le dejé explorar solo todas las calles del mercado Paul Bert mientras saboreaba un chocolate en la terraza del bar de la esquina. Al final apareció, algo decepcionado, porque alguien le había explicado que la tienda ya no existía. Seguimos paseando, detenidamente ya que se paraba en todos los puestos de venta de viejos vinilos de jazz...
Finalmente, abandoné a este compañero muy especializado en un puesto de discos y mientras caminaba tranquilamente rumbo a casa, pensé que este hombre me había regalado una visión muy peculiar del mercado de las pulgas.