Aproveché este fin de semana soleado para pasear por la ciudad de las luces.

Al lado de la vía verde, pasé por una callecita del distrito XII y encontré una instalación que me encantó. El ocupante de una planta baja utilizó su alfeizar exterior como estantería para instalar libros. Eso tenía pinta de invitación a coger uno y dejar otro y me dio envidia: desde mi tercera planta no puedo jugar así.
En la esquina de la callecita, un hombre mostraba mucho placer al escuchar en la radio un concierto de música clásica. Pensé un rato que podía ser el dueño de los libros, pero no quise molestarle.

En un callejón sin salida del mismo distrito, un arquitecto inventó una solución que me pareció interesante para permitir que los que viven al nivel de la calle guarden una forma de privacidad.
Aquí nada de rejas que transforman los pisos en cárceles, pero un encaje de metal que separa la calle del balcón y puede abrirse parcialmente cuando uno lo quiere. Y como este motivo también viste las paredes del edificio, se ve más como una decoración que como una reja.

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Traspasé la frontera del distrito XI. A dos bocacalles se veía mucha gente con paquetes de todas clases y caminando rumbo a la humilde iglesia Saint Marguerite. Cuando me acerqué vi que organizaban un mercadillo de barrio pero que todavía estaban en el proceso de la instalación. Total, seguí rumbo al bulevar Voltaire.

Cuando pasé delante del Bataclan, constaté que ya no se ven velas y ramos de flores. Ahora, a la izquierda de la puerta, una placa de mármol conmemora el acontecimiento...

Cerca de la plaza de la república, visité a una señora que vendía una alfombra hermana de la del otro día. Descubrí en el primer piso, un departamento muy bien decorado, con muchos detalles de diseño, pero tremendamente oscuro. La doña me contó que vivía en este lugar desde 1981, comentó las evoluciones sucesivas de su barrio y acabó diciendo que no quería marcharse de este barrio. Yo compré la alfombra y la llevé a casa en autobús.

La buena noticia del día es que seguimos con abejas en París y según parece, algunas aprecian las plantas que puse en mi balcón :-)