Este año, poco tiempo tuvimos para digerir los excesos de Nochevieja: fiesta el sábado, descanso el domingo y el lunes, a trabajar...
El frio y la lluvia me quitaron las ganas de meterme en largos recorridos pero este fin de semana pude retomar el ritmo andariego.

Para empezar, fue preciso asesorar al hijo de un amigo en el proceso de comprar un piso. El precio medio dentro de París ronda 8600€ por metro cuadrado y queda básicamente inasequible para dos tercios de los parisinos. Entonces, como mucho, el joven empezó visitando pisos de las ciudades que rondan París.
Ayer tocaba visitar un piso en la ciudad de Bagnolet, a 10 minutos andando de la estación de metro de la zona.
Nada más cruzar la frontera del bulevar periférico, en la puerta de Bagnolet, las construcciones pierden esta homogeneidad característica de París. Uno entra en el universo de los coches y de los atascos. En la zona del piso que visitamos, se ven casas individuales e inmuebles de tres o cuatro plantas. El piso se halla en un edificio correcto, tiene 42 m2 y buenas proporciones, orientación sureste y basta limpiar y pintar antes de instalarse. Además, sólo piden 3821€ por metro cuadrado...
Por cierto, se halla a un kilómetro de los límites de París, pero eso no impide disfrutar de la gran ciudad...
El joven también había visitado un piso en el distrito XIX: 22 m2 con jardín de 15m2 por 220.000€.
Ahora estará estudiando las opciones, pero a mí me asustaron los precios anunciados.

Cambio de ambiente hoy, en la frontera del distrito XIX.
Unas semanas atrás, tras una charla muy interesante, uno de los directores del 104 me regaló dos entradas para una exposición titulada “Erase varias veces…” y aproveché un domingo nublado para visitarla.
No sabía de qué iba la cosa y en estos tiempos de tensiones entre las religiones me asombró constatar que esta exposición presentaba relatos del Antiguo Testamento.
Dibujos sencillos, pinturas, letras, palabras y la voz de un comediante para contar las historias... Me gustó la instalación que cada uno podía recorrer a su ritmo. Tras explorar varias salas en la segunda planta de la nave Oeste, era preciso seguir el pasillo sur de la nave Este, para admirar los dibujos colgando del techo. Luego tuvimos que enfrentar la escalera de una torre en donde presentaban la última parte de la exposición dedicada a la torre de Babel.

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Me encantó la visita de esta exposición y la exploración de la torre.
El único defecto del 104 es la librería que alberga y en donde se esfumaron los ahorros de Enero :-)