Esta historia empezó unos meses atrás, cuando visité el taller de alfarería de Raphaële, con la idea de pedir informaciones acerca de las clases que propone. Al visitar el local, noté una escultura de cabra que me pareció muy bonita. Como preguntaba a la dueña si era una de sus creaciones, me dijo que sí y precisó enseguida que este objeto era muy diferente de lo que solía hacer, y que no quería venderlo porque de alguna forma lo veía como un tótem.
Conseguí las informaciones que me interesaban y me marché.

20161225.jpgAl principio de noviembre, pasé por una tienda efímera, armada por tres mujeres artistas para vender sus producciones. Y en el escaparate, vi de nuevo la estatua de cabra.
A diferencia de los demás objetos, no había precio al pie de la cabra y cuando entré para preguntar, la artista presente no sabía si la estatua estaba presentada para decorar el escaparate o para encontrar un nuevo propietario.

Una semana atrás, pasé de nuevo por esta tienda y Raphaële me enseñó su estatua, regalándome ,de paso, anécdotas acerca de su fabricación. Este objeto me gustaba pero el precio anunciado merecía algo de reflexión, y más aún con los gastos de fin de año.

El pasado viernes, entré en la tienda para saludar a la artista que más conozco (la pintora) y con la idea de comprar la estatua. Cuando le pregunté donde estaba la cabra, me contó que se la había llevado un cliente de paso. Me decepcionó, pero también pensé que el azar había decidido que esta obra no me correspondía. ¡Así es!

Y ayer, por la noche, el duende navideño me entregó un enorme paquete y me dijo con una carcajada: "es una máquina de coser".
Me sorprendió porque ya tengo una de estas máquinas que yacen, abandonadas, al fondo de algún armario. Pero picó mi curiosidad y empecé a abrir el paquete. Nada más quitar un trocito del papel de regalo, divisé los cuernos de la cabra...

Y de repente entendí que el cliente de paso formaba parte del sortilegio armado por el duende con el apoyo de las tres hadas...
Ahora sólo falta encontrar un espacio adecuado para esta nueva divinidad doméstica.