Después de pasar varias horas en frente de mi pantalla en busca de un escritorio de tamaño compatible con mi refugio parisino, me dejé seducir por un objeto de diseño muy sobrio y llegó el momento de salir a la calle para contemplarlo de verdad.
La tienda de diseño se escondía en esta discreta calle del distrito 3 en donde se halla la casa de Nicolas Flamel. Cuando llegué estaban cerrando pero me dejaron la posibilidad de examinar el objeto. Fabricado con cuidado, el escritorio tenía la misma elegancia que en las fotos pero no tenía capacidad para mi caos ordinario. La diseñadora, muy maja, intentó imaginar lo que podría servirme y me indicó una pista muy interesante pero sigo indagando.

Al día siguiente visité la tienda de un artesano tapicero. Otro estilo de muebles, otro tipo de intercambio pero se notaba la misma pasión por su trabajo. ¡Qué hombre tan dichoso!

El fin de semana me dio la oportunidad de descubrir otra faceta de mi barrio. Para vender un chaleco de cuero, quedé con un comprador potencial al lado de la salida del metro Chateau Rouge, en donde se instala una cantidad inverosímil de vendedores callejeros. Ubiqué a este señor muy facilmente pero lo más asombroso fue constatar que nada más enseñar el chaleco, se acercó otra persona para ver lo que vendía... Lo cual demuestra que este barrio conserva algunas costumbres de zocos :-)

Hoy aproveché un claro para visitar el mercadillo instalado en la calle de los martirios. Bonita perspectiva pero pocas gangas...

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Y ahora toca esperar la primera tormenta del otoño con rachas que llegarán a los 85km/h por la noche...
Luego os cuento.