Se acabaron las vacaciones escolares y la capital recuperó su ritmo de siempre.

Oficialmente, se celebraba la primavera el miércoles. Pero este día todavía faltaban unos grados en el termómetro para percibir el cambio de estación.
Yo visité un gran almacén dedicado a las plantas en donde había muy poca gente. Ya lo había visitado unos días atrás, para ojear las plantas y apuntar las que podría instalar en mi balcón. Y tras pasar varias horas indagando informaciones acerca de la toxicidad de varios vegetales para los gatos, tenía una lista muy precisa de compras. Al volver a casa no necesité mucho tiempo para instalar estas nuevas plantas bajo el control atento de las felinas. Según parece aprecian mucho el olor del romero officinalis...

Al día siguiente, aproveché un rayo de sol para meterme en un largo recorrido con mi cómplice de siempre. Pasamos primero por la tienda de una florista que vende macetas de tela antes de recorrer cuesta arriba la larga calle de Menilmontant, en busca de la tienda-restaurante creada por una conocida italiana. Pasamos otra vez por la calle de los Pirineos antes de escoger la calle de Belleville para volver cuesta abajo. De paso constaté con alegría que todavía existen algunos de estos rincones que tanto me gustan...

Al atardecer, la agencia inmobiliaria que me ayudó a encontrar mi nuevo piso celebraba sus 25 años y habían invitado a todos sus clientes. En París, este sector económico enfrenta un periodo muy duro porque los vendedores no quieren bajar los precios mientras los compradores aplazan sus proyectos. Total el número de transacciones disminuyó de un 20% en un año. Y en este contexto, se instaló una agencia competidora a unos 20 metros de la que conozco, lo cual complica aún la situación.
Así que la idea de celebrar este cumpleaños me pareció un poco rara pero como también se trataba de conocer a nuevos vecinos y de probar las cervezas fabricadas en el barrio, pasé un rato en la agencia :-)

Hoy quise comprobar el desarollo de los cactus orquídeas en una tienda que se halla en la orilla del Sena (los míos siguen invernando...)

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Bastaba con mirar los muestrarios en las aceras para constatar que todos consideran que ya es hora de celebrar la primavera. Y poco importa si todavía faltan unos grados.